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Casa Natal de Celia Sánchez Manduley

Museo Casa Natal de Celia Sánchez Manduley
Información sobre la plantilla
Institución con sede en Bandera de Cuba Cuba
Casa natal celia sáchez.jpg
Museo de Historia
Fundación:9 de mayo de 1990
Tipo de unidad:Institución cultural
País:Bandera de Cuba Cuba
Dirección:Calle Raul Podio No. 111. Media Luna, Granma

Museo Casa Natal de Celia Sánchez Manduley. Constituye hoy una de las joyas más preciadas del patrimonio cubano, frecuentada por los habitantes de la provincia de Granma y de toda Cuba. Se calcula que recibe unos 12 mil visitantes cada año.Celia La flor más autóctona de la Revolución. El inmueble fue declarado Monumento Nacional el 27 de enero de 1990.

Fue inaugurado en 1990, en la casa natal de la insigne luchadora revolucionaria cubana en el municipio de Media Luna, actual provincia de Granma. Se exponen los objetos personales de la familia Sanchez Manduley, numerosos documentos y objetos de época que testimonian la activa participación de esta familia en la guerra de liberación nacional cubana.

Ubicación

Es una vieja casona construida en 1908 y ubicada en la calle principal del poblado costero de Media Luna, frente al Golfo de Guacanayabo, a unos 120 kilómetros de la ciudad.

La institución atesora 242 objetos pertenecientes a Celia, una de las colecciones más completas de Cuba, y exhibe en sus ocho salas el 75 por ciento de estas piezas catalogadas por expertos como de máximo valor.

Unos 12 mil visitantes recibe cada año el memorial, que en sus primeros años de existencia fue museo municipal.

La casa de los Manduley, situada en la calle principal del pueblo, construida de madera y tejas, es una de las mayores atracciones de la localidad por su belleza general, en los alrededores crecen árboles frutales, mangos, zapotes, caimitos, que junto a helechos y enredaderas, adornan el lugar.

El inmueble, de arquitectura ecléctica, se asemeja al bungalow americano de la época. En el año 1913 se establece el matrimonio compuesto por Manuel Sánchez Silveira, médico de la compañía del central Isabel, y Acacia Manduley Alsina.

Antecedentes

Con la penetración del capital norteamericano en la industria azucarera entre 1875 y 1920 y, en particular, por la construcción de los grandes centrales azucareros en la parte oriental del país en el Siglo XX, la fisonomía de los bateyes adquiere una nueva dimensión.

La llegada de los colonos, técnicos y personal relacionado con esta actividad agroindustrial propició la implantación en Cuba del sistema constructivo americano, que utilizaba la madera como elemento fundamental. Es así que nuestro país se convierte en el principal comprador de este recurso a Estados Unidos. Entre las particularidades que caracterizan la arquitectura en madera en este período, se destaca la modificación de las proporciones de los elementos portantes. Las columnas de madera se hacen más delgadas y esbeltas, combinándose en grupos de dos o tres elementos y se incrementa la decoración entre ellas.

Las rejas y barandas de hierro son sustituidas por piezas de madera que adoptan variadas formas; las celosías y otros aspectos decorativos, que tenían un uso discreto y moderado hasta el momento, adquieren mayor profusión y complejidad en las soluciones de las paredes de tabla. Se adoptan nuevas formas de colocación de sus componentes, que reducen su ancho en comparación con edificaciones más antiguas.

Media Luna, municipio costero de la actual provincia de Granma, ubicado en la porción sur oriental de este territorio, no estuvo ajeno a esta influencia con el establecimiento de los hermanos Beattie Brook, ciudadanos ingleses llegados a nuestro territorio en 1886, que trajeron consigo la introducción de la tecnología de la industria azucarera. Comenzaron a construirse alrededor del central El Batey hermosas viviendas de madera y hormigón y el desarrollo urbanístico del poblado empezó a cobrar forma.

La casa

La casa la adquirió en el año 1913 el doctor Manuel Sánchez Silveira, cuando se casó con Acacia Manduley, y allí nacieron sus nueve hijos, entre ellos, Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley, el 9 de mayo de 1920.

Recrea elementos de la arquitectura clásica, posee cubiertas de cuatro y dos aguas con colgadizos de tejas francesas, paredes trabajadas en tablas machimbradas y enchapadas con tabloncillo. En su interior se encuentra un elemento divisorio, consistente en dos columnas circulares sobre un basamento de madera, que es lo más representativo de la arquitectura de ese período. El piso es de mosaico con variedad de diseño en su decorado.

En la fachada se destaca una combinación de celosías trabajadas en forma de encaje al nivel de cornisa. El corredor se levanta sobre un promontorio de hormigón donde aparecen los basamentos de las columnas. La carpintería es mayormente francesa y de cuarterones. La baranda está trabajada con motivos simples que delimitan el área del portal.

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La planta de la casa es de forma compacta, tiene un pasillo lateral, patio y traspatio con una hermosa jardinería y árboles frutales, que en aquella época limitaba al fondo con los márgenes del Río Vicana.

Aquí vivió Celia los primeros 20 años de su vida. Aquí fue moldeando su personalidad, al calor de los más nobles sentimientos patrióticos, en el contacto con la gente más humilde, sintiendo el dolor ajeno como el suyo.

En el año 1940 la familia se traslada a vivir al poblado de Pilón y a partir de ese momento la casa tuvo diferentes inquilinos

El Museo

La construcción que ocupa el museo tiene una estructura típica del bungalow americano, construido en 1908, posee y recrea elementos eclécticos muy característicos de la época. Toda su estructura y sus paredes son de madera, el techo es de tejas francesas y los pisos de losas. Es una de las mayores atracciones de la localidad por su belleza general, especialmente los alrededores donde crecen frondosos árboles frutales como mangos, zapotes y caimitos que junto a helechos y enredaderas, embellecen su entorno.

En 1980, al morir Celia, por decisión del gobierno y Patrimonio Cultural, se inicia la primera reparación capital del inmueble. En el año 1983, como parte de la labor de generalización cultural, su casa fue escogida como sede del Museo Municipal y en 1990, con motivo del Septuagésimo aniversario de su natalicio, se inaugura como Museo Memorial, declarándola además con la categoría de Monumento Nacional el 9 de enero de ese mismo año.

Ha sido sometida a varias reparaciones capitales, la última de las cuales la hizo merecedora del Premio Nacional de Restauración del año 2004, otorgado por el Consejo Nacional de Patrimonio Cultural.

La restauración y acabado de la obra fue reconocido por muchas personalidades como el Dr. Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana.

En documento legal fechado 16 de abril de 2004 se consigna que la restauración de la casona donde naciera Celia Sánchez, constituye un exponente de la arquitectura popular de madera, cuya fragilidad hace imprescindible decisiones de este tipo y por los valores vernáculos de una tipología doméstica cuyos ejemplos son cada vez más escasos”.

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Es así que al concebir el nuevo montaje museográfico el inmueble pasa a ocupar un lugar importante dentro del discurso museológico, como un elemento más de la exposición, destacándose por su elevado nivel de atracción.

La casa encierra una carga de influencia desde la perspectiva del uso que sus propietarios hicieran de ella y su relación imperecedera con la comunidad, así se ha convertido en un símbolo que irradia elementos inmateriales relacionados con sus valores, tanto arquitectónicos como históricos y patrimoniales, muestra de una época y de los afanes de bienestar de sus inquilinos a favor de la incipiente comunidad de entonces.

Como símbolo además, recrea la existencia de costumbres, tradiciones e intereses en sentido general, de la que fue testigo presencial y anfitriona, en muchas ocasiones, al ver incrementarse a su alrededor la comunidad, siendo como es hoy el centro de atención por la magnitud en los valores de atracción que posee, lo que la hace aceptadora gustosa de la gran cantidad de personas, jóvenes y niños en su mayoría que la visitan de manera espontánea o convocados por las acciones culturales que se desarrollan en interés de la historia y la cultura local.

La hermosa tradición de ver y admirar esta casa como un lugar sagrado y de obligada visita para los que amaron y aman a Celia, se ha mantenido durante el decursar de los años. Es, al decir de los visitantes y habitantes de la comunidad, un remanso que invita a la reflexión y a la paz, con su verde jardín y su caimito casi centenario, del que muchos quieren llevar sus hojas y sus frutos atribuyéndole propiedades especiales, porque sin pretender mitificar la casa y la imagen de Celia, los pobladores la ven como algo que les pertenece, donde se ven reconocidos e identificados, evidenciando en cada gesto y palabra el agradecimiento y respeto por esta mujer que tanto hizo por los humildes, expresando cómo su hogar está lleno de su espíritu, de su presencia en cada lugar, a través de sus objetos, de sus pertenencias.

Es así que los fondos y colecciones que se exponen se convierten en símbolo parlante, transmisor de un mensaje de sensibilidad y aliento acerca de lo que existió y ha quedado en la memoria de muchos, “como parte de la ayuda que el patrimonio presta a la construcción de un pedazo de historia de la sociedad, actuando como instrumento aglutinante de identidad colectiva”.

Se establece entonces la dicotomía más elemental a la hora de llevar el mensaje a la comunidad desde lo espiritual, teniendo como base sensible lo material: patrimonio e identidad, en el que, como aseguran estudiosos del tema, ambos elementos “tienen motivaciones históricas comunes , por un lado la necesidad de reconocer, de difundir una herencia común, por otro la de definir, mantener y afirmar un espacio también común, tanto en el plano de la libertad como en el de las instituciones, de las costumbres, de las mentalidades, de las prácticas antropológicas, culturales, políticas, cotidianas, un espacio que no es otro, que el definido por lazos identitarios”.

Así pues, la casa desempeña un rol desde la oralidad como contribución a la formación de una nueva manera de pensar de la comunidad, del gusto artístico, de su ideología pasada y contemporánea.

Fuentes