Diferencia entre revisiones de «La abuelita Milagro»
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Revisión del 11:46 7 jun 2017
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Sinopsis
Mi abuelita Milagro Hacía pan de violetas". Desde su primera línea, esta obra poética y de un divertido surrealismo nos introduce en una refrescante recreación de los personajes, las costumbres, las leyendas y los paisajes del campo cubano. Con este primer libro, escrito cuando era un adolescente, Antonio Orlando Rodríguez se situó entre las figuras más sobresalientes de la literatura infantil de su país. Abuelita Milagro es una colección de cuentos y viñetas que gira alrededor de una abuela, sus nietos, sus vecinos y sus animales, quienes conforman un mágico, barroco y colorido universo. Abuelita Milagro está estructurado en 14 cuentos que aunque admiten ser leídos como tales, componen una especie de relato mayor. Están narrados por uno de los nietos de la anciana, quien tiene un papel central. Es una señora mayor que, pese a sus años, se mantiene muy activa, regando sus flores, trajinando en ese maravilloso mundo de cacerolas, orégano, nata de leche y ajonjolí que es su cocina y sacándole brillo a todo: “los muebles, las ropas, los sueños, su brillante arsenal culinario, la jaula del canario con canario y todo, el gato dormilón y remilgado, la jicotea, ella misma”. Hasta sus propios nietos iban a dar al fondo de su inmensa bañera, que ella se las ingeniaba para sacar al patio. Como tiene tantos años, ha acumulado muchos conocimientos y sabe muchas historias que cuenta a sus nietos. Estos se enteraron así de que su padre fue coronel del Ejército Libertador y alzó un campamento insurrecto durante la guerra contra los españoles de 1895. Abuelita Milagro también les habló de la vieja Inés, que se pasaba todo el día fumando tabacos y bebiendo café. De joven era tan ligera que abrió una academia para enseñar a volar a los zunzunes. Pero sin que nadie comprendiese la causa (solo comía lechugas y alguna que otra zanahoria), empezó a aumentar de peso y engordó tanto, que ya no pudo salir más de su casa y allí se quedó. Asimismo y acompañados de su abuela, los nietos fueron a conocer a la Señora Santana. Era una persona muy conservadora y, en efecto, se trataba de la misma persona de aquella cancioncita que muchos de nosotros entonábamos cuando éramos niños.
==Síntesis del autor==
En 1975, un muchacho que estaba por cumplir diecinueve años, decidió retocar un libro de cuentos para niños escrito por él tres años atrás. Desde pequeño, como él ha recordado, le gustaba inventar historias o bien hacer versiones de aquellas que conocía a través de los libros y los programas de radio y televisión. Probó suerte también en la pintura, en los títeres y hasta en el cine, con unas películas que dibujaba en tiras de papel de pergamino y que luego ponía en un proyector. Pero acabó por darse cuenta de que lo que mejor se le daba era escribir. Aquel muchacho flacucho y con espejuelos, ya digo, retocó ese texto escrito por él a los dieciséis años, le añadió un par de episodios, lo pasó a máquina y lo mandó al Concurso 26 de Julio. Me imagino que debe haber recibido tamaña sorpresa cuando le notificaron que había ganado el premio en la categoría de literatura para niños. A propósito de ello, el hasta entonces novel escritor contó lo que aquí reproduzco: “Mirta Aguirre, quien presidía el jurado, estaba convencida de que el autor de la obra era un anciano, a causa de los refranes y tradiciones antiguas que se recrean en sus páginas, y se quedó de una pieza cuando, la noche de la premiación, vio a un jovencito subir al escenario a recoger su diploma”. Ese mismo año llegó a las librerías Abuelita Milagro (Editorial Gente Nueva, La Habana, 1975), título con el cual Antonio Orlando Rodríguez (Ciego de Ávila, 1956) dejó de ser un autor inédito. La publicación de aquel libro significó además el inicio de una destacada y coherente trayectoria literaria, a lo largo de la cual Rodríguez ha sumado otros reconocimientos (La Edad de Oro, Premio Ismaelillo en cinco ocasiones, Premio Alfaguara de Novela, Florida Book Award). Asimismo ha cimentado una abultada bibliografía que incluye obras de ficción para niños y jóvenes (Cuentos de cuando La Habana era chiquita,Yo, Mónica y el monstruo, Pues, señor, este era un circo, El Sueño,El rock de la momia y otros versos diversos) y para adultos (Strip-tease, Aprendices de brujo, Chiquita), recopilaciones y antologías (En un camino encontré, Esta era una vez y dos más son tres, Adivínalo si puedes, El libro de Antón Pirulero) y estudios e investigaciones (Panorama histórico de la literatura infantil en América Latina y el Caribe, Al encuentro del lector, Por una escuela que lea y escriba). Abuelita Milagro está estructurado en 14 cuentos que aunque admiten ser leídos como tales, componen una especie de relato mayor. Están narrados por uno de los nietos de la anciana, quien tiene un papel central. Es una señora mayor que, pese a sus años, se mantiene muy activa, regando sus flores, trajinando en ese maravilloso mundo de cacerolas, orégano, nata de leche y ajonjolí que es su cocina y sacándole brillo a todo: “los muebles, las ropas, los sueños, su brillante arsenal culinario, la jaula del canario con canario y todo, el gato dormilón y remilgado, la jicotea, ella misma”. Hasta sus propios nietos iban a dar al fondo de su inmensa bañera, que ella se las ingeniaba para sacar al patio. Como tiene tantos años, ha acumulado muchos conocimientos y sabe muchas historias que cuenta a sus nietos. Estos se enteraron así de que su padre fue coronel del Ejército Libertador y alzó un campamento insurrecto durante la guerra contra los españoles de 1895. Abuelita Milagro también les habló de la vieja Inés, que se pasaba todo el día fumando tabacos y bebiendo café. De joven era tan ligera que abrió una academia para enseñar a volar a los zunzunes. Pero sin que nadie comprendiese la causa (solo comía lechugas y alguna que otra zanahoria), empezó a aumentar de peso y engordó tanto, que ya no pudo salir más de su casa y allí se quedó. Asimismo y acompañados de su abuela, los nietos fueron a conocer a la Señora Santana. Era una persona muy conservadora y, en efecto, se trataba de la misma persona de aquella cancioncita que muchos de nosotros entonábamos cuando éramos niños.
==Fuentes==