Diferencia entre revisiones de «Desembarco del Perrit»

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Guerra de los 10 años en Antilla.

Estalló el 10 de octubre de 1868 en el ingenio La Demajagua, ubicado en la actual provincia Granma, bajo el liderazgo del Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes. Pero en nuestro territorio no es hasta el 11 de mayo de 1869 que arriba a la costa ni peña la Expedición del Perrit, organizada por la Junta de New York. La expedición estaba compuesta por diversas procedencias, la mayor parte de origen cubano, 80 norteamericanos, venezolanos, mexicanos y también un húngaro y un polaco, en total eran 200 hombres y un voluminoso cargamento de equipos bélicos.

Equipos Bélicos

podemos mencionar: 2340 fusiles Springfield, 50 Remington, 50 carabinas, 300 revólveres Colt, 6 cañones, así como municiones, zapatos, machetes y una Espada de Honor para el Presidente Carlos Manuel de Céspedes. En dicha expedición venían como Jefe Francisco Javier Cisneros, el Mayor General Tomás Jordán, también un conjunto de oficiales que tenían determinada pericia. La mayor parte de la tropa era bisoña.

Una vez terminada la ardua tarea del desembarco el día 13 de mayo al marcharse el vapor definitivamente por temor a ser sorprendido por las tropas españolas quedaba la obra de conducir esta expedición tierra adentro; labor muy compleja debido a la falta de medios de transporte y por otra parte la gran actividad del enemigo y la imperiosa necesidad de ganar tiempo, presionado por las características geográficas adversas de la Península de El Ramón podían aparecer los españoles interrumpirles el paso y realizar operaciones combinadas de tierra y mar.

El día 15 de mayo por el mediodía, el buque español Marsella entró de forma repentina en la Bahía de Nipe y se cometió el error de dispararle varios cañonazos, éste no respondió y se retiró pero alertó a las autoridades de la colonia, enterándose el enemigo de la llegada de los expedicionarios y del lugar donde desembarcaron, de tal forma que lo supieron antes que las fuerzas insurrectas de Oriente, las cuales irían en su ayuda.


Combate de el Ramón

Al amanecer del día 16 de Mayo remolcando varias lanchas llenas de tropas españolas, hicieron su aparición en la bahía el vapor español “Guantánamo”, uniéndosele otra nave, presumiblemente “El Marsella”. El desembarco se hizo rápido y estaba conformado por dos compañías del Regimiento de la Corona y voluntarios al mando del comandante español Agustín Mozo Viejo, los cuales fueron tiroteados por los exploradores y compañías de rifleros cubanos. Se había iniciado el combate aproximadamente a las 9:00 AM. No obstante la buena posición del adversario, la guardia avanzada criolla rompió el fuego y los españoles respondieron con prontitud.
Ambas partes combatieron con bravura. El enemigo ocupaba a la sazón el territorio que comprendía entre la costa y el ranchón, defendido éste por Manuel Suárez y su compañía de rifleros.

Las tropas colonialistas se desplegaron en guerrilla frente al rancho, llevando como de costumbre la bandera al centro, mientras se apoyaban para su avance en dos guardarrayas de palmas. La compañía de rifleros cubanos maniobró igualmente, sin embargo su resistencia no fue todo lo suficiente para permitirles mantener la posición, a pesar de que su valor no disminuyó, tuvieron que retirarse abandonando el parque y el rancho. Este arsenal estaba próximo al caserón ocupado por las fuerzas del coronel Cristóbal Acosta las cuales se vieron atrapadas entre dos fuegos: el de los barcos que cruzaban por la costa y el de sus propios cañones, ahora en poder español.

Algunos expedicionarios subieron en hombros desde la playa, un cañón de bronce con el que empezaron a disparar sobre el enemigo fuertemente atrincherado, sobresaliendo en éste hecho por su decisión y valentía un joven soldado norteamericano llamado Henry Reeve, quien recibió sus primeras heridas en el brazo y en el tórax, por un costado, es decir, que en esta acción se derramaba sangre norteamericana en suelo cubano como ejemplo de internacionalismo.
Un ataque resuelto de los cubanos, principalmente de 30, encabezado por el coronel venezolano Cristóbal Acosta, culminó en la toma por asalto de la casa y ocupación de la bandera española que en su desesperada fuga dejaron abandonada sus antiguos defensores.
Los españoles tuvieron que replegarse al cocal próximo, pero siguió un nutrido fuego de fusilería cubana que los dispersó y obligó a retirarse a sus respectivos botes, rumbo a los barcos anclados en la bahía.

El aspecto de la casa era espeluznante, en el camino se tropezaron con el cadáver del expedicionario que atendía los obuses; a la entrada del caserón yacían dos cubanos, que además de las heridas de bala, tenían hendidos sus rostros a machetazos. Según Manuel de la Cruz en el libro ”Episodios de la Revolución Cubana” plantea: “... detrás de estos el alférez español Bonavia, con el hombro desecho por un balazo; al fondo el cadáver de otro cubano; más lejos agonizaba un sargento enemigo en medio de un charco de sangre; entre las astillas de un taburete palpitaban los miembros de un capitán español hechos pedazos por una bala de cañón; dos soldados españoles habían caído al atravesar la casa; moribundo Chamizo el corneta cubano.
Verdaderamente, alrededor de la casa, la muerte se mostraba en todas sus manifestaciones. Los españoles al ser derrotados experimentaron más de 50 bajas entre los muertos y heridos. Varios cadáveres fueron arrojados al único pozo de agua potable de la península. También los cubanos tuvieron sensibles bajas, entre ellos 12 en total.Luego de 5 horas de combate se había logrado rescatar el armamento. Aún se oía el inoperante fuego de cañón de los barcos.

Combate de Canalito

Los vencedores no podían dormirse en los laureles y fortificaban sus posiciones, mientras enviaban a su destino las armas y municiones. Las tropas españolas concentraban fuerzas para un nuevo ataque, es por ello que regresó nuevamente el vapor “Guantánamo” con un convoy de municiones y 100 hombres, los cuales reunidos con otras tropas de los lugares próximos, formaron en la península una columna de 450 hombres que integraban el primer batallón de artillería, los Regimientos de la Corona “Cazadores de Reus y Aragón”, al mando del coronel Baltazar Hidalgo.

En la Bahía de Nipe se fueron acumulando fuerzas navales españolas, además del “Guantánamo”, estaban las goletas “Andalucía” y “África”, los vapores “Morella” y “Vasco Núñez de Balboa”. Las tropas españolas parapetadas en el istmo de la península ocupaban el camino que conducía a Canalito, por el que necesariamente tenían que pasar los recién estrenados combatientes del Perrit. También las fuerzas navales apoyaban con sus artillerías a los soldados colonialistas.
El Mayor General Tomás Jordán decidió el 19 de mayo marchar hacia Canalito, llevando un cañón detrás de la vanguardia. El día 20 tropezaron con un campo enemigo atrincherado para obstruir el camino.
El periódico “El Republicano”, de Cayo Hueso del 7 de agosto de 1869 publica el parte del Mayor General Jordán que plantea lo siguiente:
“... nos acercamos y nos hicieron una descarga, al tiempo que nuestros cubanos rompían sus fuegos.
El enemigo trata de flanquear nuestra derecha, pero frustré el movimiento. Avancé a través de los bosques hasta un costado de sus trincheras seguido por 30 cubanos y 4 norteamericanos, a quienes ordené avanzar en línea recta.
Rechazamos dos veces al enemigo y aunque eran superiores en número le hubiéramos cortado la retirada de los botes si mi guía no hubiera equivocado el camino que me causó perder la dirección.

El fuego de los españoles fue precipitado e inefectivo; el nuestro era seguro, y aunque los españoles estaban protegidos por los fuegos de sus buques, abandonaron sus posiciones y se retiraron precipitadamente, quedando nosotros en posesión del campo. Los españoles que fueron después hechos prisioneros, de ellos 4 eran criollos, fueron inmediatamente fusilados.
En ambos combates me he convencido de que los españoles asesinan a los prisioneros heridos.
Nuevamente en esta acción fue elogiado por su arrojo la joven ordenanza del mayor general Jordán, es decir “El Inglesito”, acerca de quien en un momento del combate dijo aquel: “denle un fusil a ese muchacho que es más valiente que Julio Cesar.” (4)

Muy tarde llegó el coronel español Buseta con sus tropas a Canalito. Los rebeldes ya habían abandonado la Península de El Ramón rumbo a Júcaro, jurisdicción de Holguín.
A medio camino de Guáimaro, en un lugar conocido como El Pesquero, jurisdicción de Holguín, se encontró Francisco Javier Cisneros con los generales Manuel de Quesada, Donato Mármol, Peralta y otros, quienes se dirigieron al encuentro de la expedición. El diputado Antonio Zambrana, quien también los acompañaba les informó sobre la nueva Constitución del Gobierno y el nombramiento del General en Jefe del Ejército que había recaído en Manuel de Quesada.

Ya finalizada la mañana del 20 de mayo de 1869, fresco aún el triunfo insurrecto de Canalito, llega al Júcaro el general Quesada y su escolta, recibiendo posesión de todo en presencia de Jordán. En éste lugar los expedicionarios reorganizaban sus fuerzas y distribuían los heridos. Se habilitaron hospitales de sangre en la zona. En el de Tacajó se encontraba uno de los médicos de la expedición Sebastián Amábile, en estado de gravedad, lo colocaron junto a otro herido, el alférez del ejército español de apellido Bonavia y como éste se quejaba continuamente, Amábile que había perdido los ojos de un balazo que recibiera en el primer combate del Ramón preguntó (¿Quién se queja tanto?) (5 Otro herido, le contestaron, sin revelarle que era un oficial español. Y Amábile le contestó: “Si le duele mucho amigo, fúmese un cigarro y si le sigue doliendo grite fuerte ¡¡ Viva Cuba Libre!! Y verá cómo se le calma el dolor”. (6)
El teniente Bonavia no volvió a quejarse. Amábile murió a los pocos días.
En el periódico “La Revolución” de Nueva York el 8 de marzo de 1870 Quesada consigna:
“Recibí el aviso en Río Vázquez de la llegada de Cisneros en el vapor Perrit con armamento y municiones.
Puse en el mando de las tropas allí reunidas al general Vicente García, y con mi Estado Mayor y una escolta de diez rifleros, me dirigí a la Península de El Ramón”.
Allí tuvieron lugar dos combates en que el enemigo sufrió grandes pérdidas en muertos, heridos y prisioneros.
En Bijarú, 8 leguas del lugar, reciben avisos. Dispuse en el Júcaro que los fusiles, parque y demás efectos del Perrit se repartieran por partes iguales en los tres distritos militares: Holguín, Bayamo y Cuba que dejé organizados con el general Jordán como General en Jefe de operaciones del Departamento Oriental y los generales Donato Mármol, Luis Marcano y Peralta a sus inmediatas órdenes. Quedaban abolidos los demás grados por decreto de la Cámara.” (7)Ya entregada la expedición por Cisneros y nombrado Jordán Jefe de Oriente, culminaba el Episodio del Perrit.

Este hecho tiene una gran importancia histórica ya que en aquellos días tan difíciles, dio nuevos bríos a la revolución en la zona oriental.
Fueron pocas las expediciones que cumplieron felizmente su cometido, debido por una parte a los obstáculos y persecuciones del gobierno norteamericano y otra en menos grado a la vigilancia naval española. Hasta 1875 se organizaron unas 20 expediciones, de las cuales (15 correspondieron al período de los años 1869-1871), de las que solo algunas llegaron a Cuba entre ellas “El Perrit”.

Después de la captura por España en aguas internacionales de la expedición “Virginius”, en el ocaso de 1873, éste tipo de apoyo fue minimizado.
También podemos expresar que fue uno de los procesos históricos de la guerra de independencia donde se manifiesta evidentemente el internacionalismo, de los 200 expedicionarios, aunque la mayoría eran cubanos, vinieron 80 norteamericanos, de los cuales se destacaron Henry M. Reeve (El Inglesito) y el Mayor General Tomás Jordán, venezolanos como José María Aurrecoechea y Cristóbal Acosta, mexicanos como Gabriel González, el español Manuel Suárez, también vinieron un polaco llamado Estanislao Melowicht y un húngaro que se desconoce su nombre.

En fin, la expedición del vapor “Perrit” fue como se ha planteado de las que alcanzaron con éxito su objetivo, pues aún cuando no se pudo aprovechar toda la carga disponible resultó un gran aporte en hombres y equipos a la causa mambisa.

Fuentes

  • Periódico El Sol, Año XXXII, Antilla, septiembre 6 de 1955. num. 316, Pág.1. *Periódico El Sol .Año XXXII. Antilla, septiembre 6 de 1955. num. 316, Pág.2 *Tomado de la Ficha Técnica del Departamento de Cultura Popular y Tradicional de la Casa de Cultura Adelaida del Mármol de Antilla.
  • Periódico El Sol. Año XXXII. Antilla, septiembre 6 de 1955. num. 316, Pág.1. *Labrada Enoa, Julio. Historia de Antilla. Monografía Inédita.