Identidad, Patrimonio y Región Histórico - Cultural

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Identidad, Patrimonio y Región Histórico Cultural. El presente trabajo es resultado de la búsqueda de los elementos teóricos que sustentan un modelo Pedagógico dirigido al desarrollo de la Identidad cultural en Preuniversitario a partir del Patrimonio Cultural subregional y la elaboración del Software "El patrimonio cultural de Manzanillo". En el mismo se argumenta la relación patrimonio-Identidad cultural y se asume el concepto región histórico-cultural para explicar la regionalización en el contexto territorial de la provincia Granma.

Contenido

Comprensión del fenómeno regional

La comprensión del fenómeno regional, en el contexto del territorio que ocupa actualmente la provincia Granma, es uno de los problemas que enfrentan los maestros y profesores para el tratamiento Pedagógico de la historia y la cultura local en los diferentes niveles educacionales. Dicho problema se hace evidente en el cumplimiento de la orientación dada por el Ministerio de Educación sobre la determinación de los contenidos históricos locales de la provincia, que deben formar parte de los programas de estudio de Historia de Cuba. Las principales fuentes para este trabajo son los resultados que obtuvieron los equipos para la redacción de las historias locales en la década de 1990, los cuales tomaron como escenario para la investigación histórica el territorio de los municipios actuales.

Provincia Granma y los municipios

La provincia Granma y los municipios que la conforman surgieron con la división político-administrativa de 1976, por lo que el empeño de sintetizar con fines pedagógicos la historia provincial, requiere de la visión de la evolución regional en su relación intrínseca con la Identidad y el patrimonio cultural. Las relaciones entre la Cultura y la Identidad son complejas y heterogéneas porque están marcadas por componentes antropológicos, históricos, geográficos, psicológicos, lingüísticos, sociológicos. Estas relaciones se hacen patentes en la sociedad, que es donde toman cuerpo las formas de Cultura y sus respectivas manifestaciones identitarias. Estas relaciones son más comprensibles desde una definición general de Cultura. Este autor entiende que Cultura, en el sentido más general, comprende toda la producción humana, tanto material como espiritual. Asumimos que Cultura es "un sistema vivo que incluye un sujeto socialmente definido que, actuando de determinada manera en una situación histórica y geográfica específica, produce objetos materiales y espirituales que lo distinguen. La Cultura en este sentido amplio surge (se forma) conjuntamente con el sujeto actuante e incluye su actividad y los productos de esta." (C. Baeza 1996: 18)

Relación entre Cultura e Identidad

La relación entre Cultura e Identidad es intrínseca y esencial, fuera de lo puramente conceptual teórico, no se puede concebir Cultura sin Identidad, ni Identidad sin Cultura. Ellas son manifestaciones de un mismo proceso; por lo que todo concepto dirigido a definir la Identidad debe dejar claro su esencia Cultura. En la búsqueda para una definición epistemológica del concepto Identidad, se parte de que el mismo es un concepto de las ciencias contemporáneas, posterior a la primera mitad del siglo XX. Lo anterior no quiere decir que teóricos como José Martí o Fernando Ortiz aportaran definiciones, que de alguna manera comprenden el concepto Identidad. Maritza García Alonso y Cristina Baeza Martín, ubican el surgimiento del concepto en la década del setenta del siglo XX, producto de que: "(...) los complejos fenómenos sociopolíticos que han tenido lugar en el escenario mundial han obligado a los estudiosos de las distintas disciplinas humanísticas a plantearse, (...) el problema de la Comunicación entre las culturas y a tratar de dilucidar las variadas y complejas interrogantes que de ellas se derivan." (1996: 19). Los antecedentes del concepto Identidad son muy antiguos y se pueden rastrear en la evolución de la Matemática y la Filosofía. En la Filosofía tiene sus precedentes desde la antigüedad; así, Heráclito de Efeso planteó: "El Hombre debe, pues, dirigir la búsqueda no sólo a sí mismo, sino también, y con el mismo movimiento, a lo que lo liga a los demás: el que constituye la esencia más profunda del Hombre individual es también lo que une a los hombres entre sí en una Comunidad de Naturaleza." (N. Abbagnano; s. f. p. 2) En la Época moderna, la Identidad como categoría filosófica es definida por la Filosofía Clásica Alemana desde una concepción idealista. Hegel plantea la tesis de la Identidad en la diferencia y de lo concreto como síntesis de muchas determinaciones. El pensamiento latinoamericano ha realizado importantes aportes en la formación del concepto Identidad. Los procesos independentistas, frente a las Metrópolis europeas en el siglo XIX, hicieron nacer importantes ideas de contenido identitario. Rigoberto Pupo Pupo plantea que Simón Bolívar, en el discurso de Angostura "... reconoce una Identidad, fundada en la realidad de nuestros pueblos, en sus ansias de libertad e independencia para realizar su fin común, [pero] también está consciente de las diferencias que le son inherentes" (Colectivo de autores; 2001, p. 600). José Martí en su artículo "Los Códigos Nuevos" publicado en Guatemala en 1877, expone una idea que presenta profundos contenidos identitarios y que revela elementos importantes para comprender la Identidad cultural de la realidad latinoamericana: "Interrumpida por la conquista la obra natural y majestuosa de la civilización americana, se creó con el advenimiento de los europeos un pueblo extraño, no español, porque la savia nueva rechaza el cuerpo viejo; no indígena, porque se ha sufrido la injerencia de una civilización devastadora, dos palabras que siendo un antagonismo, constituyen un proceso; se creó un pueblo Mestizo en la forma que con la conquista de su libertad, desenvuelve y restaura su alma propia." (J. Martí OC t. 7, p.98).

Identidad

La Identidad es producto de los avatares de la Cultura a lo largo del proceso histórico. El ejemplo más completo es la formación de los pueblos nuevos en Latinoamérica producto del choque de diversas culturas que originó aculturación, transculturación y culturación sincrética. La lucha de los pueblos coloniales y dependientes, desde las primeras décadas del siglo XX hasta la actualidad; el impacto de la Revolución Cubana, en especial en América Latina; la aparición de nuevas formas de lucha y por ultimo, la oposición a los procesos globalizadores neoliberales; permiten que aparezca el concepto Identidad, con un contenido antropológico cultural, alrededor de los años setenta y haya tomado una gran importancia en la actualidad. Diversas y controvertidas son las opiniones en torno a la extensión del contenido del concepto Identidad cultural. Los autores consultados se refieren a identidades de carácter comunitario (étnica, local, regional, nacional, supranacional) y sociales (género, profesión e individuos), entre otras. Los autores consideran la Identidad cultural como una categoría dialéctica donde las formas superiores contienen las inferiores. Así, la Identidad regional está integrada por varias identidades locales y la nacional la conforman la unión dialéctica de las regionales. Se señala a manera de ejemplo que el estudio de la Identidad local contiene indicadores como género, profesión y relación individuo-comunidad. A partir de la determinación anterior se valoran conceptos aportados por importantes especialistas: "Llámase Identidad cultural de un grupo social determinado (o de un sujeto determinado de la Cultura) a la producción de respuestas y valores que, como heredero y trasmisor, actor y autor de su Cultura, éste realiza en un contexto histórico dado como consecuencia del principio sociopsicológico de diferenciación - identificación en relación con otro(s) grupo(s) o sujeto(s) culturalmente definido(s)." (M. García y C. Baeza; 1996:17-18) El concepto está limitado a grupos sociales, mientras que la Identidad cultural rebasa estos límites al abarcar toda la comunidad. Sin embargo, asumimos el principio sociopsicológico de la Identidad, advirtiendo que la Psicología social, también es producto del proceso histórico en el cual se ha formado la Identidad cultural. El autor concuerda que lo más importante es el proceso de producción y creación de la Cultura y la sociedad como totalidad concreta. (M. Rojas; 2001: 569). No obstante, no se puede soslayar lo psicosocial de compromiso y autorreconocimiento. La asunción de la Identidad como proceso se resalta en la obra de Carolina de la Torre, la misma afirma: "Cuando se habla de Identidad de algo, se hace referencia a procesos que nos permiten suponer que una cosa, en un momento y contexto determinados, es ella misma y no otra (igualdad relativa consigo misma y diferencia - también relativa - con otros), que es posible su identificación e inclusión en categorías, y que tiene una continuidad (también relativa) en el tiempo. Todo lo cual no tiene que implicar ninguna concepción estática, fundamentalista o esencialista. En el caso de las subjetivas, habría que añadir que la Identidad no solamente supone que un individuo (o un grupo) es el mismo y no otro, sino, sobre todo, que tiene conciencia de ser él mismo en forma relativamente coherente y continua a través de los cambios." (2002: 29). Coincidimos con la autora respecto a la Identidad cultural como proceso y su formación y desarrollo a lo largo del tiempo, sólo queremos resaltar su esencia cultural, producto de la evolución de una sociedad determinada en el tiempo. Concordamos plenamente que: La Identidad se expresa "... en las más simples manifestaciones de la vida cotidiana: prácticas culinarias, ajuares domésticos, vestuarios; se refleja en las variantes lingüísticas, idiosincrasia, relaciones familiares y sociales,etc.; se afirma en las costumbres, tradiciones, leyendas y folklore; se define a través de las producciones artísticas, literarias, históricas, pedagógicas, políticas y científicas en general; para alcanzar niveles superiores en la formación de la nacionalidad y llega a su madurez con la consolidación de una nación soberana." (C. Córdova 2003: 18) La Identidad como proceso dialéctico es un fenómeno complejo, dañar cualquiera de sus elementos debilita las convicciones identitarias del sujeto, mientras que fortalecer sus componentes significa desarrollar dichas convicciones. En el trabajo con los estudiantes no se debe despreciar ningún rasgo de la Identidad, pues debe conocerse que al trabajar con los elementos más simples se está fortaleciendo la nacionalidad y, con ello, la defensa de la nación soberana. "La Identidad es diferenciación hacia fuera y asunción hacia adentro. Existe la Identidad cuando un grupo humano se autodefine, pero a la vez es necesario que sea reconocido como tal por los demás." (A. Laurencio, 2002, p. 15) Reconocemos que la Identidad es igualdad hacia dentro y diferenciación hacia fuera, lo que no quiere decir que exista homogeneidad absoluta. En el seno de una comunidad pueden existir diferenciaciones, aunque debe predominar lo que identifica como elemento de unidad. El pueblo nación cubano tiene una Cultura, con una variante del Español, idiosincrasia propia; es producto y heredero de la misma epopeya histórica, lo que no significa que no existan variantes culturales regionales, e incluso grupales. La Identidad es una construcción de los propios sujetos sociales, quienes actúan y crean en un contexto sociocultural dado y se relacionan con otros sujetos portadores de potencialidades vivas y asentadas culturalmente. La práctica educativa debe contribuir a la defensa de la Identidad sin chovinismo hacia otras identidades. Al abordar la relación individuo-sociedad, en el plano educativo, es preciso considerar que la Identidad es un componente básico de la realidad, del contexto en que vive el alumno, donde no solo actúan las relaciones sociales sino que también están presentes el medio geográfico y las actividades socio-productivas que de él se desprenden. No es lo mismo abordar la Identidad en un ambiente rural que en uno urbano. En relación con lo anterior, Alisa Delgado plantea que la Identidad "es aquella realidad en la cual el Hombre se constituye, se forma como (...) persona capaz de relacionarse con otros". (Colectivo de autores; 2001: 537)

La Identidad cultural y su connotación axiológica

La Identidad cultural tiene una connotación axiológica y como tal debe ser tratada en el plano Pedagógico. Existen importantes estudios en torno a los valores, realizados por destacados filósofos cubanos, a partir de la década de 1980. Entre ellos se destacan Zaira Rodríguez Ugidos, Felipe Sánchez Linares y José Ramón Fabelo Corzo. A continuación se valorarán algunas consideraciones teóricas que permiten asumir la Identidad como macrovalor o valor integrador. No se puede hablar de valor sin valorización, todo lo cual se alcanza en la actividad práctica cognoscitiva. Los valores existen en una relación dialéctica con la valoración, pero no pueden ser identificados con la misma, así citando a Fabelo se determina como valoración "el reflejo subjetivo en la conciencia del hombre de la significación que para él poseen los objetos y fenómenos de la realidad", mientras "el valor, por su parte, debe ser entendido como la significación socialmente positiva de estos mismos objetos y fenómenos." (J R. Fabelo; 1989, p. 18) Los valores no pueden ser analizados al margen de la actividad humana, sino a partir de las necesidades que la misma genera. Los valores tienen un carácter histórico - concreto, no son valores de por siempre, ni desde siempre. Es inadmisible cualquier pretensión teórica de distinguir los valores alejados de la realidad sociocultural que los condicionan. En el proceso de desarrollo de la Identidad es básica la relación del estudiante como sujeto cognoscente y valorante con los elementos propios de su Cultura (historia social, patrimonio cultural) y con los elementos propios de otras culturas. El valor es, por lo tanto, un concepto que, por un lado, expresa las necesidades cambiantes del hombre y por el otro, fija la significación social positiva de los fenómenos naturales y sociales para la existencia y el desarrollo progresivo de la Sociedad. El problema de los valores puede entenderse a partir de la relación sujeto valorarte-objeto de valor (entendido el objeto en toda su dimensión, incluido el propio hombre). A partir de los postulados anteriores y en plena correspondencia con A. Laurencio (2002), se asume que los valores, dado su marcado carácter socio-histórico y objetivo se establecen como un conjunto de normas, cualidades o requisitos a cumplir por los individuos en una sociedad históricamente determinada, en correspondencia con las normativas axiológicas y los preceptos éticos que ella misma defiende. Cuando la Educación en valores, incluida la Identidad como macrovalor, se comprende en el proceso formativo integral, en todas sus dimensiones (procesos y funciones): instrucción, educación y desarrollo, entonces los valores constituyen parte inseparable del contenido de la educación. En el proceso de desarrollo de la Identidad es importante, junto al componente cognoscitivo, trabajar en el plano de lo afectivo. Esto está relacionado con el cómo, con las vías que se utilizan. El trabajo debe ser variado y diferenciado, lo cual significa que debe tenerse en cuenta y respetarse la individualidad. Es necesario exigir a cada estudiante en función de sus potencialidades y posibilidades, así como darle un amplio espacio en el proceso. Como indicadores para evaluar el desarrollo de la Identidad pueden tomarse: los autorreconocimiento como miembros de una comunidad histórico-cultural; el orgullo de pertenecer a esa comunidad, la crítica o rechazo a elementos que conspiran contra su Identidad, la aceptación crítica de los elementos de otras culturas, la participación activa en la protección y conservación del patrimonio, el conocimiento del proceso histórico en el cual se formó la Cultura que lo identifica, el goce espiritual al entrar en contacto con el patrimonio y la participación en el desarrollo de los valores culturales de su comunidad.

El desarrollo de la Identidad cultural

El desarrollo de la Identidad cultural sólo es posible en el marco de las relaciones sociales, por lo que la comunicación es muy importante en este proceso. Debe insertarse en el trabajo de formativo integral de la escuela y no considerarse como un proceso aparte, recuérdese el carácter de sistema del proceso educativo. Por su marcado carácter psicológico, debe estar libre de formalismos e imposiciones para evitar el riesgo de que los estudiantes se consideren ajenos a estos valores y los rechacen. La asunción de la Identidad cultural en un sentido holístico, permite comprender de forma dialéctica la relación de esta con el patrimonio. Se impone, entonces, la búsqueda de los fundamentos epistemológicos de esta relación. La Organización de Naciones Unidas por la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO), propuso y trabaja desde 1972 el concepto de Patrimonio cultural formulado en la "Convención de La Haya" en 1954, según el cual está integrado por todos los aspectos y cosas hechas por el hombre y los espacios habitados en una perspectiva histórica y cultural.

Patrimonio cultural

El Patrimonio cultural, al igual que la Identidad, es un concepto intrínsecamente relacionado con la Cultura. En las fuentes consultadas el mismo se acompaña de una diversidad de denominaciones y definiciones, pero la mayoría de los autores asumen la denominación de patrimonio cultural, tales son los casos de los autores: Gilda Ares y Mauro Sampera (1980), Marta Arjona (1986); José Luís García (1992) Consuelo Portu (1996), Llorenc Prats (1996) María del Carmen Rumbaut (1999),); Ascensión Sánchez Martínez (1998); Jesús Estepa (2001); José María Cuenca (2002), Ismael Santos (2003), Rita Marina Álvarez de Zayas (2004) , María Rivera (2005) y Eduardo Fernández (2006). El estudio de las definiciones presentadas por estos autores permite, al margen de algunas inconsecuencias, extraer rasgos que caracterizan el fenómeno objeto de estudio. El Patrimonio "es una construcción social, que incluye, por supuesto, elementos de la Cultura y que no existe en la naturaleza, ni siquiera en todas las Sociedades humanas ni en todas los periodos de la Historia." (Ll. Prats; 1996: 294). Esta definición tiene el valor de presentar al patrimonio como una construcción social, pero olvida que por ser consustancial a la Cultura es propia de todas las manifestaciones sociales y que el medio natural humanizado también es parte del Patrimonio. Querol y Martínez, definen el Patrimonio como: "los compuestos tanto por la obra humana, nunca independiente de la Naturaleza, como por la obra de la Naturaleza, nunca independiente de los Seres humanos." (2001, p. 95). El concepto tiene el mérito de reconocer la relación hombre-naturaleza en la creación patrimonial, aunque presenta ambigüedades y no encierra toda la riqueza que un concepto de tal naturaleza exige. La investigadora cubana Rita Marina Álvarez de Zayas señala el Patrimonio cultural como: "complejo histórico - natural - cultural, que se expresa en unos espacios determinados y en el que nos hallamos implicados, tanto nuestros antepasados como nosotros mismos a través de un proceso temporal, en el que logramos salvaguardar ejemplos singulares, tangibles e intangibles, que constituyen la idiosincrasia que nos identifica como seres sociales." (2004: 3). La investigadora presenta una definición amplia que favorece el acercamiento al fenómeno real integral, comprendido en su relación histórica e identitaria. Asunción Hernández define el patrimonio como "el Testimonio de una Sociedad, la pasada y la actual" (1998, p. 218) y Jesús Estepa completa la idea al afirmar que el Patrimonio es "el legado que recibimos del pasado, lo que vivimos en el presente y lo que trasmitimos a Generaciones futuras." (J. Estepa 2001: 94). Concordamos que la herencia patrimonial establece una relación pasado-presente-futuro en el devenir de la Identidad cultural. Marta Arjona plantea que se comprende como Patrimonio cultural "aquellos bienes que son la expresión o el testimonio de la creación humana o de la Evolución de la Naturaleza, y que tienen especial relevancia en relación con la arqueología, la prehistoria, la historia, la literatura, la educación, el arte, la ciencia y la Cultura en general" (1986: p. 7) Este autor asume como Patrimonio, la huella que deja la Identidad cultural en el devenir del proceso histórico, en forma de bienes materiales y espirituales que trascienden su época. Ellas son a la vez la manifestación real de la propia Identidad. Tradicionalmente se clasifica el Patrimonio en tangible e intangible, aunque la frontera entre ellos es imprecisa. Un hermoso tejido en un museo (patrimonio tangible), si se ha perdido la tradición artesanal que lo originó (patrimonio intangible), tiene el mismo valor que el ejemplar de una especie extinta embalsamada. Un plato típico, producto de la tradición, se convertiría en Patrimonio tangible cuando forme parte de un libro de menú. Los autores consideran que la división entre lo tangible o material y lo intangible o inmaterial es solo formal y metodológica, ya que ambos no se pueden separar en la práctica. De todas formas se presenta la valoración de esta clasificación. Respecto al patrimonio tangible, los autores se acoge a la metodología que nos ofrece Marta Arjona, la cual incluye: obras de la arquitectura, pintura, escultura, cerámica, orfebrería, vestidos, ornamentas personales; documentos, objetos de personalidades e instituciones; muebles, implementos de trabajo, instrumentos musicales y demás objetos relacionados con la Cultura. A lo que agregamos los paisajes naturales. Los autores comprenden como patrimonio espiritual o intangible, las costumbres, tradiciones, creencias, variantes lingüísticas, refraneros, leyendas y mitos de una comunidad humana determinada Jesús Guanche, desde una fundamentación filosófica, refuta la consideración de la literatura, la música, el baile y el teatro dentro de la clasificación de intangibles e inmateriales. En su lugar propone la denominación de patrimonio de la Cultura popular y la define como: La "(...) significativa parte de la creación humana no limitada a los valores patrimoniales objétales, que abarca desde la conciencia identitaria y diferenciadora de unos pueblos respecto a otros basada en la tradición oral y gestual, hasta las diversas formas de comunicación artística cuya percepción no solo depende de algunos órganos de los sentidos como la vista y el tacto." (2004: 99). En relación con lo anterior, Joel James Figuarola (2001, p. 25) señala, entre los elementos que integran la Cultura popular y tradicional, Fiestas populares, Música, danzas, bailes, cuentos orales, juegos, mitos, leyendas, comidas, bebidas; inclinaciones sociales de amor, odio, simpatía o rechazo; forma de vestir, forma de construir las viviendas y sabiduría popular. Reiteramos, que no existe Cultura sin Identidad, ni Identidad sin Cultura, pues la Identidad cultural es lo que distingue la Cultura de un grupo humano de la de otros y el Patrimonio es la huella que deja la Identidad cultural a su paso por la historia y a la vez, la manifestación real de dicha Identidad. El trabajo metodológico con el patrimonio es la vía expedita para desarrollar la Identidad. Cuba es un país mononacional, lo que no indica que no se encuentren diferenciaciones dentro de esa unidad. Las peculiaridades que adopta la Identidad cultural nacional en las distintas regiones, en lugar de debilitarla, la enriquece. En Cuba las regiones históricas se han ido creando a lo largo de los siglos. Ellas no se corresponden exactamente con las distintas divisiones político-administrativas que ha tenido y tiene el país, pero han sido signadas por ellas. Los autores prefieren utilizar el concepto de región histórico-cultural, que incluye no solo un territorio determinado, sino los procesos culturales que caracterizan dicho territorio y lo diferencian de los territorios vecinos. Al respecto, María Rivera plantea: "La Población de dicha Región presenta como tendencia elementos identitarios que la caracterizan, incluido, en muchos casos, una de las variantes del español hablado en Cuba" (2004; 24) Las regiones histórico-culturales son producto del devenir de la Identidad cultural en el proceso histórico. En el caso de Cuba, país monocultural, dichas regiones, solo marcan variantes de la Cultura nacional. Los cambios en la sociedad y el paulatino desarrollo de la Cultura originan el nacimiento de nuevas regiones, que generalmente se presentan en sus inicios como subregiones. Las primitivas regiones de Cuba se formaron a partir de las jurisdicciones de las primeras villas coloniales. Así la parte oriental de la isla, si exceptuamos Baracoa, reducida a un relativo pequeño y aislado territorio montañoso, estaba repartida entre las jurisdicciones de Santiago de Cuba y Bayamo. Esta última comprendía toda la parte Oeste de Costa a Costa. En la división político-administrativa actual, la antigua jurisdicción Bayamesa, comprendería las provincias de Granma, Las Tunas y la mayor parte de Holguín. Para comprender el proceso de la formación de las regiones históricas culturales, se puede poner de ejemplo a Holguín. La cual se segrego de Bayamo en el siglo XVIII. El territorio holguinero en sus inicios no había sido más que una Comarca, Las Tierras Altas del Norte de Bayamo. La condición de jurisdicción, su paulatino desarrollo económico y el aumento permanente de su población; así como, la incidencia desde el siglo XVIII, de una significativa emigración española, en particular canaria, fueron creando particularidades que le permitieron ser considerada una subregión primero y una región después. Oriente es una región histórico-geográfica, producto de la primera división administrativa de la isla en departamentos, pero contiene en su seno varias regiones histórico-culturales con sus respectivas subregiones. A partir del análisis anterior, los autores asumen como región histórico-cultural, "un territorio relativamente extenso con estrechos vínculos económicos y culturales, formado en el proceso histórico, que ha ido desarrollándose a partir de un núcleo urbano importante, que es el epicentro de las principales actividades económicas, político-administrativas y culturales. En el decursar de los siglos, sus habitantes, han ido creando características particulares, que lo singularizan, como una variante dentro de la Identidad cultural mononacional cubana." (C. Córdova; 2006: sp.) Como se ha afirmado, una región no tiene que ser homogénea y el desarrollo histórico pudo haber creado diferenciaciones internas que han conducido a la formación de las subregiones. La región Bayamesa, que se corresponde con los territorios situados al sur del Cauto medio y bajo, ha sufrido la formación paulatina de una subregión, producto de la importancia económica y cultural que desde el siglo XIX ha tenido Manzanillo. Aunque la región histórico-cultural de Bayamo sobrepasa los límites de la actual provincia Granma; en dicha provincia a partir de la concepción defendida en este artículo, existen dos subregiones, las cuales han sido denominadas del Cauto y del Guacanayabo.

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Fuentes