Acto sexual femenino
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El Acto Sexual Femenino. El éxito de la realización del acto sexual femenino depende tanto de la estimulación psicológica como de la estimulación sexual local.
Estimulación
Los pensamientos eróticos pueden provocar el deseo sexual en la mujer; esto ayuda notablemente a la realización del acto sexual femenino. Este deseo depende mucho de su educación, así como de su impulso fisiológico, aunque el deseo sexual si aumenta en proporción al nivel de secreción de hormonas sexuales. El deseo también varía según el ciclo sexual y alcanza un máximo en la proximidad del tiempo de ovulación, probablemente debido al alto nivel de secreción de estrógenos durante el periodo ovulatorio. La estimulación sexual local de la mujer es más o menos igual a la del hombre, pues el masaje y otros tipos de estimulación de la vulva, la vagina y ciertas regiones del periné crean sensaciones sexuales. El glande del clítoris es especialmente sensible para iniciar estas sensaciones. Como en el varón, las sensaciones sexuales se transmiten a los segmentos sacros de la médula espinal a través del nervio pudendo y del plexo sacro. Una vez que estas señales han penetrado en la médula espinal, son transmitidas al cerebro. También los reflejos locales integrados en la médula espinal sacra y lumbar son, en parte, responsables de algunas reacciones en las relaciones sexuales femeninas.
Erección y lubricación femeninas
En torno al introito, extendiéndose hacia el clítoris, existe tejido eréctil casi idéntico al tejido eréctil del pene. Tal como el del pene, este tejido es controlado por nervios parasimpáticos que se dirigen, a través de los nervios erectores, desde el plexo sacro a los genitales externos. En las fases tempranas de la estimulación sexual, señale parasimpáticas dilatan las arterias de los tejidos eréctiles, probablemente como resultado de la liberación de acetilcolina, óxido nítrico y péptido intestinal vasoactivo (VIP) en las terminaciones nerviosas. Esto permite una rápida acumulación de sangre en el tejido eréctil, de forma que el introito se tensa en torno al pene durante la penetración; esto a su vez, ayuda mucho al hombre a lograr la estimulación sexual suficiente para que se produzca la eyaculación. Las señales parasimpáticas, también se dirigen a las glándulas de Bartolino, situadas bajo los labios menores, para provocar la secreción de moco inmediatamente por dentro del introito. Este moco supone buena parte de la lubricación durante el coito, aunque también el epitelio vaginal secreta mucho y una pequeña parte de las glándulas uretrales masculinas. La lubricación es necesaria para establecer durante el coito una sensación satisfactoria de masaje en el lugar de una irritación, que se puede producir si la vagina está seca. La percepción de masaje es el estímulo óptimo para provocarlos reflejos pertinentes que culminan en el clímax masculino y femenino
Orgasmo femenino
Cuando la estimulación local alcanza una intensidad máxima y especialmente cuando las sensaciones locales son apoyadas por señales adecuadas de condicionamiento psicológico del cerebro, reinician reflejos que producen el orgasmo femenino, llamado también clímax. El orgasmo femenino es análogo a la emisión y a la eyaculación del varón, y quizás ayuda a promover la fecundación del óvulo. Las intensas sensaciones sexuales que se desarrollan durante el orgasmo también se dirigen al cerebro y cusan una gran tensión muscular en todo el cuerpo. Pero tras la culminación del acto sexual, esto da paso, en los minutos siguientes, a una sensación de satisfacción caracterizada por una plácida relajación, un efecto denominado resolución.
Ver además
Fuentes
- Dra.Gorguet Pi Iliana C. Comportamiento sexual humano.2008

