Diferencia entre revisiones de «Licenciamiento del Ejército Libertador»
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Revisión del 15:08 27 sep 2012
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Licenciamiento del Ejército Libertador. Despido de las tropas cubanas, luego del armisticio del 12 de agosto de 1898, entre España y los Estados Unidos cuando cesa en la práctica la Guerra Hispano Cubano Norteamericana.
Planes para el licenciamiento
El hambre comenzó a azotar al Ejército Libertador, unido a los efectos del bloqueo naval impuesto por los Estados Unidos, impidiendo la llegada de refuerzos y ayuda del exterior. Inmediatamente entre los gobernantes y jefes norteamericanos comenzó a materializarse la idea de licenciar a los soldados de las huestes mambisas.
La más temprana noción sobre la posibilidad de disolver el ejército, fue planteada por Tomás Estrada Palma el 11 de agosto de 1898, quien le planteó a Perfecto Lacoste el 3 de septiembre de ese mismo año que: en cuanto al propósito nuestro de que el Gobierno Provisional de Cuba decrete el licenciamiento de nuestras tropas mediante el pago del último año, alguna esperanza me asiste en virtud de palabras vertidas por el presidente Mckinley de que este encuentre alguna fórmula que sirva para resolver el problema.
El 11 de septiembre, Gonzalo de Quesada escribió una carta a Elizabeth Camerón, reafirmando su decisión de hacer lo que al gobierno de Estados Unidos deseaba: disolver el disolver Ejército y el gobierno.
Estrategia, política y realidad
El gobierno norteamericano como parte de su estrategia, entretejía la necesidad de desmembrar las filas del ejército cubano, basándose en que esta era la institución a la cual debían temer al ocupar militarmente la isla, siendo su principal temor entablar una lucha contra un fogueado ejército con vasta experiencia de guerra. Otra aspiración era, descomponer el resto de las autoridades del país, logrando desconocer en sus planes al Consejo de Gobierno.
Utilizando muy sutilmente sus artimañas se dedicaron a buscar otra vía que fuese decidida por los cubanos. Máximo Gómez defendía la idea de que los cubanos debían ser la base del ejército y guardia rural de la futura república como garantía de orden y de independencia, algunos de los integrantes de las filas insurrectas con cierta ingenuidad, sirvieron de abogados a favor de la idea norteamericana. La medida más drástica fue someter al hambre a los libertadores, una prueba fehaciente fueron las medidas tomadas por Leonardo Wood que fungía como gobernador civil en Santiago de Cuba, retiró a los soldados hacia las inmediaciones de la ciudad a trabajar en pequeñas fincas, Por otra parte Lawton que era el jefe civil de la ciudad se aprovechó de cierta simpatía que gozaba entre las filas mambisas para persuadirlas y lograr que entregaran las armas, buscó influencia en Demetrio Castillo Duany y Calixto García. Muchos cubanos se opusieron a esta medida protestando enérgicamente indignados.
Luego de la firma del Tratado de París, comenzaron a tomarse medidas para disolver los órganos representativos del pueblo, desarmar y disolver el Ejército Libertador. Calixto García fue designado para viajar a los Estados Unidos como parte de una comisión para negociar el licenciamiento del ejército, por la carencia de datos acerca de la composición exacta García solicitó una cifra de 10 mil pesos por soldado excluyendo los oficiales. Mackinley por conveniencia, asignó 3 millones de pesos consignándolo como deuda, siguió el mismo curso de la guerra, no reconoció el gobierno civil, se entendió de manera aislada con los principales jefes cubanos, dando con esto un paso decisivo para destruir el órgano de dirección de la Revolución.
Conclusiones
Esta política que fue llevada a cabo para destruir las huestes mambisas , salió de las propias entrañas del monstruo, del gobierno del presidente norteamericano William Mackinley. Tardíamente tejida en Washington la nefasta trama paradójica para disolver las tropas mambisas, llegó a su final. Durante 30 años habían luchado los cubanos por una causa justa, sufriendo la pérdida de cientos de miles de patriotas.Dramáticamente no podían determinar aún cuando conseguirían la verdadera independencia y peor, el precio que tendrían que pagar por ella.
Fuentes
- Abdala Pupo, Oscar Luis: La intervención militar norteamericana en la contienda independentista cubana. Editorial Oriente, Santiago de Cuba,1998.
- Acosta Matos, Eliades: Cien respuestas para un siglo de dudas. Editorial Pablo de La Torriente Brau, La Habana, 1999.
- Arango Martínez, Felipe: Cronología crítica de la Guerra Hispano Cubano Norteamericana.
- Placer Cervera, Gustavo: El estreno del imperio. Editorial Ciencias Sociales,La Habana,2005.
- Roig de Leuchesenring, Emilio: Cuba no debe su independencia a los Estados Unidos. Sociedad Cubana de Estudios Históricos e Internacionales, La Habana ,1950.
- Rodríguez,Rolando: La forja de una nación,2t,Caja Madrid,España,1999