Crucelia Hernández

Revisión del 08:46 8 nov 2019 de Elsita ciget.ltu (discusión | contribuciones) (Datos biográficos)
Crucelia Hernández
Información sobre la plantilla
Crucelia-Hernandez-Hernandez.jpg
Ícono de la cultura guayense
NombreCrucelia Hernández Hernández
Nacimiento7 de noviembre de 1923
Taguasco, Sancti Spíritus, Bandera de Cuba Cuba
NacionalidadCubana
OcupaciónPoetisa
Conocido porCruz
Obras destacadasDespertando el silencio, Impaciencia, Amanecer

Crucelia Hernández Hernández. Poetisa y compositora guayense. Más conocida en su poblado como Cruz, la mujer que escribe poesías. Aunque con una gran muestra de su talento desde pequeña, su vida artística comenzó a sus 50 años de edad, a causa de una dolorosa pérdida.

Datos biográficos

Nació en Santa Julia, Taguasco, el 7 de noviembre de 1923 y fue la tercera de siete hermanos, cuatro varones y tres niñas. Su hogar fue muy organizado, todos se llevaban muy bien. Estudiaron en la escuela de la zona, pero sus hermanos, como muchos en aquella época, no pudieron continuar porque comenzaron a trabajar. Ella asistió a la escuela hasta el sexto grado y recibió una buena instrucción, pues su maestra María Luisa Revuelva Yero (actualmente vive en Jagüey Grande) enseñaba todas las materias, incluida Economía Doméstica. Esta en ocasión de uno de sus cumpleaños le dedicó un hermoso poema.

Su niñez y su adolescencia estuvieron cargadas de amor; vivía en una casa a la que llamaban El Batey, sus hermanos jugaban a la pelota con equipos de la localidad y los días festivos se celebraban con una vitrola. El día de las madres y el de los padres se hacía teatro y se leían poesías producidas generalmente por la imaginación de Crucelia.

A los seis años representó un papel en una comedia realizada en la escuela: "La nieta malcriada". Siempre actuó en los actos de fin de curso, en una ocasión disfrazada de médico, imitando al doctor del pueblo, vestida de negro, con tabaco y con bastón.

Por esa época aprendió a bailar, su canción predilecta era "Son de la loma", tenía entonces siete u ocho años y su profesor de baile era su padre. Esa etapa de su vida estuvo matizada por algunos hechos que demuestran la responsabilidad que adquirió aquella adolescente: ayudaba a su madre, centró su atención en sus hermanos menores, y tuvo participación indirecta en la Guerra Civil Española.Tenía catorce años cuando por solidaridad con el pueblo español se adjudicó un ahijado de guerra, un soldado de esa lejana tierra al que enviaba correspondencia hasta que contrajo nupcias. (De él no supo más hasta la década del noventa cuando por coincidencias del destino, él vino a Cuba y aquí se conocieron, continuando una amistad que había quedado trunca.) José Cruz Cabrera, con quién se casó en 1941, el 25 de octubre, era doce años mayor que ella, pero entre ellos surgió un lindo romance duradero por más de veinticinco años. De este matrimonio nacieron dos hijos. Luego de nacer el segundo, deciden venir a Guayos, donde residen juntos compartiendo alegrías y tristezas hasta 1968, año en que murió su compañero. A partir de ese momento toda la nostalgia se acumuló en ella y su alma poética resurgió para dar inicio a su carrera en el mundo de las artes.

Su inicio en el mundo de las artes

En 1973 comenzó a escribir sus primeros poemas y en 1975 participó en un Festival del creador de la canción con una balada dedicada a su esposo ( "No lo averigües"), musicalizada por Arturo Alonso. De allí datan sus inicios como compositora, actualmente tiene trece canciones registradas (boleros, baladas, guajiras, guarachas) y un son en preparación.

En aquellos primeros años de su carrera artística su labor poética se desarrolló en el taller literario que radicaba en su casa, llamado "Rolando Escardó", allí se reunían Nidia Concepción, Noelio Ramos, Julio Vera, Julio Crespo y otros escritores del poblado. A instancias de algunos compañeros se trasladó al taller "Rubén Martínez Villena" de Cabaiguán (hoy este taller ocupa el primer lugar nacional). En este se seleccionaron algunas de sus obras para ser presentadas en encuentros de talleres literarios provinciales y nacionales. En el año 2000 se publicó su primer libro "Testigo de mis horas", en él recoge diversos poemas, poesías para sus nietos, poesías de amor, temas sociales, siempre desbordando emoción.

Esta poetisa, ferviente admiradora de Fayad Jamís, fue su amiga y tiene hermosas vivencias de ese escritor. Cruz lleva hoy una vida literaria muy activa. Pertenece a la asociación Cubana de Autores y Compositores Musicales, es miembro además de la Asociación de Autores Musicales, del Taller Literario Provincial y del Grupo Cultural de Guayos. Tiene un libro en preparación, en él incluirá obras dedicadas a su esposo y sus familiares fundamentalmente. El hogar de ancianos de esta localidad tiene el honor de contar con un himno hecho por ella, y los niños de las vías no formales entonan también un himno de su inspiración. Entre sus tantos méritos se encuentra el haber sido alfabetizadora: ella sola presentó treinta y cuatro personas alfabetizadas. Crucelia guarda entre sus tesoros sus poemas, los libros primero y último de Fayad y sus recuerdos familiares.

Poesía íntima

  • Cómplice
  • Primavera
  • No importa
  • Como brújula
  • Porque es diferente
  • Impaciencia
  • Tiempo de espera
  • Tiempos

Poesía Social

  • Historia
  • Cómo escribir poemas
  • Despertando el silencio
  • Impaciencia

Poesía Infantil

  • Amanecer
  • Con aro y paleta
  • Mariposita
  • Detalle

Himnos

  • Cantándole a la vida
  • Himno de las vías no formales

Canciones

  • No lo averigües
  • La zafra
  • Porque es diferente
  • Cuba mía
  • Habrá siempre mañanas
  • Tú no eres mi amigo
  • Sin llegar al olvido
  • Tú, tonto

Condecoraciones

  • "Medalla por la Alfabetización"
  • Distinción "23 de agosto"
  • Distinción "Fernando Hechenard"
  • "Medalla conmemorativa por el 40 Aniversario de la Revolución"
  • Distinción "Raúl Gómez García"

Fuentes

  • Testimonios de Crucelia Hernández
  • Archivos de la Localidad de Guayos
  • Página Web: Web Crucelia
  • Crucelia Hernández: Todavía estoy por aquí. Por Yanela Pérez Rodríguez. Disponible en: Escambray