Puente La Reina Navarra
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Puente La Reina Navarra. Es el puente más emblemático del Camino de Santiago, mandado construir por Doña Mayor, mujer de Sancho III de Navarra, en la confluencia de los dos ramales del Camino que entraban en España, por el puerto de Roncesvalles y por Canfranc
Sumario
Características
Situado en pleno Camino de Santiago y construido al servicio de los
peregrinos que se encaminaban hacia Compostela, este puente salva
el obstáculo natural que supone el río Arga al suroeste de
Pamplona en la ruta que desde ésta se encamina hacia Logroño
pasando por Estella y Viana.
Tiene un perfil típico en "lomo de asno" con sus rampas
ascendiendo hasta el punto más alto sobre la clave del arco central.
Siete arcos de medio punto (a la vista seis, pues el séptimo se
halla bajo el nivel del suelo en la orilla izquierda por debajo del
torreón que en épocas posteriores se edificó para controlar el
paso de personas y enseres a su través).
En lo material, el puente mide 110
metros siendo su calzada de 4 m de anchura siendo su edificación
una importante, funcional e importante obra de la ingeniería
medieval.
utiliza el arco de medio punto, clave
de toda una época, repetidamente apeado en recias pilastras
guarnecidas con tajamares apuntados y escalonados en altura, hasta el
nivel inferior de los vanos que aligeran la obra entre cada dos arcos
permitiendo un mejor drenaje de las avenidas del río a su través.
Su historia
Puente de la Reina, nombrado así Así porque fue una Reina de Navarra quien lo mandó edificar. Se cree que fue Doña Mayor, esposa de Sancho III el Mayor, si bien no se acaba de descartar que fuera otra la reina-promotora, apuntando como segunda opción hacia la Reina Estefanía, desposada con García el de Nájera, hijo de Sancho III el Mayor. Su construcción data en la primera mitad del siglo XI. Con posterioridad a la construcción del puente, un siglo después, Alfonso I el Batallador fundó la villa que lleva su nombre: "Puente de la Reina"
Historia de los puentes medievales
Se sospecha que hacia el año 3000 a. de C. ya había puentes de arco, pero el primero del que se tuvo noticia fue el Pons Aemilius, sobre el río Tíber, en Roma, construido hacia el 178 a. de C. en el mismo lugar que después ocupó el Ponte Rotto. Pero queda muy poco de esa creación, la primera de material y diseñado con dos o más "ojos" o arcadas, para aminorar la resistencia del agua. Fue en el período medieval que la técnica romana se desarrolló y permitió sortear los escollos que impedían el tránsito por los caminos. En el mundo cristiano, y sobre todo en España, que aún conserva la más generosa herencia de estas construcciones medievales, la imagen del puente está ligada fuertemente a un sentimiento de transición entre dos estados espirituales. Ambas orillas del río representan dos estados diferentes del ser que pueden ser vinculados gracias a esas prolongaciones que son los puentes. A esto se debe que el puente medieval, que une regularmente dos costas que suelen estar a la misma altura, cuando intenta sortear el río, se "eleva". Esta elevación —técnicamente como "lomo de burro"—, no busca otra cosa que la verticalidad, la "ascensión" en un sentido cristiano del término. Por esto muchos puentes medievales tienen una pendiente pronunciada.
Véase también
Enlaces externos
Fuentes
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