Toma de Las Tunas (1897)

Toma de Las Tunas (1897)
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Ataque, toma e incendio de Las Tunas por tropas cubanas al mando de Calixto García.
Fecha:28-30 de agosto de 1897


Toma de Las Tunas (1897). Esta importante ciudad del noroeste de la antigua provincia de Oriente fue atacada y tomada por fuerzas del Ejército Libertador, bajo el mando superior del Jefe Departamento Oriental y lugarteniente general de las fuerzas cubanas, mayor general Calixto García Íñiguez, entre los días 28-30 de agosto de 1897.

Localización

La ciudad de Las Tunas, que había sido llamada por los españoles Victoria de Las Tunas desde el fracasado intento cubano de tomarla en agosto de 1869, se encuentra en la parte centro-occidental de la antigua provincia de Oriente, y es la actual cabecera de la provincia de Las Tunas. Es una zona de relieve llano.

Contexto

El mayor general Calixto Ramón García Íñiguez (1839-1898), nació en Holguín, antigua provincia de Oriente, y fue combatiente de las tres guerras. Tras la caída del mayor general Antonio Maceo (7 de diciembre de 1896), fue nombrado lugarteniente general del Ejército Libertador, manteniendo el cargo de jefe del Departamento Oriental. En 1897, después de combatir en Cambute, atacó Jiguaní y tomó Las Tunas y Guisa. También las fuerzas bajo su mando liberaron a Bayamo el 28 de abril de 1898.

Desarrollo

En la época en que se realizó esta acción Las Tunas o Victoria de Las Tunas, como se le llamaba oficialmente, era una importante plaza militar, cuyo sistema defensivo lo constituían los cuarteles de infantería, caballería y artillería, los tres de sólida construcción y con todos los elementos necesarios para su defensa, tales como fosos, aspilleras, tambores, alambradas y otras obras ingenieras.

Además de estas fortalezas, que eran las más importantes, la ciudad contaba con otras defensas complementarias, entre ellas los fuertes Concepción, Provisional, Bailén, Victoria, Aragón No. 10, No. 11, Veteranos y las posiciones fortificadas del hospital, la enfermería, la iglesia, la farmacia y el cementerio. La guarnición la componían el Batallón Provisional de Puerto Rico No. 2, una sección de artillería con dos piezas Krupp y unos 300 voluntarios, en total unos 800 efectivos.

Las tropas insurrectas concentradas por Calixto en el campamento de Curana, a unos seis km al suroeste de Las Tunas, incluían las siguientes unidades y fuerzas: 300 hombres de la Brigada de Las Tunas; 300 de caballería y 50 infantes camagüeyanos; 290 de Guantánamo; 200 de Jiguaní; 200 de Bayamo; Regimiento Céspedes; 250 de Holguín; 109 de la escolta del mayor general García y 50 de la escolta de caballería.

Contaban, además, con una batería de artillería de campaña, de tres piezas: una de 12 libras, otra más pequeña y un Simmis-Dudley neumático. El jefe de artillería era el teniente coronel Frederick Funston. En total, cerca de 1 740 hombres de los que solo unos 750 tomaron parte directamente en el ataque, pues el resto cumplió misiones de bloqueo en los caminos de acceso.

Entre los días 26 y 27 de agosto, las distintas fuerzas ocuparon y acondicionaron los lugares asignados y se prepararon las posiciones de fuego para la artillería. Todo fue hecho de forma oculta, pues, aunque el enemigo estaba alertado, no tenía datos precisos de la composición y número de las fuerzas insurrectas. En la altura conocida como Loma del Cura, al sureste de Las Tunas, fueron emplazados el cañón de dinamita y el de 12 libras. Este último fue el encargado de abrir el fuego, al amanecer del 28, contra el cuartel de caballería.

El enemigo respondió con fuego cerrado sobre la Loma del Cura. Los hombres de la Brigada de Las Tunas, bajo el mando provisional del teniente coronel Carlos García Vélez, esperaron la orden para asaltar este importante bastión, que siguió recibiendo el fuego artillero. También el fuerte Aragón fue cañoneado y quedó fuera de combate. El fuego se trasladó para el cuartel de infantería, llamado de las 28 columnas, para acallar los cañones Krupp que estaban causando estragos en las posiciones cubanas, y después de 3-4 disparos la artillería enemiga fue reducida al silencio.

En esos momentos la Brigada de Las Tunas inició el asalto al cuartel de caballería, apoyada por la caballería bajo el mando del brigadier Mario García Menocal, quien fue herido y tuvo que ser retirado. Después de breve lucha cuerpo a cuerpo, los cubanos tomaron el cuartel. Mientras esto sucedía fue atacado y tomado el fuerte Aragón, en un asalto que duró unos 30 minutos, por las fuerzas del teniente coronel Ángel de la Guardia.

Calixto García ordenó al brigadier Rabí que sustituyera en el mando a Menocal. Este dispuso que el brigadier José M. Capote avanzara con sus fuerzas hacia la parte sur de la ciudad y esperara la orden para el asalto general. El mayor general García conminó a la rendición al jefe militar español, teniente coronel Civera, quien la rechazó, aunque estuvo conforme con permitir la salida de los civiles de la plaza. Esto aconteció alrededor de las 16:00 horas.

Al anochecer de este primer día fue tomado el fortín Concepción, por los hombres del Regimiento Saladrigas, con lo que quedaba libre todo el lado sur de la ciudad. Por esa brecha entraron los hombres de Las Tunas, bajo el mando de Capote, y al amanecer del 29 ya los cubanos eran dueños de la mitad de la plaza. El cuartel de infantería quedó incomunicado, así como el de artillería, también llamado del Telégrafo, donde estaba el jefe de la plaza. El primero continuaba bajo los impactos de la artillería cubana, que seguía en sus posiciones de fuego en Loma del Cura.

Varias veces los defensores del cuartel levantaron bandera blanca, pero se trataba de estratagemas para ganar tiempo, y Calixto no interrumpió el ataque. Sucesivamente cayeron en poder de los cubanos el hospital militar, el fuerte No. 11 y el fuerte Provisional. En esos momentos resultó herido el teniente coronel Ángel de la Guardia, quien murió al día siguiente; el teniente coronel Gonzalo Capote lo sustituyó.

En la noche del 29 fueron tomados, en audaces acciones, los fuertes Victoria y Guáimaro. En la mañana del 30, cuando ya los hombres de Rabí iniciaban el asalto general sobre el cuartel de infantería, este se rindió. Allí ocuparon gran cantidad de armas y municiones. Se le envió un ultimátum al jefe de la plaza, que se mantenía en el cuartel Telégrafo, y a las 13:00 horas aceptó la rendición, con lo cual cesaba toda resistencia. También allí se ocupó gran cantidad de material de guerra.

Las cifras totales del inmenso botín ascendieron a dos cañones Krupp, con 117 cargas y 50 granadas; 1 163 fusiles; un millón de cartuchos; 10 carretas de medicamentos y equipos médicos, así como gran cantidad de provisiones de boca y equipos Diversos.

Las bajas españolas fueron 161 muertos, de ellos cuatro oficiales, y 176 heridos, incluidos tres oficiales. Los prisioneros enemigos fueron 12 oficiales y 397 clases y soldados. Las pérdidas sufridas por el Ejército Libertador fueron 29 muertos, entre ellos nueve oficiales, y 60 heridos de los cuales 19 eran oficiales, incluidos dos brigadieres. Los cubanos permanecieron en la ciudad hasta el 6 de septiembre. Antes de retirarse la redujeron a escombros.

Fuentes

  • Arcadio Ríos. Hechos y personajes de la Historia de Cuba. Recopilación Bibliográfica. La Habana, 2015. 320 p.
  • Diccionario enciclopédico de Historia Militar de Cuba. Tomo II. Acciones combativas. Centro de Estudios Militares de las FAR, 2006.
  • Aníbal Escalante Beatón. Calixto García. Su campaña en el 95, La Habana, 1978. Págs. 244-292.
  • Juan E. Casasús. Calixto García. El estratega, La Habana, 1962. Págs. 222-232.
  • Bernabé Boza. Mi diario de la guerra, 2 t., La Habana, 1974. Tomo II. Págs. 142-147.
  • Enrique Ubieta. Efemérides de la revolución cubana, 4 t., La Habana, 1920. Tomo II. Pág. 323.
  • Manuel Piedra Martell. Mis primeros 30 años, La Habana, 1979. Págs. 439-455.