Cooperativa Campesina de Salineros de Cáhuil, Barrancas y La Villa
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Cooperativa Campesina de Salineros de Cáhuil, Barrancas y La Villa. Enclavado en la Región de O’Higgins, a 15 kilómetros del balneario de Pichilemu, en la desembocadura del río Nilahue, se halla el humedal de Cáhuil lugar donde prosperaron durante siglos las salinas más antiguas de Chile. La Cooperativa Campesina de Salineros de Cáhuil, Barrancas y La Villa es un exponente de excelencia de una industria que se desarrolla desde tiempos prehispánicos, nominada en 2011 como Tesoro Humano Vivo.
Historia
Los habitantes de la zona han traspasado de padres a hijos los conocimientos tradicionales para la extracción de la sal del mar. La referencia más temprana sobre la existencia de salinas en la costa de la zona central de Chile, es obra de J. de Bibar, en su trabajo Crónica y relación copiosa y verdadera de las costas del reino de Chile, escrito en 1558. Durante los primeros años de la Conquista, uno de los principales temas tratados en el Cabildo de Santiago tuvo relación con el abastecimiento de sal, ya desde entonces se hicieron públicas ordenanzas para la protección de la actividad de extracción y comercialización de la sal. A finales del siglo XVI se pagaban en Chile 12 pesos por la fanega de sal (alrededor de 55 kg), precio tan excesivo que el historiador Barros Arana llegó a afirmar que dicha sal provenía de Perú y que no existían salinas en territorio chileno.
Industria artesanal
La industria artesanal de sal de las riveras del Cáhuil se desarrolló, desde la Colonia, gracias a favorables factores naturales: sistema pasivo de esclusas que no requiere más energía que la del trabajador. Estas esclusas, también llamadas cuarteles, cocedoras o sancochadoras por los salineros, son especies de piletas de 8x 25 m y unos 15 cm de profundidad, aproximadamente, donde se atrapa el agua que ingresa al estuario durante las mareas altas para luego hacerla transitar por otras esclusas ordenadas en una inclinación tal, que les permite crear una corriente impulsada casi exclusivamente por la gravedad y el viento. El primer paso es preparar los cuarteles, que consiste en el raspado y limpieza de estos, proceso que se realiza de manera manual, con palas o raspadores (especie de rastrillos de madera, pero sin dientes). Mientras más acucioso sea el paso de limpieza y raspado, mejor será la calidad de la sal. Limpios los cuarteles, se procede a abrir y cerrar las entradas de varias esclusas por las que circula el agua marina con concentraciones de sal cada vez mayores. Este es el proceso de sedimentación. En el último cuartel, llamado cuartel de cosecha, ocurre la evaporación del agua durante los meses más calurosos del año, hasta que queda únicamente una costra blanca y cristalina, lista para ser extraída. Los salineros amontonan con palas y carretillas enormes montañas de sal, que luego empacan en sacos de hasta 8 kg. Es un proceso largo, difícil, que depende además de un delicado ecosistema: una temporada de lluvias fuera de estación o una marejada violenta es suficiente para que se pierda la cosecha de un año.
La comunidad de la sal
Las pequeñas comunidades de las riveras del río Cáhuil están ligadas a la cosecha artesanal de sal. Muchos de sus habitantes más viejos han trabajado en las salinas desde niños. Desde la década de 1960 hasta principios de 1980 la sal fue el principal producto de la zona, una pujante industria que llagó a producir hasta cinto cincuenta mil sacos al año (de entre 80 kg y 100 kg cada uno), donde se empleaban hasta doscientos trabajadores, aproximadamente. Luego acaeció el paulatino descenso de la producción, hasta quedar, en 2011, solo dos esclusas en explotación, de los 66 de extracción existentes. Quedan apenas veinte trabajadores en la salinera.
Tesoro Humano Vivo
En el año 2011, la Cooperativa Campesina de Salineros de Cáhuil, Barrancas y La Villa fue declarada Tesoro Humano Vivo de Chile, por el Consejo Nacional de Cultura y las Artes de ese país. El Ministerio de Economía de Chile entregó a la cooperativa una suma ascendente a cien millones de pesos, que debió destinarse a la construcción de una procesadora y una yodadora, que complementarán el trabajo de la extracción artesanal.
Fuentes
- Tesoros Humanos Vivos. Patrimonio Cultural Inmaterial. Consejo Nacional de la Cultura y las Artes. Gobierno de Chile. 2012

