Escuela de Fráncfort (filosofía)

(Redirigido desde «La escuela de Frankfurt»)


La escuela de Frankfurt
Información sobre la plantilla
Campo al que pertenececomunicación social


La Escuela de Frankfurt es una escuela de teoría crítica neo marxista, investigación social y filosofía. El grupo surgió en el Instituto para Investigaciones Sociales de la Universidad de Frankfurt.

El término "Escuela de Frankfurt" se emplea informalmente para designar a los pensadores afiliados al Instituto para Investigaciones Sociales o influenciados por estos. No es el nombre de ninguna institución y los principales representantes de esta escuela no empleaban dicho término para describirse a sí mismos.

La escuela de Frankfurt. Principales obras y exponentes.

Los teóricos de Frankfurt fueron influidos especialmente por la derrota de las revoluciones obreras en Europa del Este después de la Primera Guerra Mundial y la supremacía del nazismo. Los pensadores de la teoría crítica escogieron partes de la teoría marxista para esclarecer condiciones sociales que el propio Marx nunca expresó. Se ampararon en otras escuelas para suplir los vacíos que no podía llenar la teoría marxista. Max Weber ejerció gran influencia en ellos, así como Sigmund Freud. La filosofía clásica alemana ejerció influencia en los teóricos de Frankfurt.

El término "crítica" proviene del uso que dieron a esa palabra Kant en el siglo XVIII y Marx en el XIX. Kant lo empleó en "Crítica de la razón pura" y Marx en "El Capital", como una forma de crítica a la política económica.

El primer significado del término teoría crítica fue definido por Max Horkheimer, en su ensayo de 1937 titulado "Teoría crítica y tradicional". Horkheimer quería distinguir su teoría como una forma radical y emancipatoria de la teoría marxista. Ambas critican el modelo de la ciencia que desmiembra bajo el positivismo lógico los resultados de las investigaciones.

Erich Fromm, un representante tardío de la Escuela de Frankfurt, se ha acreditado como el que aportó el enfoque psicoanalítico en la teoría crítica. Sin embargo, miembros como Adorno y Horkheimer intentaron minimizar las contribuciones de Fromm, incluso cuando el tema central "el carácter autoritario" fue desarrollado por él.

Sus formulaciones esenciales son.

1. La teoría crítica puede dirigirse a la totalidad de la sociedad en su contexto histórico. 2. La teoría crítica puede mejorar la comprensión de la sociedad en su totalidad al integrar diversas ciencias sociales: economía, sociología, historia, ciencia política, antropología y psicología.

El término industria cultural es uno de los principales aportes de esta teoría.

Entre los representantes de la teoría se encuentran Erich Fromm, Herbert Marcuse, Walter Benjamín, Teodoro Adorno y Jürgen Habermas.

La teoría crítica inspiró a otros cientistas sociales, tales como [Pierre Bordieu]], Louis Althusser, Michel Foucault, Bryan Reynolds y a algunos teóricos feministas.

La UNESCO define algunos conceptos sobre el término “industrias culturales” reconociendo su existencia “cuando los bienes y servicios culturales son producidos, reproducidos, almacenados o distribuidos de acuerdo a patrones industriales y comerciales; es decir, a gran escala y de acuerdo con una estrategia basada en consideraciones económicas, más que en una preocupación por el desarrollo cultural” Una primera definición sobre el sector, pero insuficiente en la medida que omite la posibilidad de la existencia de políticas públicas para las cuales las consideraciones económicas pueden tener una importancia menor que otras de carácter cultural, social, político o religioso.

Posteriores definiciones aclaran más el concepto, cuando se aborda a estas industrias, como “conjunto de ramas, segmentos y actividades auxiliares industriales productoras y distribuidoras de mercancías con contenidos simbólicos, concebidas para un trabajo creativo, organizadas por un capital que se valoriza y destinadas finalmente a los mercados de consumo, con una función de reproducción ideológica y social”.

Precisamente, el reconocimiento de esta dualidad: mercancía como dimensión económica y contenidos simbólicos -libro/obra literaria; disco/obra musical, película/obra cinematográfica, etc.- permite visualizar de manera integral los componentes económicos e industriales, así como ideológicos y culturales, que están presentes en todo producto originado en las industrias culturales.

En este punto, el concepto de “industrias culturales” incluye también a las “industrias de la comunicación”, convergentes ambas en un común accionar sobre la cultura, la información y la formación de los individuos –“la comunicación es esencialmente cultura”, y también en campos cada vez más integrados de la tecnología, la producción, la comercialización y el consumo. Coincidiendo en parte con este concepto, el Ministerio de Cultura de España considera que “las industrias culturales incluyen a las de la comunicación. Pero no así a todas las pertenecientes al campo del ocio porque no existen nexos suficientes entre este tipo de industrias (turismo, videojuegos, deportes, etc.) y las culturales. También se excluyen a las actividades artesanales”

Quedan fuera de este concepto, aunque no de los análisis desde la economía política de la cultura y la comunicación, los servicios culturales (bibliotecas, museos, archivos, artes escénicas y musicales, artes visuales, patrimonio y enseñanza artística y cultural) y las actividades culturales esporádicas o regulares, de carácter comercial y no comercial (fiestas religiosas, espectáculos populares, radios comunitarias, deportes, turismo, artesanía, juegos, etc.) “No sólo están situados en distintos planos (producción y consumo cultural en un caso, uso del tiempo libre en el otro) sino que hay múltiples actividades de ocio no vinculadas con las industrias culturales, desde el bricolaje al turismo no cultural, pasando por las relaciones interpersonales, el deporte o el paseo que, obviamente, forman parte en un sentido laxo, de la cultura y el estilo de vida”.

Esta delimitación de campos no excluye de ninguna manera las interrelaciones que existen entre las industrias y los servicios y las actividades culturales. Unas y otras se complementan en el universo amplio de la cultura. Aunque las artes visuales, el diseño gráfico, las artes escénicas, los espectáculos musicales, el turismo, los deportes, etc., tienen sus finalidades específicas y diferenciadas. pueden servir sin embargo de recurso básico o complementario de las industrias, pero al mismo tiempo se diferencian de éstas según las características y la lógica propia que es inherente a cada uno de estos campos. Tal interrelación puede abarcar desde los contenidos hasta las tecnologías y las formas de producción, gestión y comercialización.

En la actualidad, las industrias de la cultura y la comunicación representan a escala mundial uno de los sectores económicos más estratégicos en materia de inversiones de capital y el de mayor crecimiento relativo del empleo. Si a ellas se les agrega las denominadas del llamado “tiempo libre” o de “entretenimiento”, su dimensión económica ocupa el primero o segundo lugar en términos de facturación anual en países como los Estados Unidos, sólo superada en este caso por la industria aerospacial. Han contribuido a su desarrollo en las últimas décadas los adelantos de la ciencia y la tecnología, la concentración y transnacionalización de capitales y, más recientemente, las políticas de globalización económica. Las regiones más industrializadas compiten fuertemente en este sector, como lo prueban los desacuerdos surgidos entre EE.UU. y la Unión Europea con motivo del tratamiento de la libertad de comercio para las industrias del audiovisual, el sector de la Industria Cultural con mayor dinamismo económico e impacto social y cultural. (EE.UU. facturó en Europa durante el año 2000 más de 60 mil millones de dólares por royalties y derechos de contenidos audiovisuales e informáticos).

Además de su incidencia en la economía (inversiones, producción, facturación, balanza comercial) y en el empleo, su crecimiento acelerado después de la Segunda Guerra Mundial, ha contribuido a modificar estructuras culturales en la mayor parte del mundo, con un fuerte impacto en la política de las naciones y en la vida cotidiana de los pueblos y de los individuos.

El término "Industria Cultural” está asociado a la producción industrial –de prototipos- de bienes y servicios culturales (soportes tangibles con contenidos intangibles) para su difusión y/o comercialización al nivel de masas. Su función principal consiste en producir (“fabricar”) mercancías o servicios de carácter cultural (libros, discos, películas, emisiones de radio, programas de TV, etc.) destinadas a “soportar” en el papel, el film, o las emisiones radiofónicas contenidos simbólicos (obras literarias, obras musicales, obras cinematográficas, obras televisivas, información, etc.). Las IC comúnmente reconocidas como tales son la editorial (libro y publicaciones periódicas), la audiovisual (televisión, cine, video, a lo cual se suele agregar radio y fonogramas), la publicidad, y las industrias de soporte tecnológico y de insumos que atraviesan a todas las IC.

Precisamente, el reconocimiento de esta dualidad: mercancía como dimensión económica, y contenidos simbólicos como dimensión cultural, permite visualizar de manera integral los componentes económicos e industriales, así como ideológicos y culturales, que están presentes en todo producto originado en las Industrias Culturales.

A su vez cada Industria Cultural se relaciona con otras ramas de la producción y los servicios en términos “industrializantes”. El audiovisual, por ejemplo, no promueve sólo películas o programas de TV, sino el conjunto de los contenidos simbólicos que le son inherentes, y que contribuyen a la promoción de muchas otras industrias (automóvil, alimentación, cosméticos, etc., además de actitudes y conductas favorables a esos consumos). También, todas ellas dependen de la existencia de otras industrias ajenas al sector cultural, sean las “industrias de soporte” (electrónica, electromecánica, química, celulósica, óptica, etc., o las más recientes “industrias conexas”, como la informática (Internet, Web) y las telecomunicaciones.

Desde la primera Reunión Especializada en Cultura que se hizo en Buenos Aires, en marzo del 95, en el marco de las políticas de integración del Mercosur, hasta la aprobación de un Proyecto de Estudio por parte de los Ministros y Responsables de Cultura del Mercosur, Bolivia y Chile, que será abordado en el Seminario Internacional organizado por la División Cultura en Chile para el mes de abril, se han producido algunos avances, que sin ser espectaculares, preparan el terreno necesario para el posible fortalecimiento del sector.

Entre tales avances se destaca la preocupación por estudiar e investigar primeramente la situación y la evolución de estas industrias en los últimos años, su dimensión y su incidencia económica y social, sus agentes principales y tipologías de funcionamiento, así como las legislaciones globales y sectoriales que inciden en el sector, una información elemental pero imprescindible, para diseñar políticas y acciones tanto a escala nacional, como regional e internacional. No se trata ya de evaluar solamente la situación de una u otra industria en particular, sino de visualizarlas en su conjunto, sin perder de vista la especificidad de cada una. Sus crecientes interrelaciones, tanto a nivel vertical como horizontal, son producto de las articulaciones e innovaciones en los planos de la producción, la comercialización, la tecnología, el diseño de contenidos y los consumos, y terminan afectando también, desde lo global, a lo particular.

Junto al interés de algunos gobiernos latinoamericanos sobre el tema, es visible también la presencia cooperante de algunos organismos internacionales, como el BID, OEA, OEI y UNESCO-ORFALC, entre otros. Como producto de esas iniciativas podemos contar hoy con importantes proyectos de estudio, como base del mejoramiento de políticas, legislación y acciones, como son el ya referido para el Mercosur y el que ha emprendido casi simultáneamente el Convenio Andrés Bello para “evaluar el aporte de los productos y servicios culturales y del entretenimiento a las economías de los países de la Comunidad Andina mediante la cuantificación de variables como incidencia en el producto interno bruto, producción, ventas, empleo, pago de los derechos de autor, exportaciones e importaciones.”

La importancia de la Industria Cultural ha crecido en términos relativos mucho más que la mayor parte de los otros sectores y en términos económicos. Ellas representan en las naciones más industrializadas -como los EE.UU.- el tercero o el cuarto lugar en cuanto a recursos internos movilizados y a obtención de divisas en los mercados externos. No sólo autofinancian las actividades culturales que generan, sino que obtienen de ellas jugosos beneficios económicos.

En cuanto a su incidencia social, la Industria Cultural representan el sector de mayor crecimiento relativo del empleo, modificando a su vez, en las estructuras culturales del mundo las tradiciones y formas de ser de las comunidades, con un fuerte impacto en los intercambios y en la política y la vida cotidiana de los individuos.

Según datos suministrados por la UNESCO en 1990, el monto total correspondiente a la producción de algunas de las industrias culturales –las cifras estaban referidas solamente a los sectores prensa, libro, televisión, radio y cine- fue de 315 mil millones de dólares en 1986. De dicha cantidad, 275 mil millones (87,3% del total) correspondieron a las naciones de la Comunidad Económica Europea, Estados Unidos y Japón, y 40 mil millones (12,7%) a todos los otros países del mundo.

La Teoría crítica se desarrolla en Estados Unidos, representa el enfoque opuesto de la investigación administrativa. Se identifica históricamente con el grupo de estudiosos del instituto Fuir Social forsrhig de Frankfurt, fundado en 1923, se convirtió en un centro significativo adquiriendo su identidad definitiva con el nombramiento de Max Horkheiwer como director. Ya conocido como la escuela de Frankfurt tuvo que cerrar sus puertas debido a la llegada del nacismo y principales representantes emigraron hacia Nueva York en 1938. Estos fueron Teodoro W. Max Hork Leiner, Hebert Marcuse, Walter Benjamín, Erich, Fromm y Leo Lowen.


Fuente

Colectivo de autores. (2006). Comunicología temas actuales. Cuidad de La Habana: Editorial Felix Varela.