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Ana Bolena Howard

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Ana Bolena
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Reina Consorte de Inglaterra
Anabolena.jpg

Reina Consorte de Inglaterra
28 de mayo de 1533 - 19 de mayo de 1536
Predecesor Catalina de Aragón
Sucesor Juana Seymour
Nombre real Ana Bolena Howard
Nacimiento Entre 1501 y 1507
Rochford Hall, condado de Essex, Bandera de Inglaterra Inglaterra
Fallecimiento 19 de mayo de 1536
Torre de Londres, Bandera de Inglaterra Inglaterra
Consorte Enrique VIII de Inglaterra
Descendencia Isabel I de Inglaterra
Enrique Tudor
Eduardo Tudor
Padre Tomás Bolena
Madre Isabel Howard

Ana de Bolena. Reina Consorte de Inglaterra y primera marqués de Pembroketras, tras casarse con Enrique VIII, cuyo matrimonio provocó, la ruptura de la monarquía inglesa con el catolicismo romano y la fundación de la Iglesia anglicana. Fue muy conocida por su carácter fuerte, así como por su gran belleza.

Síntesis biográfica

Primeros años

Ana Bolena nació entre los años 1501 y 1507 en Rochford Hall, condado de Essex, Inglaterra. La falta de los registros parroquiales de la época ha hecho imposible establecer la fecha exacta de su nacimiento. Era hija de sir Thomas Boleyn, posteriormente vizconde de Rochford y conde de Wiltshire y Ormonde, y de Isabel Howard, hija del conde de Norfolk. Perteneció a una de las familias más influyentes de la nobleza inglesa. Ana y sus hermanos crecieron en Castillo de Hever en Kent. En sus primeros años vivió en Francia, fue una de las damas de honor de la reina María de Francia y luego a los 15 años de edad, de la reina Claudia de Francia, con quien permaneció casi siete años. En la casa de la Reina, completó sus estudios de los intereses franceses y se desarrolló en la moda y la filosofía religiosa francesa, además de adquirir el conocimiento de la cultura y la etiqueta. Ejercía un encanto de gran alcance en los que la conocían, aunque las opiniones difieren en su atractivo.

A su regreso a Inglaterra en 1522, ocupó el lugar que por su rango le correspondía en la corte como dama de la reina Catalina de Aragón, primera esposa de Enrique VIII de Inglaterra e hija menor de los Reyes Católicos. Ana contaba en ese momento con 26 años, el rey con 38 años y Catalina de Aragón con 46 años de edad, ésta gozaba de escasa salud, y de sus hijos solamente sobrevivió María.

En la corte del rey Enrique

Enrique conoció a la que más tarde habría de ser su esposa o fijó su atención por primera vez, en un baile que el cardenal Wolsey dió en el palacio arzobispal de Battersea. Su atractivo impresionó a la corte y pronto se vio rodeada de un cerco de admiradores. Entre ellos se encontraba lord Henry Percy, heredero del condado de Northumberland. Bien pronto reparó el rey en que el hijo del conde de Northumberland había obtenido los favores de la que él amaba, y para deshacerse de este rival, ordenó al conde Tomás Percy que sin pérdida de tiempo hiciera casar a su hijo. El monarca que creyó poder lograr sus deseos, y al efecto trató de conquistar a la joven Bolena, con poesías que respiraban una ardiente pasión; pero cuando pidió que sus esfuerzos fueran recompensados oyó de los labios de Ana palabras similares a las que en otros tiempos dirigió Isabel Grey a Eduardo VI:
”Soy demasiado honrada para ser vuestra favorita, y demasiado poco para ser vuestra esposa”.
Wolsey, que se había resistido a la voluntad del monarca, perdió la confianza de éste: Ana Bolena se declaró su enemiga; firmando un acta de acusación en su contra, y por fin, cuando se le conducía preso a Londres, muere en 1530. Enrique VIII comenzó a abrigar dudas acerca de la legitimidad de su matrimonio con Catalina, que había estado casada antes con Arturo, príncipe de Gales y hermano de Enrique. Éste, leyó en el Antiguo Testamento, en el cap. XVIII del Levítico, versículo XVI:
”la desnudez de la mujer de tu hermano no descubrirás, por que es la desnudez de tu hermano”.[1]
, sintió penetrar el remordimiento en su alma, según decía, se creyó maldito de Dios mientras no se separase de Catalina, con la que llevaba 18 años de matrimonio. Según Antiguo Testamento, algunas páginas después, en el cap. XXV, versículo V del Deuteronomio, pudo haber leído el monarca inglés, si obrar de buena fe, estas otras palabra
”Cuando algunos hermanos estuvieran juntos, y muriese alguno de ellos y no tuviese hijo, la mujer del muerto no se casará fuera con hombre extraño: su cuñado entrará a ella, y la tomará por su mujer, y hará con ella tal parentesco,”
que era el caso en que se hallaba Enrique VIII respecto a Catalina.

Ana había aparecido en la corte inglesa cuando en ella, se debatía el grave problema de la sucesión al trono. Catalina de Aragón había tenido dos hijos varones, que nacieron muertos, y una niña, María (la futura María I). La edad de la reina hacía prever la imposibilidad de nuevos alumbramientos con éxito, pero Enrique VIII necesitaba a toda costa un hijo varón para dar continuidad a su dinastía, todavía no firmemente asentada en el trono inglés. El heredero se convirtió en una auténtica obsesión para el monarca, que llegaría a determinar, más que cualquier otro factor, tanto su vida privada como su política.

En 1527, Enrique solicitó formalmente al papado la anulación de su matrimonio con Catalina de Aragón, argumentando para ello el hecho de que la reina era la viuda de su hermano Arturo, muerto cuando todavía era príncipe de Gales. Ya en este momento el monarca había comenzado una apasionada relación con Ana Bolena. Dos años después, tras un arduo tira y afloja diplomático, el Papa Clemente VII se negó a conceder el divorcio, en gran medida a causa a las presiones del rey de España y emperador de Alemania, Carlos V, sobrino de Catalina de Aragón. La negativa papal hacía imposible un matrimonio ulterior de Enrique y, por lo tanto, descartaba la posibilidad de tener herederos varones con derechos legítimos al trono, según el derecho canónico. Ello precipitó la crisis política entre Inglaterra y Roma, que culminó con la separación oficial de la Iglesia nacional inglesa de la jurisdicción papal y con la constitución de un nuevo culto, el anglicano influido por la Reforma luterana. A pesar de que pocos años antes Enrique VIII había proclamado su adhesión inquebrantable al catolicismo, su deseo de conseguir un heredero le arrastró a romper los vínculos religiosos de su monarquía con el papado, causando una profunda conmoción en la Cristiandad, y a asumir las doctrinas más moderadas del luteranismo que él mismo había combatido tiempo atrás.

Matrimonio

Al regreso de un viaje a Francia, Enrique VIII de Inglaterra después de haber esperado este momento, cinco años más tarde se casa el 25 de enero de 1533 secretamente con Ana Bolena, quien posiblemente estaba encinta, en un aposento retirado del palacio de White - Hall. Fueron testigos de la ceremonia Norris y Hencage, gentiles hombres de cámara y Jane Seymour, servidora de Ana Bolena. A todos se exigió la mayor discreción y se ignora la fecha exacta de la ceremonia, pues mientras los católicos la suponen verificada el 25 de enero del año 1533, Isabel hija de este matrimonio, resultaría hija adulterina, por otra parte los protestantes afirman que se celebró el 14 de noviembre de 1532, lo cierto es que en la primavera de 1533 el embarazo de Ana Bolena hizo imposible la continuación del secreto, por lo que se consultó al clero de Inglaterra, y en virtud de la respuesta que este dio, el arzobispo Granmer declaró el 23 de mayo contumaz a Catalina, porque se negó a comparecer ante él, anulando su enlace con Enrique VIII, reconociéndose por otra sentencia publicada cinco días después, la legitimidad del contraído por el soberano con Ana.

Coronación

El día de Pentecostés de ese mismo año, Ana Bolena fue solemnemente coronada en la Abadía de Westminster. Ella fue la última reina consorte de Inglaterra al ser coronada por separado de su esposo. A diferencia de cualquier reina consorte, Ana fue coronado con la corona de San Eduardo, que había sido previamente utilizado para coronar a sólo un monarca reinante.

Después de su coronación, Ana se instaló en una rutina tranquila en la residencia favorita del Rey, Palacio de Greenwich, para prepararse para el nacimiento de su bebé. Ésta dió a luz, el 7 de septiembre del mismo año, una niña que fue con el tiempo la reina Isabel I. En los años siguientes, el rey esperó con creciente impaciencia el nacimiento de un varón, al tiempo que perdía interés por su esposa. Ésta se había ganado la hostilidad de los miembros más influyentes de la corte debido a su carácter caprichoso y arrogante, lo que la dejó sin apoyos políticos cuando su matrimonio entró en crisis. La reina intentó apartar del afecto del rey a María, hija de Catalina de Aragón, a la que prohibió relacionarse con sus parientes incluida su madre, a la que nunca volvió a ver, despojó del título de princesa y humilló al nombrarla dama de compañía de su hija Isabel.

En 1534, Ana tuvo un aborto y, en enero de 1536, dio por fin a luz a un niño que, sin embargo, murió a las pocas horas, lo que significó su definitiva caída en desgracia. Pero el inconciente monarca había de hacer expirar muy pronto a su esposa, los tormentos que esta había hecho sufrir a Catalina.

La encarcelación

El día 1 de mayo de 1536 se celebró en Greenwich un torneo en que fueron los Mantenedores Lord Rochford, hermano de Ana Bolena y Norris, favorito del soberano. Ana dejó caer a la arena su pañuelo, que Norris cogió apresuradamente y devolvió en la punta de la lanza a la soberana, después de haberse enjugado con él el sudor que bañaba su frente. Enrique se sintió acometido por los celos, palideció, se levantó con forma irritada, y el torneo quedó sin terminar. A las pocas horas fueron presos todos los amantes verdaderos o supuestos de Ana Bolena, siendo ella también llevada al día siguiente a la Torre de Londres, donde cayó de rodillas y tomando a Dios como testigo de su inocencia exclamó
” Estoy pura de todo pecado, Jesús mío”.
Amargo llanto sucedió a esta invocación, y tras las lágrimas la acometieron carcajadas de loca, con algunos intervalos en que poseída por la mayor desesperación se retorcía los brazos, pensando en el dolor que experimentaría su madre, si la creyese culpable o inocente.

Un tribunal compuesto por veintiséis lores se reuniría en una de las alas de las Torre, para juzgar a la acusada. El rey tuvo la crueldad de hacer figurar entre los jueces su primer amante Percy, conde de Northumberland, al padre de la acusada y al conde de Norfolk, su tío materno. Percy vino a ocupar su asiento en el tribunal pero muy pronto se sintió enfermo, y hubo de retirarse, muriendo pocos meses después. El conde Norfolk presidía a los demás jueces. Ana compareció el 15 de mayo, y ocultando las torturas de su alma se presentó con noble y tranquilo aspecto. Las acusaciones más formidables contra ella se debieron a mujeres entre ellas lady Rochford, cuñada de la reina. Esta que a toda costa quería deshacerse de su marido y de Ana, había solicitado y obtenido, juntamente con Mistress Cosyns y Stonor, que odiaban también a la prisionera, el encargo de expirarla constantemente. Estas dormían a la cabecera de su lecho, sorprendían las palabras que el sueño o la fiebre le arrancaban, dirigían numerosas e intencionadas preguntas, y avisaban a los jueces, interpretándola torcidamente, cualquier frase equivoca que saliese de sus labios.

No fue mucho más digna la conducta del presidente, tío de la acusada; pues mientras esta declaraba interrumpía con frecuencia para murmurar en voz baja y con tono despreciativo. La procesada fue declarada culpable de los crímenes de adulterio, incesto y traición, ignorándose, si sus dos parientes votaron en pro de la acusación.

Muerte

En su virtud y para complacer a rey, se le condenó a ser decapitada o quemada viva, sentenciando el mismo tribunal a su hermano lord Rochford a ser descuartizado. En cumplimiento con la sentencia, Ana fue llevada al calabozo el 19 de mayo de 1536. Dirigiéndose a los asistentes pronunció desde la Torre de Londres, lugar del suplicio, estas palabras:
”Cristiano y buen pueblo: voy a morir por satisfacer a la ley; ¡Que dios salve a rey y le conceda un largo reinado! Es un noble príncipe, el más generoso de los hombres: siempre se mostró conmigo dulce y cariñoso. ¡Que dios me perdone! ”[2]
Después recogió sus cabellos para que no embotasen el golpe, se arrodilló, rodeo sus pies con el vestido, dejó que la vendaran los ojos y poniendo la cabeza en el tajo, murmuró segundos antes de que cayera la cuchilla
” ¡Jesús te suplico recibas mi alma! ”.

Dos días antes fueron decapitados Rochford, hermano de Ana, Norris y Weston Smeatun, como plebeyo que era, fue ahorcado: todos estos fueron pasados como amantes de la reina.

Catalina, la primera esposa de Enrique había fallecido en el mismo año. El rey que había llorado su muerte demostró cuanto odio le inspiraba la segunda, vistiendo de blanco el día que esta fue sacrificada y disponiendo de una casería a la que marchó no habiendo escuchado el cañonazo que anunciaba la realización de su venganza. Poco tiempo antes Crammer, primado de Inglaterra, publicó el divorcio de Ana y el monarca inglés, declarando ilegítima a Isabel, hija de este matrimonio, de la misma manera que al anular el casamiento de Enrique y Catalina declaró indigna de la corona a María Tudor, hija de estos. Nunca se ha probado documentalmente la culpabilidad de Ana Bolena en los cargos que la llevaron a la muerte. Casi con toda probabilidad, la reina fue víctima de un complot urdido para eliminarla del trono cuando quedaron en evidencia sus escasas posibilidades de tener hijos varones. El soberano completó su desprecio hacia la infeliz decapitada casándose en la mañana del 20 de mayo, es decir al día siguiente de la ejecución, con Jane Seymour, dama de Ana Bolena, como esta lo había sido de Catalina. Ésta moriría dos años después al dar a luz al príncipe Eduardo.

El divorcio de Catalina de Aragón y la consiguiente ruptura con Roma, la decapitación de Ana Bolena y los sucesivos matrimonios de Enrique VIII hasta completar el número de seis, incluido el que contrajo con la luego también decapitada, Catalina Howard no sirvieron para garantizar la continuidad de la Dinastía Tudor. El hijo de Jane Seymour, que reinó con el nombre de Eduardo VI, murió siendo todavía muy joven y sin dejar herederos. Ascendió entonces al trono la hija de Catalina de Aragón, la católica María I. Su muerte sin hijos en 1558 deparó la subida al trono de Isabel I, hija de Ana Bolena. La nueva reina condenó a la dinastía Tudor a la desaparición, al negarse obstinadamente a contraer matrimonio. Sin duda, la terrible muerte de su madre y la personalidad tiránica de su padre influyeron en la soltería de la reina.

Filmografía

Su vida ha sido adaptada en numerosas novelas, obras de teatro, canciones, óperas, dramas de televisión y pelí­culas, incluyendo Ana de los mil dí­as, The Other Boleyn Girl, Los Tudor, Las seis esposas de Enrique VIII y Doomed Queen Anne.

Película Ana Bolena
  • Título: Ana Bolena
  • Título Original: ANNA BOLEYN
  • Año de producción: 1920
  • País: Alemania
  • Dirección: Ernst Lubitsch
  • Intérpretes: Emil Jannings, Henny Porten, Paul Hartmann, Ludwig Hartau, Hilde MüllerMaria Reisenhofer, Adolf Klein, Wilhelm Diegelmann, Friedrich Kühne, Aud Egede Nissen, Hedwig Pauly-Winterstein, Ferdinand von Alten
  • Guión: Fred Orbing, Hanns Kräly
  • Fotografía: Theodor Sparkuhl
  • Duración: 100 min.
  • Género: Drama, Histórico

Véase también

Referencias

  1. Ana Bolena - Diccionario Enciclopédico Hispano Americano
  2. Biografía de Ana Bolena - Diccionario Enciclopédico Hispano Americano

Enlaces externos

Fuentes