Joven con calabaza
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Joven con calabaza es una pintura realizada por Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard, como paisajista, dedicó una cantidad importante de su obra a la representación de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl desde diversas locaciones de la Ciudad de México
Características del cuadro
La joven de la calabaza, es un claro ejemplo de los maravillosos retratos que Saturnino Herrán realizó a lo largo de su corta carrera. En él destaca la dulzura de la muchacha indígena, con una mirada pasiva que ve hacia la nada, nos muestra un personaje relajado y lleno de vida.
Este retrato muestra varios elementos que nos muestra la insipiente necesidad de la época de plasmar lo propio, en la búsqueda de una identidad nacional. Al centro esta mujer indígena en la flor de la vida, detrás de ella, un nopal, símbolo de la mexicanidad desde siempre, debido a la leyenda de la fundación de tenoxtitlan de construir la ciudad en donde encontraran un águila devorando a una serpiente sobre un nopal. La calabaza como fruto de origen nacional y símbolo de la riqueza de la tierra.
Cada detalle del cuadro está construido a base de trazos que siguen los volúmenes que representan, dándole tridimensionalidad, además de una anatomía muy bien lograda que dota a esta pieza de gran maestría técnica.
Datos del autor
Saturnino Efrén de Jesús Herrán Guinchard nació en Aguascalientes, el 9 de julio de 1887 en la Ciudad de México, falleció el 8 de octubre de 1918, conocido como Saturnino Herrán, fue un destacado pintor mexicano de inicios del siglo XX.
Su obra se enmarca dentro del modernismo pictórico y se considera iniciador del muralismo mexicano. Sus pinturas son reconocidas por abordar mitos prehispánicos así como escenas de clases populares e indígenas.
Aunque solo vivió 31 años, creó algunas de las obras plásticas más reconocidas del arte mexicano, como La leyenda de los volcanes, Tehuana, La criolla del mantón, El cofrade de San Miguel, Nuestros dioses, entre otras.
Desde 1988 su obra se considera Monumento artístico en México.
Saturnino fue un pintor con gran habilidad desde muy joven, por lo que cuando llegó a la academia en la Ciudad de México no se inscribió en los cursos elementales de dibujo, sino que pasó directamente a las clases superiores impartidas por Antonio Fabrés, profesor que tendría a Herrán en alta estima.
De esta época se pueden apreciar algunos dibujos al carbón y en sanguina, los cuales se expusieron en la escuela con los de otros compañeros. El profesor era afecto a una temática anacrónico-exótica, la cual estaba presente en las obras de sus alumnos incluyendo a Herrán, quien la fue abandonando al preferir la iconografía de elementos de la realidad cotidiana.13
De esta época también hay obras como Un desocupado y Un albañil, fechadas en 1904, que denotan las enseñanzas de Fabrés en torno a las costumbres y las escenas cotidianas de la ciudad.
En 1907 pinta Viejo, una pintura de tinte naturalista pero con un modo expresivo y modernista. Si bien, con Fabrés, Herrán trabajó sus dotes en el dibujo, con Germán Gedovius aprendió el oficio de la plástica, la materia pictórica.
Las figuras de trabajadores humildes, que tendrían presencia protagónica en la obra de Herrán, es una de las influencias de Gedovius.

