Portal:Panorama Mundial/RESUMEN SEMANAL/2020-03-02

POLÍTICA

Sumario

Venezuela se muestra preparada ante posibles amenazas (Página 12)

Pudo verse el despliegue de soldados, del sistema antiaéreo, el disparo de misiles desde buques de guerra, así como una operación para establecer centros de resistencia en Caracas en una hipótesis de ataque.


Marco Teruggi*


Los militares se desplegaron en Venezuela. No solamente en Caracas, donde pudieron verse armamento, soldados y milicianos, sino en todo el país. Cada uno de los cinco componentes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (Fanb) fue activado: la Guardia Nacional Bolivariana, el Ejército Bolivariano, la Armada Bolivariana, la Aviación Militar Bolivariana y la Milicia Bolivariana.


Se trató del ejercicio Escudo Bolivariano 2020, con la activación de 2 millones 300 mil combatientes, anunciado por el presidente Nicolás Maduro el pasado viernes. La última operación de características similares había tenido lugar en el mes de septiembre, centrada en las zonas de fronteras, bajo el nombre de ejercicios Soberanía y Paz.


“El comando estratégico operacional de la Fanb, las ocho regiones estratégicas de defensa integral, las veintiocho zonas operativas de defensa integral, las noventa y nueve áreas de defensa integral, los agrupamientos y las bases populares de defensa integral, y las unidades populares de defensa integral están todos desplegados en el territorio nacional”, afirmó el comandante estratégico operacional, Remigio Ceballos.


Los ejercicios fueron televisados y mostraron cómo sería un despliegue militar ante un escenario de agresión. Así pudo verse el despliegue de soldados, del sistema antiaéreo, el disparo de misiles desde buques de guerra, así como una operación para establecer centros de resistencia en Caracas en una hipótesis de ataque con bombardeo y tropas.


Uno de los elementos significativos dentro del Escudo Bolivariano fue la activación de la Milicia. El general en jefe, Vladimir Padrino López, resaltó la importancia de ese componente: “la incorporación de la Milicia como componente especial de la Fanb otorga un valor agregado a la defensa de la nación (…) ellos son combatientes regulares, no son civiles armados”.


La Milicia Bolivariana ha sido objeto de diferentes ataques por parte de la oposición venezolana que ha oscilado entre ridiculizar a quienes forman parte de la Milicia y, por el otro lado, mostrar su preocupación por el incremento del número y formación de milicianos.


Se trata de uno de los rasgos más distintivos del proceso político venezolano, que permite e incentiva la participación de la población en el proceso de defensa de la nación bajo el Artículo 130 de la Constitución.


La Milicia integra en su mayoría a hombres y mujeres de los sectores populares, barriadas, zonas rurales, trabajadores, identificados con el chavismo y la necesidad de prepararse ante las amenazas actuales.


Esas amenazas están en un momento determinante en Venezuela luego de la gira que Estados Unidos le creó a Juan Guaidó, con las escenas centrales de su presencia en el discurso del estado de la Unión, así como la reunión en la Casa Blanca con el presidente Trump.


No se trata únicamente de fotografías: un sector de la derecha venezolana pide de manera abierta que sean ejecutadas acciones de fuerza contra el Gobierno venezolano. El trabajo de esa ala opositora es lograr esa operación a través del lobby que vienen realizando en Estados Unidos donde un sector del Partido Republicano y del Estado profundo trabaja sobre esa línea.


En ese marco, el Escudo Bolivariano 2020 fue una acción de demostración de fuerza, de apresto militar y de disuasión, tanto hacia Estados Unidos como hacia países vecinos, en particular Colombia y Brasil, con los cuales han existido escenarios de fuerte tensión.


No se trata de la única acción de defensa desarrollada por el Gobierno, en particular dentro de las hipótesis de conflicto donde la de una acción militar regular parece la menos probable.


El cuadro de posibilidades sugiere que las operaciones posibles se centran en maniobras paramilitares, de mercenarios, con intentos de disparos quirúrgicos -como asesinatos o extracciones- o atentados que busquen conmociones sociales.


El ejercicio fue también una nueva reafirmación del mando de Nicolás Maduro y de la ficción de la presidencia de Juan Guaidó que, luego de su regreso, no ha dado anuncios concretos ni contundentes.


  • Sociólogo y periodista. Cronista para TeleSur, Resumen Latinoamericano, Notas y la revista Sudestada. Nació en Francia y reside actualmente en Caracas

Demanda de Venezuela contra Estados Unidos un ejemplo a imitar (El Heraldo Cubano)

Arthur González*


La denuncia presentada ante la Corte Penal Internacional por el Gobierno de Venezuela contra Estados Unidos, ante los crímenes de lesa humanidad que cometen los yanquis contra ese pueblo, es un ejemplo a imitar por todos los países que sufren similares acciones genocidas ejecutadas por el Gobierno estadounidense.


Basta ya de soportar su hacer y deshacer en el mundo sin que nadie los sancione.


Guerras genocidas que barren ciudades enteras, monumentos del patrimonio de la humanidad, asesinatos en masa de niños, mujeres y hombres, cárceles secretas con métodos de tortura copiados de los nazis, robo de recursos naturales, guerras económicas, comerciales, financieras y biológica para matar de hambre y enfermedades, todo sin que el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ni otros organismos internacionales condenen y sancionen a los responsables de tantos crímenes.


El mundo no puede tolerar ese silencio cómplice de los aliados europeos, quienes ven, callan y hasta participan en las guerras fratricidas yanquis por apoderarse de territorios ricos en minerales importantes.


¿Por qué los pueblos tienen que aguantar las medidas de guerra económica, comercial y financiera diseñadas por Estados Unidos sin que este país sea sancionado?


Un evidente ejemplo es la votación anual que se ejecuta en la Asamblea General de la ONU contra el bloqueo económico, comercial y financiero impuesto a Cuba desde hace 60 años. La totalidad de las naciones lo condena, pero Estados Unidos, en vez de eliminarlo, lo incrementa con medidas cada vez más brutales, con el deseo de exterminar a todo un pueblo.


La decisión tomada por Venezuela es correcta, aunque se enfrentará a las presiones yanquis sobre quienes deben decidir. No importa, el mundo conocerá la demanda, bien argumentada, de cada medida que adopta Estados Unidos contra el Gobierno de Nicolás Maduro solo con el objetivo de imponer a un peón que vuelva a colocar los recursos naturales venezolanos en manos de empresas norteamericanas.


Cuba también puede presentar pruebas irrefutables de las criminales operaciones encubiertas ejecutas por Washington, muchas de ellas desclasificadas y publicadas, como pruebas de su política delictiva, entre ellas, los planes de asesinato a Fidel Castro, algunos reconocidos por la denominada Comisión Church del Comité Selecto del Senado en los años 70 del siglo XX.


Constan documentos elaborados por la CIA de sus acciones ilícitas contra la Revolución cubana desde el 1959, como el “Plan de influencia subversiva y reclutamiento en sectores priorizados de la sociedad cubana”, elaborado en abril del 1959 por la Embajada yanqui y la Estación CIA en La Habana; el informe confeccionado por el Jefe de la División del Hemisferio Occidental de la CIA, enviado al Director general el 11 de diciembre del 1959, donde propone “darle una cuidadosa atención a la eliminación de Fidel Castro”.


Otros planes macabros como el aprobado por el presidente Dwight Eisenhower a la CIA, el 17 de marzo del 1960, para crear una oposición a Castro, una red de espionaje interno en la Isla, iniciar una poderosa ofensiva propagandística a nombre de la “oposición”, y organizar la invasión mercenaria financiada por la CIA.


Solamente la despiadada Operación Peter Pan, diseñada por la CIA con campañas falsas sobre una inventada ley revolucionaria que les quitaría la patria potestad a los padres cubanos, sirve para condenar a Estados Unidos en cualquier tribunal que respete la ley, pues mediante el engaño y la mentira lograron sacar de Cuba, sin acompañantes, a 14 mil 48 niños que quedaron afectados psicológicamente para toda la vida al verse separados abruptamente de sus padres.


Cualquier corte de justicia sancionaría sin reservas a Estados Unidos por ejecutar la Operación Mangosta en enero del 1962, la cual estuvo dirigida a “provocar una rebelión del pueblo cubano, a partir de una guerra económica que induzca al régimen comunista a fracasar en su esfuerzo por satisfacer las necesidades del país, junto a operaciones psicológicas que acrecentarán el resentimiento de la población contra el régimen…”


Esa Operación pretendía justificar una invasión a Cuba por parte del Ejército yanqui como respuesta a la derrota sufrida en su invasión mercenaria por Bahía de Cochinos en el 1961.


En ella se demuestra cómo Estados Unidos preparó la reunión de la OEA en el 1962 para condenar a Cuba y organizó, a través del Departamento de Estado, las presiones a gobiernos latinoamericanos y las manifestaciones populares, sumadas a las campañas de prensa en apoyo a tal acción, todas sufragadas por su Agencia de Información (Usia).


Cualquier juez que se respete no le temblaría la mano para castigar a Estados Unidos, máxime si Cuba presenta, como prueba contundente en su denuncia, otros planes yanquis desclasificados y publicados, como es el documento preparado por la CIA para el Grupo Permanente del Consejo Nacional de Seguridad, el 8 de junio del 1963, titulado Política encubierta y programa integrado de acciones propuestas hacia Cuba, el cual contiene tareas para llevar a cabo acciones de terrorismo de Estado contra toda la economía cubana, un espionaje total, unido a la propaganda mediática para estimular los sabotajes.


¿Con qué derecho un país extranjero puede aprobar leyes para aniquilar el sistema político y económico de otro Estado soberano? ¿Eso es permitido por la Corte de Justicia Internacional?


Las leyes Torricelli y la repudiable Helms-Burton son ejemplos irrebatibles de las actividades ilegales de Estados Unidos contra una pequeña isla del Caribe, solo por haber decidido cortar las cadenas impuestas en el 1901.


La lista de pruebas es larga y cada una más convincente respecto a las violaciones de la ley internacional que comete el país que se autoproclama “paladín de los derechos humanos en el mundo”.


Pocas investigaciones tendrían que hacer los fiscales de la Corte Internacional de la Haya. Solo con leer los documentos oficiales yanquis les bastaría para conocer la verdad, esa que es manipulada o silenciada por la prensa de Estados Unidos.


Sabio José Martí al sentenciar:


“La justicia a secas, es lo único a lo que ha de asirse el hombre decoroso y sensato.”


  • Cubano, especialista en relaciones Cuba-EEUU, editor del blog El Heraldo Cubano

Bolivia: la maquinaria del fraude, en marcha (La Jornada)

Carlos Fazio*


Bajo los parámetros de una guerra híbrida de manufactura estadounidense y con las bendiciones de la jerarquía conservadora de la Iglesia católica local, la contrarrevolución en Bolivia avanza. En su fase actual, el régimen de excepción de la autoproclamada Jeanine Áñez ha desatado una guerra abierta contra el Movimiento al Socialismo (MAS) del exiliado presidente depuesto Evo Morales, que vía la judicialización de la política (lawfare) utiliza el derecho como principal arma vengativa de los putschistas.


A corto plazo, el objetivo del bloque golpista es desarticular y liquidar al movimiento de masas y a las fuerzas políticas populares-indígenas nucleadas en torno al MAS, para impedir su regreso al gobierno en las elecciones del próximo 3 de mayo y consolidar el sangriento proceso de restauración conservadora iniciado en noviembre pasado.


Tras las matanzas de Sacaba (Cochabamba) y Senkata (El Alto), el "gobierno de transición" delineado desde Washington ha venido reconfigurando la maquinaria militar-policial como principal sustento de la contrainsurgencia social, que tiene en la prensa hegemónica su principal instrumento para la guerra sicológica.


Los mandos de las fuerzas armadas bolivianas han venido impulsando una reformulación organizativa de la institución castrense, a lo que se suma un realineamiento ideológico con los aparatos de inteligencia y seguridad nacional de Estados Unidos e Israel, cuyas expresiones más visibles son la creación de órganos de inteligencia "antiterrorista" y las operaciones de militarización y patrullajes "preventivos" antisubversivos en ciudades y regiones del país.


En los hechos, aunque de manera encubierta, desde los días del golpe las fuerzas armadas han venido ejerciendo un papel de vigilancia, control y dirección sobre el conjunto del aparato estatal, con el aval del Comando Sur del Pentágono. Aunque la cara represiva visible del régimen de facto es el ministro de gobierno, Arturo Murillo, quien ha criminalizado y judicializado la lucha social imputándola como "sedición", "terrorismo" y "corrupción", como forma de encubrir una cacería política de dirigentes del MAS.


Con el paso del tiempo han ido saliendo a la luz pública los nombres de algunos "operadores" del golpe de Estado cívico-policial-militar-mediático de noviembre pasado y sus articulaciones externas. En particular destacan el exdelfín del dictador Hugo Banzer, Jorge Tuto Quiroga, quien habría servido de articulador interno de los halcones de la administración Trump, con Mike Pompeo a la cabeza, y el entonces rector de la Universidad Mayor de San Andrés, Waldo Albarracín, organizador de la llegada a la ciudad de La Paz de los grupos paramilitares de la Unión Juvenil Cruceñista, la víspera de la consumación golpista.


Según declaraciones del propio Albarracín, la imposición de Jeanine Áñez como usurpadora se adoptó en una reunión secreta celebrada en la Universidad Católica, donde junto con Quiroga, Carlos Mesa y otros golpistas, estuvo presente un representante del régimen de Jair Bolsonaro, cuya afinidad con la autoproclamada es patente en razón de los dislates neofascistas, racistas y de fanatismo religioso de ambos. Según el diario La Razón, Áñez habría requerido allí entre 200 y 300 mil dólares para compensar los riesgos que supondría asumir la presidencia en tales circunstancias.


Otro personaje identificado en la coyuntura como "el rostro de la CIA" en el seno de la jerarquía católica es el arzobispo de Santa Cruz, Sergio Gualberti Calandrina. De ideas ultramontanas y poseedor de una narrativa racista al servicio de la oligarquía vía la manipulación ideológica de la resentida clase media tradicional, Gualberti encarna a la santa iglesia política boliviana en su tarea de contención de "la plebe", identificada en el discurso oficial de la aventurera del Palacio Quemado como "indios salvajes", "satánicos" y "hordas masistas". La etnicidad como campo de batalla de la democracia formal, esgrimida como estrategia de defensa de privilegios de clase en tiempos de campaña electoral por un representante eclesial.


Como dice Álvaro García Linera: "En el fondo, todo racismo es un método contrainsurgente de la igualdad, es decir, de la democracia". Todo proceso de igualdad social tiene un costo inevitable: la devaluación de los privilegios de las clases tradicionales. En el caso boliviano, según el exvicepresidente durante el gobierno de Evo Morales, el "odio" fue el lenguaje de una clase envilecida que no dudó “en calificar de ‘salvaje’ al cholaje” que la estaba desplazando. Lo que a su juicio está dando lugar al surgimiento de un tipo de populismo de derechas y de fascismo alentado por la insatisfacción de sectores medios; lo que en el caso de Bolivia es "un tipo de neofascismo con envoltura religiosa".


Huelga decir que la maquinaria de un fraude en favor del actual bloque golpista y las fuerzas reaccionarias –con la "justicia" como arma electoral de aquí al 3 de mayo− está en marcha. No hay ninguna garantía de elecciones libres y transparentes en Bolivia. En la etapa de la contrarrevolución vuelta gobierno, los que estuvieron dispuestos a asesinar impunemente con la anuencia de la administración Trump no tendrán ningún reparo en burlar la voluntad de las mayorías al precio que sea.


  • Periodista uruguayo radicado en México. Pertenece a la redacción del diario La Jornada y colabora con el semanario Brecha de Uruguay y otros medios alternativos


Aportes para el debate sobre el alzamiento popular y la asamblea constituyente (Rebelión)

Catalina Rojas B.


El pasado 18 de octubre del 2019, luego de un sinnúmero de evasiones convocadas por las y los estudiantes secundarios, se inició un alzamiento popular sin precedentes en los últimos treinta años, que, si bien aparece como un hecho espontáneo, en realidad responde a un ciclo abierto en los 2000 de lucha y acumulación de experiencia organizativa desde los diferentes sectores, principalmente el estudiantil, sindical, mapuche, de lucha por la vivienda, feminista y socioambiental.


La diferencia y particularidad de esta revuelta es el levantamiento de un pueblo en su conjunto, ya no parcializado, ni por demandas específicas, sino más bien por una lucha integral provocada por el hastío frente a décadas de abuso, evidenciando la caducidad del modelo neoliberal instaurado por la fuerza en la dictadura cívico militar de Pinochet y los Chicago boys.


Este alzamiento encuentra su origen en demandas por mejoras en las condiciones de vida de la clase trabajadora y el pueblo, es decir, demandas materiales como lo es el sueldo mínimo, las luchas por disminuir las horas de trabajo semanal, las pensiones, el acceso y cobertura de derechos sociales básicos como salud, educación y vivienda. Por lo tanto, es un alzamiento que evidencia con claridad la existencia de clases sociales y sus contradicciones, contraviniendo lo que economistas e intelectuales pos-modernos y liberales han querido tapar bajo el argumento de que es una lectura caduca de la sociedad actual.


Estos meses han reinstalado la justeza de las luchas por demandas fundamentales, y permitió volver a comprobar que solo la lucha trae victorias. La protesta popular y la autodefensa se expresaron evidenciando la fuerza de la unidad de los oprimidos y explotados, generando en paralelo un sinfín de expresiones de solidaridad, apoyo y compañerismo, así como del surgimiento de expresiones culturales y artísticas que se han transformado en herramientas de apoyo y validación de las demandas del pueblo.


Frente a este escenario, en donde se supera el individualismo en el que el capitalismo nos tenía sumergidos, la clase en el poder buscó diversas formas de contrarrestar la lucha que semana a semana demostraba que no pensaba finalizar. Fue así como no dudó, desde el primer día, en apostar a la represión y persecución por medio de fuerzas armadas y de orden. También intentó dividir instalando el enemigo al interior de la misma clase, fomentando un fallido levantamiento de «chalecos amarillos». También impulsó una famélica agenda social, que no logró embaucar ni cooptar los sueños de un pueblo que hoy despierta.


En esos fallidos intentos, fue posible identificar un bloque en el poder dividido, desordenado y carente de iniciativa. Sin embargo, aparece una nueva estrategia de institucionalización del conflicto en donde la casta política termina por alinearse sin distinciones: desde la derecha conservadora y recalcitrante de Kast, hasta el progresismo liberal de Boric, firmaron y aprobaron el llamado «pacto social por la paz», que no representa más que el ejercicio de la clase dominante de ponerse de acuerdo para reestablecer el orden y relegitimar la democracia burguesa.


Es así como hoy, la lucha popular y combativa, las manifestaciones callejeras, las asambleas populares y territoriales, las organizaciones sindicales y estudiantiles, nos hemos visto forzados(as) a dar la discusión sobre una agenda impuesta por el bloque en el poder para sacarnos de las calles y volcarnos hacia la burocracia institucional, que permitirá perpetuar el orden durante al menos un par de décadas más.


El proceso constituyente surgido del pacto social por la paz de las y los ricos, en resumen, nos invita a un plebiscito en abril en donde debemos votar si queremos o no una nueva constitución. A su vez, debemos escoger entre una «convención mixta», instancia de mitad congresistas y mitad ciudadanos electos que redactarán la nueva carta magna, o por una «convención constitucional», compuesta por 155 ciudadanos electos para dicho proceso. Por último, el proceso debiese cerrarse con un plebiscito de salida para la aprobación o rechazo de la propuesta realizada.


La convención constitucional es, en definitiva, una asamblea constituyente con otro nombre ya que el total de sus miembros surgen de la ciudadanía. Asumiéndolo así, los debates surgidos en este ámbito son en torno a las formas que adquiere el proceso en sí mismo, no así su fondo.


Las discusiones son varias, en primer lugar, la generación de mecanismos de participación para abordar el proceso que, en experiencias internacionales se han utilizado y que, para el caso chileno, el pacto por la paz no incorpora, negando la posibilidad de instancias deliberativas o de participación social que acompañen el proceso.


En segundo lugar, los mecanismos de representación siguen siendo los establecidos para las elecciones, manteniéndose la votación por lista y proporcionalidad, limitando las posibilidades a independientes (obligando a la ciudadanía a acercarse o conformar un partido político), asimismo no se han aprobado la reserva de escaños por cuota de género o pueblos originarios como experiencias internacionales han demostrado hacerlo. Por último, se mantendrán los distritos, conjugando elecciones para la convención constituyente con las municipales permitiendo la posibilidad del bloque en el poder de hacer campaña a través de dichas elecciones.


En tercer lugar, el debate también se ha dado con respecto a los mecanismos para llegar a acuerdos, en donde el pacto por la paz establece un cuórum de 2/3 para tomar decisiones, dejando fuera la opción de plebiscitar temas polémicos, anulando la posibilidad de abordarlos, quedando fuera de la redacción de la nueva Constitución.


La convención constitucional es un eufemismo de asamblea constituyente, quizás porque los sectores más conservadores no quisieron denominarla como tal. Sin embargo, desde el pueblo no podemos dejar engañarnos, y creer que la lucha correcta es demandar una asamblea constituyente, porque en términos objetivos esa es la opción que nos imponen en este modelo, pero con otro nombre. Asimismo, aunque se lograra la asamblea constituyente más democrática y participativa, no lograríamos cambios sustanciales, los que además, pueden ser pasados a llevar como ha sucedido en países como Bolivia en la actualidad.


Por otro lado, es importante clarificar algunas cosas. Actualmente la Constitución define el derecho a la propiedad, principio fundante del sistema capitalista que permite la privatización y mercantilización de recursos, de tierras, de derechos sociales como educación y salud. ¿Realmente será posible eliminar esto de la Constitución en este proceso? La respuesta categórica es no. Y la argumentación es bien simple, hoy, quienes detentan el poder son una clase que se ha fundado en la propiedad privada y defenderá este principio de todas las formas posibles. La clase trabajadora, desposeída de este derecho, no tiene el poder hoy, y aspira a acabar con la propiedad privada y apostar por socializar los medios de producción. Sin embargo, esto implica la transformación estructural de la sociedad actual, y sólo será posible cuando la clase trabajadora tenga la fuerza necesaria para conquistar el poder.


Todos estos debates que han ocupado parte importante de la agenda de nuestra clase, responden a una agenda de mantenimiento y revalidación del sistema democrático burgués, por un lado, y por otro lado, como forma de desviar el foco de las demandas de carácter económico que afectarían en términos reales al modelo económico actual, implicando pérdidas para la clase en el poder. Ejemplo de ello, la demanda por un nuevo sistema de pensiones y la instalación ahora de pensión mínima igual ingreso mínimo, acompañado del aumento del salario mínimo y la reducción de la jornada laboral. Por otro lado, la lucha por el fin al lucro en salud y educación, así como el pago de locomoción y colación en todos los centros laborales y estudiantiles, la protección a la maternidad y la cobertura de sala cuna universal.


La discusión sobre la Constitución se transforma en una salida astuta de parte de la burguesía, pues al ser una demanda con un carácter político relevante para el pueblo (acabar con la Constitución creada por el dictador), se logra aplacar un movimiento cuyas demandas de origen ponen en tensión el modelo de acumulación capitalista.


Ante esta situación, la salida para los clasistas debe ser la denuncia del fraude que es el proceso constituyente creado para desviarnos de nuestras luchas y validar su sistema corrupto y desigual, tal cual como lo hicieron en el pacto por la democracia para acabar con una dictadura y profundizar todo lo que aquella instaló. Asimismo, debemos reimpulsar y reinstalar con fuerza todas las demandas que llevaron a la clase trabajadora y al conjunto del pueblo a alzarse contra este sistema injusto, y mantener viva la movilización, entre ellas, se encuentra la lucha por acabar con el código laboral patronal.


Sin embargo, el problema que hoy enfrentamos es más profundo y corresponde a la discusión sobre la lucha de clases y el problema del poder. Solo cuando la clase trabajadora tenga el poder se podrá revertir la propiedad, la explotación y opresión, y para ello se requiere constituir una fuerza de organización y lucha que hoy aún es carente.


Se torna fundamental que los esfuerzos desde los sectores clasistas y las organizaciones populares, sindicales y políticas se vuelquen en agrupar la fuerza social existente y evidenciada en la actualidad, construyendo organización y articulación de los sectores en lucha, bajo un proyecto político común que nos encamine a la construcción de poder popular, camino necesario para alcanzar una vida digna para el conjunto del pueblo.


  • Miembro de la Asociación Intersindical de Trabajadores y Trabajadoras Clasistas, AIT

AMLO vinculado a México (La Jornada)

Víctor Flores Olea


Ciudad de México. No es fácil definir, encontrar el vínculo de AMLO con el país entero, y sin embargo existe grandemente: ¿No es así, en el caso de un perdedor en dos ocasiones, aún cuando sea por fraude prácticamente comprobado, que llega la Presidencia de la República en una tercera votación? Pero la cuestión no es tanto esa, sino reconocer las razones de un vínculo estrecho entre “ese” candidato perdedor y el candidato triunfante en 2018, que arrasó en las elecciones de ese año.


Después de las infructuosas candidaturas presidenciales en 2006 y 2012, la victoria de AMLO en 2018 fue decisiva: además de aplastar a sus oponentes al tomar el 53% de los votos en las elecciones de julio, ganó la coalición liderada por su partido, el Movimiento Nacional de Regeneración (Morena). Una mayoría absoluta en ambas cámaras del Congreso de la Unión, así como en 19 de las 27 legislaturas locales.


Por supuesto que ese triunfo aplastante se reflejó de inmediato en la política: un gran cuidado indudable respecto a las perspectivas de la derecha y más bien una actitud de espera probablemente aguardando ciertos acontecimientos futuros, por ejemplo de orden financiero o económico, que tiendan a debilitar la enorme superioridad actual de AMLO, que deberían estar ya muy debilitado, por lo demás, según los cálculos de esta gente, teniendo muy serias bajas o fracturas que marcarían el fracaso del gobierno de izquierda en México, y el punto de arranque de la acción de la derecha extrema. Esto no ha ocurrido, por lo demás, ante la sorpresa de los opositores a AMLO en México, y para sorpresa de muchos otros.


Por supuesto que hay críticas al presidente López Obrador, pero no por los eventos grandemente destructivos que esperaba la derecha extrema sino apenas por su manera de actuar (probablemente también desorganizada, como ha sido la característica de todos nuestros últimos gobiernos, sobre todo en el primer año de su ejercicio). La historia del aeropuerto de Santa Lucía pudiera ser un poco más pesada frente a su contrapartida de Texcoco, que, sin embargo, seguirá discutiéndose por las debilidades estructurales serias encontradas recientemente en estas últimas tierras. Es decir, críticas y observaciones variadas, pero ninguna de un tamaño que haga esperar un cambio drástico en los finales del 2021 o en el 2024.


Otro de los aspectos en que tal vez pudieran encontrarse debilidades en el gobierno de AMLO es en el de algunos (as) colaboradores suyos, pero por discreción elemental preferimos, al menos por ahora, mantener silencio. Habrá, y hay sin duda, distintas opiniones al respecto, pero preferimos no abrir una discusión sobre el particular, también por elemental compostura.


La gran mayoría, sin lugar a duda, estará de acuerdo básicamente con los rasgos y perfiles básicos del “modo” de gobernar de AMLO quien prefiere la discreción y la mesura al derroche y al relumbrón que marcó otros sexenios, cuya imaginación solo llegaba hasta el punto de repetir y repetir banquetes y cenas en el Castillo de Chapultepec, sin considerar el rango efectivo de los homenajeados.


Pero lo fundamental: la política de AMLO, que muchos atacan como por consigna o por repetición irreflexiva de lo ya escuchado, sigue, sin embargo, resistiendo a las críticas que inclusive se presentan como serias y sigue su curso sin grandes desviaciones lo que muestra la seriedad del político que ha configurado su camino, y que está muy lejos de actuar irreflexiblemente o por capricho. Sus críticas al autoritarismo de personas y sistemas son punto menos que irrebatibles de ahí que pase ya a la historia como uno de los defensores indiscutibles de la democracia, con un reconocimiento cada vez mayor en América Latina y con una influencia también acrecentada entre los dirigentes de las clases populares. De ahí que estudiar hoy el caso de AMLO en nuestro país esté cada vez más extendido y produzca mayor interés.


Por supuesto, uno de los aspectos del exitoso caso de AMLO en México es el hecho de que haya logrado las grandes movilizaciones alcanzadas sin contar con un partido político en su forma “habitual” o “clásica” y que no obstante ello haya mantenido una dirección coherente sin interferencias o desviaciones contraproducentes. En todo caso, la presencia de AMLO al frente del país ha tenido ya entre otros efectos fundamentales, digamos uno muy importante de tipo pedagógico, como el pensar en la posibilidad de que México pueda vivir en el futuro sometido a la ley del interés mundial de los aparatos financieros. Como ha repetido AMLO en distintas ocasiones: “no somos dependientes ni subordinados a nadie”.


Por otro lado me atengo al estudio de Clemente Katz en que sostiene que la Teoría de la Dependencia, tan en boga e América Latina en los años sesenta y setenta del siglo pasado, no arrojó frutos positivos en la reactivación revolucionara de las sociedades continentales, aun cuando sí los produjo, sin duda, en el aspecto meramente teórico, no en el de la política práctica, que tuvo que esperar hasta los Evos Morales o los Andrés Manuel López Obrador para ver sus resultados tangibles.


Vinculación plena de un líder con su pueblo. Seguramente la del líder revolucionario del tipo heroico, pero también la del líder paciente y meticuloso que elabora caminos y rutas con gran cuidado, con la precisión política del bisturí de un revolucionario, que le es indispensable.

¿Luchar contra la corrupción es luchar contra el capitalismo y la desigualdad o sólo es por arribita? (Rebelión)

Pedro Echeverría V.


1. He visto, desde hace muchas décadas, que la «corrupción» solo se investiga y solo busca castigarse en las políticas de Estado, en los asuntos públicos; jamás en los asuntos privados. Se responde que se hace porque el presupuesto y los asuntos que están en juego son los públicos y que -por el contrario- en el sector privado cada quien cuida sus propios negocios. ¿Lleva eso a pensar que los del sector privado son muy honestos y los del público muy corruptos? ¿Ello explica que los grandes banqueros, los industriales, los poderosos comerciantes, los más grandes millonarios, no son corruptos y toda la enorme riqueza y propiedades que manejan nada tienen que ver con la corrupción? ¿No es corrupción explotar el trabajo de mil obreros, mal pagar tierras de campesinos, comprar empresas en quiebra y mil una cosas más como herencias de miles de millones?


2. ¿Los miles de millones de dólares de cientos de mexicanos de la lista de Forbes, encabezados por Slim, Salinas Pliego, Bailleres, Larrea, Hank, Servitge, Arango, poseedores de yates, aviones, helicópteros, gigantescas residencias, son muy legales, nada tienen que ver con la corrupción? Quizá por ello se ha dicho y repetido que se puede ser millonario sin ser corrupto. ¿Qué culpa tiene, cómo acusar al hijo, al nieto, a los demás herederos del expresidente Miguel Alemán Valdez de recibir fabulosas herencias de quien fuera el presidente (1946-52) conocido como el más corrupto de México? Los empresarios mexicanos nacieron y se desarrollaron cobijados de la sombra de la llamada revolución burguesa mexicana (1910-17). Se consolidaron como grandes ricos y solo entraron a la política con el grito de México libre en 1982.


3. Me parece una bobada decir que ya no existen las posiciones políticas de izquierda y de derecha; que ahora todos se confunden por el vil oportunismo de muchos que se disfrazan para acomodarse dentro de los mismos gobiernos. El asunto es que las posiciones políticas no son de personas que se disfrazan según circunstancias sino conjuntos de ideas y principios que representan los intereses de una clase social. El comunismo, el socialismo, la izquierda radical, solo podrán representar los intereses de los explotados, oprimidos, los pobres, los miserables, en lucha por la igualdad. Por el contrario el conservadurismo, la derecha, la reacción, representarán los intereses de los explotadores, de los grandes ricos y los empresarios.


4. La izquierda radical en todo el mundo, tiene que ser anticapitalista, es decir, tiene que luchar contra la explotación y por una sociedad igualitaria. Ser anticapitalista no es una simple frase o postura; significa ser consecuente combatiendo al capitalismo en todas sus manifestaciones sociales y privadas, donde éstas estén o se aparezcan. Ser socialdemócrata o de izquierda moderada es continuar con los vicios, manifestaciones, costumbres del capitalismo, aunque tratando de disminuir sus peores enfermedades. Por ello la izquierda ha sido reprimida y nunca ha avanzado; también por ello mismo la socialdemocracia ha logrado reformas leves, así como acomodos dentro del capitalismo durante más de un siglo.


5. La socialdemocracia o izquierda muy moderada de países como Francia, Italia, España, Reino Unido, Países Bajos han gobernado con sus diversos partidos periodos distanciados de seis, ocho, diez años; en sus balances (Mitterrand, Renzi, González/Zapatero, Corbyn, Palme) demuestran que administraron el capitalismo parecido a lo que han hecho otros gobiernos de derecha o de centro. Aunque se piense equivocadamente que no, en esos países del más viejo capitalismo hay pobreza y miseria, pero un tanto silenciada por los agudos problemas del llamado «Tercer Mundo». En ningún lugar se ha podido destruir el capitalismo porque su resistencia ha sido terca; quizá todavía hay que luchar medio siglo más para que comience a derrumbarse.


6. Hace 200 años los pueblos del mundo luchaban contra el colonialismo; luego, hace 100 años, a fines del siglo XIX, la lucha fue antimperialista; hace 50 años combatimos contra la globalización, hoy se lucha contra el neoliberalismo. La realidad es que son distintas manifestaciones del capitalismo; su lado más alto, violento y brutal. Pero de manera global el capitalismo y su gran propiedad, su gran riqueza en pocas manos, la brutal explotación del trabajo, el consumismo, el individualismo, la competencia, deben desaparecer para dar paso a la igualdad política, económica y social. El problema no es desaparecer la corrupción sino el capitalismo y la enorme desigualdad que nació hace 500 años y aún sigue conservando su dominio.


Blog del autor: http://pedroecheverriav.wordpress.com

De Scalabrini Ortiz a Naomi Klein o de la teoría de la crisis a la teoría del shock (El Cohete a La Luna)

Félix Herrero


Las dos teorías


El pensador Raúl Scalabrini Ortiz introdujo en la corriente nacional la teoría de la crisis. «La crisis es la crisis óptima, la mejor crisis de mundo, la mejor crisis perfecta, la que nadie podrá superar ni demostrar, porque solo existe en la imaginación y en los tenebrosos propósitos de quienes la utilizan como pretexto para desmantelar al país y sumirlo en la verdadera y permanente crisis económica y espiritual que caracteriza a toda factoría, porque si no hay crisis, no hay argumento valedero para justificar medidas que no resisten el menor análisis», escribió.


La frase ha sido numerosamente citada, pero su idea muy pocas veces desarrollada.


Fue Jorge Scalabrini Ortiz, hijo de don Raúl y autor también de numerosos ensayos, uno de los responsables que impidieron que la teoría de la crisis cayera en el olvido.


La frase fue escrita en los años en que la dictadura militar de 1955 combatía sin compasión a la resistencia social de los argentinos e introducía la crisis económica con el intento de que el poder corporativo se hiciera hegemónico cargo de la renta nacional. La teoría de la crisis se explicita en una de las Cartas de Scalabrini Ortiz, publicada a partir del golpe militar-liberal de 1955 en la prensa semiclandestina que se opuso a dicha sublevación anticonstitucional.


Con el objeto de transformar la revolución social iniciada a partir de octubre de 1945 que supo otorgar a la renta nacional su carácter social y distributivo sin la alteración principal de la propiedad, la autodenominada Revolución Libertadora se impuso en ser una involución avasalladora de los derechos sociales y económicos logrados.


Lo que se intentó fue acabar con la transformación social lograda por el gobierno derrocado. Fue entonces cuando el gobierno trajo al país a Raúl Prebisch, para que impusiera una economía socialmente injusta y económicamente dependiente. Prebisch había sido un banquista central del período de la década infame que acompañó a Julio Roca (h) a Londres para la firma del pacto Roca-Runciman en 1933. Fue premiado con la secretaría general de la CEPAL, donde por su actividad anti norteamericana y por sus relaciones con el imperio británico, fue recibido con simpatía por sectores en varios países de nuestra región.


El Informe Prebisch de 1955, como principal medida, instó a que la Argentina entrara al FMI. Después de secretario ejecutivo de la CEPAL pasó a ser secretario general de la UNCTAD.


Raúl Scalabrini evidenció que Prebisch tuvo que inventar una crisis inexistente para poder argumentar que había que curarla, y a cualquier precio. La Política de la Crisis continúa en los años ’90 con el imaginar otra crisis económica por parte del menemismo con el objeto de desregular, privatizar y cortar la inversión social y de infraestructura, con el objeto de que la renta no se distribuyera socialmente fuera a las arcas de los poderes corporativos que se reinstalaban.


El Informe Prebisch de 1955, como dijo Scalabrini Ortiz, fue un diseño de la Crisis: “porque si no hay crisis no se pueden justificar medidas que no resisten el menor análisis, como la desvalorización de la moneda a la mitad de su valor y la liquidación del IAPI como durante años soñaron Bunge y Born, y aconsejar empréstitos extranjeros y la conveniencia de estructurar sociedades mixtas como los transportes y otras cosas más”.


Una animación realizada por Megafón TV, de la Universidad de Lanús.


La teoría de la Crisis de Scalabrini da un salto y reaparece convertida en la Teoría del shock. De los años ’50 a los años ’90, también podría ser otro subtítulo de este artículo, porque Naomi Klein inicia en forma de insinuación primero en algunos de sus artículos afirmando que el poder financiero y corporativo mundial (a través de la Escuela de Chicago de Milton Friedman) aplica el shock para desarmar económicamente a los países. El shockkleiniano, como la crisis scalabriniana, permite cualquier medida por más desatinada que sea porque se estaría en guerra contra los factores negativos de la economía que pondrían en riesgo la existencia de los países. Según la autora canadiense, «al shock Volcker le siguió la conocida como “crisis del tequila” (mexicana) de 1994, la “plaga asiática” de 1997 y el “colapso ruso” de 1998, que precedió en apenas días a otro que se produjo en Brasil. Cuando estos shocks y crisis empezaban a perder su anterior fuerza, aparecían otros aún más catastróficos: tsunamis, huracanes, guerras y atentados terroristas. Estaba tomando forma el capitalismo del desastre». También constató que «Milton Friedman aprendió lo importante que era aprovechar una crisis o estado de shock a gran escala durante la década de los ’70, cuando fue asesor del dictador general Augusto Pinochet».


El libro de Klein sobre la doctrina del shock (1) expone ampliamente cómo en los últimos decenios se ha aplicado esta teoría para expandir el poder corporativo. El caso argentino está ampliamente investigado en la figura de José Alfredo Martínez de Hoz como ministro de economía de una nueva dictadura iniciada en 1976. La situación de crisis y de urgencia necesitaría soluciones de shock y está resumida en una frase del talentoso jurista nazi Carl Schmitt, que cita Naomí Klein: “El soberano es el que decide el Estado de emergencia”. Schmitt es quizá el principal jurista que fundamentó la negativa dialéctica del Amigo/Enemigo. Pero la verdad es que tanto en los años ’50 en la Argentina y ahora en muchos países, quien decidió y decide –en nuestra opinión— fue y es el poder financiero global (2).


Los dos autores


Scalabrini Ortiz en su país y otros muchos otros, así como Naomi Klein en Canadá, Estados Unidos y en gran parte del mundo, son autores respetados por su coherencia, pero también por ser los pensadores cuyos libros son de los más consultados. Coinciden en que nunca –como pensadores— vendieron muchos libros pero tampoco sus voluntades.


El argentino nacido en la capital de una provincia norteña tuvo una vida difícil y sacrificada. Entre sus numerosas actividades para vivir y mantener una numerosa familia, hizo trabajos que lo llevaron a realizar actividades en provincias bien dentro de la interioridad argentina, como Formosa.


Klein nació también en la capital de una provincia del norte canadiense en una familia que tuvo que emigrar en muchas situaciones, pero realizó una vida más universitaria y mantuvo muy explicablemente simpatías juveniles con el marxismo. Ella desarrolló un pensamiento claramente tercerista, que no acepta ni el liberalismo ni el marxismo. Scalabrini no tuvo esa tendencia juvenil y siempre desarrolló un pensamiento que, en última instancia, trascendía a un espiritualismo sin religión determinada. Clara y firme es su visión esperanzadora y de fe en el hombre argentino, como bien surge de su libro no muy citado Tierra sin nada, Tierra de profetas. Devociones para el hombre argentino. (3).


Klein tuvo acercamientos con nuestro país, no solo a través de sus libros, también en una película documental que filmó con su marido, titulada La Toma, que historia el cacerolazo argentino y las fábricas obreras, como es el caso de Forja, que en San Martín fabricaba autopartes y fuera abandonada por sus patrones. Los trabajadores la convirtieron en una cooperativa de producción.


El trailer de La Toma.


Ambos pueden definirse como pensadores de movimientos terceristas, que no adoptan posiciones políticas marxistas ni neoliberales. Si se escribiera la vida paralela de estos dos grandes pensadores, el carácter profundamente religioso que da el judaísmo de la ascendencia de la canadiense, como el sentido espiritualista del argentino –no religioso y fuertemente antidogmático—, los encontraría en las mismas trincheras.


Las ocasiones


El estudio de Klein es del año 2007, por lo que sería muy importante que lo actualizara a este 2020 que se está iniciando. A los numerosos casos de shock que desarrolla, en los últimos doce años se han agregado otros que siguen confirmando la vigencia de su doctrina.


La ocasión de la presentación de la teoría de Scalabrini se produce con la designación de un liberal anglófilo en el manejo de la economía argentina, pero también luego desarrollará el caso Martínez de Hoz. Recordemos que Scalabrini murió en 1959 y tuvo tiempo de tener esperanzas, desde la revista Qué!, en el gobierno de Arturo Frondizi, quien luego concedió yacimientos petrolíferos a empresas multinacionales.


Para Klein la doctrina del shock se aplicó en muchos casos:

· la dictadura de Pinochet,

· el gobierno de Margaret Thatcher que con la guerra de las Malvinas salvó al liberalismo inglés,

· la dictadura neoliberal argentina que, según Eduardo Galeano, metía a la gente en la cárcel para que los precios pudieran ser libres,

· la declaración de crisis boliviana y las reconversiones de Víctor Paz Estenssoro y Gonzalo Sánchez de Lozada,

· la crisis polaca y el misterioso shock de la Plaza de Tiananmen,

· el regreso de la supremacía blanca al poder económico en Sudáfrica,

· el yeltsinismo en Rusia,

· el circo privatizador (así lo denomina) menemista en la Argentina,

· las guerras y el antiterrorismo como ocasión de cambio de poder económico, y así varios casos más.


En Klein hay una numerosa e interesante selección de pensamientos. Así, a modo de conclusión, podemos reproducir la frase de Stephan Haggard y John Williamson, el inglés funcionario del FMI que impuso el concepto del Consenso de Washington. Estos autores, citados por Klein, comprobaron y asesoraron que “los peores tiempos dan pie a las mejores oportunidades para quienes entienden la necesidad de una reforma económica fundamental”.


Y si no están los peores tiempos, hay que inventarlos.


(1) Klein, N., (2017), “La doctrina del Shock. El auge capitalismo del desastre”. Paidós, Buenos Aires, se publicó en siete idiomas. En inglés como The Shock Doctrine. TheRise of DisasterCapitalism, RandonHouse of Canada (2007)


(2) En una nota en la página 227 de la edición en castellano, Klein hace referencia a Alejandro Olmos Gaona respecto al Plan Cavallo de 1992, afirmando que el historiador argentino descubrió que el plan no era de Cavallo, sino que fue redactado por las bancas JP Morgan y Citibank


(3) Norberto Galasso en su historia sobre Scalabrini, equivocadamente lo relaciona con el marxismo porque para él habría simpatizado con Insurrexit, lo que no es cierto. Raúl Scalabrini era hijo de un científico positivista y sobrino de un arzobispo italiano fundador de una orden religiosa dedicada al acompañamiento de los emigrantes en el mundo, los scalabrinianos. “Tierra de nadie, Tierra de Profetas” es conocida porque contiene la descripción que se inicia con “Era el subsuelo de la patria sublevado”

Millennials con el socialista Bernie a quien temen más demócratas que republicanos (La Jornada)

Alfredo Jalife-Rahme


El 70 por ciento de los millennials y/o generación Y, quienes nacieron después de 1980, tienden a votar por un socialista, pese a que el término socialismo es anatema en EEUU y del que el renergizado Trump, después del fallido impeachment, ha hecho su tiro al blanco propagandístico para enarbolar las bondades del capitalismo de Wall Street que ha llevado sus acciones a la estratósfera, en contraste con su economía que exhibe una patente mediocridad –exceptuando la aristocrática economía digitálica de Silicon Valley.


Los jóvenes de EEUU han perdido la fe en el capitalismo y ahora abrazan al socialismo, mientras que la principal propuesta de cuidados médicos de Bernie Sanders, confeso socialista demócrata, quien ondea la bandera de Cuidados médicos para todos que ha atraído a los millennials y ha movido a la izquierda al Partido Demócrata en forma significativa.


El 50 por ciento de los millennials y el 51 por ciento de la generación Z sienten que el sistema económico de EEUU ha trabajado en su contra y tienen una mayor vista desfavorable del capitalismo.


Muchos de los jóvenes se encuentran abrumados con sus deudas colegiales, mientras que el socialismo y comunismo no aportan las mismas asociaciones negativas y memorias que sus generaciones previas.


Según Market Watch, los millennials representan 40 por ciento de los desempleados cuando más de 40 por ciento de los universitarios recién graduados son subempleados: sus empleos no cubren los créditos de sus costosos títulos universitarios.


El 19 por ciento de millennials y 12 por ciento de la generación Z juzgan que el Manifiesto Comunista garantiza mejor la libertad y la igualdad para todos que la Declaración de Independencia, en contraste a los baby boomers (nacidos después 1945 hasta 1960) y a la generación X.


El socialista Demócrata Bernie, de 77 años, es quien más atrae a los millennials”.


El desastre de los cuidados médicos y sus seguros en EEUU angustia a los estudiantes quienes adeudan 1.5 millones de millones de dólares, en comparación a 200 millones de dólares del año 2000: ¡7 mil 500 veces más en 20 años: una monstruosidad!


Entre los estratosféricos pagos de los seguros médicos y el adeudo de sus préstamos colegiales, los millennials se han refugiado con Bernie, admirable judío progresista que choca con sus correligionarios de Wall Street: tanto de George Soros como de Jared Kushner.


El socialismo democrático de Bernie apela a la reforma de Wall Street mediante impuestos para beneficios sociales, más que en la propiedad social de la producción.


Es notorio el choque electoral y cosmogónico entre los millennials (73 millones) y los baby boomers (76 millones).


Un problema del entusiasmo de los millennials es que en la elección de 2016 solo votó la mitad –ahuyentados por el fraude del establishment demócrata a favor de Hillary contra Bernie–, en comparación de las 2/3 partes de sus mayores de edad.


El mafioso establishment del Partido Demócrata no sabe cómo contener a Bernie y busca impulsar al multimillonario Mike Bloomberg, exalcalde de Nueva York con una fortuna de 61 mil millones de dólares, para literalmente comprar la convención demócrata.


Bloomberg todavía no aparece en los debates ni en las primarias de arranque de New Hampshire, pero ha gastado millones en publicidad para prepararse a contender en el famoso supermartes y así obtener un sustancial número de delegados.


El desastre electoral ciber-antidemocrático de Iowa fue diseñado para debilitar a Bernie y favorecer a Bloomberg, mediante el ascenso artificial del racista Pete Buttigieg, de 38 años y anterior espía del Pentágono en Afganistán.


La pandilla de los Clinton/Obama/Biden/Buttigieg fue expuesta en el caucus en Iowa mediante el manoseo digitálico del conglomerado empresarial de Shadow/Acronym/Pacronym y cuya primera víctima ha sido el exvicepresidente Joe Biden.


¿Podrá detener a los millennials el arcaico Partido Demócrata?

Donald Trump y Mike Pompeo repiten la historia de fracasos (El Heraldo Cubano)

Arthur González*


Resulta evidente que ni el Presidente de Estados Unidos ni su actual Secretario de Estado repasan la historia de su actuación contra Cuba en los últimos 60 años, pues de hacerlo se percatarían que está llena de fracasos.


Por ignorancia, insisten en una política que, lejos de crear descontento en el pueblo cubano y culpar a la Revolución de sus penurias, incrementa el rechazo hacia Estados Unidos y sus actos imperiales para apoderarse de la Isla.


Martí expuso con su habitual brillantez: “la historia no es cera que se moldea en manos caprichosas”, por eso, es importante recordarles a ambos funcionarios yanquis que lo que ahora hacen contra Cuba y Venezuela ya lo hicieron en el 1960 el presidente Dwight Eisenhower y el director de la CIA, Allen Dulles, sin obtener ningún resultado.


Cuando en abril del 2019 Trump comenzó a imponer sanciones a embarcaciones relacionadas con el transporte de petróleo hacia Cuba y a las agencias aseguradoras, para ahogar la economía cubana, no hizo más que copiar los planes de Eisenhower y Dulles, quienes en el 1959 habían tomado ya esa decisión.


¿No conocerán Trump y Pompeo que la primera medida contra la Revolución fue anular los créditos comerciales para las importaciones cubanas? Con aquella acción pretendían impedir los nuevos programas de desarrollo económico y social, pero nada de eso cambió el rumbo del proceso cubano.


¿Se olvidaron que el 6 de julio del 1960 Estados Unidos suspendió la cuota azucarera que compraba a Cuba, y además cortó los envíos de petróleo y se negó a procesar en sus refinerías el crudo procedente de la URSS?


Aquellos actos de la naciente guerra económica no impidieron el desarrollo que comenzaba a experimentar la Isla.


En esos primeros años del triunfo las acciones se incrementaron y Washington decidió eliminar todas las exportaciones de sus productos a Cuba, incluidas las piezas de repuesto para una industria totalmente dependiente de Estados Unidos, con el fin de arrodillar al nuevo gobierno, pero tampoco obtuvieron nada.


Importantes documentos desclasificados prueban las malsanas intenciones que perseguía el Gobierno yanqui, como es el Memorando del 27 de junio del 1960, que versa sobre la reunión efectuada para analizar “cuestiones relacionadas con el Programa de Presiones Económicas contra Castro”.


Dicha reunión estuvo presidida por el Secretario de Estado, con la participación de varios de sus subsecretarios, el Secretario de Defensa, el subsecretario de Agricultura, dos representantes de la Casa Blanca y por la CIA el subdirector general, Charles P. Cabell, y el coronel J. C King, jefe de la División del Hemisferio Occidental.


La lista de temas a debatir fue presentada por el representante de la Casa Blanca, Gordon Gray, el cual afirmó que el Presidente autorizó el 17 de marzo del 1960 el Programa de Acciones Encubiertas (presentado por la CIA) para el establecimiento de presiones contra Castro.


Al preguntarle el Secretario de Estado al general Cabell cómo estaban las cosas por Cuba, el subsecretario de la CIA respondió:


“Por ahora no parece que el Gobierno de Castro este bajo ninguna presión económica grave y de hecho es necesario imponer presiones económicas concertadas.”


Con total cinismo añadió el coronel J. King:


“Cada vez hay más temor en la población cubana de que Estados Unidos realice una acción como la aquí propuesta, pero se sentirá aliviada, y se puede proporcionar un importante apoyo moral y material a la creciente oposición interna en Cuba.”


Pensamiento idéntico al de Mike Pompeo, quien afirma que las sanciones a Cuba van en apoyo del pueblo, evidencia de que la actual estrategia yanqui es copia de lo que hicieron desde el 1960.


En aquella reunión se lanzó la propuesta de aplicarle a Cuba la Ley de Comercio con el Enemigo, para congelar todo el comercio entre Cuba y Estados Unidos, lo que hicieron unos meses después y aún mantienen.


El Secretario de Estado expuso que: “mientras más rápido se apliquen las sanciones mejor será”, y añadió:


“Los cubanos tienen problemas en este momento con su situación petrolera y nosotros no debemos demorar el seguimiento a eso.”


Posterior a la derrota aplastante sufrida con su invasión por Bahía de Cochinos, en abril del 1961, el presidente J. F. Kennedy organizó, dentro del Consejo de Seguridad, un Grupo Especial Ampliado para aprobar nuevas acciones que dieran al traste con la Revolución cubana.


Fue así como nació la Operación Magosta el 18 de febrero del 1962, en la cual se aprobaron medidas diplomáticas para condenar a Cuba y aislarla del resto del hemisferio, otras acciones para el sabotaje a los buques de transporte de petróleo hacia la Isla y la contaminación del petróleo, aceites y lubricantes por parte de la CIA.


La guerra económica tiene en esa Operación un papel protagónico con 13 medidas, entre ellas, presiones a México y Canadá para cortar el comercio con la Isla; aplicar el Acta de Producción para la Defensa del 1950, prohibiendo el empleo de buques estadounidenses en el comercio con Cuba; la inclusión en las medidas de los buques arrendados por Cuba y de los países socialistas, los que serían hostigados negándoles la entrada en los puertos estadounidenses; influir en las corporaciones estadounidenses con subsidiarias fuera del país para que se sumaran al espíritu de las sanciones económicas.


Asimismo, fueron aprobadas otras acciones como que la CIA provocara el fracaso de las cosechas de alimentos en Cuba; convencer a las naciones miembros de la Otan a dar los pasos para aislar a Cuba de Occidente; presionar a Japón para que hiciera lo mismo, y medidas ideadas por la CIA para lograr la interrupción del suministro del níquel cubano a la Unión Soviética.


Pasados 60 años, los yanquis insisten en continuar con una estrategia que nunca les ha dado resultados, pero, con su acostumbrada prepotencia, no cambian para no reconocer tantos fracasos, de ahí que el actual secretario de Estado, Mike Pompeo, expresara hace pocos días:


“Estamos haciendo todo lo posible para negar al régimen venezolano los recursos y las capacidades para continuar imponiendo la tiranía al pueblo venezolano y tratando de apoyar el movimiento democrático venezolano junto con todos nuestros aliados en la región.”


“Estados Unidos también ha llevado a cabo una campaña de máxima presión contra el Gobierno de Cuba, por el apoyo que los funcionarios estadounidenses creen que las autoridades cubanas están ofreciéndole a Maduro, mediante servicios de inteligencia y seguridad.”


“Nuestra misión es hacer lo mejor posible y no lesionar al pueblo cubano; de hecho, es todo lo contrario, crear un espacio donde exista una oportunidad para la democracia y la libertad.”


Como dice el viejo proverbio “perro huevero, aunque le quemen el hocico”, siguen desgastándose e incrementando el repudio popular, algo que no pueden cambiar porque los cubanos aprendieron a leer, escribir y analizar las situaciones que los afectan, convencidos de quién es el máximo responsable de sus escaseces.


Por eso afirmó José Martí:


“La culpa no es excusada ni por el mismo que de ella se aprovecha.”


  • Cubano, especialista en relaciones Cuba-EEUU, editor del blog El Heraldo Cubano

Alemania: el terremoto político que ha causado la ultraderecha en el gigante europeo (y que ha dejado a Ángela Merkel sin sucesora) (BBC Mundo)

Jenny Hill*


En febrero del 1930, Adolf Hitler estaba de buen humor. "Nuestro mayor éxito lo tuvimos en Turingia", escribió. "Allí somos el partido más importante. Los partidos en Turingia que intentan formar un gobierno no pueden asegurar una mayoría sin nuestra cooperación".


Alemania puede haberse comprometido con el "nunca más". Pero 90 años después, la extrema derecha ha vuelto a jugar, aunque sea brevemente, ese papel en el estado del Este de Alemania.


La elección, la semana pasada, de un liberal como jefe del gobierno estatal de Turingia, gracias a los apoyos del partido de extrema derecha Alternativa para Alemania (AfD), ha provocado un terremoto político que sacudió la columna vertebral del país y acabó con la renuncia de la favorita para suceder a Ángela Merkel.


La crisis de Turingia


Hasta hace unos días, pocos alemanes habían oído hablar de Thomas Kemmerich.


La semana pasada, Kemmerich, del Partido Liberal Democrático (FDP) y de mentalidad empresarial, fue elegido jefe del Ejecutivo regional de Turingia gracias al apoyo de los legisladores locales de la AfD y de la Unión Cristianodemócrata (CDU) de Merkel.


Sin embargo, la votación causó indignación en todo el país, y miles de alemanes se lanzaron a las calles a protestar.


La elección de Kemmerich rompió el "cordón sanitario" que hasta ahora había impedido toda cooperación con el partido de extrema derecha, algo que se considera un tabú en Alemania. Ningún dirigente estatal había asumido el cargo antes con la ayuda de la AfD.


Apenas tres días después de ser electo, y ante todo el revuelo causado, Kemmerich dejó su cargo "para eliminar la mancha del apoyo de la AfD a la oficina del Primer ministro".


Ahora se espera que se lleven a cabo nuevas elecciones en el estado.


Pero, para muchos, el caso de Turingia ha planteado paralelos dolorosos cuando hace apenas unas semanas Alemania reflexionaba sobre las atrocidades de la Segunda Guerra Mundial durante las conmemoraciones por el aniversario de la liberación del campo de exterminio nazi en Auschwitz.


El ex primer ministro belga Guy Verhofstadt fue uno de los que acudieron a las redes sociales en protesta, haciendo circular una fotografía de un recién elegido Kemmerich dándole la mano al líder de extrema derecha de Turingia, Björn Höcke, y yuxtaponiéndola con una de Hitler saludando al entonces presidente alemán Paul von Hindenburg.


La ruptura del “Brandmauer”


Kemmerich puede haber expresado su oposición a la AfD, pero aceptó el puesto de todos modos, con una mayoría asegurada con su apoyo.


Que la extrema derecha haya podido ejercer tal influencia, que un partido político dominante aceptara su apoyo y que, a sabiendas o no, la CDU de Merkel se alineara con ellos es, para muchos en Alemania, fuente de gran vergüenza.


El hecho simbolizó la vulnerabilidad de lo que los alemanes llaman Brandmauer, el cortafuegos que, por una convención política de larga data, se supone que evita que la extrema derecha ejerza una influencia real sobre la política alemana.


Desde Sudáfrica, donde se había reunido con el presidente Cyril Ramaphosa, Merkel describió lo sucedido como "imperdonable".


La canciller reprendió duramente a los políticos regionales de su propio partido que, al votar por Kemmerich, suscitaron acusaciones de que, al menos localmente, la CDU estaba lista para romper esa promesa de nunca unir fuerzas con la extrema derecha.


"Fue un mal día para la democracia, un día que rompió con la larga y orgullosa tradición de los valores de la CDU. Esto no está en línea con lo que la CDU piensa, con cómo hemos actuado durante la existencia de nuestro partido", dijo Merkel.


Por su parte, el jefe federal del FDP, Christian Lindner, inicialmente pareció aceptar el resultado, a pesar de la respuesta horrorizada de los miembros de alto rango de su partido.


Acusado de buscar el poder a cualquier precio, le recordaron a Lindner sus propias palabras cuando en el 2017 abandonó las negociaciones de coalición con Merkel a nivel federal y dijo: "es mejor no gobernar que gobernar mal".


Tiempos convulsos para el partido de Merkel…


Pero las consecuencias de lo ocurrido en Turingia fueron más allá de las declaraciones, las protestas y la renuncia de Kemmerich.


La ruptura del "cordón sanitario" a la ultraderecha se ha llevado por delante a la presidenta de la CDU, Annegret Kramp-Karrenbauer, incapaz de controlar a los sectores más a la derecha (y al Este) de su partido.


Kramp-Karrenbauer, quien asumió la presidencia de la CDU en diciembre del 2018, no concurrirá para reemplazar a Merkel, quien lleva 15 años como canciller, aunque era vista como la favorita para sucederla.


Su renuncia ha desvanecido las esperanzas de la canciller Merkel de una transición suave del poder cuando renuncie el próximo año y haya elecciones generales.


Todo esto sucede mientras el Partido Verde alemán se acerca cada vez más en las encuestas.


… y para Alemania


Al igual que los otros partidos, la CDU aún no ha encontrado la fórmula para recuperar a los votantes atraídos por el nacionalismo xenófobo de la AfD, cuya popularidad ha crecido en los últimos años.


La AfD, con una retórica anti-inmigración y anti-Islam, tiene legisladores en los 16 parlamentos estatales de Alemania.


A nivel nacional, la AfD tiene 89 escaños en la Cámara baja del Parlamento (Bundestag), de un total de 709, lo que lo convierte en el mayor partido de oposición.


Su presencia en el Bundestag ha vulgarizado los debates parlamentarios y, posiblemente, sus campañas centradas en la migración y la identidad nacional han roto los viejos tabúes alemanes y desplazado la política hacia la derecha.


La AfD ha encontrado un terreno electoral particularmente fértil en el Este del país. En Turingia el partido duplicó sus votos en las elecciones regionales del año pasado.


Se avecinan unos meses turbulentos para la política alemana. Lo que comenzó como una elección regional no concluyente ha demostrado la capacidad de la extrema derecha de Alemania para causar el caos político al más alto nivel.


  • Corresponsal en Berlín de la BBC

Turquía en busca de poder (Red Voltaire)

Aunque lo ve con regocijo, la prensa internacional interpreta el brusco cambio de posición ‎de ‎Turquía, ahora nuevamente en conflicto con Rusia, como una prueba más del ‎temperamento caprichoso de Erdogan. Thierry Meyssan estima, por el ‎contrario, que Ankara da muestras de constancia en su larga búsqueda de identidad ‎propia, adaptándose cada vez a la nueva situación, a falta de saber definir su lugar.

Thierry Meyssan*


La Turquía actual es heredera, al mismo tiempo, de las hordas de Genghis Kan, del Imperio ‎Otomano y del Estado laico fundado por Mustafá Kemal Ataturk.


Esta Turquía rechazó la ‎definición de sí misma que se planteaba en el Tratado de Sevres (1920) e impuso por la fuerza las ‎modificaciones que serían recogidas después –en el 1923– en el Tratado de Lausana, pero hoy ‎sigue creyéndose incomprendida y despojada de una serie de territorios griegos, chipriotas, sirios ‎e iraquíes que aún sigue reivindicando como suyos. Esta Turquía persiste en la negación de los ‎crímenes que perpetró en el pasado, como el genocidio contra los no musulmanes.

Después de un siglo sin lograr definirse, Turquía aplica una política exterior que se compone de ‎reacciones sucesivas ante las correlaciones de fuerzas regionales y mundiales, con lo cual da la ‎impresión, errónea, de que su voluntad es errática.

El brusco cambio de posición que Turquía acaba de realizar ante Rusia no es resultado de un ‎capricho momentáneo sino, por el contrario, de la continuación de su continua búsqueda de ‎identidad en un entorno inestable.

1- La desaparición de la URSS (1991)


‎‎Turquía, que no había pensado en consolidarse como miembro del bando vencedor de la Guerra Fría, se vio a sí misma carente de una razón de ser ante la disolución de la URSS, el 26 de ‎diciembre del 1991.

El hecho es que Turquía se había planteado modernizarse incorporándose a la comunidad ‎europea, pero los europeos no tenían ninguna intención de aceptarla y se han limitado a prolongar ‎interminablemente las negociaciones, permitiéndole alcanzar solo el estatus de Estado Asociado a la Comunidad Económica Europea –‎desde el 1963– y convertirse en candidato a la membresía –desde el 1987.

Al mismo tiempo, Turquía tenía ante sí una segunda opción: encabezar el mundo musulmán, ‎siguiendo así las huellas del Imperio Otomano. Pero los sauditas, que presiden la Conferencia ‎Islámica, se oponían a ello.


Aparecía entonces una tercera opción para Turquía: restablecer sus ‎vínculos con las poblaciones turco-parlantes de cultura mongola que se habían hecho ‎independientes en Asia Central.

Demasiado indecisa, Turquía dejó pasar el momento oportuno para la tercera variante.


‎Al ponerse a la cabeza de la Operación Tormenta del Desierto para expulsar a Irak de Kuwait, ‎el presidente estadounidense George Bush padre creó un orden regional estable basándose en el ‎triunvirato conformado por Arabia Saudita, Egipto y Siria. Tratando de ganarse un espacio, ‎Turquía estableció entonces una relación privilegiada con el otro huérfano del Oriente Medio, o sea, con Israel, que comparte la obsesión turca de reclamar territorios [1].

‎2- El 11 de septiembre del 2001


‎Al destruir a los dos principales enemigos de Irán –Afganistán e Irak–, el presidente George ‎Bush hijo permitió que ese país volviera a desempeñar un papel en la región. Teherán se puso ‎entonces a la cabeza del “Eje de la Resistencia” (Irán, Irak, Siria, Líbano y Palestina) ante todos ‎los demás países de la región, organizados alrededor de Arabia Saudita e Israel.


A pesar de las apariencias y contradiciendo la lectura simplista que prevalece en Occidente, no se trataba de ‎una oposición entre pro-estadounidenses y anti-estadounidenses, ni tampoco entre chiitas y ‎sunnitas, sino de un conflicto regional ficticio, alimentado por el Pentágono, siguiendo el ‎esquema que ya había aplicado durante la década de la inútil guerra entre Irak e Irán. Pero ‎esta vez, el objetivo final no era debilitar a los dos bandos sino lograr que las poblaciones de la ‎región destruyeran las estructuras de sus propios estados, conforme a la estrategia ‎Rumsfeld/Cebrowski [2].

Siendo el único Estado de la región que entendió a tiempo esa estrategia del Pentágono ‎estadounidense, Turquía optó por protegerse manteniendo buenas relaciones con ambos bandos y ‎predicando el desarrollo económico en vez de la guerra civil regional. Así que se distanció ‎de Israel.

En el 2006, cuando el coronel Ralph Peters publicó un mapa sobre los planes del Estado Mayor de ‎Estados Unidos, pudo verse que Estados Unidos se disponía a desmembrar a Turquía mediante la ‎fundación de un “Kurdistán libre” [3] vagamente basado en el Kurdistán cuya creación se había previsto ‎en el 1920.


Parte de los generales turcos cuestionó entonces el alineamiento de Turquía del lado ‎de Washington y aconsejó establecer otra alianza. Estos generales tantearon el terreno del lado ‎de Pekín –Moscú no había recuperado aún su lugar como potencia militar mundial.


Algunos ‎dieron un paso abriendo un canal de discusión con China y comprando algún armamento a ‎ese país, pero fueron arrestados en el 2008, junto a los responsables del Partido de los ‎Trabajadores (İsci Partisi, formación política de corte kemalista y maoísta), en el marco del ‎escándalo Ergenekon.


Casi todos los oficiales del Estado Mayor turco fueron condenados a ‎largas penas de cárcel, supuestamente por espionaje a favor de Estados Unidos, antes de que ‎la verdad acabara por salir a la luz, con lo cual se anularon todos los juicios contra ellos.

Fue en ese momento cuando Ankara aceptó crear un mercado común con la vecina Siria para ‎protegerse de un eventual desmembramiento de su territorio que tendría como pretexto el ‎llevado y traído tema del “Kurdistán libre”.

‎3- Las «primaveras árabes» (2011)


‎En definitiva, durante la operación anglosajona de las llamadas «primaveras árabes», que tenían ‎como objetivo poner a la Hermandad Musulmana en el poder en todos los países del Oriente ‎Medio ampliado (o Gran Oriente Medio), Turquía creyó poder aprovechar el hecho de que el ‎entonces primer ministro y hoy presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, era miembro de esa ‎cofradía para escapar al caos anunciado.


Así que Turquía “despertó” en Libia a la tribu otomana de ‎los misratas y ayudó a la Otan a derrocar al líder libio Muammar el-Kadhafi, a pesar de ser este ‎último un aliado de Ankara. Después, Turquía entró en guerra contra Siria… que también era ‎su socio comercial. Pero esas dos aventuras dieron al traste con la hasta entonces floreciente ‎economía turca.


Pero cuando Rusia acude en ayuda de Siria y derrota a los yihadistas del Emirato Islámico ‎‎(Daesh), Turquía decide alejarse de las potencias occidentales. Se acerca a Moscú, compra los ‎sistemas antiaéreos rusos S-400 y la central atómica de Akkuyu, se compromete con el proceso ‎de paz en Siria durante los encuentros de Sochi y de Astaná.


La CIA responde manipulando a la ‎organización del predicador islamista turco Fetullah Gulen y financiando el HDP (Partido de las ‎Minorías) contra el AKP (partido islamista del presidente Erdogan).


En resumen, van al historial de ‎la CIA contra Turquía el derribo de un avión ruso de combate Sukhoi-24 en la frontera turco-‎siria, al menos un intento de asesinar a Erdogan, un intento fallido de golpe de Estado y el ‎asesinato del embajador ruso Andrei Karlov, entre otros hechos.

Aturdida, Turquía respondió con una extensa cacería de brujas, llegando incluso a encarcelar a ‎medio millón de personas por un intento de asesinato en el que estuvieron implicados ‎cuando más algunos cientos de militares.

Turquía se situó entonces a medio camino entre Washington y Moscú, buscando su ‎independencia pero corriendo el peligro de verse aplastada en cualquier momento por algún tipo ‎de acuerdo entre los Dos Grandes.


Al mismo tiempo, Turquía se posicionó de tal manera que ‎apoyaba y a la vez obstaculizaba a sus dos padrinos: o sea, participó en la guerra contra Siria y ‎simultáneamente apoyó a Irán e instaló bases militares en Qatar, Kuwait y Sudán.

Además de que no es posible mantener mucho tiempo ese tipo de postura, Turquía se vio ‎dividiendo sus esfuerzos entre 5 frentes al mismo tiempo: la Unión Europea, al firmar con esta un ‎acuerdo sobre los migrantes; el mundo árabe, al cual dice defender ante Israel; Asia Central, ‎que trata de mantener bajo su ala; la Otan, de la cual sigue siendo miembro, y Rusia, a la que ‎trata de seducir.

‎4- El asesinato del general iraní Qasem Soleimani


‎El mundo entero creyó –erróneamente– que, extenuado, Estados Unidos se retiraba del Oriente ‎Medio ampliado, dejando el campo libre a Rusia. En realidad, Washington retiraba ‎sus tropas, pero mantenía su intención de conservar el control de la región a través de sus ‎intermediarios armados, entrenados y numerosos: los yihadistas.

Ante la voluntad estadounidense de proseguir en el Norte de África el plan de destrucción ya ‎iniciado en la parte asiática del Oriente Medio ampliado y estimando que fue probablemente el Gobierno iraní –no Israel– quien ayudó al Pentágono a concretar el asesinato del general Qasem ‎Soleimani, el Gobierno turco volvió a revisar sus planes.

Turquía está de regreso en la órbita de Estados Unidos. Después de haber negociado la paz ‎en Siria, el 13 de enero en Moscú, Turquía desafía ahora bruscamente a Rusia con el asesinato, ‎el 1º de febrero, de 4 oficiales rusos del FSB, en la región siria de Alepo [4].

El Ejército turco, la tribu de los misrata (descendientes de otomanos) en Libia y los yihadistas aún ‎atrincherados en la región siria de Idlib –de los cuales al menos 5 mil fueron trasladados ‎en mes y medio por los servicios secretos turcos– ya comenzaron a desangrar a Libia, con la colaboración quizá involuntaria del mariscal libio Khalifa Haftar. El objetivo es que todas ‎las partes se desgasten al máximo [5].‎


Notas:


[1] The Turkish-Israeli ‎Relationhip. Changing Ties of Middle Eastern Outsiders, Ofra Bengio, Palgrave-Macmillan, ‎‎2004


[2] ‎«El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 22 de ‎agosto ‎del 2017‎‏

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[3] “Blood borders - How a better Middle East would look”, coronel Ralph Peters, Armed Forces ‎Journal, junio del 2006


[4] «Grupos armados por Turquía asesinan a ‎‎4 oficiales rusos del FSB en Siria», Red Voltaire, 4 de febrero del 2020


[5] «Preparación de una nueva guerra», ‎por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 7 de enero del 2020


  • Periodista y activista político francés, autor de investigaciones sobre la extrema derecha, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace

El Pentágono destina al muro fondos que eran para aviones y drones (Página 12)

El Pentágono dejará de comprar varios aviones caza F-35 y drones "Reaper" para destinar 3 mil 800 millones de dólares más al muro que el presidente Donald Trump quiere levantar en la frontera con México, según documentos enviados este jueves al Congreso de Estados Unidos.


Esta medida amplía la reasignación presupuestaria del Pentágono para respaldar la polémica iniciativa de Trump de acelerar la construcción del muro en la frontera Sur del país. Un proyecto de su política anti-inmigrante que el Congreso había bloqueado hasta ahora su financiación.


Los nuevos fondos incluyen 2 mil 200 millones de dólares del presupuesto del Pentágono 2020 que se había asignado para comprar equipos para la Fuerza Aérea y la Marina. El resto proviene de fondos inicialmente destinados a operaciones externas de las Fuerzas Armadas estadounidenses (Afganistán, Siria, Irak).


Esta reasignación lleva a 9 mil 900 millones de dólares los fondos asignados desde julio por el Departamento de Defensa para el muro en la frontera con México, un proyecto insignia de Trump desde la campaña electoral del 2016.


El presupuesto del Pentágono, que supera los 700 mil millones de dólares al año, se asigna a programas estrictamente definidos por el Congreso a propuesta del Ejecutivo.


Pero el Pentágono tiene unos 6 mil millones de dólares en fondos discrecionales que pueden redirigirse siempre que se gasten en programas "urgentes".


Entre los equipos sacrificados por el muro de Trump, los documentos entregados al Congreso mencionan los F-35, los drones armados MQ-9 "Reaper", los aviones de carga C-130J y los aviones de reconocimiento marítimo "Poseidon" P-8.


Casi un millón de migrantes fueron detenidos en la frontera Sur de Estados Unidos en el año fiscal 2019, terminado en septiembre, casi el doble que el año anterior.


Esta afluencia, principalmente de centroamericanos que huían de la violencia y la miseria en su país, provocó una crisis fronteriza, con centros de recepción superpoblados y condiciones sanitarias deplorables.




ECONOMÍA

Adiós Europa (Alai)

Frei Betto


¿Se acuerdan ustedes de la Europa resplandeciente de los últimos veinte años, del lujo de las avenidas de los Campos Eliseos, en París, o de la Knightsbridge, en Londres? ¿Se acuerdan del consumismo exagerado, de los desfiles de modas en Milán, de las fiestas de Barcelona y de la sofisticación de los vehículos alemanes?


Todo ello continúa por allá, pero ya no es lo mismo. Las ciudades europeas son hoy calderos de etnias. La miseria empujó a millones de africanos hacia el viejo continente en busca de la sobrevivencia; el muro de Berlín, al caer, abrió el camino para que los jóvenes del Este europeo buscaran en el Oeste mejores oportunidades de trabajo; las crisis del Oriente Medio favorecieron las oleadas de nuevos inmigrantes.


La crisis del capitalismo, iniciada en el 2008, atacó a fondo a Europa Occidental. Irlanda, Portugal y Grecia, países desarrollados en plena fase de subdesarrollo, extienden la mano a los bancos extranjeros y se cobijan bajo el implacable pararrayos del FMI.


El tren descarriló. La locomotora -los Estados Unidos- casi se paralizó, no consigue volver a su productividad anterior y se atasca en el crecimiento del desempleo. Los vagones europeos, como Italia, se tambalean bajo el peso de deudas astronómicas. Se terminó la fiesta.


Se preveía que la economía global crecería, en los próximos dos años, de un 4.3% a un 4.5%. Y ahora el FMI advierte: prepárense, amárrense los cinturones, pues no pasará del 4%. Hay añoranza del año 2010, cuando creció un 5.1%.


El mundo se puso patas arriba. Europa y los EE.UU. juntos no van a crecer en el 2012 más del 1.9%. Mientras que los países emergentes avanzarán del 6.1% al 6.4%. Aunque no será un crecimiento homogéneo. China, para envidia del resto del mundo, deberá pasar a un 9.5%. Y el Brasil al 3.8%.


Aunque el FMI evite hablar de recesión, ya no teme hablar de estancamiento. Lo que supone proliferación del desempleo y de todos los efectos nefastos que él engendra. En los 27 países de la Unión Europea hoy día hay 22.7 millones de desempleados. Los Estados Unidos van a crecer apenas el 1% y en el 2012 el 0.9%. Muchos brasileños que salieron del país en busca de una vida mejor están regresando.


Frente a la crisis de un sistema económico que aprendió a acumular dinero pero no a producir justicia, el FMI, que sufre una crónica falta de imaginación, saca del sombrero la receta de siempre: ajuste fiscal, lo que significa recortar los gastos del gobierno, aumentar impuestos, reducir el crédito, etc. Nada de subsidios, de aumentos de salarios, de inversiones que no sean estrictamente necesarias.


Resultado: el capital volátil, la montaña de dinero que circula por el planeta en busca de una multiplicación especulativa, deberá venir de armas y pertrechos para los países emergentes. Por tanto, que éstos se cuiden para evitar el sobrecalentamiento de sus economías. Y, por favor, clama el FMI, no reduzcan mucho los intereses, para no perjudicar el sistema financiero y las ganancias del casino de la especulación.


El hecho es que la zona del euro entró en pánico. Hasta el punto de que los gobiernos, sin peligro de ser acusados de comunistas, se prepararon para gravar las grandes fortunas. Muchos países se preguntan si no cometieron una burrada monumental al abandonar sus monedas nacionales para adherirse al euro. Y miran con envidia al Reino Unido y a Suiza, que conservan sus monedas.


¿Y Grecia, endeudada hasta el cuello, que hará? Todo indica que la mejor salida para ella será decretar una moratoria (afectando directamente a los bancos alemanes y franceses) y salirse del euro.


Pero quien se salga del euro habrá de abandonar la Unión Europea. Y por tanto quedará al margen del actual mercado unificado. Ahora bien, cuando aparezcan los primeros síntomas de esa deserción, va a tener que haber un dios que nos socorra: colas para sacar dinero de los bancos, quiebra de empresas, desempleo crónico, turbas de emigrantes en busca de un lugar al sol sabe Dios dónde.


En los años 80 Europa decretó la muerte del Estado de bienestar social. Cada uno para sí y Dios para nadie. El consumismo desenfrenado creó la ilusión de una perenne prosperidad. Ahora la bancarrota obliga a gobiernos y bancos a poner las barbas en remojo y a repensar el actual modelo económico mundial, basado en la ingenua y perversa creencia de la acumulación infinita.


Traducción de J. L. Burguet



SOCIEDAD

Youtube empuja a los usuarios hacia vídeos radicales y de extrema derecha (El Diario)

La tendencia a la radicalización progresiva en los contenidos que consumen los usuarios de YouTube ha sido un tema recurrente en investigaciones periodísticas y de organizaciones especializadas en los últimos años. Un estudio presentado en la Conferencia tecnológica FAT en Barcelona a expertos mundiales en la equidad y transparencia de los algoritmos, ha podido probar que "los usuarios migran constantemente de contenido más moderado a más extremo" y que buena parte de los miembros que integran las comunidades de extrema derecha en la plataforma comenzó viendo videos sobre temáticas similares, pero de contenido mucho menos radical.


Hemos encontrado fuertes evidencias de radicalización entre los usuarios de YouTube, y que el sistema de recomendación de contenidos permite a los canales de extrema derecha ser descubiertos, incluso en un escenario sin personalización" del algoritmo, aseveran en el estudio los investigadores, procedentes de la Escuela Politécnica de Lausana (Suiza), de la Universidad de Minas Gerais (Brasil) y de la Universidad de Harvard (EEUU).


La investigación se ha basado en el análisis de 330925 videos de 349 canales de YouTube, así como de los más de dos millones de videos y diez millones de canales que recomendó el algoritmo de la plataforma a partir del visionado de los primeros. Para seguir el rastro de los usuarios y comprobar la evolución de los contenidos que consumían, los autores han analizado sus comentarios en estos videos, más de 72 millones en total.


Los comentarios y videos analizados pertenecían a tres comunidades "tradicionalmente asociadas a la radicalización": la IntellectualDark Web, que comenta temas controvertidos como, por ejemplo, la relación entre raza y coeficiente intelectual, aunque sin apoyar necesariamente ideas extremistas o racistas; la alt-lite, un concepto surgido en EEUU en 2017 para nombrar una nueva corriente en la derecha caracterizada por rechazar el conservadurismo moderado tradicional pero también ideas de extrema derecha como el supremacismo blanco; y por último la alt-right o extrema derecha, comunidad cuyos videos difunden abiertamente ideas racistas, machistas o negacionistas con el cambio climático.


Lo que han encontrado los investigadores es que es fácil que los videos de las dos primeras comunidades, más moderadas, sean promocionados por la plataforma en una búsqueda sencilla de contenidos. No así los que se pueden clasificar como de extrema derecha, que no aparecen en esas búsquedas superficiales. Sin embargo, a partir del estudio de los comentarios en los videos de la IntellectualDark Web y de la alt-lite, los investigadores encontraron hasta un 26% de los usuarios que habían comentado esos vídeos aparecían "al cabo de los años" comentando en videos etiquetados como de extrema derecha por efecto de las recomendaciones.


El estudio muestra que esta tendencia se ha ido acelerando desde 2016, cuando apareció en escena Donald Trump. Los mayores saltos de las comunidades más moderadas hacia la extrema derecha se producen precisamente a partir de esa fecha. Por ejemplo, hasta un 12% de los usuarios que empezaron a comentar videos moderados en 2017 fue expuesto a contenidos de extrema derecha por la plataforma en los siguientes 18 meses. Esta cifra equivale a 60 000 personas.


Para comparar el trasvase de usuarios entre las comunidades de la IntellectualDark Web y la alt-lite con la extrema derecha con el que se produce desde otro tipo de canales, los investigadores han analizado también cuántos consumidores de videos de noticias terminan apareciendo como comentaristas de los contenidos radicales. En este caso el porcentaje se mueve en torno al 1%.


Aunque todo apunta a que el algoritmo de YouTube guía a los usuarios de la plataforma a contenidos cada vez más extremos, los investigadores aclaran que no tienen pruebas de ello. Entre otras cosas, porque no han introducido la variable de la personalización en la recomendación de contenidos. "Aunque argumentamos que existe una fuerte evidencia de la existencia de espirales de radicalización en YouTube, nuestro trabajo proporciona poca información sobre por qué existen esas espirales. Elucidar esas causas", explican los investigadores, "será importante para comprender mejor los procesos de radicalización y el impacto de las redes sociales en nuestras vidas".


"Por lo que sabemos, esta es la primera auditoría cuantitativa a gran escala de la radicalización de usuarios en YouTube", defienden.


YouTube critica el estudio


"Estamos totalmente en desacuerdo con la metodología, los datos y, lo que es más importante, con las conclusiones que se han extraído de esta nueva investigación", ha explicado un portavoz de YouTube en un comunicado remitido a eldiario.es. "Si bien aceptamos la investigación externa, este estudio no refleja los cambios que se han producido como resultado de nuestra política del discurso del odio y las actualizaciones de las recomendaciones", recogen.


Respecto a la metodología, los investigadores defienden que rastrear los comentarios de los usuarios es un buen método de análisis, debido a que los videos de las tres comunidades analizadas tienen un alto grado de engagement. En el caso de la extrema derecha es particularmente alto, ya que uno de cada cinco usuarios que ven un video con este tipo de contenido lo comenta. Además, estas aportaciones son abrumadoramente positivas: de los 900 comentarios seleccionados aleatoriamente para analizar esta cuestión (300 en cada comunidad), "solo cinco podían interpretarse como críticos con el video al que estaban asociados", señala el estudio.


"En los últimos años, hemos invertido mucho en políticas, recursos y productos necesarios para proteger a la comunidad de YouTube", responden desde la empresa, propiedad de Google: "Cambiamos nuestros algoritmos de búsqueda para garantizar que el contenido más fidedigno apareciese y se etiquetase de forma destacada en los resultados y recomendaciones de las búsquedas, y comenzamos a reducir las recomendaciones de contenido y videos de carácter dudoso que podrían desinformar a los usuarios de forma perjudicial". Aseguran que gracias a este cambio se ha reducido un 50% las recomendaciones de este tipo de contenido extremista por parte de su algoritmo.


CIENCIA Y TECNOLOGÍA

Robert Epstein: cómo el sesgo de los gigantes tecnológicos amenaza las elecciones libres y justas (The Epoch Times)

Irene Luo y Jan Jekielek


Los gigantes tecnológicos tienen “toda una clase de técnicas” exclusivamente a su disposición “para cambiar las opiniones, pensamientos, actitudes, creencias, compras y votos sin que la gente lo sepa, y sin dejar un rastro en papel”, dijo Robert Epstein en una entrevista con La Gran Época para el programa “American ToughtLeaders”.


Epstein, psicólogo investigador principal del Instituto Americano de Investigación y Tecnología del Comportamiento y exeditor jefe de PsychologyToday, ha dedicado los últimos seis años y medio a investigar el sesgo de los gigantes tecnológicos, especialmente Google, que domina el mercado de los motores de búsqueda.


“Los estadounidenses ven los resultados de búsqueda en Google unos 500 millones de veces al día. Google controla aproximadamente el 90 por ciento de las búsquedas. El siguiente motor de búsqueda más grande, Bing, controla alrededor del dos por ciento de las búsquedas”, señaló Epstein.


La investigación de Epstein, revisada por colegas, encontró que los que participaron de la investigación fueron notablemente susceptibles al sesgo: el sesgo de los motores de búsqueda podía fácilmente cambiar el 20 por ciento o más de los votos en una elección. También encontró que mientras que los resultados en Google se inclinaban sustancialmente hacia la izquierda, los resultados en Bing y Yahoo en cambio no lo hacían.


El 9 de septiembre, se anunció que 48 estados de Estados Unidos, el Distrito de Columbia y Puerto Rico han abierto una investigación antimonopolio bipartidista sobre Google. La nueva investigación ocurre luego de las investigaciones existentes sobre Facebook, Google, Apple y Amazon realizadas por el Departamento de Justicia y la Comisión Federal de Comercio.


Una de las principales formas de sesgo que Epstein investigó es el efecto de la manipulación del motor de búsqueda, algo que comenzó a explorar después de encontrar una investigación en 2012 sobre cómo los rankings de los resultados de búsqueda afectan a las compras y los clics. Esta decía que los usuarios tendían a confiar más en los resultados de búsqueda mejor clasificados, hasta el punto de que el 50 por ciento de los clicks iban a los dos primeros puestos.


Para estudiar cómo los rankings de los motores de búsqueda podían cambiar las preferencias de votación, llevó a cabo una serie de experimentos en los que mostró resultados de búsqueda sesgados a grupos de personas asignadas al azar. Utilizaron un motor de búsqueda similar a Google, Kadoodle, que ofrecía resultados de búsqueda reales y páginas web extraídas de Google. La única diferencia fue el ranking de los resultados.


A un grupo se le mostraron resultados sesgados hacia un candidato, a otro se le mostraron resultados sesgados hacia el otro candidato, y al grupo testigo se le mostraron resultados mixtos, con sesgos en ambas direcciones. Antes y después de ver los resultados de la búsqueda, se les preguntó a los participantes qué pensaban de los candidatos y por quién votarían si tuvieran que decidir en ese momento.


“Pensé que podría producir un cambio en las preferencias de voto y opiniones de tal vez dos o tres por ciento”, dijo Epstein. “Con el primer experimento que realicé, el cambio que tuve fue del 48 por ciento”.


Epstein realizó más de una docena de experimentos diferentes, en los que cada vez encontraba cambios sustanciales. En un estudio nacional a gran escala en los 50 estados de Estados Unidos con más de 2000 participantes, Epstein encontró que entre los diferentes grupos demográficos, algunos eran especialmente susceptibles a la manipulación, con cambios en las preferencias de hasta el 80 por ciento.


Estos cambios reflejan el comportamiento real en las urnas, dijo Epstein. Investigaciones en base a encuestas demostró que “si se le pregunta a la gente a quién van a votar, resulta que es un muy buen indicador de a quién va a votar en realidad”, dijo. “En términos generales, estamos hablando de un 90, 95 por ciento de precisión en las predicciones”.


Y según Epstein, lo que encontraron en sus experimentos probablemente subestimó el impacto real que tiene Google, ya que la mayoría de sus experimentos tuvieron participantes que realizaron una sola búsqueda online.


“En la vida real, en un período de semanas o meses la gente hace muchas búsquedas relacionadas con las elecciones. Si están indecisos, eso significa que están siendo alcanzados una y otra vez con resultados de búsqueda sesgados, llevándolos a páginas web que favorecen a un candidato”, dijo.


Hasta ahora, Epstein identificó doce técnicas importantes de gigantes tecnológicos que pueden cambiar percepciones y opiniones.


Otra forma fácil de influir en los votantes es mediante mensajes dirigidos, como el envío de recordatorios de “ir a votar” solo a personas con ciertos sesgos políticos. Basado en los cálculos de Epstein utilizando los datos publicados por Facebook en 2012, Hillary Clinton habría recibido 450 000 votos más el día de las elecciones de 2016 si Facebook hubiera enviado un recordatorio de “ir a votar” solo a los usuarios de tendencia izquierdista.


Y particularmente, incluso si Google enviara un recordatorio a todos, tanto liberales como conservadores –como lo hizo al cambiar el logotipo de su página de inicio en 2018– eso daría a los demócratas más de 800000 votos más de los que les habría dado a los republicanos, simplemente porque Google tiene más usuarios de tendencia izquierdista que de tendencia derechista, de acuerdo con Epstein.


Sin rastros


A principios de 2018, una filtración a The Wall Street Journal incluyó un correo electrónico de un empleado de Google que mencionaba el uso de “experiencias efímeras” para contrarrestar la política de inmigración de Trump.


“¿Qué es una experiencia efímera? Eso significa que escribes algo, digamos una palabra en el motor de búsqueda. Y algunos resultados se generan en el momento solo para ti. Te impactan, desaparecen; se han ido. Y no están almacenados en ningún sitio. Y no se puede retroceder en el tiempo y encontrarlos”, dijo Epstein.


“Esta es una manera fantástica de manipular a la gente”, porque no deja rastro documentado, y las personas rara vez detectan el sesgo, afirmó.


“Y aquí hay algo escalofriante. El muy, muy pequeño número de personas que pueden detectar el sesgo, se mueven aún más en dirección del sesgo”.


“La mayoría de estos tipos de influencia nunca han existido antes en la historia de la humanidad. Son posibles gracias a Internet. Son posibles gracias a estos enormes monopolios tecnológicos, y están enteramente en manos de estos monopolios tecnológicos”.


“En las elecciones, nos influencian los carteles publicitarios, los programas de radio, los programas de televisión y los anuncios, entre otros. Todo eso es competitivo. Y en ese sentido, probablemente sea algo bueno. Es bueno para la democracia que haya tanta rivalidad por ahí compitiendo por tu atención y tratando de convencerte de esto o aquello. Pero si hay sesgos en los resultados de búsqueda, eso es controlado por la plataforma, en este caso, Google. Eso no es competitivo”.


Incluso si encuentras y puedes medir tal sesgo, “no lo puedes contrarrestar”, señaló.


Elecciones de 2016


En 2016, Epstein estableció un sistema secreto de monitoreo que mostró que los resultados de Google estaban significativamente sesgados hacia Clinton en los meses previos a la elección presidencial.


Epstein tenía 95 agentes de campo en 24 estados que realizaban búsquedas relacionadas con las elecciones con palabras claves neutrales en Google, Bing y Yahoo. Los resultados de todas estas búsquedas se guardaron.


“Pudimos preservar 13 207 búsquedas relacionadas con las elecciones, así como las 98044 páginas web a las que dirigían los resultados de la búsqueda”, dijo Epstein. En efecto, fueron capaces de capturar permanentemente imágenes de lo que normalmente son experiencias “efímeras”.


Epstein decidió solo recolectar los datos, pero no analizarlos antes de las elecciones de 2016, porque si encontraba un sesgo, se enfrentaría a un dilema imposible.


“¿Qué haría yo? Quiero decir, si lo anunciaba, habría habido un caos absoluto, especialmente, creo, si había un sesgo en contra de Donald Trump. Y si no lo anunciaba, entonces sería cómplice en la manipulación de una elección”, dijo.


En el análisis, “encontramos un sesgo sustancial a favor de Hillary Clinton en las 10 posiciones de búsqueda en la primera página de los resultados de búsqueda en Google, pero no en Bing o Yahoo”, dijo, añadiendo que la probabilidad de que el sesgo se deba únicamente a la casualidad era de menos de 1 en 1000.


A través de una serie de cálculos, Epstein concluyó que, si este nivel de parcialidad estuviera presente en todo el país, se habrían trasladados entre 2,6 y 10,4 millones de votos a Clinton.


Epstein se describe como un moderado que se inclina hacia el liberalismo. Ydurante mucho tiempo apoyó a los Clinton. “Pero sentí firmemente que, dado que nuestros resultados eran tan claros, yo tenía la responsabilidad de informar sobre los hallazgos”, dijo.


Clinton ganó el voto popular por más de 2,8 millones de votos, pero el voto popular “podría haber sido muy diferente”, dijo Epstein, si no hubiera habido sesgo en los resultados de búsqueda de Google.


“Fue incómodo para mí tener que reconocerlo, tener que anunciarlo. Pero esa fue la conclusión a la que llegué con la investigación”.


La gente confía en los rankings de búsqueda de Google, dijo, porque creen que es generado por un algoritmo informático y, por lo tanto, debe ser imparcial. Lo que fue especialmente perturbador fue la manipulación subliminal; en la mayoría de los casos, “la gente no puede ver el sesgo en los resultados de búsquedas”.


Para las elecciones de mitad de período de 2018, Epstein estableció un sistema de monitoreo más amplio que se centró en tres distritos republicanos en el Condado de Orange, California, que terminaron volviéndose demócratas. Encontró que en Google (pero no en Bing o Yahoo), los resultados de las búsquedas estaban fuertemente sesgados a favor de los candidatos demócratas.


Según los cálculos de Epstein, si ese mismo nivel de sesgos hubiera estado presente en todo EEUU en 2018, habría desplazado más de 78,2 millones de votos en diferentes elecciones a nivel estatal, regional y local.


¿Es intencional el sesgo de los gigantes tecnológicos?


Google insiste en que sus algoritmos para los rankings de búsquedas evolucionan en función de la actividad “orgánica” de los usuarios que interactúan con el algoritmo.


“En mi opinión, eso no tiene ningún sentido. He sido programador desde que era adolescente”, dijo Epstein. “El hecho es que Google tiene control total sobre lo que sucede”.


“Digamos que hay muchos usuarios que se inclinan a la izquierda o a la derecha, el algoritmo puede responder de cualquier manera que esté programado para responder. Así que simplemente no me lo creo que esto fue solo culpa del algoritmo o del usuario”.


Aunque cree que Google tiene el control total del ranking de búsqueda, eso no significa necesariamente que los ingenieros de Google hayan diseñado deliberadamente sus algoritmos para que tengan una tendencia izquierdista.


“Admito que solía estar obsesionado con querer saber si los ejecutivos de una empresa como Google o simplemente empleados deshonestos estaban jugando con los resultados de búsqueda y sugerencias de búsqueda”, dijo.

Sin embargo, ahora Epstein no cree que eso importe. Independientemente de si la gente que trabaja en los gigantes de la tecnología ha sesgado intencionalmente los resultados, o si simplemente fueron negligentes con los sesgos políticos, la realidad es que tienen un enorme impacto en el pensamiento, el comportamiento y los votos, incluso en lugares distantes del mundo, remarcó.


“Digamos que, en muchos países, no les importa. Para muchas elecciones, digamos que no les importa, pero el algoritmo todavía va a hacer lo suyo”, dijo. “Su algoritmo es para decirte qué es lo mejor, y lo que es mejor va en la cima”.


“Así que me di cuenta de que es muy posible que muchos de los acontecimientos importantes de la historia de la humanidaden este momento no estén determinados por los planes, objetivos y estrategias de los seres humanos en una empresa como Google, sino por programas informáticos que simplemente se están dejando que hagan lo suyo. Para mí, eso es mucho más aterrador que pensar que un ejecutivo de Google quiera gobernar el mundo”.


“El hecho es que hemos soltado sobre la humanidad poderosos algoritmos informáticos, que están impactando a la humanidad”.


Combatir el sesgo en 2020


Para las elecciones de 2020, Epstein planea lanzar un sistema de monitoreo mucho más ambicioso para rastrear el sesgo de los gigantes tecnológicos.


“Creo que las empresas de tecnología van a hacer todo lo posible” en 2020, dijo. “Creo que fueron muy cautelosos y demasiado confiados en 2016. Creo que hay un montón de cosas locas que podrían haber hecho para cambiar los votos, que simplemente no hicieron”.


A medida que se acercan las elecciones de 2020, Epstein planea establecer al menos mil agentes de campo en los cincuenta estados de Estados Unidos. “Yesta vez estamos planeando utilizar la inteligencia artificial –hemos estado trabajando en esto en los últimos meses– para analizar la enorme cantidad de datos que recibimos todos los días en tiempo real. Esto significa que si encontramos pruebas de parcialidad o de algún tipo de manipulación, lo anunciaremos. Lo anunciaremos tan pronto como estemos seguros de que lo hemos encontrado (…) ya sea a los medios de comunicación o a la Comisión Federal Electoral o a otras autoridades”, dijo.


“Y eso va a crear una especie de caos. Pero es el tipo de caos que necesitamos tener”.


Él espera que este proyecto de monitoreo anime a los gigantes de la tecnología a poner fin a los sesgos políticos en sus plataformas.


Por otro lado, dijo, “si no retroceden, y seguimos detectando y capturando pruebas de manipulación de votos a gran escala, creo que francamente estas empresas pagarán un precio terrible. Creo que podrían haber acciones civiles en su contra y posiblemente acciones penales en su contra”.


De cualquier manera, dijo Epstein, “la democracia gana. Y esa es mi preocupación. No me preocupa ningún partido o candidato en particular, aunque me inclino hacia la izquierda. Me preocupa la democracia y las elecciones libres y justas”.


Él cree que Google podría fácilmente eliminar el sesgo político en sus resultados de búsqueda utilizando técnicas que ya están desarrolladas para lidiar con lo que ellos describen como “parcialidad algorítmica”.


Tales técnicas se convirtieron en el foco de atención debido a la enorme colección de documentos filtrados recientemente por ZacharyVorhies, un exingeniero de software de Google. Un simple ejemplo es la palabra clave “inventores americanos”. Mientras que los resultados originales habrían mostrado una mayoría de hombres blancos, para hacer que los resultados sean más “justos”, se pueden poner más estadounidenses negros entre los primeros resultados.


Si las técnicas de imparcialidad del aprendizaje automático pueden corregir lo que los ingenieros de Google ven como injusticia racial, lo mismo podría hacerse fácilmente con los sesgos políticos, en opinión de Epstein.


“Y creo que tenemos que pensar más allá de Estados Unidos, porque una empresa como Google está afectando a más de dos mil millones de personas en todo el mundo. Dentro de tres años, esa cifra aumentará a más de cuatro mil millones de personas”, recalcó.


“Pueden literalmente impactar el comportamiento del pensamiento, las actitudes, las creencias, las elecciones en casi todos los países del mundo”.


“En mi opinión, eso significa construir sistemas de monitoreo más grandes y mejores para vigilar a empresas como Google. Creo que eso es necesario, no solo para proteger la democracia en todo el mundo, sino para proteger la autonomía humana”.


“American ThoughtLeaders” es un programa de Epoch Times disponible en Facebook y YouTube.


  • Sicólogo investigador principal del instituto Americano de Investigación y Tecnología del Comportamiento y ex editor jefe de PsychologyToday, en Washington


MEDIO AMBIENTE

El sueño de Bolsonaro: destruir la Amazonía (La Jornada)

ván Restrepo*


Varios lectores de mi artículo del lunes pasado observaron que, al referirme a la tragedia que causó el fuego en Australia, África, Rusia y Estados Unidos, no cité los miles de incendios que asolaron a la Amazonía. Tienen razón.


Desde finales de julio, el pulmón verde del mundo registró más de 72 mil, de tal magnitud que algunos estados de Brasil declararon emergencia. Fueron 83% más que los del 2018. El humo de los siniestros oscureció la ciudad de Sao Paulo. También incendios sin precedente afectaron a la parte amazónica de Paraguay y Bolivia.


El motivo fundamental para que el fuego acabe con una selva milenaria es abrir espacios a la agricultura comercial, en especial de soya para la exportación, y a la ganadería extensiva.


Muy distinto piensa el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro. Sugirió que detrás de los siniestros se escondían Organizaciones No Gubernamentales que llevan a cabo acciones criminales para atraer la atención en mi contra.


En Naciones Unidas negó que la selva estuviera en llamas o siendo devastada. Después dijo no necesitar la ayuda extranjera de países como Noruega y Francia. Al gobierno del primero le recomendó que el dinero que ofrecía para combatir los incendios se lo diera a la canciller Ángela Merkel para reforestar Alemania.


Tales desfiguros diplomáticos fueron rechazados hasta por los gobernadores de los estados de la Amazonía que recalcaron la importancia de la ayuda externa.


Durante su campaña electoral, Bolsonaro dijo que, como Trump, sacaría a Brasil del Acuerdo de París, el cual busca atacar el cambio climático, mas poco antes de las elecciones dio marcha atrás, pero siempre y cuando la soberanía de Brasil en la Amazonía no se viera amenazada. Asunto que nadie cuestiona, pero sí que la extensa selva tropical sea devastada por los efectos adversos que tendría para el clima global y para quienes viven en ella. Y porque a mayor deforestación más posibilidades hay de incendios.


La culpa de lo que ocurre en Brasil es fundamentalmente de un gobierno que duda del cambio climático y concede al crecimiento económico mayor prioridad que al cuidado del ambiente, que actuó muy tarde para luchar contra las llamas y detener a menos de 100 personas que intencionalmente provocaron incendios, cuando fueron muchas más. Las multas por los daños a la naturaleza fueron irrisorias.


Otra prueba de la política destructiva del Gobierno brasileño es el reciente proyecto de ley que abre las tierras de las comunidades indígenas a las actividades agropecuarias, mineras y de generación de energía. Esas comunidades no desean que los grandes intereses económicos locales y extranjeros implanten su modelo en la selva tropical más importante del mundo.


Al enviar al Congreso el polémico proyecto, Bolsonaro dijo que era la culminación de un sueño que acabará con la minería ilegal. Y al afirmar que en el Congreso brasileño va a tener presiones de los ambientalistas, dijo que a esa gente ligada al medio ambiente, si un día pudiese los confinaría en la Amazonía.


Confía en que el proyecto lo aprueben sus fieles congresistas y los voceros de los agro-negocios. Y para presionar a las comunidades indígenas nombró a Ricardo Lopes, antropólogo y misionero evangélico, al frente del organismo que se ocupa de los indios aislados y de contacto reciente, quienes tuvieron la protección del máximo organismo indígena del país, a fin de respetar un aislamiento cada vez más amenazado por las actividades madereras y agropecuarias.


En el pasado, Lopes promovió la evangelización de los habitantes originarios de la Amazonía. La organización Survival International afirmó que confiarle a este sujeto la responsabilidad de los pueblos indios aislados era como meter a un zorro dentro del gallinero.


Los líderes indígenas calificaron el proyecto de ley como etnocida y ecocida. El pueblo de Brasil y todos los interesados en el futuro de la Tierra debemos protestar por este nuevo despropósito del Presidente brasileño.


  • Investigador, escritor y editorialista en temas de Medio Ambiente y Desarrollo


== LA REVISTA DEL LUNES==

No. 51/La Habana, lunes 2 de marzo del 2020 / Año 62 de la Revolución / RNPS 2442

El capitalismo es una mafia peligrosa disfrazada de legal

Marcelo Colussi*


El capitalismo, como sistema socio-económico y político, se basa en la explotación del trabajo de las grandes mayorías. Nació con las manos manchadas de sangre (la única manera de generar riqueza es con el trabajo… de los otros), y sigue ese mismo camino. En realidad, no puede seguir otro derrotero: no hay capitalismo “bueno”. El Estado benefactor, los planteos socialdemócratas, son posibles solo en algunos escasos lugares (Europa Occidental, por ejemplo, y en particular los países nórdicos); pero ellos presuponen una gran acumulación de riqueza posible de “chorrearse” hacia abajo, la cual se consigue solo con la super explotación de alguien (para el caso, el Tercer Mundo, África, Latinoamérica, zonas de Asia). El capitalismo lleva en sus entrañas la explotación del trabajador; esa es su esencia.


Durante años, sin embargo, se entronizó el “trabajo duro” como vía para la generación de riqueza, como el símbolo por antonomasia del capitalismo. Los primeros cuáqueros que, procedentes de Gran Bretaña, desembarcaron en las colonias norteamericanas, con su esfuerzo (y matando indígenas) construyeron la principal potencia capitalista. En tal sentido, el trabajo fecundo y el ahorro fueron los baluartes del orden capitalista. Pero actualmente eso cambió. Hoy día los “negocios sucios” pasaron a ser la fuerza principal que dinamiza al sistema en su conjunto.


La especulación financiera, el negocio de las armas (principal industria a nivel global), el tráfico de drogas ilícitas, el lavado de capitales “negros”, el crimen organizado en su conjunto, la guerra, no son una nota marginal en el capitalismo actual: ¡son su esencia, su savia vital, su núcleo fundamental! El capitalismo ha pasado a ser, lisa y llanamente, una mafia, un orden delincuencial debidamente legalizado. La corrupción sistemática ya no es una enfermedad del sistema, un cuerpo extraño que lo ataca: es su dinámica cotidiana, lo que constituye y define su forma actual.


El capitalismo contemporáneo, manejado por megacapitales de alcance planetario, se asemeja más a una estructura mafiosa, corrupta y delincuencial que al espíritu empresarial que lo puso en marcha hace ya algunos siglos. La “aventura” de invertir y buscar hacer prosperar el negocio, sabiendo que ello puede suceder pero que no está asegurado de antemano –el riesgo ocupaba un lugar– se cambió hoy día por un esquema donde la ganancia fácil es la norma. Para ello, este nuevo diseño corrupto se asegura su “éxito” con prácticas más de orden criminal que empresarial. La ganancia se garantiza al precio que sea, y si es por medio de la fuerza bruta, no importa: el fin justifica los medios. La proclamada “libre competencia” (la “mano invisible” del mercado) quedó en la historia. El mundo pasó a ser el campo de acción de bandas delincuenciales… ¡legales!, con poderes omnímodos que se dan el lujo de hablar de democracia y libertad.


Como ejemplo: en los últimos 35 años el negocio de las drogas ilícitas dentro del territorio estadounidense creció de un promedio de 17 a 400 toneladas anuales: 2 353%. Junto a ello, el negocio de las armas, fabricadas por las principales potencias mundiales encabezadas por Estados Unidos, produce igualmente ganancias fabulosas, siempre manejadas con criterios criminales, mafiosos.


Por lo pronto, el negocio militar (que ocasiona dos muertes por minuto a escala planetaria) no se parece a ningún otro. Por su relación con la seguridad nacional de cada país, funciona en un ambiente de alto secretismo nadie ejerce control sobre él. Y en general los gobiernos no siempre están dispuestos o son capaces de controlar las ventas de armas de forma responsable. Es decir: el negocio de las armas no es transparente, se maneja como asunto mafioso. Por no ser de conocimiento público, no está sujeto a ninguna fiscalización, vendiéndose tanto en el mercado legal como en el negro.


El capitalismo actual se basa fundamentalmente en el sistema financiero internacional. Esos mega-capitales, que no tienen patria, que responden solo a la lógica del dinero fácil y rápido, se mueven en un espacio de extraterritorialidad ajeno a leyes nacionales, a superintendencias bancarias, a convenios internacionales. Ese espacio no controlado (igual que el del negocio de las armas o de las drogas ilegales) –y que impone en muy buena medida la marcha del mundo– es el de los llamados paraísos fiscales y la banca offshore.


Ahora ya no se trata de competir, de seguir respetuosamente las leyes de mercado. Ahora la avidez por la ganancia inmediata es el nuevo norte. Todo se vale. Igual que un criminal, el dinero fácil es el único objetivo: la guerra, el crimen, la droga, la especulación financiera, el robo descarado…, todo eso reemplazó al espíritu emprendedor y laborioso de algunos siglos atrás.


Hoy como ayer, estamos ante los mismos problemas: el sistema beneficia a muy pocos a costa de las mayorías. La diferencia es que en la actualidad toda esta delincuencial corrupción se ha disfrazado de legal. En otros términos: estamos en las manos de unos cuantos delincuentes peligrosos, llenos de poder y dispuestos a cualquier cosa para seguir manteniendo sus privilegios. Y cuando decimos “cualquier cosa”, queremos decir exactamente eso: cualquier proceder criminal, transgresor, enfermizamente psicópata, se vale para mantener los privilegios.


En esa lógica pueden apuntarse las más increíbles y monstruosas acciones: inventar guerras, atacar población civil, trucar atentados terroristas, generar y usar armas bacteriológicas, endeudar artificialmente en forma inmisericorde a países para luego cobrarse las deudas, desarrollar armas secretas que ni la más espeluznante película de terror puede concebir… Todo ello empalidece totalmente el proceder de las bandas delincuenciales de la mafia, quienes quedan como tiernos niños de pecho ante tanta malicia.

El capitalismo, cada vez más, es esa serpiente viperina que expolia a la gente y a la naturaleza, sin poder ofrecer salidas reales a los grandes problemas globales. Pero nos alienta saber que la historia no ha terminado, y tal como dijo el español Xabier Gorostiaga “los que seguimos teniendo esperanzas no somos estúpidos”.


  • Sicólogo, periodista y licenciado en Filosofía, de familia italiana, nació y creció en Argentina


Tomado de ALAI/13 de febrero del 2020

Enfermedades que nos empobrecen, sitemas de saludarcaicos

María Luisa Ramos Urzagaste*


En América Latina y el Caribe, más de 600 000 personas mueren cada año por enfermedades como las cardiovasculares, la obesidad y diabetes. En lo que va del año, hay más de 125 000 casos de dengue en las Américas. Pero ahora solo se habla del coronavirus.


Lo cierto es que el COVID-19 ha expuesto una cruda realidad: no estamos preparados para enfrentar pandemias, epidemias ni nuevas enfermedades. El mundo cruza los dedos para que China logre frenar su expansión. Pues en la mayoría de los países, los sistemas de salud están obsoletos y no son de acceso universal.


El mundo ha cambiado radicalmente en las últimas cuatro décadas. La globalización impulsada por el modelo neoliberal ha provocado un mayor consumismo, una creciente urbanización, un mayor hacinamiento, predominio de alimentos ultraprocesados, el sedentarismo va en ascenso, nuestra vida diaria no se concibe sin el uso de químicos y el aire que respiramos está contaminado.


Esta situación ha generado nuevas vulnerabilidades. Todo esto lleva a que los sistemas sanitarios actuales estén ingresando a una peligrosa zona de obsolescencia. Peor aún, estos sistemas (pobres) no son de acceso universal.


A pesar de ello, el mundo no toma conciencia de que ha ocurrido una especie de metamorfosis epidemiológica, y cada vez tienen más peso las enfermedades no transmisibles, crónicas, como las cardiovasculares y respiratorias crónicas, el cáncer y la diabetes. Han surgido nuevos males, contagiosos, a los cuales los humanos somos altamente vulnerables.


Si bien aún no se reportan casos de COVID-19 en Latinoamérica, el Caribe ni en África, no se debe relajar la vigilancia por el peligro de una expansión global.


Lo cierto es que el coronavirus ya es una especie de pandemia mediática que además está afectando a múltiples sectores como al turismo y el comercio. El FMI ha dicho que habrá una afectación económica.


¿Quién paga los gastos?


Pero mientras los medios y las redes sociales se enfocan primordialmente en el coronavirus, en lo que va del año 2020, se han reportado más de 125 000 casos de dengue en las Américas. En Bolivia, Honduras, México y Paraguay hay más casos de dengue en las primeras cuatro semanas de 2020 que en el mismo periodo de 2019.


El pasado año, más de tres millones de casos de dengue fueron reportados en la región de las Américas, según informó la Organización Panamericana de la Salud (OPS). A Brasil le corresponde el 70% de afectados, con más de dos millones y más del 50% de las muertes. México reportó más de 268 000, seguido por Nicaragua, Colombia y Honduras con más de 100 000 afectados cada uno.


¿Pero quién asume los costos de los tratamientos? ¿Quién debería garantizar la salubridad del entorno? ¿Quién pierde cuando miles de ciudadanos no pueden ir a trabajar o tienen la salud deteriorada?


No, no es un virus el que mató a 41 millones de personas en 2019 en el mundo: según la OMS, las enfermedades no transmisibles, como las enfermedades cardíacas, la diabetes y el cáncer, son responsables de más del 70% de todas las muertes anuales en el planeta.


La OMS advierte que, de continuar las tendencias actuales, habrá un aumento del 60% de los casos de cáncer en el mundo en el transcurso de los próximos dos decenios. El aumento mayor (81%) en el número de casos nuevos tendrá lugar en los países de ingresos bajos y medianos, donde las tasas de supervivencia actualmente son las más bajas.


En los países de América Latina, el cáncer es la segunda causa de muerte. En 2018, se diagnosticaron 3,8 millones de casos y 1,4 millones de personas murieron por esta enfermedad. La OMS dijo que "si las personas tienen acceso a la atención primaria y luego a los sistemas de derivación, es posible detectar temprano el cáncer, tratarlo eficazmente y curarlo".


Los pronósticos no son alentadores: se prevé que para el 2030, en esta región, el número de personas diagnosticadas con cáncer aumentará un 32% y ascenderá a más de cinco millones de personas por año, debido a que la población está envejeciendo y a la exposición a factores de riesgo, entre otras razones.


A este lóbrego panorama se suma el VIH/SIDA, que mata a casi un millón de personas por año en el mundo. Desde el comienzo de la epidemia, 70 millones de personas contrajeron la infección y alrededor de 35 millones murieron. En la actualidad, 37 millones viven con VIH en el mundo.


No nos alimentamos, solo 'ingerimos'


Cada año, 600 000 personas mueren en América Latina y el Caribe debido a enfermedades relacionadas con la obesidad, diabetes, hipertensión y enfermedades cardiovasculares.


La prevalencia de la obesidad en adultos en América Latina y el Caribe se ha triplicado desde los niveles que había en 1975 y afecta a casi un cuarto de la población. El aumento más considerable en adultos se observó en el Caribe, donde creció de 6% en 1975 a 25%, un incremento de 760.000 a 6,6 millones de personas.


El ritmo de la vida y los problemas hacen que las personas coman cualquier cosa. Comer no significa necesariamente nutrirse o alimentarse, tiene que ver más bien con el verbo ingerir, y a menudo consumimos productos muy procesados, que conducen al deterioro de la salud, como la obesidad.


La población mundial envejece a mayor ritmo


Otro aspecto muy actual en la discusión de nuestros sistemas de salud es el referido a la atención de los adultos mayores.


Según la ONU, el envejecimiento de la población está a punto de convertirse en una de las transformaciones sociales más significativas del siglo XXI, con consecuencias para el mercado laboral y financiero y la demanda de bienes y servicios, así como para la estructura familiar y los lazos intergeneracionales.


Los países deben tomar previsiones. Para 2050, una de cada seis personas en el mundo tendrá más de 65 años y solo el 5,6% de la población mundial vive en países que, conforme a la legislación nacional, ofrecen una cobertura de los cuidados de larga duración a toda persona que los necesite.


Nuestros países son parte del 94% que no cuenta con esas atenciones y cuidados adecuados.


Enfermedades de carácter social


En un informe de un relator especial de la ONU sobre el derecho de toda persona al disfrute del más alto nivel posible de salud física y mental, indicó que los estereotipos y la estigmatización en el marco de la comunidad, la familia, la escuela y en el trabajo socavan las relaciones saludables y desmantelan los entornos de apoyo e inclusión que se requieren para la buena salud mental y el bienestar de todos.


"La xenofobia y la intolerancia generan entornos emocionales y psicosociales hostiles y erosionan la calidad de las relaciones humanas, lo que genera desconfianza y desprecio en el seno de la vida social" y recomienda a los Estados formular políticas encaminadas a reducir o eliminar la toxicidad del entorno físico y psicosocial.


La reducción de las desigualdades es una condición indispensable para promover la salud mental y atenuar los principales factores de riesgo, como la violencia y la exclusión social.


Son tantos los millones de personas que sufren de depresión, ansiedad y otros trastornos que esta área de la salud es una de las mayores fuentes de ingreso de las empresas transnacionales farmacéuticas por ventas de ansiolíticos. Por ejemplo, en España son los medicamentos más vendidos.


Y es que hay un problema serio, de fondo: las políticas actuales de salud mental se han visto afectadas en gran medida por el predominio del modelo biomédico y las intervenciones biomédicas.


Dicho modelo, que rige desde el siglo XVIII, no corresponde a la realidad social, económica y ambiental del mundo actual.


El enfoque biomédico estima que cualquier patología tiene una única causa, de naturaleza estrictamente física, lo que conlleva a que se busca curar la dolencia mediante una manipulación quirúrgica o farmacológica.


Según el relator de la ONU, "ese modelo ha dado lugar no solo al abuso de la coacción en el caso de discapacidades psicosociales, intelectuales y cognitivas, sino también a la medicalización de las reacciones normales a las múltiples presiones de la vida, incluidas las formas moderadas de ansiedad social, tristeza, timidez, absentismo escolar y comportamiento antisocial".


Este es un desafío importante para un modelo de salud pública que aborde nuevos problemas sociales, más allá del modelo biomédico reduccionista.


El relator concluye que "las tendencias mundiales apuntan a una proliferación de políticas y prácticas que socavan activamente los principios universales de derechos humanos o que aplican esos derechos de manera selectiva. (…) La falta de voluntad política para invertir de manera integral en salud mental y bienestar exacerba ese ciclo de discriminación, desigualdad, exclusión social y violencia".


Enfermedades que empobrecen


El siglo pasado, la humanidad logró avances importantes en el combate de enfermedades como la tuberculosis, el sarampión, la difteria, tos ferina, fiebre amarilla, polio, hepatitis, entre otras, mediante el uso de vacunas.


Pero la pobreza persiste y la insalubridad mata a millones con enfermedades que se pueden prevenir, si los Estados tomaran medidas adecuadas. Pese a los progresos históricos que se han hecho para reducir su carga mundial, las enfermedades transmisibles siguen siendo un importante problema.


La mitad de la población mundial, al menos, está privada de servicios de salud esenciales, según se desprende de un informe del Banco Mundial y la OMS.


Las prioridades han cambiado, hay enfermedades que se atienden como emergencia cuando en realidad se pueden prevenir si se promueve un sistema sanitario vigilado y fuerte.


En el informe quinquenal 2013-2017, la OMS dijo que "resulta totalmente inaceptable que la mitad del mundo aún carezca de cobertura para servicios de salud que son absolutamente esenciales" y propone que para 2017-2021 se priorice una cobertura sanitaria universal.


Asimismo, cada año hay un gran número de familias que se ven sumidas en la pobreza porque no pueden pagar de su propio bolsillo la atención sanitaria. La falta de acceso a los medicamentos es uno de los obstáculos más complejos para mejorar la salud.


Los desafíos


Este comprimido panorama muestra lo lejos que estamos de los principios establecidos en la Constitución de la OMS referido a que "la salud es un estado de completo bienestar físico, mental y social, y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades".


Al ser las actuales enfermedades predominantes producto del mundo globalizado, de un sistema económico altamente consumista y por ende contaminador, los Estados deberían responder a sus ciudadanos con enfoques holísticos, adecuados a esta realidad.


Por esta misma razón, es clave que instituciones internacionales como la OMS y la OPS lideren los nuevos desafíos, desburocratizadas, guardando distancias con las transnacionales que lucran con la salud y defendiendo el bienestar de los más necesitados.


Es imperativo regular el monopolio que poseen las trasnacionales farmacéuticas con patentes sobre medicamentos, a favor de la población.


Hace falta superar no solo la visión reduccionista biomédica, pero también asumir el principio de precaución ante nuevas tecnologías, como la transgénica, que pueden exacerbar más la deteriorada salud de millones.


El involucramiento de las universidades públicas y centros de investigación es clave, pues quienes lideran hoy las investigaciones, el desarrollo de nuevas medicinas y enfermedades son las transnacionales farmacéuticas, en los sectores más lucrativos, buscando solo incrementar sus ganancias.


En algunos países, las movilizaciones sociales piden un incremento en el presupuesto que se destina a la salud, lo cual es justo, pero habría que ir más allá que eso, pues se trata de buscar un enfoque que no solo cure las enfermedades, pero también las prevenga.


  • Exembajadora de Bolivia en Rusia y España y exvicecanciller del gobierno del presidente Evo Morales


Tomado de SPUTNIK/16 de febrero del 2020

Mitos y realidades del default

Julio C. Gambina*


Resulta de interés desmitificar algunas cuestiones que se instalan como sentido común generalizado, tal el caso del temor al “default”. Podemos escuchar a muchos analistas sobre la gravedad que la Argentina caiga en “default”, ya que ello supondría un conjunto de males, tal como quedar aislado del mercado de capitales. No hubiese estado mal haber quedado afuera de ese mercado antes del ingreso de los 44 mil 100 millones de dólares desembolsados por el FMI, ya que los destinos de esos recursos fueron en su mayoría a la fuga de capitales: cancelación de deudas previas, remesas de utilidades al exterior o directamente constitución de activos en el exterior.


El préstamo del FMI no sirvió a ninguna causa o reivindicación social, sea activación de la economía, del mercado interno, la promoción del empleo o una orientación a satisfacer derechos: salud, educación, energía, etc. Solo sirvió para satisfacer la demanda de ganancias de los sectores hegemónicos de la economía en el país. Por esto que sostenemos que la deuda con el FMI es una deuda odiosa, aun cuando en su último informe, luego de la auditoria entre el 15 y 19/2 pasado avale que se trata de una deuda “no sostenible, ni económica, ni políticamente” [1].


Existe temor al crecimiento de la protesta social, no solo por el repudio al FMI y a la deuda, sino al ajuste necesario para pagar la deuda pública, ahora o luego de una postergación, por muy larga que esta sea, que en la lógica del gobierno supone patear los vencimientos para el próximo turno de gobierno. No solo se trata de las jubilaciones, sino de los salarios y la eliminación de la “cláusula gatillo”, más aún cuando vuelve a hablarse de actualizaciones de tarifas de servicios públicos antes de mediados de año.


Para no entrar en “default” en 2018 se solicitó asistencia financiera al FMI, ¿con qué beneficio para la sociedad? Para no ingresar en la cesación de pagos o default, nos dicen. En definitiva, se trató y se trata de profundizar la hipoteca sobre el conjunto de la sociedad, profundizando una inserción subordinada de la Argentina en el sistema mundial. Al auditar el préstamo a mediados del 2019 sostuvieron desde el FMI que todo estaba bien; ahora dicen lo contrario.


¿Es creíble el FMI? En realidad, lo que pretende es cobrar sus acreencias y por eso descarga cualquier costo sobre otros acreedores. A su vez, estos acreedores y sus voceros sugieren que el FMI desembolse el remanente del préstamo por 57 mil millones de dólares, casi 13 mil millones de dólares, y de ese modo atender los vencimientos, o parte de ellos, durante el presente año. Entonces sí, luego, negociar plazos, intereses o quizá quita del valor nominal de los títulos de la deuda pública. Razonan que sería un buen mensaje hacia los “mercados”, o sea, a los especuladores.


Resulta de interés desenmascarar esta situación, al mismo tiempo, señalar que otras dificultades o situaciones se crean a partir de confrontar con especuladores y tenedores de la deuda pública.


¿A quién se le debe?


Según la información oficial, al III° trimestre del 2019 la deuda bruta de la Administración central ascendía a 311 mil 251 millones de dólares, el 91,7% del PBI [2]:


a) 116 mil 592 millones a Agencias del Sector Público (37,5% del total);

b) 121 mil 979 millones de dólares al Sector Privado (39,2% del total);

c) 72 mil 679 millones de dólares a organismos multilaterales y bilaterales (23,4% del total);

d) se completa el 100% con 2 mil 406 millones de dólares conformada por deuda elegible pendiente de reestructuración (0,8% del total).


El FMI viene sustentando la posición que el costo de cualquier renegociación debe recaer sobre el resto de los acreedores, menos los organismos internacionales. Por eso, la deuda con el FMI y otros organismos no está sujeta a default o quitas, de capital o intereses, por lo que el costo deberá recaer, sostienen, sobre privados, incluso válido también para el sector público local que actúa como acreedor: ANSES, Banco Central, etc.


Es interesante por lo tanto diferenciar la deuda por acreedores y discutir el carácter odioso de la deuda con el FMI. Una deuda, que como sostuvimos no sirvió para satisfacer necesidades sociales, si las de la ganancia más concentrada. Si es odiosa podría sustentarse la anulación de la misma, claro que el FMI no lo aceptaría, y con él, los sectores que dominan el Directorio, en primer lugar, EEUU, y con él, los principales países del capitalismo desarrollado, en tanto principales accionistas del organismo mundial.


Por lo tanto, cuando se alude al default es bueno discriminar quienes son los tenedores de los títulos, siendo necesario identificar adecuadamente quienes son los titulares a que remite “agencias del Sector Público”. Anticipo que no se debería “defaultear” deudas con ANSES, afectando las disponibilidades para la seguridad social.


Una cosa son los acreedores privados reunidos en fondos de inversión transnacionales que operan en todo el mundo, y muy distinto es un tenedor particular con relativa escasa capacidad de inversión en títulos de la deuda, y ni hablar de ANSES u otros ámbitos estatales.


En términos muy generales, la cesación de pagos (default) involucraría a un 62,7% de la Deuda Bruta Nacional, que expresa algo así como el 42,6% del PBI de la Argentina. Recordemos que el sector privado, acumula un 39,2% y los organismos internacionales, adentro de lo cual está el FMI, alcanzan al 23,4%. Es deuda de la Administración Nacional, lo que no incluye a la deuda provincial. Quedarían afuera del default, algunos pocos inversores minoristas y las agencias del sector público asociadas a la seguridad social y al desarrollo de una política soberana.


La lógica imperante en el gobierno apunta a resolver rápidamente un aval del FMI, con postergación de vencimientos para el próximo gobierno y un rápido acuerdo con los acreedores privados, que según cronograma difundido operaría hacia fines de marzo. Más allá de lo perentorio, la estrategia gubernamental pretende no verse obligado a un default obligado ante imposibilidad de cancelar los vencimientos desde abril próximo.


En definitiva, la gran duda es si el default es impuesto por el atraso en los acuerdos con los acreedores, o si se deriva de una decisión política para sumir otro rumbo que trasciende el fenómeno del endeudamiento y se proyecta al conjunto de las relaciones económicas.


¿Qué podría ocurrir ante un default?


El antecedente es el 2001. Por un lado, el país dejó de pagar desde el 2002 hasta los canjes de deuda unos 8 mil 500 millones de dólares anuales de intereses de la deuda. Mientras, se sostuvieron los pagos a los organismos internacionales. Además, al FMI se le cancelaron 9 mil 500 millones de dólares en 2006.


Si el país venía pagando 12 mil millones de dólares anuales en 2001, al año siguiente y motivado en el default, todo se redujo al pago de 3 mil 500 millones de dólares por año, liberando recursos para otros destinos. El canje 2005 otorgó tres años de gracia, con lo que volver a pagar fue un problema desde 2008. El segundo canje ocurrió en 2010 y, por ende, la regularización de pagos llevó aproximadamente una década. Constituyó un gran alivio para las cuentas fiscales y para implementar políticas activas de promoción del mercado interno. Solo el 2009 fue un año recesivo, asociado a la crisis mundial.


La primera década del Siglo XXI estuvo asociada al default, sin embargo, puede contabilizarse como dato esencial la recuperación de la actividad económica, el empleo y la mejora relativa de los ingresos populares, complementada con la generalización de una política social masiva. Es cierto que además del cierre financiero existieron dificultades en el área comercial, en el abastecimiento de algunos insumos externos, pero el cierre del mundo exacerbó la potencialidad de la actividad local, y desafío a una estrategia local y de nuevos vínculos internacionales, en un tiempo de mejoras relativos de los precios internacionales de exportación y de procesos de cambio político en la región.


Pagar la deuda en nuestros días demanda en promedio unos 50 mil millones de dólares anuales. El superávit comercial del 2019 alcanzó casi 16 mil millones, según informa el Ministerio de Economía[3]. Claro que es un año excepcional, producto de la recesión y, por ende, más se explica por la baja de importaciones que por un boom exportador. En este siglo, solo en 2002, 2003 y 2009, el saldo fue levemente superior. Argentina no acumula grandes saldos en su comercio exterior. Para pagar deuda no alcanza con los superávits comerciales de la Argentina, por lo que se necesita el ingreso de divisas: por ingreso de inversiones, de préstamos o venta de capital público.


El momento no es el ideal para el ingreso de inversiones, salvo que el país asegure profundas y reaccionarias reformas laborales, junto a diversos atractivos fiscales, comerciales, etc., a los inversores internacionales. Es un diagnóstico valido para la región y el mundo, en un momento de desaceleración de la economía mundial, incluso de China y de India, las que impactan en ralentizar aún más el crecimiento económico. Ni hablar de nuevo endeudamiento, desaconsejable aun si eventualmente la tasa de interés bajara a los niveles actuales en el mundo desarrollado. ¿Venta de capital público? Esto sería preocupante, sobre todo cuando el país está en la mira por sus reservas en hidrocarburos no convencionales o en las de litio.


Argentina no puede y no debe pagar, por eso debe encarar el proceso de investigación a fondo de la deuda, suspender los pagos y discriminar a la deuda según sus tenedores y diferenciar el rumbo a seguir.


¿A qué atenerse?


Una línea política de confrontación con el FMI y acreedores privados asociados a la especulación transnacional augura las complejidades que se les presentan a todos los procesos que intentan rumbos de autonomía y manejo soberano de su política. Entre otros hay que preguntarle a Cuba lo que supuso su proyecto revolucionario. La respuesta la tenemos en el bloqueo genocida. Pero también ocurre con Venezuela y las sanciones agravadas recurrentemente por parte de EEUU y su impunidad global. Es la historia de todos los procesos que en la región y en el mundo intentaron caminos de autonomía e independencia. Por eso, no alcanza con una política firme sobre la deuda. Se requiere ir más allá y proponer cambios estructurales en el modelo productivo y de desarrollo.


Si la auditoria y la suspensión de los pagos es lo primero, luego corresponde reestructurar el orden económico y social en su conjunto, lo que supone discutir la producción y circulación de bienes y servicios. En ese marco debe definirse la política económica: fiscal, monetaria, crediticia, cambiaria, de ingresos, de inserción internacional. No es sencillo transitar un rumbo de autonomía, más aún con la hegemonía política existente en los países limítrofes. Pero no existe otro camino, ya que la subordinación a la lógica de dominación derivada de cumplir con la deuda condena al país a la profundización de la dependencia y al empobrecimiento de la mayoría de la población.


[1] FMI, en: https://www.imf.org/es/News/Articles/2020/02/19/pr2057-argentina-imf-staff-statement-on-argentina (Consultado el 21/02/2020)


[2] Ministerio de Economía de la Argentina, en: https://www.minhacienda.gob.ar/datos/ (consultado el 21/02/2020)


[3] Ibidem


  • Doctor en Ciencias Sociales de la UBA. Profesor titular de Economía Política., Universidad Nacional de Rosario. Presidente de la Fundación de Investigaciones Sociales y Políticas, FISYP. Director del Instituto de Estudios y Formación de la CTA Autónoma, IEF-CTA


Tomado de BLOG DEL AUTOR/21 de febrero del 2020

Urgente: la estrategia de Clarín para dividir a Alberto Fernández y Cristina Kirchner

Edgardo Mocca*


La derrota del neoliberalismo se consiguió, en gran parte, gracias a la unidad del campo popular. Eso trae matices internos y el deseo de la oposición de hacer mella en la unión.


Para pensar la coyuntura política argentina, resulta tentador el recurso de la memoria de otros momentos de la historia y la analogía con otros actores y otras circunstancias; Marx hablaba de usar un “lenguaje prestado del pasado para representar la nueva escena”. El primer peronismo, el regreso de Perón en 1973, la recuperación democrática de 1983, la catástrofe de 2001 aparecen frecuentemente en las actuales discusiones políticas para representar momentos fundacionales, cuyos efectos están vivos en la cultura política argentina actual. La analogía es muy útil metodológicamente siempre que no se pierda de vista la materia específica de lo que estamos viviendo. Tal vez habría que empezar por lo obvio, por la pregunta sobre el significado del resultado electoral del último octubre. Por las contingencias que permitieron ese resultado, por lo que se jugaba en esa ocasión, por los efectos inmediatos y mediatos de esa contingencia.


La derrota de Macri suele ser vista hoy como un hecho corriente, como algo dictado por alguna necesidad histórica. El cuadro catastrófico del país que cada día desfila ante nosotros acentúa esa especie de visión determinista que dice que pasó lo que tenía que pasar, porque el triunfo de Macri hubiera sido muy difícil de conciliar con un futuro de país civilizado. Hasta el propio expresidente abona esa sensación cuando comenta, de un modo que coquetea con la idiotez, que él les había dicho a sus colaboradores y amigos que la catástrofe era inevitable si seguían endeudando al país, lo que efectivamente ocurrió. Lo ridículo y grotesco de ese mensaje es que ha ocultado que se trata del verdadero balance, de la verdadera “autocrítica” de la experiencia del macrismo en el gobierno. Estamos, pues, autorizados los argentinos a medir en profundidad que la derrota electoral de la segunda alianza era algo así como el ser o no ser de nuestro futuro como comunidad política.


De eso se derivan interesantes consecuencias. La primera y más evidente es que la más amplia unidad de la oposición era, tal como se presentó, necesaria y urgente. Lo que equivale a reconocer la pluralidad política y las tensiones que ella supone, como una deriva con la que había y hay que contar. Sin ella hoy estaríamos en paz con nuestros principios y entre amigos, lamentando lo que serían inevitablemente días muy oscuros. Claro que no por eso, los días argentinos son luminosos y calmos, pero el punto de partida es ni más ni menos que el reconocimiento mayoritario de un nuevo y muy costoso fracaso de la fórmula mágica del neoliberalismo. No hay que olvidar que el jefe del saqueo antinacional y antipopular le había dicho a Vargas Llosa que lo que venía era “lo mismo, pero más rápido”.


No había victoria sin unidad, o por lo menos –para no entrar en el terreno de lo contrafáctico- la victoria no era de ningún modo segura. Y eso suponía un gravísimo riesgo para el futuro del país como comunidad política. Ahora bien, entonces no se puede razonar sobre el presente como si la unidad (la heterogeneidad y los problemas que acarrea) no fuera necesaria. Por el contrario, lo lógico sería pensar que la unidad debe fortalecerse y ampliarse. Debe incorporar nuevos actores, nuevas demandas, nuevas sensibilidades. ¿Significa eso que la unidad licúa a la política? ¿Que ésta se hace tan amplia, que pierde sentido de la necesidad de transformaciones profundas y se adapta a un término medio finalmente inmovilista? Ese tipo de razonamientos esconde mal una racionalidad sectaria que dice que la fuerza transformadora de la historia está en las élites ilustradas, como tales capaces de encontrar los caminos verdaderos que la masa ignora.


La cuestión se complica porque el cuadro que heredamos de la fiesta neoliberal es de extrema gravedad. Caminamos por senderos de cornisa. ¿Cómo hubiera hecho la segunda alianza para encarar la cuestión de la impagable deuda externa? No es ningún misterio: la hubiera pagado con el padecimiento de los sectores más vulnerables, con la renuncia a cualquier idea de desarrollo independiente y muy probablemente con la entrega progresiva y sistemática de nuestros recursos naturales. Es decir que esta estrategia compleja y de difícil manejo a la que estamos asistiendo por parte del gobierno nacional y del gobierno de la principal provincia del país, no hubiera existido. Todo hubiera sido “más fácil”. No hubiera hecho falta que el FMI propusiera una “reforma previsional” ni “una reforma laboral y fiscal”, hubiera sido el “único camino” para seguir siendo confiables ante los mercados, ante “el mundo”. Nos hemos ganado así la complejidad, la indeterminación. Todo se juega en el rumbo.


La derecha argentina parece entender perfectamente esta coyuntura. Sabe que la unidad es el problema clave. Y todos sus cañones apuntan contra ella. Presenta un cuadro de situación en el que estarían confrontando la moderación del presidente y la radicalidad de Cristina y sus seguidores. Es decir que procura demostrar que la unidad como proceso es imposible, que tarde o temprano naufragará en medio de los antagonismos que la recorren. El núcleo de la prédica apunta a ocultar la naturaleza de la grave crisis argentina. Se presenta la cuestión del endeudamiento como un dato constante que iguala todas las experiencias políticas de las últimas décadas. Pone un signo de igualdad entre quienes lograron las históricas reestructuraciones de 2005 y 2010 y quienes cedieron ante los buitres y desde ese “regreso al mundo” llevaron a cabo un enorme saqueo de recursos nacionales, bajo la forma de emisión de deuda, timba financiera, desregulaciones y virtual vaciamiento del Estado. Quien no comparte ese catecismo mentiroso es porque está ganado por el fanatismo populista y sueña con revoluciones de otra época.


La unidad se concentra hoy en atender la emergencia social y resolver la cuestión de la deuda sin hipotecar nuestro futuro. Al mismo tiempo se emite un mensaje de reactivación productiva, reindustrialización, valorización de nuestros recursos naturales y humanos, protección y recuperación de derechos y política exterior soberana. Se ha construido una agenda urgente y una visión de futuro. Todo eso está en manos de la capacidad de acción y movilización popular para enfrentar los desafíos que seguramente vendrán. La unidad consiste, ante todo, en esa capacidad de movilización.


  • Periodista y politólogo argentino


Tomado de EL DESTAPE/16 de febrero del 2020

De los trolls

José Steinsleger*


El gran matemático y filósofo Alan Turing (1912-54), pionero de la informática, vivió persuadido de que las computadoras podían llegar a comunicarse de forma que se confundiera a un ser humano. Una intuición que empezó a confirmarse en Internet, con la aparición de los trolls (virtuales o humanos).


En inglés, el vocablo trol remite a una técnica de pesca, y en informática se le usa con doble ele para señalar a los que se empeñan en que los usuarios y lectores de Internet muerdan el anzuelo. El troll define, entonces, a una persona con identidad desconocida, que publica mensajes provocadores, con la intención de fastidiar, confundir, acosar, causar daño y sentimientos encontrados en usuarios y lectores.


Mauro Greco, sicoanalista argentino, sostiene que el troll (individual) no tiene ideología: “Lo que defiende es su propia pulsión de odio, hostigamiento, denigración… el troll es sobre todo simplificador, y tiene un público fiel que lo festeja… Sabe que lo fundamental es alterar el estado de ánimo, generando enojo y enfrentamiento” (Página 12, 3/12/19).


En cambio, el troll contratado responde a estrategias más racionales. Por ejemplo, “…no hubo maquinaria más grande de troll que en las elecciones de México en 2012, y nosotros armamos esa maquinaria”, reconoció el argentino Gastón Doucek (entrevista con La Nación, Buenos Aires, 10/9/19). Dueño de la firma Prosumia, Doucek trabajó en más de 20 campañas electorales.


Conocido como el “señor de los trolls”, agrega: “[… en México] llegamos a tener 150 mil cuentas, y en un solo día Twitter nos bajó 48 mil…”. Asimismo, el consultor admite haber cobrado dinero de los servicios de inteligencia de Ecuador, y flirteado con la firma Cambridge Analytica (CA), que en 2015 y 2016 trabajó para las campañas de Mauricio Macri, Donald Trump y la retirada de Reino Unido de la Unión Europea.


¿Cómo trabajan los trolls, de los que también se hacen eco los desacreditados medios hegemónicos? Doucek explica: “Si pongo a 200 personas a tuitear sobre algo, coordinadas entre sí, consigo un trending topic. Pero deben ser personas con direcciones distintas (IP, ‘Internet protocol’), y un comportamiento ‘humano’, no algo automatizado… Y si quiero ensuciar a alguien, armo una granja de bots [aféresis de robot] para textos radiados o repetitivos (RT), los hago tuitear contra esa persona y la denuncio después”.


El informe Ciber tropas, trolls y provocadores (Universidad de Oxford, septiembre 2017) señala que al menos 28 países tienen grupos gubernamentales, militares o políticos comprometidos con la manipulación de la opinión pública en las redes sociales (Javier Borelli, Tiempo Argentino, 21/10/17).


Uno de esos países fue (sigue siendo) la Argentina de Macri. En octubre de 2018, el jefe de gabinete Marco Peña fue interpelado en el Congreso sobre el financiamiento público de los trolls, dedicados a atacar posiciones divergentes, silenciando tópicos, críticas y atacando con insultos, burlas o amenazas desde el anonimato de una cuenta de Twitter, o usuarios falsos de Facebook. Técnicas que para los expertos Cecilia B. Díaz y Cristian Secul Giusti, de la Universidad de La Plata, estructuran los microfascismos que conforman el modo de ser, pensar y sentir de una porción importante del electorado (“Más que trolls”, Página 12, 31/10/18).


Díaz y Secul Giusti apuntan que los trolls, a más de no ser solamente máquinas o personas que enfatizan en la condición del anonimato, empiezan a identificarse en personalidades públicas dispuestas a ejercer una comunicación troll. Es decir, la exposición pública del desprecio al otro, a partir de un desarrollo de razones basadas en el sentido común, que reprime y castiga la disidencia, y se escuda tras el derecho a pensar distinto, la libertad de expresión, la libertad, la democracia...


Sería el caso de la administradora de un gimnasio de Buenos Aires, que en un tuit escribió: Murió Chicha Mariani, una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo. Una menos. O el de periodistas tóxicos, como el argentino Jorge Lanata, y el showman peruano Jaime Bayly. Desde su programa de televisión en Miami, Bayly destila odio gratuito contra los gobiernos populares de América Latina, habiéndose jactado de su participación en el fallido magnicidio con drones contra el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.


El experto Doucek asegura que el apogeo de los trolls quedó atrás. “Con las precauciones que tomó Twitter –dice– ya no es efectivo armar redes de cuentas para diseminar noticias falsas, ya que son detectadas por las plataformas y eliminadas. Hoy, los intentos pasan por las fake news… Felipe Pimentel (responsable de la campaña por WhatsApp de Jair Bolsonaro), me pidió 10 mil dólares a cambio de hacer una prueba. Lo contraté y no funcionó. WhatsApp sirve para la difusión de fake news, pero es muy difícil de viralizar”.


Tomado de LA JORNADA/19 de febrero del 2020

¿Por qué Trump podría volver a ganar las elecciones en EEUU?

Vicenç Navarro*


La mortalidad debida a lo que se conoce como "enfermedades de la desesperación" (tales como la drogodependencia, el alcoholismo, el suicidio, la violencia callejera, entre otros) ha estado aumentando de una manera muy marcada entre la clase trabajadora de raza blanca en EEUU, que constituye la mayoría de la clase trabajadora en aquel país. Ello se debe en gran parte al deterioro muy acentuado de su nivel de vida, consecuencia de los cambios que ha experimentado su mercado de trabajo, resultado de la aplicación de las políticas neoliberales iniciadas en la última etapa del gobierno federal presidido por el presidente Carter y continuadas y ampliadas por el presidente Reagan, que inició lo que se ha llamado la Revolución Neoliberal.


Tal revolución fue la respuesta del mundo empresarial (liderado por los propietarios y gestores de las grandes corporaciones transnacionales estadounidenses, conocidas en EEUU como los componentes de la Corporate Class – la clase corporativa) frente a los avances del mundo del trabajo en su nivel de vida y en su conquista de derechos laborales y sociales ocurrida en el período 1945-1978, conocido como "la época dorada del capitalismo" en EEUU.


La Revolución Neoliberal causante de la Gran Recesión


Fue a partir de la Revolución Neoliberal que el porcentaje de las rentas derivadas de la propiedad del capital subieron de una manera muy notable, mientras que el de las rentas del trabajo, derivadas primordialmente de los salarios, descendieron marcadamente, pasando de representar el 70% de todas las rentas en 1978 a un 63,6% en el año 2012. Este descenso desencadenó la Gran Recesión, al provocar la caída de la demanda doméstica, que causó a su vez un enlentecimiento del crecimiento económico, así como un enorme endeudamiento de las familias y del Estado, con la gran expansión del capital financiero, que, al invertir masivamente en los sectores especulativos, de mayor rentabilidad, crearon las burbujas que al explotar provocaron la crisis financiera, agravando la crisis económica (ver mi libro Ataque a la democracia y al bienestar. Crítica del pensamiento económico dominante. Anagrama, 2015).


La aplicación del neoliberalismo (el pensamiento económico favorecido por la clase empresarial) se caracterizó por la desregulación de los mercados, facilitando y estimulando la movilidad de capitales, estableciéndose así una globalización (mundialización) de la actividad económica que dañó especialmente a los sectores industriales de EEUU, donde se concentraban los trabajadores de la manufactura que, como ocurre en la mayoría de países, constituían los mejor pagados y que, en su mayoría, eran trabajadores blancos.


La gran destrucción de puestos de trabajo, juntamente con la precarización de los existentes, creó la gran crisis social que acompañó la Gran Recesión, y que explica la epidemia de "enfermedades de la desesperación" en amplios sectores de la clase trabajadora, primordialmente del sector industrial. La mortalidad en este sector aumentó y su esperanza de vida (años que vive una persona) descendió.


Los gobiernos del Partido Demócrata continuaron aplicando las políticas neoliberales que habían iniciado los gobiernos del Partido Republicano


Las políticas desreguladoras iniciadas por Reagan fueron continuadas, primero por Bush padre (republicano), luego por Clinton (demócrata), más tarde por Bush hijo (republicano), y finalmente por Obama (demócrata). La única diferencia entre ellos fue el alcance y la contundencia de las medidas. En realidad, los presidentes demócratas fueron incluso más desreguladores (respecto a la movilidad de capitales) que los republicanos.


La ministra de Asuntos Exteriores del gobierno Obama, la Sra. Hillary Clinton (esposa del presidente Clinton) fue la promotora más entusiasta de la globalización neoliberal. No es de extrañar, pues, que el enfado de la clase trabajadora (que solía votar al Partido Demócrata) creciera exponencialmente, lo que se tradujo en un aumento muy notable de su abstención electoral (que, en condiciones normales, tal abstención ya incluye a la mayoría de la clase trabajadora en las elecciones al Congreso de EEUU, el parlamento federal) y de la canalización de su voto hacia las voces percibidas como antiestablishment neoliberal (que incluía a la clase política del gobierno federal), que al promover la globalización era percibido como el causante de su sufrimiento.


Las principales voces antiestablishment neoliberal eran Trump en el Partido Republicano, y Bernie Sanders en el Partido Demócrata (el cual, según señalaban las encuestas en las primarias del 2016, podría haber ganado las elecciones, derrotando a Trump). El aparato del Partido Demócrata, controlado entonces (y todavía hoy) por los clintonianos, intentó destruir a Sanders en las primarias de aquel año.


La respuesta al presidente Trump por parte del Partido Demócrata: el fracaso del impeachment


La respuesta del Partido Demócrata al presidente Trump ha sido intentar echarlo de la Casa Blanca, movilizando los aparatos de tal Estado (incluyendo la policía federal, el FBI) para destruirlo en un proceso que él, astutamente, definió como una "caza de brujas" (haciendo referencia al McCartismo, del cual él había sido parte). Esto le ha facilitado presentarse a sí mismo como la víctima del establishment federal neoliberal tan odiado por las clases populares, reforzando así su popularidad, sobre todo entre las bases obreras de raza blanca, que perciben a tal establishment liberal como servidor de las "minorías" y "sectores supuestamente extremistas" del movimiento feminista (de sensibilidad de clase media-alta liberal). De ahí el mantenimiento de su popularidad.


De hecho, el impeachment le ha ido bien, pues ha sido percibido por amplios sectores de la población como parte del intento del Partido Demócrata neoliberal de acabar con él. La excusa para justificar tal impeachment (tratar de encontrar información que pudiera desacreditar a su posible adversario electoral, el candidato Joe Biden) era considerada injusta, injustificada y en absoluto causa suficiente para acabar con su mandato presidencial.


Como ocurre con gran frecuencia en cualquier país, incluido España, los establishments político-mediáticos menosprecian la inteligencia de las clases populares, y no se dan cuenta de que la ciudadanía tiene una gran información que le provee su práctica diaria y frecuentemente tiene una valoración negativa de la clase política. De ahí que den por descontado que la gran mayoría de políticos harían lo mismo que Trump si pudieran.


La instrumentalización del Estado por parte de los políticos en EEUU para fines personales es una práctica común, alcanzando su máxima expresión con Trump. Es más, lo que se consideraría "corrupción" en Europa (la compra de favores por parte de empresas, pagando dinero a la campaña del político) es legal en aquel país y es práctica habitual en su vida política. La mayor parte de fondos utilizados en las campañas electorales proceden de lobbies económicos y financieros que configuran en gran medida las políticas públicas de los partidos gobernantes. Y aun cuando el presidente Trump instrumentalice el Estado para promover no solo su agenda política sino su agenda personal, la diferencia entre él y otros presidentes es la extensión de tal práctica más que en la práctica en sí, muy común en la vida política estadounidense.


Donde Trump, sin embargo, era y es más vulnerable políticamente es en los recortes de los derechos sociales y laborales de la población, que han tenido lugar durante su mandato. Pero el aparato dirigente del Partido Demócrata en el Congreso de EEUU, liderado por la congresista Nancy Pelosi, tiene escasa credibilidad en su denuncia de tales políticas, pues muchas de las de Trump son la continuación de las que ellos iniciaron.


La seducción de la ideología trumpista para amplios sectores de las poblaciones perjudicadas por la globalización


El discurso antiglobalización de Trump se caracteriza por un nacionalismo extremo y nostálgico (idealizando el pasado en su discurso), presentando (con una gran manipulación y falsificación de los datos) su mandato como enormemente exitoso desde el punto de vista económico y social, ridiculizando al establishment federal neoliberal y a la mayoría de medios de información, utilizando incluso un lenguaje obrerista. Es el candidato, además de Sanders, que utiliza más la expresión de "clase trabajadora" (a diferencia del término utilizado por aquel establishment liberal, que se refiere a la mayoría de la población como "clase media"), presentándose como su mayor defensor frente al establishment federal neoliberal. En la ideología trumpista, el Estado federal es el enemigo, instrumentalizado por las minorías negras y latinas y por el supuestamente "extremista" movimiento feminista (liderado en 2016 por Hillary Clinton).


El triunfo de Trump: las consecuencias de tener un Estado del Bienestar asistencial en lugar de universal


En esta visión del Estado hay dos realidades que dan pie a esta percepción. Una es la gran limitación del Estado del Bienestar estadounidense, carente de programas universales que han sido sustituidos por programas asistenciales que benefician predominantemente a poblaciones vulnerables (y, muy en especial, a los pobres), sin que existan derechos que se adquieran con la ciudadanía o residencia, como ocurre en la Europa Occidental. Tales derechos sociales están muy restringidos en EEUU y los servicios públicos se proveen, en general, a la población pobre y/o vulnerable económicamente (programas means-tested).


Solo tienen derecho a la sanidad pública, por ejemplo, los miembros del Senado y de la Cámara Baja, los miembros de las Fuerzas Armadas y los pobres (el nivel de renta que se necesita para ser considerado pobre lo define cada Estado). Los ancianos tienen un programa que solo es financiado parcialmente por el sector público (Medicare). La mayoría de la población no tiene derecho a la cobertura sanitaria pública. Esta segmentación de la asistencia sanitaria contribuye a esta percepción de que el gobierno federal está solo al servicio de los pobres y las poblaciones vulnerables.


Un tanto igual ocurre en cuanto a las políticas antidiscriminatorias, que han beneficiado principalmente a las poblaciones negra y femenina pertenecientes a la clase media y media-alta (personas con educación superior). Pero tales medidas antidiscriminatorias no han afectado significativamente a las clases populares, entre las cuales la movilidad social vertical hacia clases de rentas superiores ha sido muy limitada. La clase trabajadora y los sectores de bajas rentas en las clases medias no se han beneficiado significativamente de éstas. Por otra parte, no hay, en EEUU, políticas antidiscriminatorias que intenten corregir la discriminación de clase, que es la más acentuada y la menos citada en los medios y espacios del establishment neoliberal.


Esta obvia discriminación de clase, acentuada aún más por la aplicación de las políticas neoliberales, explica que la mayoría de mujeres trabajadoras votaran a Trump en lugar de a la candidata feminista, Hillary Clinton. Esta limitación del Estado del Bienestar por su carácter asistencial explica la oposición de grandes sectores de la población que, pagando impuestos, no se ha beneficiado ni de los programas antidiscriminatorios ni de los programas asistenciales. De ahí la amplia oposición al gobierno federal, al cual también se le percibe como favorecedor de la globalización. Estos sentimientos son fundamentales para entender el poder de seducción de la ideología opuesta como la de Trump.


La escasa representatividad del "sistema representativo" estadounidense


Lo dicho anteriormente explica la composición social de la base electoral más fiel que tiene Trump. En las elecciones de 2016, los hombres votaron más a Trump que las mujeres; los ancianos más que los jóvenes; las personas de menor renta y las familias de menor renta (que ingresan menos de 30 000 dólares al año) más que las de rentas superiores; los blancos más que los negros y latinos; y los religiosos (y, muy en especial, evangelistas) más que las personas no religiosas. Y, en definitiva, los que sintieron que la globalización les había afectado negativamente más que los que no les había afectado; y aquellos que deseaban un cambio profundo más que aquellos que se consideraban moderados. Estos grupos eran el eje de su base electoral, que ha continuado siendo fiel a Trump y que -muy importante- ha permanecido movilizada. Ni que decir tiene que no eran los únicos que votaron a Trump. Aunque amplios sectores de la clase media y de renta superior también le votaron, la clave para que saliera elegido y de que siga habiendo una amplia movilización a su favor fue el grupo central que he descrito.


¿Cuáles podrían ser las alternativas a Trump?


Para responder esta pregunta hay que conocer las características del sistema electoral estadounidense, uno de los menos representativos que existen hoy en los países capitalistas desarrollados. El sistema electoral estadounidense es muy poco proporcional. Es un sistema bipartidista (el Partido Republicano y el Demócrata) en el que es prácticamente imposible introducir otro partido, ya que está diseñado de tal manera que imposibilita hacer cambios importantes que alteren la distribución del poder de clase, de género y de raza existente en EEUU.


De estos partidos, el Partido Republicano es un partido conservador y el Demócrata un partido liberal (que fue durante muchos años próximo a la Internacional Liberal, a la cual pertenecen Ciudadanos y, hasta que fue expulsada por corrupción, Convergència Democràtica de Catalunya, CDC). El Partido Demócrata tiene una rama de centroizquierdas que tiene presencia mediática durante las primarias del partido. La enorme debilidad de la clase trabajadora en EEUU y el escaso desarrollo de su Estado del Bienestar se basan en esta realidad.


Este sesgo del panorama político hacia las derechas explica la gran abstención (predominantemente de la clase trabajadora) en el proceso electoral. En EEUU hay una correlación directa entre nivel de renta y participación electoral. A mayor nivel de renta, mayor participación electoral. Hasta el punto en que el nivel de participación en las elecciones federales es de alrededor de un 53% de la población, con un 47% (casi la mitad) que no vota, mitad a la cual pertenece gran parte de la clase trabajadora, la cual representa objetiva y subjetivamente la mayoría de la población.


En EEUU, cuando a la población se le pregunta si pertenece a la clase alta, clase media o clase baja, responde clase media. Sin embargo, si se le pregunta si pertenece a la clase alta, clase media o clase trabajadora, la respuesta es distinta. Hay más personas en EEUU que se definen clase trabajadora que clase media (ver The Working Class Majority: America’s Best Kept Secret, de Michael Zweig, 2000).


Estas cifras explican que el debate electoral no se base en temas que afectan a la calidad de vida de la clase trabajadora, siendo el discurso político, en general, insensible a sus necesidades. De ahí que una condición para que las izquierdas aumenten su influencia electoral sea movilizar a la clase trabajadora abstencionista, así como a los segmentos de la clase trabajadora votante y a los sectores de las clases medias (cuyo nivel de vida está bajando). Los indicadores tradicionales del lenguaje económico, que intenta medir el éxito de una economía, utilizando indicadores tales como la tasa de desempleo, tienen escaso valor. El hecho de que EEUU, bajo la administración Trump, haya conseguido la menor tasa de empleo en los últimos diez años, no quiere decir que la población empleada viva mejor.


En realidad, como también ocurre en España, la gran cantidad de puestos de trabajo creados por el gobierno Trump ha sido trabajo considerado como "alternativo", es decir, distinto al trabajo a pleno empleo, bien pagado y en condiciones de estabilidad. Un componente de esta categoría es el trabajo precario, y el trabajo uberizado, que explica el aumento de las "enfermedades de la desesperación, dato que es mucho más importante y significativo que el de la tasa de desempleo.


De ahí la necesidad de responder con alternativas creíbles para movilizar una alternativa al trumpismo. Y es ahí donde las izquierdas están proponiendo empoderar a los trabajadores y a las clases medias proletarizadas, reforzando a los sindicatos y proponiendo programas universales en lugar de asistenciales. Esta ha sido la estrategia del candidato Sanders, a fin de conseguir tal movilización y apoyo electoral de los trabajadores, de los jóvenes (por debajo de 35 años), de las mujeres y de las minorías. Es en estos sectores donde Sanders está ganando en las primarias, siendo la única alternativa que tendría la suficiente capacidad de movilización y apoyo electoral para ganar a Trump, canalizando el enfado contra el establishment neoliberal.


Sanders, con un programa socialdemócrata de inspiración escandinava, está proponiendo políticas públicas que empoderan a las clases populares frente al establishment federal neoliberal, instrumentalizado por la clase corporativa, que la utiliza para optimizar sus intereses a costa de los intereses de las clases populares. Las encuestas más fiables muestran que es el candidato favorito por las mujeres, de las personas menores de 35 años, de los estudiantes, y de las minorías negras y latinas (siendo estas últimas las más pro-sanderistas). Además, está consiguiendo que crezca el apoyo de los trabajadores blancos, que habían abandonado el Partido Demócrata. Ni que decir tiene que tal candidato representa una amenaza no solo al establishment trumpiano, sino también al establishment federal neoliberal, que es probable que prefiriera continuar con Trump que tener a Sanders como presidente.


En este momento existe un candidato, Pete Buttigieg, promovido por amplios sectores de la clase corporativa, que le financia y que intenta parar a Sanders, que es presentado por la mayoría de los medios afines al establishment neoliberal como moderado y razonable, frente a Sanders, al cual consideran un demagogo y otros epítetos. Son los mismos adjetivos que dedicaron a Trump, y que se reproducen en gran número de medios españoles. Un ejemplo de ello es la televisión pública de la Generalitat de Catalunya –TV3- (gobernada por una coalición independentista, liderada por un partido neoliberal y heredero de Convergència Democràtica de Catalunya, JuntsxCat), que también define a Sanders como demagogo.


Soy consciente que este artículo sorprenderá a bastantes lectores, pues difiere de la información que reciben de los principales medios de información, cuyos corresponsables se limitan a traducir al castellano lo que dicen los principales medios de comunicación de EEUU, reproduciendo incluso sus alabanzas y sus insultos. Les animo a que lean y vean revistas (como The Nation, In These Times, Counter Punch, entre otros) o canales de televisión como Democracy Now, que dan una visión más real y objetiva de lo que ocurre en aquel país.


  • Catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas. Universitat Pompeu Fabra y Director del JHU-UPF Public Policy Center


Tomado de PÚBLICO/20 de febrero del 2020