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Revisión del 14:18 21 nov 2011
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Sumario
Bañarse es siempre un placer, al alcance de todos
De agua, leche, miel, aceite, el baño ha sido a lo largo de la historia además de un placer, la esencia de la higiene física y psíquica del ser humano. Elemento clave de la vida privada y pública a través de las diferentes culturas. Se conoce que en el Imperio Romano había una gran pasión por el aseo; la mayoría de las personas estaba consciente de la importancia de la higiene cotidiana, que era entonces —tal como lo es ahora para nosotros— parte de la vida diaria. Disponían para ello de gran cantidad de baños termales con uso curativo (termas) y de otros públicos, algunos de los cuales se han conservado.
Historia de algunas religiones
También es sabido que en la historia de algunas religiones el baño ha desempeñado un propósito purificador. En los ritos de la novia judía, el agua la limpia de impurezas antes del matrimonio. En otras, según distintas fuentes, se han utilizado saunas y baños a altas temperaturas. ¿Quién no ha oído hablar de los de la reina egipcia Cleopatra? Se cuenta que para relajarse física y mentalmente, ella tomaba largos baños tibios en su tina real, y perfumaba el ambiente con esencias, inciensos, flores… pues —según la tradición— sabía que cientos de años atrás otras mujeres habían comprobado la efectividad de la aromaterapia para curar todo mal, incluido el cansancio, por lo que la reina utilizaba azahar, manzanilla, petitgrain (un aceite) y mejorana, cuando necesitaba descansar, refrescarse, olvidarse del insomnio y mejorar la circulación sanguínea.
Salud
También se ha escrito bastante acerca de que el agua regenera la piel, y hasta existen creencias antiguas de que bañarse con el agua de lluvia puede ser beneficioso; para algunas culturas esto atrae buena suerte y para otras aleja las enfermedades. Las fuentes de agua, esas que nos ofrece la naturaleza, se han simbolizado a través del tiempo de diferentes formas, pero casi siempre concediéndoles poderes excepcionales, como dar vida, fuerza, pureza, espiritualidad, paz… Fernando de Rojas, dramaturgo español, autor de La Celestina, una de las obras cumbres de la literatura española, recrea los placeres del aseo de esta mujer y algunos de sus preparativos: “Aparejos para baños, esto es una maravilla, las yerbas y raíces que tenía en el techo de su casa colgadas […]”. Y hace más de 2000 años, Hipócrates —médico de la antigua Grecia— señaló por primera vez en la historia de la medicina las propiedades curativas de ciertas aguas. Desde entonces se han descubierto técnicas que, además de utilizarlas como fármaco, las usan también en forma de baños de barros, arcillas y masajes para prevenir o mejorar afecciones del aparato locomotor, respiratorio y digestivo. En su libro, El espacio privado. Cinco siglos en veinte palabras, Vicente Verdú, escritor y periodista español, pondera el valor de este acto de insustituible particularidad: “[…] El tiempo del cuarto de baño, libre de comercio, remite al sueño de la individualidad ideal. Es el tiempo original, incomunicable o nulo. Robado al valor”. Aunque para algunos pueblos de altas latitudes con muy bajas temperaturas tiene que ser más artificioso, en tanto que para quienes disfrutamos de ambientes más cálidos es mucho más sencillo, en general la experiencia del baño resulta satisfactoria y muy reconfortante en sí misma, además de que, de algún modo, siempre sugiere una vuelta a la naturaleza, a los sentidos, al tacto, a las sensaciones, al sosiego de la intimidad, más allá de esa inseparable conexión del acto de placer con la higiene.
Fuente
Revista Cubana Bohemia 14 de Enero 2011.
