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Friedrich Gottlieb Klopstock

Friedrich Gottlieb Klopstock
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Klopstock 2.jpg
Conocido como el Poeta de la religión y de la patria
NombreFriedrich Gottlieb Klopstock
Nacimiento2 de julio de 1724
Quedlinburg, Bandera de Alemania Alemania
Fallecimiento12 de febrero de 1803
Hamburgo, Bandera de Alemania Alemania
NacionalidadAlemán
OcupaciónPoeta
Conocido porPoeta y dramaturgo
Obras destacadasLa Mesíada
Resultados deportivos
Títulos obtenidosCiudadano de honor de la República en 1792.
Friedrich Gottlieb Klopstock. Poeta y dramaturgo alemán. Considerado por J. J. Bodmer como un poeta de la religión y de la patria, marcó un etapa decisiva en la historia de la literatura de su país, al iniciar el retorno a los orígenes germánicos y contribuir a la afirmación de la originalidad nacional alemana. Ello no le impidió mantener intacto su espíritu cosmopolita y celebró, como tantos escritores y filósofos alemanes de su época, el advenimiento de la Revolución Francesa, lo que le valió ser nombrado ciudadano de honor de la República (1792).

Más adelante condenaría los excesos de la época del Terror. Su obra La Mesíada (1748-1777), poema épico religioso cuya exaltación mística responde a los cánones del pietismo predominante en su época, consagró su fama literaria. También escribió Odas y tragedias bíblicas (Salomón, 1764; David, 1772).

Síntesis biográfica

Era descendiente de una familia que por tres generaciones había obtenido una gran medida de distinción en el derecho y el gobierno. Cuando Klopstock tenía nueve años su padre se trasladó a Friedeburg en el condado de Mansfeld, donde demostró su profundo amor por la naturaleza que hallaría expresión en su poesía. A la edad de trece años regresó a su ciudad natal y comenzó sus estudios en el instituto, aunque con poco entusiasmo y éxito. Una escolarización libre le permitió entrar, en 1739 en la Schulpforte, la antigua Schola Portensis fundada por el elector Mauricio de Sajonia para la educación de la juventud protestante.

Éste era el tiempo de la gran lucha entre los clásicos y los románticos, entre Gottsched y Bodmer, y el joven Klopstock cayó fácilmente en la ola de las ideas "revolucionarias" de la escuela suiza. En 1737 Gottsched comenzó la batalla por su ataque al Paradise Lost de Milton y Bodmer replicó en su célebre Vom Wunderbaren in der Poesie (1740), que Klopstock tomó como su guía en el estudio de la épica, yendo al mismo tiempo a Homero y Virgilio como sus modelos. Durante un tiempo estuvo poseído por el deseo de celebrar en forma épica los hechos de Enrique el Pajarero, libertador de Alemania de los húngaros, pero tras muchas noches en vela se convenció de que el Mesías era el tema más digno para la pluma de un escritor épico y el joven poeta comenzó entonces la obra de su vida que le llevaría 25 años terminar.

Se graduó de la Schulpforte en 1745, pronunciando una alocución que supuso, con la obra de Bodmer ya mencionada, la inauguración de una nueva era en la historia de la literatura alemana. Abandonando las normas de los versos literarios sin espíritu de los clásicos modernos, Klopstock apeló a una épica nacional en el espíritu de las grandes épicas del mundo antiguo. Demandó una literatura alemana épica, sin saber que tal tesoro de tradición nacional ya existía. En un tiempo cuando Virgilio era generalmente puesto por encima de Homero, porque el primero era "refinado" y el otro "rudo", el joven Klopstock se atrevió a invertir el orden y a proclamar al cantor griego como el príncipe de los poetas.

La Mesíada

La edición completa de La Mesíada no llenó las esperanzas iniciales; sin embargo, aun cuando en conjunto le perjudique la absoluta carencia de ímpetu, de relieve plástico en los personajes y de unidad en la estructura de la vasta composición, la obra resulta eficaz por su amplia escenografía y, sobre todo, por su musicalidad, y sugestiva por el sentimiento de lo divino que en ella abunda y que la eleva en ciertos momentos a niveles realmente admirables. Compuesto por veinte cantos en hexámetros, el poema se puede decir terminado en 1777, pero la edición definitiva lleva la fecha de 1781.

La obra empieza la noche después de la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén; en el Huerto de Getsemaní, Cristo se prepara, orando, a cumplir el sacrificio para la redención de la humanidad. Ángeles y demonios en el cielo y en la tierra preparan el drama de la pasión y muerte del Mesías. Mientras Satanás pronuncia su condena, el ángel rebelde Abbadón no consiente en ella y será un testigo contrito de toda la Pasión. Los hombres, actores del drama del Calvario, se mueven sostenidos por el propio ángel o por el propio demonio, mientras el Mesías sufre el tormento del alma. Tiene lugar la última cena y los sacerdotes deciden dar muerte a Jesús.

El canto V, que describe a Jehová como juez la humanidad y al Redentor que se dobla bajo la inmensa carga de los pecados del mundo, es uno de los más bellos. Callan los demonios y cantan himnos de gloria los ángeles. Siguen los cantos de la Pasión hasta el X de la Crucifixión, muy conmovedor, donde Klopstock hace mover alrededor de la cruz todas las almas, desde las todavía no juzgadas que aguardan con horror su próximo juicio a las que continúan esperando la propia encarnación. Los últimos diez cantos tratan del Redentor triunfante, hasta su aparición en el Monte Tabor, juez de cada uno de los hombres. Sigue la bajada de Jesús al infierno, donde cumple la eterna condena, para elevarse más tarde al cielo, llevando a los elegidos hacia las beatitudes paradisíacas.

Cristo muestra a Adán algunas escenas del Juicio Universal, aparece ante los discípulos y en el último canto sube al cielo y se sienta a la diestra del Padre. Son bellísimas en el poema las figuras de Eva y María, símbolos del sentimiento maternal, aunque no tengan, en la estructura exquisitamente lírica del poema, un relieve ni una precisa fisonomía que quizá las humanizaría demasiado.

La aparición del poema fue un verdadero acontecimiento en el mundo literario y religioso de su tiempo, tanto porque representó la expresión de una fe intensa, lejos de dudas y nieblas filosóficas, como porque estilísticamente el autor hizo del hexámetro un metro puramente alemán dando nuevo vigor a la lengua poética. Hacia el fin de su vida sintió Klopstock que le empezaba a fallar la unión espiritual con la nueva generación; ya los románticos, los Schlegel, Tieck y todos los renovadores y partidarios de Schleiermacher y de Novalis perdieron el contacto con este poema; sin embargo, sigue representando una curva decisiva en la literatura alemana y bastaron pocos decenios para que fuese revalorizado tanto en su importancia histórica como en su valor político.

Fuentes