Últimos momentos de Cervantes

Últimos momentos de Cervantes
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Últimos momentos de Cervantes.jpg
Datos Generales
Año:1856
País:Bandera de España España
Datos de la Pintura o dibujo
Técnica:Óleo Lienzo
Dimensiones:95,5 X 114 cm

Últimos momentos de Cervantes. Es Óleo sobre lienzo pintado por Víctor Manzano y Mejorada en 1856.

La obra

Pintado por Manzano a sus 27 años, y presentado a la Exposición Nacional de 1858, el cuadro representa uno de los episodios más rememorados de la vida de Cervantes, cuando "Después de recibir la Extrema Unción escribe al Conde de Lemos la dedicatoria de su novela Pérsiles y Sigismunda", como se aclara en el catálogo de dicha exposición. En efecto, tras haber concluido su última novela Trabajos de Pérsiles y Sigismunda el 2 de abril de 1616, el ilustre escritor cayó enfermo de hidropesía y, tras un breve viaje a Esquivias aprovechando una transitoria mejoría, quedó definitivamente postrado en cama en su casa de Madrid, desde donde expresó su deseo de besar la mano de quien había sido durante mucho tiempo su protector. De regreso a la Corte tras haber sido relevado de su cargo de gobernador de Nápoles, el Conde de Lemos desatendió la petición del ya moribundo Cervantes, quien el 19 de abril escribió al noble una dedicatoria de su última obra, en forma de carta. Tras haber redactado también en esos días su testamento, en el que encargaba dos misas en sufragio de su alma, el autor del Quijote moría el 23 de abril de 1616.

En su cuadro, Manzano ambienta este pasaje de los días postreros de Cervantes en el interior de una austera estancia, de paredes desnudas y enjalbegadas, donde aparece el escritor incorporado en su lecho recostado en varios almohadones, escribiendo la famosa dedicatoria en un pergamino, que le sostiene la dama que está a su cuidado, quien también sujeta el tintero en la otra mano. Sobre la cabecera del jergón puede verse un crucifijo y enfrente, una estantería con libros, semioculta tras un cortinaje parcialmente descorrido. Junto a la cama está colocada una mesa sobre la que reposan una botella y un vaso de vidrio, otros pergaminos y varios libros, algunos caídos en el suelo, identificándose entre ellos la segunda parte del Quijote.

Una vez más, Manzano vuelve a dar muestras en este cuadro de sus excelentes dotes pictóricas, truncadas por su prematura muerte. Dentro siempre de una paleta sobria, de colores terrosos pero sutilmente armonizados a base de delicadas transparencias y un suave claroscuro, especialmente visible en zonas como los pliegues de la lencería del lecho, el vestido de la dama o el cortinaje; el artista conjuga espléndidamente estas cualidades con su absoluto dominio del dibujo, limpio y preciso, como puede advertirse en detalles como el pendiente de la dama, el suavísimo modelado de sus manos o, fundamentalmente, en la cabeza del escritor, de una nobleza grave y trascendente en su expresión, y de rasgos rotundos y afilados, acentuados aún por su próxima muerte, Junto a ello, el equilibrado sentido de la composición, clara y serena, de la que este pintor hizo gala a lo largo de toda su producción, dan como resultado una obra de evidente belleza plástica, en la que Manzano logra transmitir toda la intimidad solemne que la escena requiere.

Este pasaje de la biografía cervantina fue uno de los más atractivos para los pintores españoles decimonónicos, conservando el Prado otro lienzo de grandes dimensiones con el mismo asunto, titulado Cervantes en sus últimos días, escribe la dedicatoria al Conde de Lemos pintado por Eugenio Oliva Rodrigo (1857-1925) en 1852.

Fuentes