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Johann Reinhold Forster

Johann Reinhold Forster
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FORS1754.jpg
Fecha de nacimiento22 de octubre de 1729
Lugar de nacimientoTczew, voivodato de Pomerania, Bandera de Polonia Polonia
Fecha de fallecimiento9 de diciembre de 1798
Lugar de fallecimientoHalle (Sajonia-Anhalt), Bandera de Alemania Alemania
Camponaturalista , briólogo, profesor, ornitólogo, etnólogo
Abreviatura en botánicaJ.R.Forst.
Abreviatura en zoologíaForster
HijosGeorg Forster

Johann Reinhold Forster. El más conocido por ser el naturalista del segundo viaje de James Cook al Océano Pacífico, en el que estuvo acompañado por su hijo Georg Forster. Hizo contribuciones en los orígenes de la ornitología de Europa y Norteamérica.

Síntesis Biográfica

Nació en la provincia polaca de Prusia el 22 de octubre de 1729. Estudió teología en la universidad de Halle, Alemania, después de servir como pastor luterano. En 1766 viajó a Inglaterra con su hijo Georg. Allí estuvo tres años enseñando en la Academia Dissenter en Warrington, sucediendo a Joseph Priestley. Después se trasladó a Londres, donde se haría conocido como naturalista. Cuando Joseph Banks se retiró en el último momento del puesto de naturalista para el segundo viaje de Cook, Forster y su hijo fueron propuestos para cubrir la plaza. En julio de 1772 partieron en el Resolution, volviendo a Inglaterra en julio de 1775. Durante una parada en Ciudad del Cabo, Forster tomó a Anders Sparrman como asistente.

Los dos Forsters realizaron diarios detallados de todo lo que vieron durante su viaje y recogieron colecciones extensas tanto de especímenes como de artefactos. A su vuelta Forster publicó Observations Made during a Voyage round the World (1778). Sin embargo, los ingresos del libro fueron insuficientes para pagar sus deudas y la mayor parte de los dibujos que realizó en el viaje se los vendió a Joseph Banks. Durante los años siguientes Forster realizó varios trabajos escritos, incluida la traducción al alemán de la obra de Thomas Pennant Arctic Zoology.En noviembre de 1779 Forster fue nombrado profesor de historia natural y mineralogía de la Universidad de Halle, donde permaneció hasta su muerte. Su Descriptiones animalium, completada antes de acabar el primer mes a su vuelta del viaje con Cook, fue editada por Hinrich Lichtenstein y publicada en 1844.

La muerte del héroe

El héroe ha muerto, la historia se descompone en millones de fragmentos que lejos de armar un rompecabezas lo único que evidencian es el caos de una realidad estallada, de una temporalidad que gira alocadamente sin ningún horizonte de sentido ni ninguna posibilidad de orientación. La época de los grandes relatos se dibuja desde una lejanía inalcanzable, apenas como un trazo descompuesto de una travesía humana cargada de quimeras monstruosas, de escrituras cristalizadas como barbarie e irracionalidad. Des-orientados, fuera de los relatos cobijadores, des-cubiertos de trascendentalismos sagrados o seculares, los seres humanos se corren de una historia sin centro que creyó estar en el centro, escapan a los reclamos de un destino inexorable fijado en la interioridad de sus corazones por el mandato descomunal del deber ser. Sin ejemplos absolutos, sin vidas ejemplares, aliviados de padres omnipotentes, la pequeña humanidad de nuestros días sin historia regresa sobre su cotidianidad, se afinca en sus acciones in-trascendentes, en los filigranas insustanciales de una vida desprovista de intensidades trágicas pero aliviada de dolores insoportables, de reclamos morales inalcanzables para mortales que sólo desean el sosiego de la repetición, la paz insulsa de lo esperado, de aquello que alejado de todo sacrificio sirve para transitar por la senda cuyo trazo escapa a toda interrupción nacida de voluntades sin voluntad. Aliviados del peso de una historia hinchada de sufrimientos e injusticias, los humanos de un tiempo en el que ya no parece interesar la interrogación por las consecuencias de nuestras acciones, simplemente exigen de los historiadores que les relaten las peripecias de una historia sumergida para siempre en el pasado remoto, o, mejor aún, exigen de ellos una nueva escritura de esa historia que eleve al sitial del honor máximo ya no a héroes e ideales, sino a las insignificantes aventuras de los sin rostro, de los fantasmales habitantes de una cotidianidad olvidada por las grandes gestas de la travesía histórica. Cansados de las mayúsculas, desinteresados de gestas cuyo sentido se les escapan o que ocupan un lugar más esplendoroso en la industria del espectáculo, los habitantes de este siglo que se inicia no desean otra cosa que vivir sus vidas sin inquietudes, sin corrosiones espirituales ni reclamos morales que vayan más allá de la indignación altruista que encuentra su compensación en la caridad. Hasta aquí los discursos de una posmodernidad cuya impronta ha sido la de identificarse con los vientos de la época, con las líneas maestras de un dispositivo montado sobre el gran renunciamiento, festejo impúdico del fin de una historia arribada al puerto de la vida muerta, del tiempo clausurado, de las promesas reventadas en medio de la banalidad y la insignificancia de una sociedad abrumadoramente agolpada en la cárcel de un presente eterno, de un tiempo anclado en sí mismo y desprovisto de cualquier referencia que no remita a su propia realidad. Y los relatos de los pensadores profesionales, de los historiadores académicos, de los estetas de lo fugaz, de los periodistas destripadores de cadáveres, no han hecho otra cosa que amoldarse a las exigencias de un sistema que, más allá de estallidos y descomposiciones, de fracturas del sentido y de errancias planetarias, siguió y sigue su curso dejando, tras de sí y alrededor suyo, el polvo de los sin nombre, el olvido de toda memoria que sólo puede emerger allí donde alguien la reclama desde algún sentido perdido, postergado, añorado, soñado, quebrado o derrotado. Escribo “sentido” sabiendo la prohibición que pesa sobre esta palabra, reconociendo que los últimos veinte años trabajaron infatigablemente contra su persistencia. Vuelvo a una escritura que desconfía del texto sin texto, del margen del margen, de la glosa de la glosa, de la interpretación sin finalidad alguna, que solo ve el vacío de una pluma fantasmal que se desliza por una página en blanco sin que el blanco de la página remita a nada, sólo al vacío de sí misma, a la carencia de todo fundamento. Salvar un pensamiento de los márgenes significa, entre otras cosas, impedir que el margen se vuelva ausencia y que la memoria sea apenas una estética cuya historicidad no radica en ninguna parte. Como si el reencuentro con la saga quebrada de los vencidos no fuera otra cosa que el gesto literario, individual y arbitrario del escritor, del artesano de palabras que, en última instancia, no remiten sino a sí mismas esperando, apenas, la voz cómplice del crítico, el momento del reclamo académico a partir del cual adquiere su legitimidad y será minuciosamente indagado como el lugar único y último de una escritura apropiadora de una voz cuya presencia se vuelve ausencia en el preciso instante en que es procesada por el dispositivo de la des-significación.Despojados de ideales, abrumados por un desplazamiento anárquico del tiempo histórico que ya no responde a ninguna orientación prefijada, bloqueados en el interior de una existencia privada desprovista de vínculos sólidos con el afuera, los individuos de la época se resisten a comprender el decurso de las cosas desde otra sensibilidad que no sea la que ha tomado posesión de sus vidas y que literalmente deshilacha el tejido de la memoria volviéndolo claustrofóbica experiencia del presente. Al ausentarse el relato de una historia que nos devolvía las complejas peripecias de seres humanos atravesados por el deseo de la transformación, activos agentes del cruce entre escrituras, ideales y acciones, lo que ocupa la escena contemporánea es la minuciosa reconstrucción de los infinitos actos individuales, de todas aquellas formas, que olvidadas o silenciadas por la historia de las voluntades transformadoras, se toman revancha e invaden las últimas teorías festejantes del fin de las grandes narraciones. Quiero decir lo siguiente: la tragedia de la historia ha sido reemplazada por la enumeración extenuante de las pequeñas cosas de la vida, aquellas que difícilmente hayan tenido o puedan tener alguna relación con los gestos de la voluntad transformadora o simplemente con las quimeras de una subjetividad en contradicción con el orden de la dominación. Auyentada toda rebeldía, copada la plaza del discurso crítico por los medios de comunicación de masas, lo que emerge es un ejercicio que retrospectivamente coloniza el pasado con aquello que hoy constituye nuestra devastada experiencia. Leemos lo que ha acontecido, nos aproximamos a la tragedia de la historia, desprovistos de sensibilidad y exclusivamente alimentados por las percepciones de una época sin intensidades. Todavía más: el viaje estetizante hacia los rincones insospechados de las invisibles historias de lo cotidiano, ese periplo de turismo por el tiempo que nos devuelve, multiplicada mil veces, las imágenes de seres casi idénticos a nosotros mismos y que, como si nada ocurriera a su alrededor, viven vidas comunes, desprovistas de cualquier otra heroicidad que no sea la de reiterarse en lo que día tras día constituye su horizonte de normalidad. El efecto es de lo más interesante y, con disculpas de la palabra, ideológico. Contrastando con las pavorosas escenas de una historia taladrada a fuerza de grandes acciones y grandes discursos que, en última instancia, no han llevado, pese a sus intencionalidades utópicas, a otro sitio que a la destrucción; las escenas de la cotidianidad, los innumerables relatos de la vida familiar, del amor, de los detalles de existencias banales, comunes, humanas por insignificantes desde la dogmática visión de los grandes ideales, desplazan aquellas historias que se han vuelto inexplicables e ininteligibles para los actuales hombres y mujeres.

Abreviatura

La abreviatura J.R.Forst. se emplea para indicar a Johann Reinhold Forster como autoridad en la descripción y clasificación científica de los vegetales. (Véase listado de todos los géneros y especies descritos por este autor en IPNI).

Bibliografía

  • W. Gales, Mensaje del Sr. Forster a la cuenta del Capitán Cook en su último viaje alrededor del mundo en los años 1772, 1773, 1774 y 1775 (Lond, 1778)
  • JGA Forster, respuesta a las observaciones del Sr. Wales (Lond, 1778)
  • Allgemeine Deutsche Biografia, vol 7 (Leipzig, 1878)
  • J. Cook, El viaje de la Resolución y la aventura 1772-1775, ed JC Beaglehole (Cambridge, 1961)
  • J. Britten, "La Herbario Forster", Revista de Botánica (Londres), 23 (1885).

Fuente