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Laberinto de Creta

Este artículo trata sobre Laberinto. Para otros usos de este término, véase Laberinto (desambiguación).


Laberinto de Creta
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Laberinto de creta.jpg
Concepto:Edificio compuesto de gran número de habitaciones dispuestas de tal suerte, que sea difícil hallar la salida.

Laberinto de Creta. Entre los laberintos más famosos de la Antigüedad se destaca el de Creta, una fantasía derivada, con toda seguridad, de la complicada planta del palacio de Knosos.

El Laberinto

Según la mitología griega, Dédalo construyó este laberinto para encerrar al Minotauro, una bestia sanguinaria con cuerpo humano y cabeza de toro. En la mitología griega, el arquitecto e inventor que diseñó para el rey Minos de Creta el laberinto en el que fue aprisionado el Minotauro. Cuyos corredores tenían un trazado tan complicado que quien penetraba en él no podía salir jamás.

De acuerdo con la leyenda ática, Minos fue un tirano que tomó medidas severas para vengar la muerte de su hijo Androgeo a manos de los atenienses. A intervalos regulares exigía de Atenas el tributo de siete jóvenes y siete doncellas para ofrecerlos en sacrificio al Minotauro. El héroe griego Teseo se mostró dispuesto a acabar con esos sacrificios inútiles y se ofreció como víctima.

El barco que iba a Creta llevaba siempre (en los tres viajes) velas negras, como signo de luto. Al día siguiente al auto ofrecimiento de Teseo, él y sus compañeros subieron a bordo.

El rey Egeo convino con su hijo que si a Teseo le favorecía la suerte, el navío que le volvería al país enarbolaría velas blancas. Ariadna: en la mitología griega, hija de Minos, rey de Creta, y de Pasifae, hija de Helios, el dios del sol.

Cuando Teseo llegó a Creta, la hija de Minos, Ariadna, se enamoró de él. Una vez en Creta, los jóvenes fueron conducidos a una casa en las afueras de la ciudad donde debían permanecer bajo custodia hasta que llegara el momento. La prisión estaba rodeada de un gran jardín que lindaba con el parque por donde las hijas del rey Minos, Ariadna y Fedra, solían pasear.

Estando Teseo prisionero en Knosos, un día el carcelero se acercó a Teseo y le dijo que en el parque había alguien que quería hablarle. Muy sorprendido, el joven salió y se encaminó allí, donde encontró a Ariadna, la mayor de las dos princesas; tanto la conmovieron el aspecto y porte del mancebo que decidió ayudarle a matar al Minotauro. «Toma este ovillo de hilo —le dijo— y cuando entres en el laberinto, ata el extremo del hilo a la entrada y ve deshaciendo el ovillo poco a poco. Así tendrás un guía que te permitirá encontrar la salida.» Le dio también una espada mágica.

Al separarse, Ariadna le preguntó, con voz conmovida: «Te salvo con peligro de mi propia vida; si mi padre sabe que te he ayudado, su cólera será terrible. ¿Me salvarás tú también?» Y Teseo se lo prometió.

Encolerizado por la fuga, Minos encarceló a Dédalo y a su hijo Ícaro en el laberinto. Aunque los prisioneros no podían encontrar la salida, Dédalo fabricó alas de cera para que ambos pudieran salir volando del laberinto. Ícaro, sin embargo, voló demasiado cerca del sol; sus alas se derritieron y cayó al mar. Dédalo voló hasta Sicilia, donde fue recibido por el rey Cócalo. Minos persiguió después a Dédalo pero las hijas de Cócalo lo mataron.

La leyenda hoy

Se piensa en la actualidad que la leyenda del laberinto tiene su base en el palacio de Knossos. En efecto, los antiguos aqueos que tejieron las leyendas mitológicas griegas eran bastante rudos e incivilizados, de manera que una construcción tan sofisticada y civilizada como dicho palacio, repleto de múltiples habitaciones y con todas las mejoras conocidas por la tecnología de entonces, incluyendo un sistema de alcantarillado, debió haberles parecido justamente algo laberíntico. Apoya esta tesis el hecho de que en el palacio de Knossos se han encontrado dibujos de hachas de doble filo por doquier, que en lidio se llaman labrys, y que habrían dado nombre a la construcción.

Fuentes

Ver además