Diferencia entre revisiones de «Filosofía inglesa (Siglos XVII y XVIII)»

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George Berkeley (1685-1753) nació en Irlanda, en el seno de una familia inglesa de nobles. Estudió  en el Trinity College de Dublín, donde predominaba el espíritu escolástico y donde las disciplinas principales eran la [[Teología]], la [[Metafísica]], la [[Ética]] y la [[Lógica]]. Extramuros universitarios estaban ampliamente difundidas las doctrinas de [[René Descartes|Descartes]] y [[John Locke|Locke]], polemizaban los partidarios de la [[física]] torbellinante cartesiana con los seguidores de la [[física]] gravitatoria newtoniana.
 
George Berkeley (1685-1753) nació en Irlanda, en el seno de una familia inglesa de nobles. Estudió  en el Trinity College de Dublín, donde predominaba el espíritu escolástico y donde las disciplinas principales eran la [[Teología]], la [[Metafísica]], la [[Ética]] y la [[Lógica]]. Extramuros universitarios estaban ampliamente difundidas las doctrinas de [[René Descartes|Descartes]] y [[John Locke|Locke]], polemizaban los partidarios de la [[física]] torbellinante cartesiana con los seguidores de la [[física]] gravitatoria newtoniana.
  
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Berkeley, atento estudioso de las teorías científico naturales, decidió ya en sus años juveniles combatir lo que eran los resultados fundamentales de la [[Filosofía]] y la ciencia avanzadas. Como observara los progresos de las doctrinas materialistas y mecanicistas pensó atacar no tal o cual manifestación del materialismo, sino la noción clave, según él juzgaba, de todos los tipos de materialismo, esto es, la noción de la materia como base substancial de toda la multiplicidad de los cuerpos y sus cualidades. Estrecha conexión con la noción de materia tiene la idea del espacio que, como entendía la física de [[Newton]], existe aparte de los cuerpos como habitáculo común de todas las cosas naturales. La filosofía de Locke, materialista en su conjunto, partía de que la fuente de las sensaciones era el mundo exterior, que existía independientemente de la conciencia. Berkeley rechazaba este punto de partida materialista de la doctrina lockiana y afirma que las sensaciones son la única realidad perceptible por el hombre. Al sensualismo materialista de [[John Locke|Locke]] opone el sensualismo idealista.
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Locke había tratado de esclarecer también el método por el cual llegamos a las ideas de materia y espacio. Era el método de la abstracción. Pensaba que, abstrayéndonos de todos los rasgos y todas las notas particulares de las cosas, nuestro entendimiento capta los rasgos y las notas comunes a todos los objetos y de esta suerte, llega a la idea general abstracta de la materia en cuanto tal, del espacio en cuanto tal, etc. Berkeley intenta demostrar por todos los medios a su alcance que nuestra mente es incapaz de concebir la abstracción descrita por [[John Locke|Locke]]. Es imposible la idea general abstracta de “extensión” o de “espacio”. Es absurda, internamente contradictoria. No podemos percibir ni concebir semejante idea. Lo mismo acontece con la idea abstracta de la materia. A demostrar estas concepciones, dedica Berkeley su “Tratado sobre los principios del conocimiento humano” (1710) y “Tres diálogos entre Hilas y Philonus” (1713), obras en que no esconde que su principal intento es combatir el materialismo y todas sus expresiones en la ciencia.
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Según Berkeley, la premisa de la noción de materia, lo mismo que la de espacio, consiste en admitir que abstrayéndonos de las propiedades particulares de las cosas que percibimos por medio de las diversas sensaciones, podemos formar la idea abstracta de un sustrato material común a todas ellas. Pero eso es imposible dice el filósofo. No tenemos ni puede haber una aprehensión sensorial de la materia en cuanto tal. Percibimos únicamente las cosas singulares, y cada una de estas percepciones es la suma de las diversas sensaciones o, según la terminología berkeleyana, “ideas”. Tales son las ideas de las flores, aromas, sonidos, de sensaciones térmicas, tangibles, etc. “Ser” significa siempre “ser percibido”. Vemos colores, pero no la materia coloreada, oímos sonidos, pero no la materia sonante, etc.
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A idea de Berkeley no puede existir la idea general abstracta de materia, como no puede existir la idea abstracta de extensión, espacio, etc. Una palabra se torna general no por ser signo de una idea general abstracta, sino que es capaz de ser signo de muchas ideas particulares a cada una de las cuales puede evocar mentalmente. El intelecto del hombre puede formar la idea general de la cosa, pero no la idea general abstracta. Berkeley afirma que la idea abstracta de la materia no puede añadir a las propiedades de las cosas ni una propiedad más de las que descubre en ellas la percepción sensorial.
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Este filósofo combate además la doctrina de las cualidades primarias y secundarias de la materia. Refiriéndose a la falta de consecuencias en Locke, dice que si las cualidades “secundarias” son subjetivas, también lo son las “primarias”. Por consiguiente las ideas todas existen sólo en el espíritu, no pueden ser copias de esas cosas exteriores de las que habitualmente se piensa que existen fuera del espíritu. Una idea puede parecerse sólo a otra idea y nada más.
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Estamos, pues, ante el idealismo subjetivo. Una doctrina que rechaza el ser de la materia y no reconoce existencia más que a la conciencia humana, dentro de la cual hace Berkeley distinción entre “ideas” y “espíritus”. Las ideas son las cualidades dadas en nuestra percepción subjetiva; los espíritus son los sujetos percipientes, activos, inmateriales. A juicio de Berkeley, las ideas son absolutamente pasivas. Por el contrario los espíritus son activos. El filósofo necesita esta diferencia para defender el idealismo subjetivo frente a las objeciones inevitables y naturales, intenta demostrar de que sus supuestos no se deduce de las cosas aparecen cuando son percibidas y desaparecen cuando se suspende la percepción.
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Berkeley defiende los principios del idealismo subjetivos, pero quiere evitar el solipsismo, esto es, la deducción de que no exista más que un sujeto percipiente. De ahí que, pese al postulado inicial del idealismo subjetivo, sostenga que el sujeto no es uno. Una cosa que haya dejado de ser percibida por un sujeto puede serlo por otra y por otros. Y aunque todos los sujetos desaparecieran no por eso las cosas se convertirán en nada. Los objetos seguirán existiendo como suma de “ideas” en la mente de Dios. Dios es el sujeto que en todo caso no puede desaparecer y, congruentemente, no puede desaparecer todo el mundo de cosas por El creador. Justamente Dios “introduce” en la conciencia de los sujetos el contenido de las sensaciones que surgen al contemplar el mundo y las cosas singulares.
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Tenemos así, que tras comenzar por el idealismo subjetivo y evitar el solipsismo, Berkeley da un paso hacia el idealismo objetivo reconociendo la existencia de una fuerza espiritual sobre natural, es decir, Dios. Posteriormente va limitando más y más su doctrina idealista-sensualista y tiende a un idealismo objetivo de cuño [[Filosofía romana|neoplatónico]].
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===Agnosticismo de David Hume===
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[[Image:Hume_XVIII.jpg|thumb|right|David Hume]]
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Filósofo, psicólogo, historiador y economista inglés (1711-1776) contemporáneo de Berkeley, que influyó sobre él, aunque Hume no compartió sus deducciones. Berkeley es un partidario militante del idealismo y la religión, Hume es un escéptico, un agnóstico. Como señalara Lenin, Hume reemplaza el consecuente punto de vista de Berkeley (el mundo exterior es mi sensación) por su punto de vista: suprime el problema mismo de si hay algo más allá de mis sensaciones. “Y este punto de vista del agnosticismo condena inevitablemente a los vaivenes entre el materialismo y el idealismo.”
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==Enlaces externos==
 
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*[http://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/toland.htm Obra y vida de John Toland]
 
*[http://www.biografiasyvidas.com/biografia/t/toland.htm Obra y vida de John Toland]
 
   
 
   
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*[http://www.luventicus.org/articulos/02A036/hume.html Artículos David Hume]
 
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*[http://www.filosofia.net/materiales/tem/berkeley.htm Materiales George Berkeley]
 
*[http://www.filosofia.net/materiales/tem/berkeley.htm Materiales George Berkeley]
 
   
 
   
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*Los materialistas ingleses del siglo XVIII. [[Moscú]]. 1967. T. I. pág. 152.
 
*Los materialistas ingleses del siglo XVIII. [[Moscú]]. 1967. T. I. pág. 152.
 
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*V. I. [[Lenin]]. Materialismo y empiriocriticismo. O. C. t. 18. Pág. 63
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[[Category:Filósofo]]
 
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Revisión del 11:33 20 oct 2011

Filosofía inglesa (Siglos XVII y XVIII)
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La Ilustración del siglo XVIII fue el ariete con que la entonces joven clase burguesa arremetió contra los puntales de la vida ideológica contruidos en la sociedad feudal

Filosofía inglesa (Siglos XVII y XVIII). La filosofía de John Locke ejerció fuerte influencia sobre el desarrollo de la Ilustración inglesa de los siglos XVII y XVIII dirigida contra la ideología de la sociedad feudal. Los ilustradores trataban de poner fin a la fe a favor de la razón; a la religión a favor de la ciencia y de la concepción científica del mundo; trataban de liberar la moral de las tutelas religiosas y proclamaban que la “luz natural de la razón” era el instrumento principal e independiente de la religión para perfeccionar la sociedad. la instrucción de la sociedad era la fuerza propulsora del desarrollo histórico y la condición del triunfo de la razón.

Ilustración inglesa

La Ilustración del siglo XVIII fue el arma con que la incipiente clase burguesa enfrentó las bases de la ideología feudal, puntales que entorpecían el avance de la ciencia y de una concepción científica del mundo, que legalizaban el dominio ideológico de la Iglesia y sostenía el poder político de las clases dominantes.

Los ilustrados, por el contrario, combatían ese dominio, liberaban las mentes y así cooperaban a la emancipación política. En consonancia con la instauración de la sociedad burguesa en Europa Occidental, las ideas de la Ilustración se propagaron al principio en Inglaterra, luego en Francia y más tarde en Alemania.

En centro de la problemática filosófica que interesaba a los hombres de la Ilustración era la cuestión del conocimiento y la fe, de la cosmovisión nueva, científico-natural y los acontecimientos sobrenaturales narrados por las Escrituras.

Los teólogos habían interpretados los relatos bíblicos de milagros como hechos históricos reales, como compendio de las leyes otorgadas por Dios que definían las reglas de la moral, el régimen político de la sociedad y las normas y las relaciones jurídicas. Las mentes avanzadas de la burguesía pusieron en tela de juicio tal significado de la Biblia y la religión y lo sometieron a estudio y crítica. Pero no se decidieron a transgredir ciertos límites, cosa entendible si recordamos que todos los movimientos revolucionarios burgueses de los siglos XVI y XVII se atribuyeron motivos religiosos, esto es, los propios contendientes entendían sus batallas no tanto como lucha política de clases, lo que realmente era, sino como lindes de los partidos religiosos: entre las Iglesias, las sectas y los teólogos.

A tono con ello era excepcional el interés por las cuestiones religiosas debatidas, cuestiones que abrigaban diversos contenidos. La historia de la Ilustración inglesa es en buena medida la historia del libre pensamiento religioso y la forma ideológica de este libre pensamiento fue el deísmo, o sea, la religión entendida como fe limitada al reconocimiento de Dios en calidad de causa primaria y la renuncia a todos los demás postulados de la religión como opuestos a la razón. En las circunstancias de los siglos XVII y XVIII era a cada paso el deísmo una forma velada de renunciar a la interpretación religiosa del mundo.

El deísmo inglés alcanza su expresión más alta en el primer cuarto del siglo XVIII y tiene y tiene un segundo auge en las postrimerías del siglo XVIII. En el sentido filosófico, los deístas oscilaban entre un materialismo inconsecuente y el idealismo. Elementos deístas encontramos en algunos filósofos que en la doctrina del ser y del conocimiento eran materialistas, por ejemplo Locke y el joven Toland. Llamarles deístas, como a menudo hacen los historiadores burgueses de la Filosofía, y silenciar su materialismo equivale a escamotear lo principal, lo decisivo de sus concepciones.

John Toland

John Toland

John Toland (1670-1722) avanza del deísmo al materialismo. En su obra “Cristianismo no misterioso” admite todavía las verdades reveladas. Pero apunta ya que las proposiciones de la religión cristiana no pueden estar ni en contra ni sobre la razón.

En “Cartas a Serena” (1704) desarrolla el materialismo y hace enmiendas sustanciales a la doctrina de Spinoza. La religión no es una revelación divina, sino un engendro de perjuicios. Toland somete a crítica la doctrina spinoziana de la substancia partiendo de la frase de Newton: “El reposos de la materia es puro disparate”, rechaza la inmovilidad de la substancia spinoziana. El mundo como un todo es eterno, pero cambia sin cesar; la vida y el movimiento caracterizan no sólo a las cosas individuales, sino también a la substancia. Toland formula por primera vez una de las proposiciones más importantes del materialismo: “…el movimiento es propiedad esencial de la materia…, tan inseparable de su naturaleza como son inseparables de ella la impenetrabilidad y la extensión.” La materia es la base del pensamiento. El pensamiento es un movimiento corporal condicionado por la estructura y la actividad del cerebro. Por ello, una enfermedad del cerebro es una enfermedad del pensamiento y la suspensión de las funciones del cerebro comporta la falta de pensamiento.

En su áspera crítica de la religión sostiene que todas las religiones no son más que engaños de sacerdotes y gobernantes para tener embriagadas a las masas populares. Ciertamente, por radical que sea esta crítica y la de otros ilustradores ingleses, en todo ellos adolece de limitación y hasta de ambigüedad. Ante todo, su base social era restringida. El deísmo, la crítica ilustrada de la religión, era cosa destinada a unos pocos, los aristócratas del espíritu. La burguesía inglesa abandonada con disgusto las ilusiones religiosas, que arropaban en su conciencia acciones y afanes políticos reales. No obstante, aun bajo esta forma ambigua, el deísmo inglés y el libre pensamiento inglés en materia religiosa de comienzos del siglo XVIII constituían un serio peligro para la ideología feudal, cuyos defensores no querían replegarse. Precisamente estos medios apoyaron a George Berkeley contra la Ilustración.

George Berkeley

George Berkeley

George Berkeley (1685-1753) nació en Irlanda, en el seno de una familia inglesa de nobles. Estudió en el Trinity College de Dublín, donde predominaba el espíritu escolástico y donde las disciplinas principales eran la Teología, la Metafísica, la Ética y la Lógica. Extramuros universitarios estaban ampliamente difundidas las doctrinas de Descartes y Locke, polemizaban los partidarios de la física torbellinante cartesiana con los seguidores de la física gravitatoria newtoniana.

Berkeley, atento estudioso de las teorías científico naturales, decidió ya en sus años juveniles combatir lo que eran los resultados fundamentales de la Filosofía y la ciencia avanzadas. Como observara los progresos de las doctrinas materialistas y mecanicistas pensó atacar no tal o cual manifestación del materialismo, sino la noción clave, según él juzgaba, de todos los tipos de materialismo, esto es, la noción de la materia como base substancial de toda la multiplicidad de los cuerpos y sus cualidades. Estrecha conexión con la noción de materia tiene la idea del espacio que, como entendía la física de Newton, existe aparte de los cuerpos como habitáculo común de todas las cosas naturales. La filosofía de Locke, materialista en su conjunto, partía de que la fuente de las sensaciones era el mundo exterior, que existía independientemente de la conciencia. Berkeley rechazaba este punto de partida materialista de la doctrina lockiana y afirma que las sensaciones son la única realidad perceptible por el hombre. Al sensualismo materialista de Locke opone el sensualismo idealista.

Locke había tratado de esclarecer también el método por el cual llegamos a las ideas de materia y espacio. Era el método de la abstracción. Pensaba que, abstrayéndonos de todos los rasgos y todas las notas particulares de las cosas, nuestro entendimiento capta los rasgos y las notas comunes a todos los objetos y de esta suerte, llega a la idea general abstracta de la materia en cuanto tal, del espacio en cuanto tal, etc. Berkeley intenta demostrar por todos los medios a su alcance que nuestra mente es incapaz de concebir la abstracción descrita por Locke. Es imposible la idea general abstracta de “extensión” o de “espacio”. Es absurda, internamente contradictoria. No podemos percibir ni concebir semejante idea. Lo mismo acontece con la idea abstracta de la materia. A demostrar estas concepciones, dedica Berkeley su “Tratado sobre los principios del conocimiento humano” (1710) y “Tres diálogos entre Hilas y Philonus” (1713), obras en que no esconde que su principal intento es combatir el materialismo y todas sus expresiones en la ciencia.

Según Berkeley, la premisa de la noción de materia, lo mismo que la de espacio, consiste en admitir que abstrayéndonos de las propiedades particulares de las cosas que percibimos por medio de las diversas sensaciones, podemos formar la idea abstracta de un sustrato material común a todas ellas. Pero eso es imposible dice el filósofo. No tenemos ni puede haber una aprehensión sensorial de la materia en cuanto tal. Percibimos únicamente las cosas singulares, y cada una de estas percepciones es la suma de las diversas sensaciones o, según la terminología berkeleyana, “ideas”. Tales son las ideas de las flores, aromas, sonidos, de sensaciones térmicas, tangibles, etc. “Ser” significa siempre “ser percibido”. Vemos colores, pero no la materia coloreada, oímos sonidos, pero no la materia sonante, etc.

A idea de Berkeley no puede existir la idea general abstracta de materia, como no puede existir la idea abstracta de extensión, espacio, etc. Una palabra se torna general no por ser signo de una idea general abstracta, sino que es capaz de ser signo de muchas ideas particulares a cada una de las cuales puede evocar mentalmente. El intelecto del hombre puede formar la idea general de la cosa, pero no la idea general abstracta. Berkeley afirma que la idea abstracta de la materia no puede añadir a las propiedades de las cosas ni una propiedad más de las que descubre en ellas la percepción sensorial.

Este filósofo combate además la doctrina de las cualidades primarias y secundarias de la materia. Refiriéndose a la falta de consecuencias en Locke, dice que si las cualidades “secundarias” son subjetivas, también lo son las “primarias”. Por consiguiente las ideas todas existen sólo en el espíritu, no pueden ser copias de esas cosas exteriores de las que habitualmente se piensa que existen fuera del espíritu. Una idea puede parecerse sólo a otra idea y nada más.

Estamos, pues, ante el idealismo subjetivo. Una doctrina que rechaza el ser de la materia y no reconoce existencia más que a la conciencia humana, dentro de la cual hace Berkeley distinción entre “ideas” y “espíritus”. Las ideas son las cualidades dadas en nuestra percepción subjetiva; los espíritus son los sujetos percipientes, activos, inmateriales. A juicio de Berkeley, las ideas son absolutamente pasivas. Por el contrario los espíritus son activos. El filósofo necesita esta diferencia para defender el idealismo subjetivo frente a las objeciones inevitables y naturales, intenta demostrar de que sus supuestos no se deduce de las cosas aparecen cuando son percibidas y desaparecen cuando se suspende la percepción.

Berkeley defiende los principios del idealismo subjetivos, pero quiere evitar el solipsismo, esto es, la deducción de que no exista más que un sujeto percipiente. De ahí que, pese al postulado inicial del idealismo subjetivo, sostenga que el sujeto no es uno. Una cosa que haya dejado de ser percibida por un sujeto puede serlo por otra y por otros. Y aunque todos los sujetos desaparecieran no por eso las cosas se convertirán en nada. Los objetos seguirán existiendo como suma de “ideas” en la mente de Dios. Dios es el sujeto que en todo caso no puede desaparecer y, congruentemente, no puede desaparecer todo el mundo de cosas por El creador. Justamente Dios “introduce” en la conciencia de los sujetos el contenido de las sensaciones que surgen al contemplar el mundo y las cosas singulares.

Tenemos así, que tras comenzar por el idealismo subjetivo y evitar el solipsismo, Berkeley da un paso hacia el idealismo objetivo reconociendo la existencia de una fuerza espiritual sobre natural, es decir, Dios. Posteriormente va limitando más y más su doctrina idealista-sensualista y tiende a un idealismo objetivo de cuño neoplatónico.

Agnosticismo de David Hume

Filósofo, psicólogo, historiador y economista inglés (1711-1776) contemporáneo de Berkeley, que influyó sobre él, aunque Hume no compartió sus deducciones. Berkeley es un partidario militante del idealismo y la religión, Hume es un escéptico, un agnóstico. Como señalara Lenin, Hume reemplaza el consecuente punto de vista de Berkeley (el mundo exterior es mi sensación) por su punto de vista: suprime el problema mismo de si hay algo más allá de mis sensaciones. “Y este punto de vista del agnosticismo condena inevitablemente a los vaivenes entre el materialismo y el idealismo.”

Enlaces externos

Fuentes

  • Historia de la Filosofía. Tomo I. Historia de la Filosofía Premarxista. Segunda Edición. Ed. Progreso Moscú. 1983. Cap. II. Pág. 228
  • Los materialistas ingleses del siglo XVIII. Moscú. 1967. T. I. pág. 152.
  • V. I. Lenin. Materialismo y empiriocriticismo. O. C. t. 18. Pág. 63