Cruz del Puente (Santa Clara)
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Cruz del Puente. Debemos recordar que la superstición está bien arraigada a la esencia del santaclareño. Después de todo, uno de los motivos que trajeron a sus fundadores al territorio donde hoy se ubica la ciudad fue huir de los “demonios” que amenazaban con apoderarse de la villa de San Juan de los Remedios. Pero la leyenda de hoy no es esa, sino una que los primeros habitantes de Santa Clara contaron y que ha sobrevivido a los siglos.
Lo que sabemos
Los orígenes de la cruz que da nombre al puente donde inicia la carretera de Camajuaní, están marcados por la falta de consenso, como muchos otros sucesos ligados al momento fundacional de la villa. La versión más aceptada habla de una cruz que marcase el punto de arribo a la nueva villa, colocada por los emigrantes de Remedios de acuerdo con la tradición heredada de la España colonial. Sin embargo, la Memoria Histórica de la Villa de Santa Clara y su Jurisdicción (1858), escrita por Manuel Dionisio González, no menciona la existencia de una cruz de madera cerca del río Monte (hoy Cubanicay). Manuel García-Garófalo Mesa, por su parte, relaciona a «La Cruz del Puente» con el asesinato del capitán Luis Pérez y su ayudante a principios del siglo XVIII, según sus Leyendas y Tradiciones villaclareñas (1925). Otros relatos dispersos cuentan que existió allí un sitio donde se ahorcaba a los condenados a muerte y luego, como símbolo de amor y perdón, se levantó una gran cruz de madera. También se ha dicho que la cruz se erigió en honor a José González de la Cruz, sacerdote católico y uno de los fundadores de la villa. Existen otras, como la más preferida por el pueblo, la cual relata un suceso anterior a la fundación y quedó recogida en el Ayer de Santa Clara (1959) de Florentino Martínez. Aunque los sucesos históricos no sustentan su veracidad, este relato de amor y venganza es la leyenda que acompaña a la cruz del puente.
La leyenda
El libro de Martínez —a quien la historiadora de la ciudad, Hedy Águila, reconoce como uno de los principales estudiosos de Santa Clara— cuenta que los esposos Justo Pérez y Manuela García poseían una pequeña hacienda, ubicada en el territorio perteneciente a Antonio Díaz. Allí vivían con su hijo Ramón, hábil campesino de 20 años de edad, y su hija María, de 18. Un día un joven llamado Jacinto llegó a la hacienda contratado como montero. De inmediato se enamoró de María y esta de él. Su hermano Ramón, quien ignoraba del amor entre ambos, sentía un fuerte desprecio por el forastero, ya que le superaba en las labores de montería. Varias veces se enfrentaron —cuenta la leyenda— a pesar de los intentos de Jacinto por burlar las provocaciones. Arrinconado por la situación, Jacinto decide abandonar el lugar, pero antes cita a María en el río para despedirse. Ramón, que había seguido a su hermana hasta el lugar, sorprende a los amantes y lanza un machetazo mortal a su rival. María se interpone, recibe el golpe de la hoja y cae muerta al momento. Aunque Ramón huyó tras el accidente sin que Jacinto pudiera alcanzarle, más tarde regresó a buscar el cuerpo de su hermana. El amante le había esperado escondido y lo ultimó. Enterró a su amada y colocó una cruz de madera como gesto sagrado y desapareció para siempre. Dice la leyenda que los vecinos del hato comunicaron esta trágica historia a los hombres y mujeres que fundaron la villa más tarde y estos, por respeto a la memoria de ambos, renovaron cada año la cruz hasta que se convirtió en un símbolo local, compañera del puente que surgiría luego.
El símbolo
Ambos —cruz y puente— han recibido el amor y la atención de los pobladores de Santa Clara, eso sí lo podemos asegurar. Gracias a benefactores como el comerciante catalán Don Martín Camps y Oliver, la vulnerable cruz de madera fue sustituida en 1861 por una de mármol. Su hijo Pedro costeó la reparación realizada en 1922 y el gobierno revolucionario reparó los daños que le ocasionó el huracán Lilly en 1996, colocando un año más tarde la actual versión, junto a la cual los hijos de Santa Clara celebrarán los 330 años de su asentamiento. Muchas cosas han cambiado con los años: la villa se convirtió en ciudad, el puente y el río perdieron sus nombres originales y las pocas personas que por allí pasaban se convirtieron en miles. Sin embargo, el pueblo de Santa Clara, amante de las leyendas, no ha dejado morir el relato que muchos relacionan con aquel símbolo de amor, hoy símbolo de toda una ciudad.

