Loma de la Campana
La loma de la Campana
El día 8 de mayo de 1895 entro en Banes el entonces Coronel del Ejercito Libertador Remigio Marrero Álvarez , con cien hombre mal armados y quemaron el fuerte en construcción, frente a la casa de Don Octavio Silva en la carretera de Veguitas, precisamente donde existe el depósito de madera Cordovés. En esa oportunidad se llevaron las armas de la casa del Alcalde de Barrio Don Francisco Galicia Ayuso, ese día se fueron con Marrero para el capo de la Revolución independentista, un grupo de jóvenes banenses.
El 20 de septiembre de ese año dio comienzo la construcción del el fuerte “Echagüe” en la loma donde años después se construyó una casa de madera y zinc, en la que se situó una campana que daba aviso de los incendio de los cañaverales y casas de propiedad de la United Fruit company y que se conoce desde entonces como “la loma de la campana”
Construcción de fuertes
El 30 de octubre de 1895 llegó a nuestra población una compañía del Cuerpo de Ingenieros del Ejercito Español para construir los fuertes siguientes: uno en la cabeza del puente donde existió luego una tienda de ropas, otro donde estuvo luego el local de la Cuban Telephone Company , otro donde estuvo la Escuela Primaria Superior, otro de raíles al fondo del depósito de Express de la Unit fruit Company, otro en la calle de los ángeles en la curva donde termina dicha calle. Esta tenia dos reductos situados uno al este y otro al oeste. Conocido como el fuerte de prevención, del mismo dimanaban las órdenes y avituallamiento para los demás fuerte. Era a la vez uan especie de cuartel y en el mismo residía el capitán que mandaba la plaza de banes, nombrado Don Eduardo Galbán
Estos fuertes fueron citados en el mes de Agosto de 1896 por el general Mariano Torres Mora. Durante el sitio, el General Torre escogió a “Fino ” Pupo Cruz como emisario para pedir la rendición de la plaza al que la mandaba en esa fecha Teniente Lago, que no accedió a sus propósitos, El día 11 del mismo mes y año, el General Torres cumpliendo con ordenes del Generalísimo Máximo Gómez, precedió a incendiar el pueblo de banes, quedando solo en pie el molino de viento con su torre de madera , propiedad de los Dumois.
El 17 de agosto de 1896 llegó a Banes la columna del General Nario del ejercito español, con 2 600 hombres de infantería, artillería, ingenieros y guerrilla. El día 18 al llegar a la loma de Sampera (entrada de los Angeles) una guerrilla de 50 hombres fue atacadas por fuerzas cubanas, teniendo dicha guerrilla un muerto y un herido. Ese día se destruyeron por los españoles todas las fortificaciones emplazadas en banes, llevando las mercancías al fuerte de El Embarcadero, que fue el único que quedo protegiendo el muelle.
La campana que estaba instalada, en la casa de la loma de ese nombre fue fundida en Toledo y traída a Santa Isabel de Nipe por una compañía franco-española que pretendía instalar un centra en dicho lugar.
Cuando se construyó dicha casa por la United Fruit Company en 1901, en el sitio donde fue demolido el fuerte de “Echagüe”, se llevó allí dicha campana que tenía en la parte superior o corona, cuatro cabezas de indios
En la casa de “la loma de la campana”, vivieron por muchos años el sr. Antonio Batista y su familia, a muchos de los cuales le llaman en lugar de por el apellido el nombre y le agregan campana.
El Sr. Batista devengaba un sueldo de la Compañía por su labor de avisar los incendios que ocurrían y que entonces eran muy frecuentes, al declarar la United Fruit Company inútil ese servicio, demolió la casa y donó la campana a la iglesia católica del Central Boston en el barrio de Macabí y en los talleres de la empresa fue fundida, teniendo Emilio Galicia en su poder uno de los cuatro indios que la adornaban.
Muchas veces cuando cruzamos el “polo”, nos parece ver en lo alto de la loma, la casita pintada de amarillo con el techo rojo y sentir los tañidos de la vieja campana que llevaba a los banenses el aviso de su voz, para advertir el peligro de la presencia de Vulcano en la apacible y risueña villa, olvidada hoy en los recuerdos que regresan a nuestra memoria en grata reminiscencia de un pasado que no ha de volver.
Fuente
Recopilación artículos de Abel Tarrago


