Esclavitud en Cuba

Esclavitud en Cuba
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Concepto:La esclavitud, como fenómeno social, es una de las mayores tragedias humanas que se conocen, las trazas de opresión, violencia y desgarramiento sociocultural de pueblos, naciones y de todo un continente perduran por siglos. De todas las formas en que se manifestó la esclavitud en el mundo, particular matiz alcanzó el comercio de esclavos africanos por las potencias europeas para su utilización como mano de obra en el nuevo mundo entre los siglos XVI y XIX.

Esclavitud en Cuba. Cuba fue una de las primeras colonias a las que llegaron los esclavos africanos, motivado por la temprana extinción de la población indígena a manos de los colonizadores españoles y la creciente necesidad de explotar las nuevas tierras conquistadas.

El período comprendido desde finales del siglo XVI hasta principios del XVII, se considera la etapa de introducción de la esclavitud africana en Cuba. Ante la falta de fuerza de trabajo para continuar la colonización, los españoles comenzaron a traer pequeñas cantidades de esclavos africanos a través de la Real Compañía de Comercio de las Indias, al mismo tiempo que realizaban esporádicas compras a comerciantes negreros ingleses. Pronto estas cantidades resultaron insuficientes ante el desarrollo de las plantaciones de azúcar y café.

El primer permiso para introducir esclavos en Cuba

Fue en 1517, cuando el rey Carlos I de España firmó permiso para la introducción de esclavos africanos en las islas caribeñas, aunque desde hacía dos años las autoridades de Santiago de Cuba habían solicitado al monarca hispano el envío de doce negros desde la Isla La Española.

Es don Fernando Ortiz, quien afirma en su libro Los negros esclavos que hoy sabemos con certeza que en 1518 habían esclavos en Cuba, bien fuesen traídos cuando la introducción era libre o bien en virtud de las primeras licencias –lo que es más probable- con fecha anterior o bien porque los introdujeran algunos de los vecinos de Santiago de Cuba que en aquel año obtuvieron licencias para importarlos. Nos consta de manera indubitada que cuando Hernán Cortés partió de Cuba para la conquista de México, en 1518, llevó consigo algunos negros de esta isla, que utilizó junto con los indios para el arrastre de la artillería a través del suelo azteca.

Desde la conquista a la ocupación de La Habana por los ingleses

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Debido al poco desarrollo de la agricultura desde los años iniciales de Colonización hasta 1763, en que los ingleses ocuparon La Habana, en Cuba entraron solo unos 60 000 esclavos, mientras que desde esa fecha hasta la abolición de la esclavitud, en 1886, en poco más de cien años, entró casi un millón de africanos. En 1867 en Cuba existían 345 741 esclavos, 22 809 menos que en 1862; en 1877 la cifra alcanzó 150 566, lo que equivale a decir que en este último año habían disminuido aproximadamente a la mitad en relación con 1862.

Categorías de esclavos

En Cuba los esclavos se clasificaban en bozales o de nación, bozalones, ladinos, criollos, mulecones y muleques. Hubo también coartados y emancipados. Los bozales eran los nacidos en [África] que no hablaban español y bozalones los que resultaban muy torpes; a los niños adolescentes se les llamaba muleques y mulecones cunado pasaban de la adolescencia; los ladinos eran así designados cuando aprendían la lengua de sus amos; los nacidos en Cuba recibían el nombre de criollos y a los nietos se les llamaba rellollos. El coartado era el esclavo que poseía libertad parcial, con sus ahorros el coartado pagaba la propia libertad a su dueño. Emancipado era el negro que capturado por un barco inglés autorizado a entrar en Cuba y, puesto bajo la protección del capitán general, debía ser declarado libre después de varios años de trabajo forzado.

El nombre para el esclavo africano

El nombre para el esclavo africano tenía una importancia extrema, formaba parte del mundo místico y material, y de la existencia del individuo, por tanto nombró y señalizó a la par que el europeo. A cada elemento o cosa le pertenecía un nombre, su descubrimiento era un acto mágico. Si no correspondía con su concepción éste lo nombraba de acuerdo a las costumbres de su tierra o los denominaba de acuerdo al parecido con objetos semejantes de su lugar de origen.

Porque el nombre

Se ha creído que el nombre [cristiano] era consecuencia del adoctrinamiento religioso, de la necesidad de cristianizar al africano. Al ingresar el esclavo en el complejo mecanismo de la colonia, el nombre permitía un manejo fácil; no debía ser complicado ni largo, se sentía la necesidad que al llamársele respondiera con celeridad y fuese asimilado rápidamente. La diferencia, en caso de repeticiones, la hacían los distintos orígenes étnicos. Podían existir muchos franciscos, pero la diferencia sería: Mondongo, Congo, [Lucumí], [Ganga], etcétera. Las tabulaciones de los productores y comerciantes esclavistas necesitaban de una mínima diferenciación para sus relaciones contables.

La etiqueta, que como apelativo superficial llevó el cautivo, estuvo carente de significados para él. El africano no asimiló el nombre cristiano, era impuesto, extraño. Al recibir el nombre europeo debieron sentir un sobresalto o un deje de burla, al considerar la forma torpe en que les era dado. En un inicio no pareció un compromiso con la nueva cultura -él conservaría su nombre secreto- uno innombrable, el que no podía ser tocado, y su desconocimiento por parte de los demás, le permitía sobrevivir. Su integridad estaba garantizada, estaba salvada. Más que innombrable era impronunciable. Si el esclavista no conocía el nombre secreto, no podría dominar la parte íntima del esclavo.

Para los africanos los individuos poseían dos nombres: uno por el que se conocía, y el otro, que él solo sabía y nadie podía conocer y mucho menos pronunciar. Ese nombre era el que revestía verdadera importancia, su desconocimiento por parte del resto de la comunidad, amigos o enemigos, lo protegían de los peligros que de continuo lo asechaban: “quien conoce los nombres secretos de los seres sobrenaturales, o los individuos de este mundo, puede dominarlos”. Frente al blanco esto no sería un grave problema, pues desconocía las “palabras e instrumentos rituales en el orden, el ritmo, el tono, el canto, el tiempo y el lugar requerido y los movimientos necesarios”.

El esclavista desconocía estas cosas, pero los esclavos enemigos o amigos no, por tanto, en las nuevas condiciones los secretos debían ser reforzados. [Blondel] refiere, en un trabajo citado por Ortiz, que: “Pronunciar un nombre es siempre un acto de importancia para el que lo dice o para el designado por aquel”. Porque pronunciar el nombre es tocar a la persona, al ser o a la cosa, es allanarlo, y es también evocarlo y forzarlo a aparecer lo que puede traer inconvenientes”, por eso el cautivo posee “nombre secreto para los dioses, los espíritus y los hechizos, y también para los sacerdotes y los creyentes.

Conocer estos nombres es tener cierta potencia coactiva sobre el así nominado. Aun es costumbre en Cuba y entre los practicantes de religiones africanas, no responder de improviso ante cualquier llamado, y se guarda cierta reserva en dar a conocer los nombres completos.

Importancia de los nombres para los esclavos africanos

El nombre para el esclavo africano tenía una importancia extrema, formaba parte del mundo místico y material, y de la existencia del individuo, se era porque había sido nombrado, y este nombre debía reunir todas las características del nuevo ser, convertirse en su prolongación, en un miembro más de su cuerpo. Participa como fuerza vital humana en la conformación del ser.

En el acto de ser nombrado participan las fuerzas que conforman el universo, el recién nacido no sería humano hasta recibir un nombre, entonces ingresa en el universo y forma parte de todo el sistema y las fuerzas que lo conforman. Por eso, un nombre no puede ser un simple apelativo, para encontrarlo se deben efectuar diferentes ritos, ver que fuerzas propiciatorias han permitido su nacimiento, cuáles fuerzas de los antepasados han confluido en el recién llegado. El nombre debe indicar su lugar en la vida: “Un ser que se distingue del animal y ocupa su lugar en la comunidad de los hombres no es engendrado por el acto del nacimiento sino por el semen de la palabra”.

El esclavo nombró y señalizó a la par que el europeo. A cada elemento o cosa le pertenecía un nombre, su descubrimiento era un acto mágico. Si no correspondía con su concepción éste lo nombraba de acuerdo a las costumbres de su tierra o los denominaba de acuerdo al parecido con objetos semejantes de su lugar de origen. No hubo vertimiento al español de los términos africanos, porque la nueva lengua era incapaz de comunicar los misterios cosmogónicos y la magia de la palabra que se aferraba el hecho sacro.

El hermetismo defensivo convirtió el lenguaje de ciertos ritos crípticos, por eso, “en Cuba enseñan que la expresión más sagrada e íntima es meramente hablada en lenguaje africano, tradicional y críptico, que solo lo puede oír el ente sobrenatural con quien se habla”. Todas las denominaciones de los rituales herméticos se mantuvieron en lenguas africanas: las categorías sacerdotales , los elementos del culto, los lugares donde se oficia el culto, los sitios de reunión, el status de sus miembros y los nombres sacro o no, secretos o no, todo se conservaría en lenguas africanas. El africano tuvo su kasha empleada aun por sus descendientes y oficiantes de rito yoruba. Esta kasha no más que el hecho de la recitación de los nombres de los dioses, que permitió -o permite- invocar en la extensa polinimia ritual a los orishas.

Conservar el nombre africano era un acto de rebeldía, de reafirmación del yo, una resistencia a la despersonalización. No es de extrañar que el esclavo al darse por cimarrón, en ocasiones usara entre sus contertulios el antiguo nombre africano. Muchas veces este nombre -por imposiciones de la sociedad- se convirtió en “alias”, apodos, apelativos familiares o pasaron a la marginalidad, formando parte de la subcultura donde se sumergió el negro.

En los anuncios sobre la fuga de esclavos, en los casos donde aparecen los nombres africanos, es probable que fuesen individuos que al no admitir la esclavitud, no aceptaban el bautismo ni el nombre cristiano.

El nombre pasó a ser un factor de la identidad, así, un individuo que se iniciaba en algunas de las religiones de procedencia africana o sociedades secretas, establecía un reclamo que se hacía real al readquirir un nombre africano secreto suyo, innombrable, así se encontraría cerca de los antiguos, de sus padres o abuelos y podía participar de los conocimientos primarios que venían del África.

Origen de algunos nombres procedentes de las diferentes etnias africanas

  • Bacán: Argelio Santiesteban escribe en el Habla Popular Cubana: Bacaa M. Cuba. Tamal de plátano verde típico de Baracoa.

M. Bol, Cub. Y Riopl. Amante: Fulana tiene un bacán. Del italiano, según Zamora.

  • Bolo: Fernando Ortiz refiere lo siguiente: gblo es voz de los negros de Sierra Leona (y también gbú lui y gbuno) para significar sal (Pág. 1430). Entre los tangaka bolo o mbolo significa testículo (Pág. 54), su origen para algunos estudiosos es netamente bantú.

Bolo es hermano en lengua de los Mbochi y se aplica al más pequeño de los hermanos y hermanas según Theophile Obenga.

  • El diccionario Aristos brinda diferentes significados de la palabra, entre ellos: tronco de palo labrado y con base plana para que se mantenga derecho. También brinda: hombre ignorante o de escasa habilidad. No menciona el significado de la Academia.

Para la Academia es una moneda de plata de cinco pesetas. También es considerado un cubanismo. Santiesteban en su trabajo El Habla Popular Cubana de Hoy, dice: Bolo. M. Cub. Peso (unidad monetaria). Plantea la posibilidad que se derive de boliche, muy en boga en Cuba en el siglo xix.

  • Boni: Apellido en el sur de las provincias orientales, principalmente en la provincia de Guantánamo.

Fernando Ortiz afirma en Glosario de Afronegrismo (pág. 64), que así nombraban los naturales de esa región (Bony) en el Golfo de Guinea, en el Nuevo Calaban. Concluye que: “Los negros boni fueron, pues, Carabalis en Cuba”. Bony (boni) es un adjetivo en inglés y puede significar encarnado, espinoso, según su caso. Es un apellido escaso que hasta ahora solo se ha encontrado en la región de Guantánamo y en individuos de raza negra.

  • Bonkini: Ortiz cita a Weiner cuando afirma que: bony significa casa entre los Mandingas; bon y bong significa lo mismo entre los bambaná, aunque no se convence que la voz entre los mandé sea tomada de anaba bait (pág. 60).

Ke significa pequeño en Mandé. Kene es ser pequeño, por eso la combinación bonkene sería el pequeño de la casa, así kene se transforma en kini, que aparece como apodo en numerosos individuos de la ciudad de Guantánamo, sobre todo en el barrio conocido como Loma del Chivo. Bonkini aparece en algunos descendientes de antillanos, sobre todo anglófonos.

  • Bulunga: Apodo femenino del Oriente del país. En las disquisiciones etimológicas sobre la palabra bilongo, Ortiz escribe: “Hasta entre los septentrionales hausas encuéntrase el vocablo bulungu para indicar una planta venenosa usada por los pescadores en la pesca (pág. 146).
  • Cambolo: M. Apodo frecuente en Cuba. Es el título del rey de las antiguas comarcas o regiones del actual Congo (Pág. 91). Así describe Ortiz el rango devenido en apodo.

Actualmente ciertos sectores populares denominan las piedras de gran peso, utilizadas en riñas y lanzadas como proyectiles.

En Glosario de Afronegrismo Ortiz refiere que: “En lengua malinké, que es dialecto del mandinga, kumbé significa encontrar, encuentro. El vocablo, según Ortiz, puede tener “la posibilidad de un origen étnico o geográfico”. Expone cierta historia sobre el origen de un pueblo bárbaro y antropófago llamado mandingas o sumbas. Estos invasores adquirieron distintos nombres de acuerdo a las regiones geográficas, así en Guinea se llamaron “Cumbas, nombre este que se cambió en manes”, por tanto, “Cumba fue el nombre antiguo de los manes o mandingas” Kumba en el dialecto malinké de los mandinga aun significa grueso, voluminoso” “Cumba fue también país del Congo, y el rey de esta nación se llamó, amen de otros títulos, rey de Cumba”. [Kumba] fue topónimo y gentilicio muy extendido en África desde el norte de Guinea al Congo”. En la región donde se localiza el apellido en Cuba, hay gran población de origen africano. Esta región es conocida también como la Franja Negra. Suponemos que por el linaje del nombre muchos esclavos decidieron conservarlo. Existe la voz conga Kumbe, que significa: ruidoso, rugiente, atronador y, figuradamente, murmuración. Es un apellido aceptado por todos como africano. ¿Quizá Guillén Kumbá? : Nicolás Guillén, El apellido. Elegía familiar.

  • Cundo: Se le dice en Cuba a los nombrados Secundino; pero, es voz de origen bantu.
  • Kundu: Toponímico en la cuenca congolesa, así lo registra Obenga como un poblado habitado por los mbochi.
  • NKunda es paloma en Tanganica, actual Tanzania, en los idiomas de origen bantú.
  • EKintu es pájaro en Guinea.
  • Kunda, entre los malinké, es orgulloso, según Fernando Ortiz (Glosarios… Pág. 146).
  • Kundingo es pajarito en mandinga.
  • Nkundi en el Congo es amigo. No duda Ortiz de su carácter bantú por su existencia geográfica.
  • Kundu es el órgano sexual femenino entre los bamba.
  • Kunda es amar en bantú.
  • Cundango. En algunas regiones del sur de Oriente significa homosexual.
  • Dundu: Apodo de un individuo ya fallecido de la provincia de Guantánamo, perteneciente a una familia franco-haitiana.

Ortiz en Los bailes y el teatro de los negros en el folklore de Cuba dice: “La voz Ndúndu en lengua conga significa propiamente ‘un albino’, pero en Cuba comúnmente quiere decir ‘mulato’. Ndúndu kuna ndúndu se puede traducir por ‘albino de la tierra de los albinos’” (pág. 59). El así nombrado [Dundu], según criterios de un informante, de una familia de varios miembros, era el de piel más clara, de una tez rojiza a diferencia de sus hermanos que eran de tez más oscura.

  • Mangá: Ortiz al referirse a la voz Mangue, en uno de sus puntos dice: [“Manguí] “en lengua yolope significa literalmente “heme aquí” (T-5, pág. 165). Así como Mangá quiere expresar “he ahí”. Mangá es apodo en la región de Guantánamo de una descendiente de esclavos que vivió en la ciudad cabecera hasta los años sesenta.

En la pág. 244 del Glosario…, al estudiar la voz Maja, Ortiz dice que Mangá, como voz [conga], significa veneno, picada, punzada, aplicada genéricamente a las culebras.

Etnias y procedencias de los esclavos

Vinieron Mandingas, Yolofes y Fulaces; Gangaes, Longobáes, Maní, Quisí, Minas, Lucumíes, Carabalíes, Suamos, Bibí, Brícamos, Congos, Motembos, Musundis, Mombasas, Sacuaes y de otras comarcas africanas directa ó indirectamente algunos.

Mestizaje, transculturación, sincretismo

La contribución de las naciones y tribus africanas en la formación de nuestro pueblo y de su cultura es decisiva. Congos, lucumíes o yorubas, mandingas, carabalíes y otros se mezclaron con el tronco formado por los pueblos ibéricos: castellanos, andaluces, gallegos, catalanes, vascos y otros, que a su vez se juntaron con la sangre taína y ciboney y después con yucatecos y chinos y otros tantos pueblos, el francés entre éstos, para formar el cubano. Los negros africanos contribuyeron a enriquecer la música nuestra, la poesía, el folklor; sus músculos fueron decisivos para convertir a Cuba en la azucarera del mundo, en hacer transitable toda su geografía, en levantar villas y ciudades. Su aporte a la gesta libertadora fue también decisiva. Al fundirse la sangre de negros y blancos surgió el mulato, el cubano lleva el color de la futura nacionalidad; de los ritmos hispánicos fundidos aquí con los de África emergió la música afrocubana; de la influencia recíproca de la literatura oral de los negros y de la literatura escrita de los blancos, brotó la poesía de Ballagas y Guillén; del choque de la religiones del Continente Negro con las creencias cristianas se sincretizaron los mitos y los ritos de unos y otros. El mestizo en lo recial; la transculturación en la música, la poesía, en el folklore y otros sectores de la vida cultural; el sincretismo en lo religioso; de la autodefensa común de la libertad, surgió la unidad popular para forjar una nueva nación: la cubana.

Auge azucarero

Un nuevo auge arrollador de la industria azucarera, tras la Revolución haitiana de fines del siglo XVIII, originó una verd
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adera avalancha de esclavos africanos a Cuba, por lo que el gobierno colonial dio amplias facilidades para el comercio de hombres. El gobernador Luis de las Casas (1790-1796) fundó la “Compañía de Comercio Establecida para Consignaciones Pasivas de Negros Bozales.”

Embarque de esclavos

Horrores de la travesía de los esclavos

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Los viajes de África a Cuba, de acuerdo con los vientos o la ausencia de éstos, demoraban en aquellos veleros cargados de piezas africanas, como se les llamaba, hasta ochenta días. Existen testimonios de los horrores del hacinamiento de las negradas en aquellas travesías: falta de aire, de comida, llenos de orines y excrementos, epidemias y todo género de sufrimientos. En otros casos, cuando se desataban epidemias o el barco podía ser capturado, simplemente echaban al agua a aquellos infelices para que murieran ahogados.

Llegada a Cuba

Cuando los negros llegaban a Cuba y los encerraban en los barracones, generalmente se les marcaba con un hierro candente para indicar el nombre de su nuevo dueño. Algunos africanos rebeldes se negaban a comer, y los traficantes les quemaban los labios con carbones ardientes.

Tachas de los esclavos. Cimarrones

Para la compra-venta de un esclavo se tenía en cuenta las tachas que poseían, según los amos, haberse quedado una noche fuera de la casa, tomar alguna peseta, ser respondón ratero, soberbio, jugador, cimarrón, borracho. Por lo que algunas de las tachas no eran más que las naturales rebeldías frente al abuso de los esclavistas. De las tachas de los esclavos ninguna tan severamente castigada como la de cimarrón, porque era la que más podía doler a la bolsa insaciable de su amo. Los castigos en exceso y el sentimiento innato de libertad en los seres humanos fueron las causas inmediatas de la fuga de los indios, negros, chinos, gallegos, canarios y otras etnias sometidas a la esclavitud o al colonato. Un esclavo debía trabajar diez horas diarias y en las zafras hasta diez y seis horas al día; le quedaban al negro esclavo seis horas para dormir y dos para descansar de día, pero estas medidas eran violentadas frecuentemente por los amos en su afán de obtener más ganancias a costa de la fuerza del trabajo de aquellos infelices.

La primera rebelión de esclavos

La primera rebelión de esclavos acaeció en 1533 cuando “el gobernador Manuel de Rijas pasó de Santiago de Cuba a Bayamo y de allí envió dos cuadrillas a las Minas de Jobabo en la provincia de Cueyba para someter cuatro negros que se habían alzado, los que pelearon hasta morir, y llevados sus cadáveres a la villa de Bayamo fueron descuartizados y puestas sus cabezas en sendos palos. ”

Amor a la libertad

Aporte fundamental de los africanos y sus hijos a la cultura nacional cubana fue su espíritu de rebeldía, su denodado amor a la libertad. Ellos fueron junto a los indios esclavizados los que constituyeron en montañas cuevas y ciénagas, los primeros baluartes contra la opresión colonialista y crearon las condiciones para la ulterior Guerra de Los Diez Años, donde los palenques afrocubanos se unieron al surgente Ejército Libertador.

La abolición de la esclavitud

El 27 de diciembre de 1868, Carlos Manuel de Céspedes, en su condición revolucionaria de Capitán General proclama: “La revolución de Cuba, al proclamar la independencia de la patria, ha proclamado con ella todas las libertades, y mal podría aceptar la grande inconsecuencia de limitar aquellas a una parte de la población del país. Cuba libre es incompatible con Cuba esclavista y la abolición de las Instituciones debe comprender y comprende por necesidad y por razón de la más alta justicia la de la esclavitud como la más inicua de todas.”

Fuentes

  • Antonio Núñez Jiménez. Los esclavos Negros. La Habana, Editorial Letras Cubanas.
  • Antonio Núñez Jiménez, El pueblo cubano. La Habana, Editorial Letras Cubanas.
  • Instituto de Ciencias Históricas, La esclavitud en Cuba, Editorial Academia, 1986
  • Lázaro G. Jarrosay, Pintor y dibujante. Master en Educación por el Arte. Asesor Metodológico del Centro Nacional de Enseñanza Artística (CNEART).
  • Por el Consejo Nacional de Casas de Cultura