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A dos años de la muerte de Polo Montañez

En la casa que hoy conserva sus recuerdos, junto al lago, en la comunidad intramontana Las Terrazas, miles de personas le buscan desde el 26 de noviembre de 2002 cuando un accidente de tránsito le privó de la vida.

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Su peculiar voz, salida de la grabación de un aficionado, nos sorprende con le zumba el mango y un filoso comentario sobre los premios Lucas que no le dieron.

Es como si estuviera de vuelta en la salita campestre. Los visitantes se detienen a escucharle y a reencontrarle junto a la guitarra que descansa en una de las habitaciones.

Una foto del bardo vueltabajero junto a Mike Kenedy, cantante del grupo Los Bravos, se aprecia en una de las paredes.

Acerca de ella Luis Borrego Linares, uno de los 11 hermanos de Polo Montañez , y quien en épocas atrás cantaba junto a él en improvisados guateques, nos contó esta anécdota:

Durante una actuación de Mike Kenedy en el hotel Riviera, él le pidió a Polo que subiera al escenario a cantar con él, y el pinareño se sabía de memoria aquella emblemática letra Yo quiero que me consideres tu mejor amigo. Cada uno cantó un pedacito de la popular interpretación.

Cuelgan también de las paredes numerosos reconocimientos que le entregaron en cada pedazo de Cuba donde su pueblo lo aclamó: en Santiago de Cuba, Ciego de Ávila, Manzanillo, Granma, Bayamo, Isla de la Juventud, y hasta un diploma que le entregara el colectivo del periódico Guerrillero.

Su naturalidad despertaba el afecto en quienes le conocieron, no sólo en Cuba, sino en otras latitudes. Así lo corrobora la réplica de un disco del guajiro pinareño que Mateo -un italiano seguidor de Polo- donó a la casa.

De un físico muy parecido al del poeta, Luis recuerda a su hermano mientras acomoda su sombrero:

“El y yo siempre estábamos juntos. Tengo 57 años, yo le llevaba ocho. Hacíamos el dúo de Juan y Junior, yo era el segundo. Nos cogían las cinco de la mañana cantando canciones de los 60. A él le gustaba mucho aquella música. Los fines de semana a partir del año 2000 siempre en esta casa había una peña, una canturía.

“Ver el amor que le siguen teniendo es algo muy hermoso. Los sábados pasan por aquí más de 900 personas y los domingos alrededor de 700. Ver eso es algo muy bonito.

“Recuerdo muy bien cuando después del accidente –el 20 de noviembre– el cantante puertorriqueño Dany Rivera fue a verlo al hospital de Ciudad de La Habana donde se encontraba y habló con la dirección de aquel centro.

“Vino después a cantar a Rancho Curujey, en Las Terrazas, antes de que muriera Polo. Hizo de aquel momento un vídeo que lo tiene Freddy, un investigador de la comunidad. Fue un gesto muy bonito. Era algo como de poeta a poeta”, expresó Luis.

Este viernes 26 de noviembre, según el propio hermano de Polo, la familia y los amigos del Guajiro Natural esperan reunirse en el museo de Candelaria y después peregrinar hasta el cementerio de esa localidad, para rendir tributo al artista que tanto afecto despertaba en las multitudes, con un carisma y simpatía poco común.

Facetas de la vida de Pedro Junco:

--Conversaciones con los amigos de Pedro Junco

"Yo vivía en la calle Máximo Gómez, cerca del obispado, y al lado de éste había un kindergarten. Allí todos los días llegaba la máquina de los Junco a traer a los más pequeños y seguía con Pedrito para la escuela anexa. "Por la tarde, cuando sus hermanos regresaban a casa, él se quedaba allí con las profesoras de música, las hermanas Pintado. Cuando eso tendría unos diez u once años.

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"Ahí yo empecé a conocer a su familia y a él un tiempo después cuando me escapaba y me iba para un campo deportivo al que le decían los terrenos del ferrocarril. Allí Pedrito jugaba a la pelota, yo todavía no lo hacía. También me gustaba ver cómo boxeaban en el portal de su vivienda. Con el paso del tiempo pasaron a hacerlo en la azotea". La amistad entre los dos muchachos se fue consolidando, y llegó el momento en que Amadito acudía casi todos los días a la casa de los Junco. "Iba porque a las dos de la tarde había un programa, Media hora contigo, de Mario Fernández Porta, por la emisora RHC Cadena Azul, en el que ponían sus canciones. Cada vez que hacía una composición nueva me la enseñaba, por eso me las aprendí todas". ¿CÓMO CONOCIÓ A LA INSPIRADORA DE NOSOTROS? "Yo fui quien le presenté a María Victoria Mora Morales, de quien la mayoría dice que fue la mujer a quien le dedicó su antológico Nosotros. "Pedrito ya había terminado el bachillerato, pero una mañana del año 40 acudió al Instituto de Segunda Enseñanza para conocer a los novatos, pues existía la tradición de hacerles algunas bromas; pero pronto olvidó para qué él estaba allí. Impresionado me dijo: ‘Mira que muchacha más bonita', a lo que le contesté: ‘Esa es hermana de tus dos amigos Giraldo y Modesto Mora'. Enseguida preguntó si yo la conocía y le dije que sí porque había estudiado frente a mi casa en el convento y ella nos visitaba. "Los presenté y poco a poco todo el mundo se fue separando, y ellos se sentaron en unos banquitos que había en el recibidor del Instituto y se quedaron solos conversando. Después supe que él seguía visitando la casa en la que ella se quedaba en Pinar, pues vivía en una finca próspera en San Juan y Martínez. "Cuando Pedrito enfermó de mayor gravedad, el padre de María Victoria se la llevó de la provincia. Algunos dicen que la internó en un convento en la capital y que de ahí ella ingresó en la Universidad de La Habana". Sobre la mesa del hogar de Amadito descansa un libro publicado por María Victoria -antes de su salida definitiva de Cuba- el cual aborda la vida de Antonio Maceo. "Le conocí otra novia, habanera, era hija de Fernández Fiallo, un profesor universitario. Ella visitaba en la ciudad de Pinar la casa de Olga Hidalgo, que estudiaba Odontología, y conoció allí a Pedrito y tuvieron un romance, era bonita pero muy celosa. "Se pelearon y después ella regresó y mandó a buscar a Pedrito y él le dijo que no podía ir porque tenía un compromiso nuevo y serio con una muchacha: se trataba de María Victoria Mora . "Era muy amistoso, todos lo querían. Cuando subía la calle central de la ciudad se iba encontrando con varias personas y al llegar al final de su recorrido era un mundo de gente lo que le acompañaba. Nos sentábamos en el Parque de la Independencia- que entonces tenía sillas de hierro- y comenzábamos a tocar en ellas y a tararear canciones. "En ese lugar se reunían los alumnos del Instituto de Segunda Enseñanza y los de la Normal de maestros y se formaba allí mismo una charanga. Alguien traía una tumbadora, u otro instrumento, y a tocar música, y a cantar. El lo llevaba en la sangre, igual que su hermana María Antonia que tenía una hermosa voz". EL PRIMER CANTANTE DE NOSOTROS "A la CMAB, emisora provincial de radio de aquel entonces acudíamos a ensayar sus composiciones. En una ocasión llegó el cantante Tony Chiroldes y él lo acompañó al piano", recuerda Amadito -. A partir de entonces, Junco y Chiroldes hacen lo que muchos en esa época: el primero entregaba sus composiciones al segundo que las interpretaba con singular maestría. Así sucede con Nosotros, estrenada por ese cantante en la CMAB en febrero de 1943. Poco después Mario Fernández Porta la interpreta en RHC Cadena Azul, pero quien primero la cantó fue Chiroldes, según rememora Amadito. Pedrito, además de su buen porte y aspecto personal, tenía muchas otras virtudes, como la sencillez y la lealtad, tal y como reconocen sus allegados, lo cual le hizo ser admirado por mujeres y hombres. De cómo era dice Martínez Malo: "En aquella época se usaba mucho ir a casa de las muchachas que cumplían 15 a darles una serenata, y un grupo de jóvenes junto con Pedrito lo hacíamos, siempre avisando a los padres de que iríamos. Era muy respetuoso. Cuando terminábamos siempre compartíamos en la casa y nos brindaban refrigerios. "Él no tomaba bebidas alcohólicas, lo que sí se le podía ver por las noches en el café Laviada, sitio muy popular por entonces en Pinar, tomando hidromiel, un refresco exquisito cuya fórmula se llevaron sus creadores a la tumba". Nuestro entrevistado, de 78 años, dice que el autor de Nosotros era para él como un hermano. Y todavía su ojos se humedecen cuando habla de la enfermedad que le causó la muerte: "El nueve de marzo de 1939, mientras estudia por la noche en su casa, tose y escupe sangre. El tres de abril visita al médico porque vuelve a echar sangre por la boca. Vendrán después pruebas y períodos de descanso en su casa, en la cual yo le visitaba. Ya en 1943 parecía recuperado, pero en abril tiene una recaída y es ingresado en la clínica habanera Damas de la Covadonga. "Aproximadamente a las diez de la noche del 25 de abril escucha el estreno radial de su canción Soy como soy, en la voz de René Cabel, y unos minutos después fallece".

--Los amigos negros de Pedrito Nacido en una familia de clase media del Vueltabajo de la primera mitad del siglo XX, Pedro Junco Redondas pudo acceder a los mejores centros educacionales de entonces, rodar un Ford -porque su padre era el representante de esta firma en Pinar-, usar las mejores ropas y los más caros zapatos. Sin embargo, el medio social en el que se desarrolló no le hizo mirar distinto a los que tenían un color de piel diferente al suyo, y que además eran muy pobres. "ERA UNA PANETELA" José Palacios, conocido por el Cojo Pino Guerra, pese a tener una pierna más corta, se desempeñaba en sus años mozos como un buen defensor de la primera base: "Esa fue la gracia -confiesa- que me dio Dios, porque dicen que yo no era malo. Jugaba pelota con Pedrito frente al lugar dónde su padre vendía carros Ford, cerca de la terminal del ferrocarril. "A él también le gustaba la primera base. Lo hacía por practicar ejercicios, pues lo suyo realmente era la música. Le entusiasmaba ver jugar a la gente y hacerlo él también. Como vivía cerca del terreno se le facilitaba buscar un tiempo para ello". Del origen de su mote Palacios expresa: "Me dicen Pino Guerra desde chiquito porque hubo un general de la guerra de independencia de apellidos Pino Guerra que era cojo de un tiro que le dieron. Yo de pequeño era muy malo y me fajaba en todas las esquinas, y por eso me pusieron Pino Guerra. Decían que yo tenía que ser hijo del general". Pero la amistad con Junco no se quedó solo en los partidos de béisbol en los que lidiaban con otras novenas: "Cuando cantaba nos buscaba a Raúl García, a quien le dicen Pepe el ciego, y a mí para que le tocáramos. Él tocaba el piano, yo la tumbadora y el quinto y Pepe también la tumbadora. Lo acompañábamos cuando se presentaba en el cine teatro Milanés y en la emisora CMAB. "El era una panetela, no hablaba por no ofender. Siempre alegre y jugando con nosotros y nos decía: ‘¡Vengan mis músicos!' "Las mujeres siempre le andaban detrás. Era un tipazo de hombre alto y bien parecido, compositor, jaranero, alegre...figúrense ustedes. "Me da mucho sentimiento oír hablar de él o escuchar Nosotros". "LE SACABA MÚSICA A UNA REJA" Desde muchachos comenzó la amistad entre Pedro Junco y Raúl García, Pepe el ciego: "Yo le dije una vez que no podía jugar pelota porque en mi casa me regañaban si rompía la ropa. Entonces me llevó a su vivienda y me dio un traje de pelotero con zapatos y todo. "Pedrito iba, además, con nosotros a los juegos de baloncesto - deporte que también practicaba- a tocar rumba en la parte de atrás de la antigua Colonia española, hoy Palacio de computación. En aquellas pachangas él tocaba tumbadora y se defendía bien. "Cuando llegaba el tiempo de los carnavales también lo acompañábamos. El le sacaba música a una reja. Era muy divertido. Yo me pasaba el día en su casa, en un ambiente de alegría y música". A los 77 años Pepe el ciego -mote que heredó de su padre- aspira a volver a cantar y tocar con la orquesta Bellamar, en la que interpretó durante años conocidas canciones cubanas. Piensa que el boom de la música de los años 40 y 50 se lo permitirá. Pero el recuerdo del amigo fallecido tempranamente lo angustia: "No debió morir tan joven",dice y cambia el tema: "Quedaban muy bien aquellos boleros suyos que ensayábamos en su casa con el piano, el quinto y los golpes suaves de la tumbadora. Tony Chiroldes era el que cantaba". De cómo era Pedrito Junco rememora: "Era bueno en todo. En el deporte, en la música, como persona. Así eran todos en su casa. Eran personas de posición, pero no discriminaban a los negros y a los pobres. "Guardo sus fotos. Me sentí muy mal cuando murió. Una vez entré al otrora hospital La Quinta a buscar una medicina. Él salió de pronto . Eso no se me olvida jamás. Me miró y me dijo ‘¡Pepe¡', y me abrazó. Pero no me imaginé que estuviera enfermo. Pensé que iba a buscar una medicina para alguien, y resultó que era para él. Jamás me dijo que estaba enfermo. Cuando aquello ni yo lo sabía", concluyó.

--Usaba sus trajes, zapatos y corbatas Antonio Alonso, Ñico, tiene a los 82 años una memoria prodigiosa y rememorar sobre los años en que conoció a Pedro Junco no le es difícil: "Era íntimo amigo de mi hermano Luis, menor que yo. Yo estudiaba en la Universidad y venía a Pinar para ver a mi novia, y como era de La Habana me quedaba en casa de Pedrito. El me prestaba un traje, corbata y zapatos para que yo fuera a visitarla, ella es mi actual esposa. "La canción que menos me gustaba a mí era Nosotros, no sé bien ni por qué". "Me hice cargo de dar a conocer sus canciones; de presentarlo al mundo musical. Hice amistad con Mario Fernández Porta, con Juan Bruno Tarraza, Bobby Collado, Orlando de la Rosa y Candito Ruiz, entre otros músicos famosos de esa época, y a ellos les llevaba las obras de Pedrito. Buscaba la forma de que cantaran sus canciones. A él no le importaba el dinero, solo le interesaba su obra. "Yo les cantaba a ellos, digamos, Estoy triste, Soy como soy, Me lo dijo el mar, Quisiera, Tus ojos, composiciones suyas que tienen buena letra y música, en las que hay poesía", afirma este doctor en Pedagogía. Ñico apunta que es significatvo cómo en casi todas las canciones él casi anticipa su deceso: "La única que no se refiere a la muerte es Soy como soy, porque en ella dice: Soy como soy y no como tu quieras/ que culpa tengo yo de ser así/ si vas a quererme, quiéreme/ y no intentes hacerme como te venga bien a ti/ no trates de cambiar mi vida /yo a ti te quiero / lo juro por ti/ pero soy como soy y no como tú quieras/ que culpa tengo yo de ser así". Pero en aquel entonces los jóvenes amigos de Pedrito no podían pensar que sus presentimientos se harían realidad muy pronto: "La tuberculosis la puedes concebir en otra persona, menos en él. Tenía la piel rosada, los labios rosados, un aspecto sano, buena dentadura. Nadaba mucho. "Sí, es cierto que antes de enfermar se mojó durante un aguacero. Le temía mucho al catarro, por eso a veces se tomaba dos, tres aspirinas, y hay quien opina que ésta hace mucho más fluida la sangre, por eso se corrió que era hemofílico, pero no era cierto", asegura Alonso. Asevera que el padre de Pedrito era portador del bacilo de Koch, por lo que la tuberculosis era algo casi hereditario. Ante la pregunta de por qué sus novias no se enfermaron su respuesta fue: "Este bacilo no resiste al sol. Él pudo besarlas, pero hay quienes tienen una mayor defensa en su organismo". En 1943 no se había descubierto la penicilina ni ninguno de los antibióticos que hoy eliminan en poco tiempo el terrible mal. Por entonces los tuberculosos en su mayoría morían, pese a los recursos económicos de sus familiares. "Cuando él se enfermó -dice Ñico- cogieron un peso macho y lo partieron en dos y solo podía entrar a verlo quien presentara la mitad. Yo no pude entrar a verlo porque no tuve esa prioridad, pero mi hermano sí y otro amigo suyo, Orlando Calero, Chiquitico. "Mi hermano -ya fallecido- lo quería tanto, que después de su muerte dijo que Dios no existía, porque si existiera no le hubiera quitado la vida tan joven". Del día del sepelio de Pedrito -el 26 de abril de 1943- rememora: "Su entierro fue algo grande. Allí estaba Pinar del Río entero. De los balcones le lanzaban flores al féretro. Los presentes no cupieron en el cementerio. Fue toda la Escuela Normal y el Instituto de Pinar del Río. Todo el mundo lloraba. Fue prácticamente un duelo provincial".