Cimarrones

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Cimarrones. Uno de los crímenes mas inauditos a transcurridos a lo largo de la historia universal es el cruel sistema injusto de la esclavitud. La humanidad ha tenido que sufrir muy amargas cuotas de dolor debido al flagelo de esta institución.

Introducción

Desde el siglo XVI, la palabra cimarrón sirvió para nombrar todo aquello que era silvestre o salvaje. También se empleó para designar a los esclavizados que huían al monte. [La palabra inglesa maroon, como la francesa marron, proviene de la española cimarrón. Tal como se usó en el Nuevo Mundo, cimarrón se refirió originalmente al ganado doméstico que se había escapado a las montañas en La Española y poco después también a los esclavos indios que habían escapado de los españoles. Al finalizar la década de 1530 ya se había empezado a aludir principalmente a los fugitivos afroamericanos.] La fuga era el primer paso, luego venía el enfrentamiento para tratar de preservar lo que habían construido durante su breve libertad. La historia del cimarronaje es la historia de rebeliones audaces y continuas, orientadas por el ansia de libertad.

En Latinoamérica, se llamó cimarrón a los esclavos rebeldes, algunos de ellos fugitivos, que llevaban una vida de libertad en rincones apartados de las ciudades o en el campo denominados palenques o quilombos. Posteriormente, en Cuba se adoptó preferiblemente el vocablo jíbaro para definir los cimarrones. Parece también que la palabra cimarrón no se empleó casi nunca con los indios fugitivos.

La esclavitud en Cuba.

En Cuba la esclavitud se inició con la entrada de Colón con indígenas guanches de Islas Canarias, junto a los primeros esclavos africanos que utilizaron para explotar sus mano de obra o fuerza de trabajo, así como del sometimiento de nuestros aborígenes o primeros habitantes indocubanos.

En onerosas condiciones de tratos injustos, crueles y degradantes, se iban sometiendo a dichos seres humanos, violándoles todos sus derechos. Pésima alimentación y desnutridos, semidesnudos y en harapos, faltos de abrigos y de atenciones médicas, hacinados en pésimas chozas o barracones bajo estricto control y abundante vigilancia, trabajos intensos e infrahumanos, y sometidos a duros castigos, tenían todos sus derechos violados y negados.

Ante tantas maldades, como reacción lógica, los hombres enfrentaban resistencia y rebeldía, resultándoles imposible aguantar imperturbables o apacibles tanto abuso y desconsideración.

Situación y actitud del esclavo

Los esclavos buscaban medios para escapar de tal injusticia, motivo por el cual se amotinaban o protestaban, o escapaban solos e individualmente, o en grupos o cuadrillas.

Laboraban obligados en todas las esferas posibles de la vida económica, como en minas, ingenios, cafetales, y en muy disímiles labores de la agricultura en general. Desde 1526 hasta 1868, se conoce de fugas y amotinamientos de humanos amantes de la libertad que como símbolo de rebeldía se enfrentaban con odio a las injusticias, siendo este un fenómeno generalizado, permanente e intensivo.

A los esclavos que huían de dichos malos tratos se les llamaba CIMARRONES, y trataban de ocultarse lejos de sus explotadores, en sitios inaccesibles e intrincados, en montañas y montes o en zonas pantanosas, donde evitaban el conformar grandes grupos para no atraer la atención, ser cuidadosos al caminar para no dejar tras sí rastros o huellas, trasladarse de ser posible dentro de las aguas de los ríos, moverse fundamentalmente de noche, y realizar rodeos alrededor de los lugares que les servían de asiento, para de esas formas desorientar a sus captores, seguidores o perseguidores y no ser detectados. Así mismo trataban de que en dichos sitios donde se guarecían hubieran varias brechas o caminos para poder huir si resultaba necesario, que hubiesen altos farallones para dificultarle la llegada a sus perseguidores, y que existiesen piedras para poder defenderse. En esas condiciones adversas y difíciles, tanto para los adultos como para sus hijos menores, realizaban un vida de guerrilleros que los obligaba a supervivir una vida en una vida de guardias, desvelos y constante vigilancia para la defensa de su libertad.

Características

Estos personajes también cuentan con algunos rasgos de identidad como son: la intención de huir, adaptarse, y conservar o recuperar algunas características culturales originales o familiares, tomando en consideración que el nuevo ámbito en el que tenían que sobrevivir, ciertamente no era en nada parecido al de su procedencia. Tambien se ubica al cimarrón en un ambiente montaraz, estrictamente rural; empero, la historia y especialmente la nueva historia social, sugiere la misma tendencia o deseo de estos personajes por residir subrepticiamente confundidos en el paisaje urbano, entre los africanos que moraban en las ciudades. Como sea que fuere, también es dable pensar que los fugados de las haciendas hubiesen encontrado refugio seguro entre sus hermanos residentes en la ciudad. Lo que no se puede soslayar es que los cimarrones tuvieron en ciertos momentos un papel fundamental como catalizador de las relaciones entre las autoridades coloniales y los esclavos, ante el temor de una posible sublevación generalizada.

Vida de los esclavos

Para lograr subsistir, en los sitios donde se guarecían, es decir, en los palenques, realizaban su vida cotidiana, y allí o en el entorno cercano, conformaban ranchos o campamentos, recogían frutas y raíces, pescaban, cazaban aves, puercos jíbaros, jutías, realizaban labores o tareas agrícolas y labraban la tierra y sembraban o producían plátano, malanga, ñame, frijoles y otros renglones o productos, y hasta en largas jornadas de estancia, las parejas fecundaban o se reproducían y nacían niños, y hasta incluso realizaban intercambios comerciales de productos con pobladores comarcanos y corsarios y piratas.

Para poder subsistir se obtenían, se llevaban, intercambiaban, compraban o conseguían a toda costa, lo que les resultara necesario en su difícil lucha: armas, municiones y pólvora, sal, ajuar de cocina..., y para estos menesteres, en ocasiones, y obligados a las dificultades de sus vidas, realizaban incursiones o asaltos a sitios donde existiesen dotaciones de esclavos para liberar compañeros y para suplir necesidades que se les imponían.

Población esclava en Cuba

Demostrativas de las injusticias de la esclavitud son las siguientes cifras: en 1792 el 30.8  % de la población existente en Cuba era esclava; en 1817 era esclava el 37.7 % de dicha población; era esclava en 1821 el 40.7 % de la misma; en 1841 la población cubana estaba conformada por un 43,3 % esclava, y en 1862 el 26.5 % de la misma era esclava. Por supuesto que ante tanta injusticia de alta cifra, la reacción no podría ser otra.

Para eliminar la justa y necesaria rebeldía de quienes ansiaban la libertad, surgió desde los primeros momentos la persecución y la represión de los esclavos. Con los métodos más perversos y viles, surgieron los llamados rancheadores, quienes empleados al servicio de los ricos explotadores esclavistas, montados en buenos caballos, bien alimentados, armados, auxiliados por fieros perros, perseguían con sádico ensañamiento a los cimarrones, sometiéndolos a duros y múltiples vejámenes, torturas y asesinatos.

El primer Reglamento de Esclavos rigió desde 1797 hasta 1815, y el Depósito de Esclavos se creó en La Habana en el año 1800. Hay un momento en que la Oficina de Capturas de La Habana menciona la cifra de 15 971 cimarrones. Mediante el Reglamento de Cimarrones emitido en 1846, brindaba a los captores de los mismos la cifra de 4 pesos fuertes por la captura de un cimarrón simple o huido, 20 pesos fuertes al que entregara un cimarrón «apalencado» sin ofrecer resistencia, 32 pesos fuertes al que lo entregara si ofrecía resistencia con arma blanca, y 50 pesos duros si lo entregaba pero la resistencia la ofrecía con arma de fuego.

Véase también

Fuentes

  • González González, Lic. Abilio (investigador agregado cubano).