Intento de infiltración por Corralillo (Villa Clara)


Intento de infiltración por Corralillo (Villa Clara)
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Armamento incautado tras intento de infiltración por Canalizo El Pino, en Cayo Falcones, municipio Corralillo, provincia Villa Clara
Fecha:25 de febrero de 2026
Lugar:Noreste del canalizo El Pino, en Cayo Falcones, municipio Corralillo, provincia Villa Clara
Descripción:
El 25 de febrero una lancha rápida procedente de la Florida intentó penetrar en aguas territoriales cubanas con un arsenal de guerra.
Resultado:
La acción fue neutralizada y detenido los infractores.
Consecuencias:
Como consecuencia del enfrentamiento, por la parte foránea, cuatro agresores resultaron abatidos y seis lesionados, quienes fueron evacuados y recibieron asistencia médica. Por la parte cubana el comandante de la unidad, el capitán Yosmany Hernández Hernández, recibió impactos en el abdomen y el antebrazo.
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba - Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
Ejecutores o responsables del hecho:
cubanos residentes en los Estados Unidos
Organizaciones involucradas:

  • Movimiento Contrarrevolucionario 30 de Noviembre
  • Autodefensa del Pueblo

Intento de infiltración por Corralillo (Villa Clara). Hecho ocurrido el 25 de febrero de 2026 cuando en horas de la mañana se detectó una lancha rápida infractora dentro de las aguas territoriales cubanas con matrícula de la Florida, Estados Unidos, con folio FL7726SH. La lancha transportaba 10 personas armadas con intenciones de realizar una infiltración con fines terroristas en el país, promover desorden público, ejecutar actos violentos y atacar unidades militares, el armamento incautado es de combate. Todos los participantes, la mayoría cubanos residentes en los Estados Unidos poseen un historial conocido de actividad delictiva y violenta.

El enfrentamiento

El incidente ocurrió el día 25 de febrero de 2026, en el municipio de Corralillo, en un área de la cayería exterior conocida como Los Cayos de Falcones, específicamente en el Canalizo Los Pinos, provincia Villa Clara, a unas 10 millas de la faja costera, pero apenas a una milla náutica de la faja exterior (las aguas territoriales cubanas comprenden 12 millas náuticas). La embarcación violó el espacio de aguas jurisdiccionales cubanas

El objetivo naval fue detectado a las 7:10 a.m. mediante los medios técnicos de las Tropas Guardafronteras, a 3,7 millas náuticas dentro de aguas territoriales, al tratarse de una embarcación sospechosa se orientó entonces a la lancha interceptora número 25 proceder a su identificación. Durante la aproximación, el objetivo infractor —de procedencia estadounidense— comenzó a desplazarse rumbo sur a una velocidad de 24 nudos. La lancha transportaba aproximadamente 1,8 toneladas de peso.

Se observaron personas en el agua, quienes, al advertir la presencia de la unidad cubana, reembarcaron y pusieron proa al oeste. A 185 metros de la lancha la embarcación cubana fue agredida con disparos. Como consecuencia, resultó herido el comandante de la unidad, el capitán Yosmany Hernández Hernández, quien recibió impactos en el abdomen y el antebrazo. Ante la agresión, la tripulación cubana (integrada por cinco combatientes) respondió al fuego. En el intercambio resultaron abatidos tres de los diez ocupantes de la lancha infractora y siete quedaron heridos

Tras la neutralización de la embarcación, los heridos fueron evacuados y trasladados a centros hospitalarios. El armamento empleado por la parte cubana consistió en tres fusiles AKM y una ametralladora ligera RPK.

Investigación

La instrucción penal determinó que no fue una, sino dos las embarcaciones que salieron desde Cayo Marathon, en Florida. Una presentó dificultades técnicas en el trayecto y los ocupantes se trasladaron a la otra, razón por la cual arribaron finalmente en una sola lancha.

El peritaje técnico evidenció 13 impactos de bala en la embarcación cubana, localizados en estribor, en el casco y en las barandas. Se trata de una unidad de nueve metros de eslora y solo se empleó armamento reglamentario.

La lancha procedente de Estados Unidos, equipada con motor fuera de borda, presentaba 21 impactos de bala. Contaba con GPS y equipos de radionavegación. El intercambio de disparos ocurrió a aproximadamente 20 metros de distancia, lo que evidencia la cercanía y la intensidad del enfrentamiento.

Durante la inspección se ocuparon fusiles de distintos calibres, una escopeta Winchester, fusiles tipo DB AR-15, un fusil Delta, 11 pistolas y un módulo individual para cada uno de los diez ocupantes, que incluía fusil, pistola, cuchillo, uniforme de camuflaje, medicamentos, pasamontañas, casco y otros aditamentos. También portaban medios de comunicación, equipos de visión y materiales estériles.

Se contabilizaron 134 cargadores y un total de 12 846 municiones de diferentes calibres, entre ellos 5.56x45 mm y 7.62 mm (AKM). Una de las pistolas ocupadas tenía capacidad para perforar chalecos antibalas. Asimismo, fueron incautados un dron con dos cámaras, diez equipos de comunicación, cuchillos de comando, una planta eléctrica portátil, una cizalla para cortar candados y emblemas identificativos, entre ellos el del denominado Movimiento Contrarrevolucionario 30 de Noviembre y distintivos de Autodefensa del Pueblo.

Los fusiles incautados poseen un alcance efectivo de hasta 800 metros y se encontraban en perfecto estado técnico.

Los implicados ya figuraban en la lista nacional de personas vinculadas a terrorismo..

Los detenidos enfrentan cargos por agresión armada, entrada ilegal al territorio nacional y delitos asociados a actos terroristas, violencia y tráfico ilícito de armas.

Detenidos

  1. Amijail Sánchez González.
  2. Leordan Enrique Cruz Gómez.
  3. Conrado Galindo Sariol.
  4. José Manuel Rodríguez Castelló.
  5. Cristian Ernesto Acosta Guevara.
  6. Roberto Azcorra Consuegra.

Amijail Sánchez González y Leordan Enrique Cruz Gómez aparecen en la Lista Nacional de personas y entidades que en virtud de la Resolución 1373 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, del derecho internacional y del ordenamiento jurídico cubano, han sido sometidas a investigaciones penales y se encuentran buscadas por las autoridades cubanas, a partir de su implicación en la promoción, planificación, organización, financiamiento, apoyo o comisión de acciones materializadas en el territorio nacional o en otros países, en función de actos de terrorismo.

Entre los fallecidos se identificó a Michel Ortega Casanova y se trabaja en la identificación de los otros 3.

Igualmente, se procedió a la detención en el territorio nacional de Duniel Hernández Santos, enviado desde los Estados Unidos para garantizar la recepción de la infiltración armada.

Antecedentes

Durante semanas circularon imágenes, videos y textos donde algunos de los participantes exhibían armas de alto calibre, realizaban declaraciones de tono beligerante y sugerían la preparación de una acción violenta contra Cuba, los involucrados se habrían organizado durante meses a través de la Plataforma TikTok.

Parte del material audiovisual previo a la incursión permaneció visible en Facebook e Instagram, lo que plantea interrogantes no solo sobre la dimensión política del hecho, sino sobre la arquitectura de moderación y responsabilidad de las plataformas digitales.

A la violencia política en el siglo XXI le ha ocurrido algo decisivo: ya no necesita esconderse para organizarse. Puede ensayarse a la vista de todos, en el feed de una plataforma, en un directo, en un grupo privado o en una cadena de mensajes; puede ganar forma con comentarios, “me gusta” y compartidos; y puede aprender (por repetición) cuál estética, cuál consigna y cuál escena rinden más ante el algoritmo.

Ese patrón no nace con la incursión del 25 de febrero. Tiene antecedentes nítidos y, sobre todo, repetidos.

En Estados Unidos, el asalto al Capitolio (6 de enero de 2021) dejó un rastro previo que funciona casi como manual de evidencia digital: llamados a “ir”, a “parar el robo”, a “tomar” espacios; una mezcla de movilización política y pulsión de choque; y, como telón de fondo, la circulación de narrativas conspirativas en comunidades que se retroalimentaban. Investigaciones y reconstrucciones periodísticas mostraron que Facebook alojó durante meses contenidos y dinámicas de organización, y que parte de la movilización se articuló en grupos y páginas donde la radicalización no era una excepción, sino una gramática.

Pero el fenómeno no se limita a “convocatorias” o “eventos”. En el extremismo contemporáneo hay otro elemento recurrente: el manifiesto y el anuncio previo. La violencia se publica antes de ejecutarse, como si la acción necesitara “prólogo” y audiencia. Estudios sobre terrorismo de ultraderecha han documentado cómo algunos atacantes difunden textos, guías, proclamas y justificaciones con el objetivo doble de explicar el acto y convertirlo en inspiración replicable para otros. Tras cada ataque, los materiales tienden a circular en comunidades online que los preservan y los resignifican, alimentando una cultura de “propaganda por el hecho”.

A esa lógica del manifiesto se le añadió, en la última década, una mutación estética. El extremismo aprendió a parecer algo cotidiano. Ya no solo se comunica con símbolos toscos o arengas explícitas, sino que se disfraza con humor, música, montaje rápido, códigos juveniles. Y ahí entra TikTok, cuyo formato privilegiado (video breve, ritmo alto, repetición, recomendación algorítmica) es especialmente apto para sembrar contenido ideológico como si fuera entretenimiento. Informes y análisis especializados han mostrado redes neonazis o de propaganda extremista que obtienen millones de visualizaciones, y también usos de TikTok para propaganda y captación.

Diseño previo

Las plataformas digitales operan con sistemas de recomendación que tienden a premiar lo que genera interacción, lo que concentra intensidad emocional y lo que se presta a ser compartido. En ese contexto, la mezcla de épica política, identidad de grupo y exhibición de fuerza tiene un rendimiento alto: es contenido que provoca reacción, adhesión o rechazo, pero casi siempre produce señal algorítmica. Investigaciones que revisan el papel de las redes en los acontecimientos del 6 de enero de 2020 en Estados Unidos, subrayan precisamente ese rol de los ecosistemas de plataformas en la aceleración de narrativas y movilizaciones.

Con ese telón de fondo, la afirmación vinculada a la incursión del 25 de febrero de 2026 (que los implicados “se organizaron por meses” en TikTok) no suena anómala, sino a una variación de un patrón global.

Cuando una acción violenta se prepara digitalmente, suele dejar tres huellas típicas:

  • La coordinación en capas. Parte de la interacción es pública (para crear identidad, reclutar, intimidar, generar épica) y parte migra a canales menos visibles (mensajería directa, grupos cerrados, chats). Lo público calienta la red a favor de la causa; lo privado la vuelve operativa.
  • La identidad armada como performance. Mostrar armas no es un detalle decorativo, sino un acto de pertenencia. La imagen no solo informa; convoca. Debe ser vista por los propios y por los adversarios.
  • La normalización por repetición. El contenido violento, cuando se presenta una y otra vez en formatos audiovisuales atractivos, reduce su extrañeza: deja de ser “lo impensable” y pasa a ser lo que algunos ya están haciendo. En ese tránsito, el umbral psicológico también se desplaza.

Permanencia del contenido en las plataformas sociales

Cuando, después de un episodio violento, siguen accesibles publicaciones con armas, amenazas o llamados explícitos, lo que queda expuesto es una grieta en la detección y moderación. Las plataformas, que tienen reglas para frenar la violencia, se hacen de la vista gorda cuando ese lenguaje apela a discursos políticos, identitarios o supuestamente “patrióticos” contra gobiernos que no son del agrado de Washington. Numerosas investigaciones muestran que la coordinación puede persistir en grupos y páginas a pesar de políticas formales de prohibición. Facebook y TikTok se destacan especialmente por incumplir sus propias reglas de comunidad.

Cuando un hecho violento ocurre, se suele buscar la causa como si estuviera en un solo lugar. Pero en la era de las plataformas, muchas veces la causa inmediata es menos importante que el proceso en que una comunidad se presenta a sí misma en pantalla, se reconoce, se valida y se coordina. Y por eso el problema no es solo lo que pasó el 25 de febrero de 2026, sino lo que pudo circular (durante meses) antes de ese día, sin que el ecosistema digital lo tratara como lo que era: el anuncio público de un ataque terrorista.

Estudios precedentes sobre la violencia en redes, se ha detectado evidencias de exhibición, legitimación y narrativa y se permite identificar un patrón coherente:

  • Fotografías de individuos posando con fusiles y armas largas.
  • Videos de entrenamiento o manipulación de armamento.
  • Mensajes con simbología asociada a la Brigada 2506 y consignas de carácter insurreccional.
  • Publicaciones que hablaban de “entrar”, “liberar”, “invadir” o “hacer lo que haya que hacer”.
  • Interacciones que validaban o celebraban la idea de una incursión armada.

No se trató de mensajes ambiguos ni metáforas políticas. La construcción de una narrativa épica de “liberación” y de odio anticomunista, donde la violencia aparece revestida de legitimidad moral. La exhibición pública de armas cumplió la doble función de reafirmación identitaria dentro del grupo y demostración performativa hacia una audiencia más amplia.

Los materiales vinculados a perfiles como Amijail Sánchez, Conrado Galindo y otros nombres que aparecen en la lista ofrecida por el MININT, muestran una continuidad discursiva: entrenamiento, proclamación ideológica y validación mutua. El ecosistema digital no solo permitió la difusión, sino que facilitó la consolidación simbólica del grupo.

Los materiales obtenidos de las plataformas Facebook, Instagram y TikTok, se pueden clasificar las evidencias en cinco categorías:

  1. Exhibición armada explícita: Fotografías y videos de individuos portando fusiles de asalto y armas largas. En varios casos, el encuadre enfatiza el arma como objeto central, reforzando su dimensión simbólica.
  2. Declaraciones de intencionalidad: Post donde se verbaliza la idea de entrar a Cuba o “responder” si otros lo hacen (“si ellos entran, nosotros también”). Este tipo de mensaje elimina la ambigüedad: hay un marco de confrontación directa.
  3. Redes de amplificación: Perfiles y páginas como “La Nueva Cuba”, “Cuba Primero” o “Libertad Cuba” actúan como nodos de circulación narrativa. No necesariamente coordinan operativamente, pero sí contribuyen a la legitimación simbólica.
  4. Validación mediática indirecta: Entrevistas posteriores realizadas por periodistas en Miami, incluidas las de Javier Díaz, aportan contexto humano y familiar, pero también evidencian que los actores no eran desconocidos ni clandestinos en su entorno digital.
  5. Persistencia del contenido: Permanencia online de las piezas tras el incidente sugiere:
  • Falta de denuncia masiva.
  • Deficiencias en sistemas automatizados.
  • Ambigüedad en las políticas de moderación respecto a violencia política transnacional.

Fuentes

  • Crónica de la invasión anunciada a Cuba: cómo los terroristas se organizaron en las redes. Disponible en:Cubadebate. Consultado el 2 de marzo de 2026.
  • Minint informa sobre incidente con lancha rápida en Cayo Falcones, Villa Clara. Disponible en:Cubadebate. Consultado el 3 de marzo de 2026.
  • Identifican a participantes de infiltración armada con fines terroristas frustrada en Villa Clara. Disponible en:Cubadebate. Consultado el 3 de marzo de 2026.
  • Cuba revela nuevos detalles sobre el intento de infiltración armada con fines terroristas (+ Fotos y Video). Disponible en:Cubadebate. Consultado el 3 de marzo de 2026.