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Fuerte de San Diego (Cuba)

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Fuerte (hornabeque) de San Diego
Información sobre la plantilla
Obra Arquitectónica  |  (Construcción militar)
Fuerte (hornabeque) de San Diego.jpg
Sistema de fortificación colonial
Descripción
Tipo:Construcción militar
Localización:Al noroeste de la fortaleza de la Cabaña en dirección al poblado de Cojímar, La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Uso inicial:Fuerte
Datos de su construcción
Inicio:1779
Otros datos
Arquitecto(s):Luis Huet

Fuerte de San Diego. Conocido también como Hornabeque de San Diego. Formó parte del sistema de fortificaciones coloniales de la ciudad. Ubicada al noroeste de la fortaleza de La Cabaña en dirección al poblado de Cojímar.

Antecendentes

En 1763, una vez que España tomó posesión de la plaza La Habana, después de la ocupación inglesa, bajo el mando del conde de Ricla y la dirección del ingeniero principal Silvestre de Abarca, dio inicio al segundo sistema defensivo. Este fue creado sobre la base de la reconstrucción de las obras del primer sistema (castillos del Morro, La Punta, la Real Fuerza) y la construcción de nuevas fortificaciones, con prioridad la fortaleza de San Carlos de La Cabaña que constituyó la edificación principal por su ubicación, importancia estratégica, área de más de setecientos metros de largo a un costo aproximado de catorce millones de pesos.

Concluida la fortaleza de La Cabaña (1763-1774) en 1779, por indicaciones del ingeniero Silvestre de Abarca, con el objetivo de consolidar su defensa, en el flanco derecho, a 1 200 varas (1 100 metros) al noroeste en dirección al poblado de Cojímar, se inició una obra de avanzada en la altura No. 4 (50 metros sobre el nivel del mar), basado en un proyecto del especialista Luis Huet. La defensa de esta elevación era vital pues, ocupada por el enemigo, facilitaba el asalto y la realización del fuego efectivo de su artillería contra La Cabaña.

Construcción

Denominada en los documentos oficiales fuerte u hornabeque de San Diego, fue único de su tipo en Cuba. Debe el nombre al gobernador don Diego de Manrique, quien murió en 1765 a consecuencia del vómito negro que contrajo al realizar el reconocimiento de la altura No. 4. Comenzó su ejecución como obra provisional (de campaña) en 1779 y concluyó en 1780. Abarcó un área de 48 solares, comprados al capitán Antonio Barba por 4 851 pesos fuertes. Su traza es de dos medio baluartes unidos por una cortina, puerta y puente de entrada con foso, caponera, revellín, camino cubierto, cuatro edificaciones de mampostería con techo de tejas en funciones de casa del comandante, cuartel para la tropa, almacén de pertrechos y cocina, más el aljibe y polvorín. En la parte superior del revellín y los medio baluartes se levantaron las explanadas con un total de 25 troneras para el emplazamiento de las piezas de artillería. La comunicación con la fortaleza de La Cabaña se hacía a través de un camino cubierto.

Bajo el mandato del gobernador conde de Santa Clara (1796-1799) se aprobó su reedificación a finales de 1796. Ejecutados en el año 1797 los trabajos estuvieron dirigidos por el ingeniero Antonio Conesa, lo que consolidó su estructura a obra permanente. Resaltan por su volumen de ejecución:

  • Revestimiento interior y exterior de la obra con piedra y ladrillo incluyendo el revellín.
  • Reconstrucción de parapetos.
  • Perfeccionamiento del terraplén con tierra bien apisonada.
  • Reparación de los suelos y desagües de las explanadas de cañón.
  • Construcción de una nueva rampa y un repuesto de pólvora en el medio baluarte de la izquierda.
  • Reparación de las edificaciones, la escalera de comunicación al revellín, la cocina, el aljibe y el puente de entrada.

Objetivo y guarnición

Establecida por el mando español como obra de avanzada para la defensa de La Cabaña, su guarnición era designada y remitida por el gobernador de la fortaleza, compuesta regularmente por 50 soldados de infantería y artilleros, en correspondencia con la cantidad de cañones emplazados.

Designación y reparaciones realizadas durante el Siglo XIX

Durante el siglo XIX el fuerte (hornabeque) de San Diego mantuvo su designación como fortificación; con periodicidad se ejecutaron labores de mantenimiento sin afectar su estructura.

Un presupuesto extraordinario para el mejoramiento de las defensas de la plaza La Habana fue aprobado el 27 de febrero de 1842. Se asignaron 15 200 pesos para su mantenimiento y reparación, tales como: cambios y reparación de 597 varas de estacadas para el camino cubierto, la caponera y cuatro compuertas, así como la reparación de banquetas, parapetos y escarpas.

Fue empleado como cuartel en determinados períodos. En las primeras décadas, para la ejecución de la cuarentena (aclimatización) de las fuerzas que llegaban de la península. Desde mediados de los ochenta, hasta el año 1895, en la ubicación de unidades de artillería durante la realización de ejercicios de tiro en el litoral este de la plaza La Habana.

La creación del tercer sistema defensivo de la plaza La Habana (1895-1898) contribuyó a transformar la ciudad en un potente bastión. Se estableció una sólida salvaguardia en el extenso perímetro de la ciudad, que incluyó los frentes marítimo y terrestre. Dentro del plan de defensa del frente terrestre, el fuerte de San Diego fue designado como obra de la línea interior en la cual se emplazaron dos baterías, con el objetivo de proteger el acceso a la fortaleza de La Cabaña.

Por su posición privilegiada, dentro de la obra fue instalada la estación telemétrica denominada de San Diego, desde la cual se ejecutó la dirección del fuego de las baterías de costa No. 1 y No. 2 del frente marítimo zona de barlovento. Mediante las líneas telegráfica y telefónica se trasmitían las órdenes y los datos de la situación de los barcos norteamericanos.

Al culminar las hostilidades el 13 de agosto de 1898 y ser ocupado el país por el ejército norteamericano, el hornabeque (fuerte) de San Diego estuvo destinado a cuartel y almacén de municiones. Durante la primera década del siglo xx continuó funcionando la estación telemétrica en apoyo de los ejercicios de tiro de la artillería de costa efectuados en las baterías No. 1 y No. 2.

El fuerte en la actualidad

La no existencia de una ley de protección del patrimonio nacional posibilitó que sus cuatro edificaciones (cuarteles) comenzaran a ser utilizadas como viviendas para militares que prestaban servicio en La Cabaña. Ello provocó que se hicieran modificaciones a su estructura, las cuales, con el tiempo, se incrementaron hasta transformar el lugar en una ciudadela.

Aunque en la actualidad aún es visible, la creciente ocupación, así como la tupida vegetación, impiden que se tenga una dimensión exacta de la obra. Tales factores conllevaron a la destrucción de la única fortificación colonial de su tipo en el país, representativa del segundo sistema defensivo de la plaza La Habana.

Fuente