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Vercingétorix

Vercingétorix
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Vercingetorix.JPG
Participó enGuerra de las Galias

Nacimiento80 a. n. e.
Auvernia
Fallecimientoagosto del 46 a. n. e.
Roma
Causa de la muerteasesinato
Otros empleosmilitar
PadresCeltillos

Vercingétorix. Cuyo nombre significa “el gran jefe de los guerreros”, comandante de los ejércitos unidos de la Galia. Vercingétorix, de la tribu de los arvernos, fue el único jefe de tribu que supo convencer a buena parte de los jefes galos de la necesidad de unirse bajo su mando para hacer frente a Roma.

Vercingétorix el galo

En el año 53 a. n. e., Julio César había vencido todas las batallas contra los galos aprovechando su punto débil: la división que reinaba entre los diferentes pueblos de la Galia. Sin embargo, aquel mismo año, la tribu de los eburones, dirigida por el galo Ambiorix, se rebeló contra la invasión romana, y derrotó a una de las legiones de César, que perdía así una cuarta parte de sus tropas. La rebelión de los eburones fue la primera derrota clara de los romanos en la Galia e inspiró sentimientos nacionalistas revolucionarios por toda la región. Las tribus galas empezaron a darse cuenta de que sólo vencerían a Roma si se mantenían unidas. Y se convocó un concilio de dirigentes en Bibracto.

El concilio declaró a Vercingétorix, cuyo nombre significa “el gran jefe de los guerreros”, comandante de los ejércitos unidos de la Galia. Vercingétorix, de la tribu de los arvernos, fue el único jefe de tribu que supo convencer a buena parte de los jefes galos de la necesidad de unirse bajo su mando para hacer frente a Roma.

Moneda de Vercingétorix

La batalla de Gergovia

La estrategia de la tierra quemada

En el momento de la alianza de los galos en contra de los romanos, Julio César se encontraba en su campamento de invierno, situado en la Galia Cisalpina. En seguida se enteró de la matanza de todos los ciudadanos romanos, tanto colonos como comerciantes, que se había producido en las ciudades galas más importantes y se vio obligado a volver inmediatamente, atravesando los Alpes en pleno invierno, para sofocar la nueva revuelta.

César se dirigió rápidamente hacia al norte en persecución de Vercingétorix y fue destruyendo ciudades a su paso. Sin embargo, esto era precisamente lo que quería Vercingétorix, atraer a César, evitando el combate frente a frente, en el cual se pondría de manifiesto la superioridad de los romanos. Al mismo tiempo, a su paso quemaba y destruía ciudades y campos con el fin de impedir que las tropas de César consiguieran alimento. Con esta táctica, denominada de la tierra quemada, los galos pretendían debilitar a su oponente.

Vercingétorix vence a los romanos

Los galos, interesados en el desgaste de los romanos, evitaban el enfrentamiento directo. Los dos ejércitos ya se encontraban muy cerca, cada uno en una orilla del río Allier, cuyos puentes habían sido destruidos.

Los dos ejércitos avanzaban hacia al sur, cada uno por su lado del río, hasta que un día Julio César escondió dos legiones y dejó que la columna principal continuara adelante. Vercingétorix siguió a los romanos hacia el sur como cada día desde el otro lado del río. Entonces las dos legiones que permanecían escondidas cruzaron el río y se acercaron a los galos por la retaguardia, obligando a Vercingétorix a huir para retirarse a Gergovia, una gran fortaleza situada en una meseta de pendientes muy pronunciadas. Vercingétorix mantenía una posición defensiva muy fuerte desde el cerro de Gergovia, de modo que César quiso sitiar la fortaleza con un nuevo engaño.

Hizo adelantar la caballería por la parte más transitable, mientras que el resto de la legión empezaba a atacar por una de las zonas con más pendiente. Sin embargo, Vercingétorix se dio cuenta a tiempo de la estrategia y envió refuerzos para contener el ataque inesperado. Desde su posición aventajada, infringió una dura derrota a los romanos, que se vieron obligados a retirarse, tras sufrir muchas bajas. El héroe galo se procuró así el apoyo de más tribus. La batalla de Gergovia había dado la vuelta a la tortilla en favor de los galos: eran ellos quienes ahora amenazaban los romanos.

La batalla de Alesia

En el verano del año 52 a. n. e., Julio César salió victorioso de los diversos enfrentamientos que tuvieron lugar entre las caballerías romana y gala, de forma que Vercingétorix decidió que no era el momento para una batalla a gran escala y agrupó a sus tropas en la fortaleza de Alesia, donde se produciría la batalla definitiva que pondría punto y final a la Guerra de las Galias.

Alesia estaba situada en la cumbre de un cerro y contaba con importantes defensas, se trataba de una fortaleza natural muy parecida a Gergovia, desde la cual se dominaban todos los valles de los alrededores. Ante la imposibilidad de un asalto frontal y tras la derrota de Gergovia a causa de un ataque precipitado, César decidió aislar a sus enemigos y hacer que se rindieran por hambre y por sed.

Para asegurarse un perfecto bloqueo, mandó construir un perímetro circular de muros de 18 kilómetros de longitud y de 4 metros de altura, con torres espaciadas regularmente, algunas de hasta 24 metros de altura. También excavaron fosos de 4 metros y medio de anchura y de cerca de medio metro de profundidad. El foso más cercano a la fortificación se llenó de agua desviada desde los ríos cercanos, otro de los fosos fue construido en forma de V para que no se pudiera poner el pie en el fondo. Finalmente, se colocaron toda clase de trampas: agujeros ocultos, palos afilados, estacas de hierro, etc.

Esta obra de ingeniería sorprendente fue edificada en tan sólo 3 semanas y constituye una de las estratagemas más astutas de la historia militar. Aun así, no nos debe extrañar tanto. César era un especialista: en una ocasión, cuando ejercía de regidor en la ciudad de Roma, había desviado el río Tíber hasta al interior del Circo Máximo para simular una batalla naval como entretenimiento del público.

Obviamente, el ejército de Vercingétorix intentó boicotear los trabajos romanos, pero no pudo impedirlos. Aun así, una parte de la caballería pudo escapar de la ciudad por una de las secciones que todavía no estaban acabadas. Entonces, César, que preveía la llegada de tropas de socorro que lo atacarían desde fuera, hizo construir una línea defensiva exterior, parecida a la primera, de unos 21 kilómetros de perímetro. De este modo, los romanos quedaban protegidos entre ambas fortificaciones. ¿Conseguiría Vercingétorix acorralarlos y hacer que Julio César quedara atrapado en su propia trampa?

Muerte

A los galos, cercados dentro la fortaleza de Alesia, les empezaron a escasear los víveres. 80.000 soldados más la población civil autóctona era demasiada gente para las pocas provisiones que quedaban. Según los cálculos de Vercingétorix, la comida no duraría ni un mes. Así, la tribu de los mandubios, originarios de Alesia, decidió expulsar de la fortaleza a todo aquel no apto para la lucha, es decir, a las mujeres y a los niños. Tenían la esperanza de que César los dejaría escapar o los haría esclavos, lo cual, pensaba Vercingétorix, daría a su ejército una oportunidad para romper las filas enemigas. Sin embargo, César tampoco podía permitirse el lujo de alimentarlos, así que ordenó que no se hiciera nada por ellos. Mujeres y niños de Alesia, junto con discapacitados, murieron de hambre entre las paredes de la ciudad gala y de la fortificación romana.

Poco después, cuando los hombres de Vercingétorix amenazaban ya con la rendición, las tropas galas de refuerzo hicieron aparición. Mientras éstas asaltaban las murallas exteriores, el ejército de Vercingétorix atacaba las interiores. Aun así, todo esfuerzo fue en vano. Julio César tomó a Vercingétorix como el trofeo de su larga campaña en la Galia que exhibiría en el triunfo que tenía pensado celebrar. Probablemente se le mantuvo prisionero en una celda de Tulliano, donde fue estrangulado en agosto del 46 a. n. e., año en que César celebró su triunfo sobre la Galia.

Fuentes