Aportes al Arte Militar cubano

Aportes al Arte Militar cubano
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Fecha:Siglo XIX
Lugar:Bandera de Cuba Cuba
Descripción:
Aportes de los veteranos de otras contiendas al Arte Militar cubano del siglo XIX
Resultado:
Sobre la base de estos aportes nació un arte militar autóctono para preparar y realizar la lucha armada
País(es) involucrado(s)
Bandera de Cuba Cuba, Bandera de España España, Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos, Bandera de Puerto Rico Puerto Rico, Bandera de Colombia Colombia, Bandera de la República Dominicana República Dominicana, Bandera de Perú Perú, Bandera de la República Bolivariana de Venezuela Venezuela, Bandera de Francia Francia,
Aportes al Arte Militar cubano. Desde el estallido mismo de la Guerra de los Diez Años, un numeroso grupo de luchadores, desde generales hasta soldados, cubanos y extranjeros, con experiencia combativa adquirida en conflictos militares recientes, se incorporaron al Ejército Libertador y aportaron sus conocimientos acerca de cómo preparar y realizar la lucha armada, cómo asegurarla multilateralmente, cómo construir y de qué manera adiestrar el naciente ejército.

Ese aporte, tan valioso como heterogéneo, se integraría a las tradiciones combativas del pueblo cubano y a las nociones sobre teoría del arte militar que, sin duda, poseían algunos de los principales dirigentes de la revolución, no sin pugnas y contradicciones que la práctica del diario combate iría dirimiendo en beneficio de lo más conveniente para nuestras condiciones histórico-concretas.

Aportes de veteranos de otras contiendas y obras importantes

Manuel de Quesada Loynaz

Manuel de Quesada Loynaz, quien llegó a Cuba en la expedición de la goleta Galvanic, el 27 de diciembre de 1868, había ingresado en el ejército mexicano después de haberse visto obligado a emigrar en julio de 1855. Allí ascendió desde alférez hasta coronel durante la llamada Guerra de Reforma (1857-1861) combatiendo contra los cristeros. Más tarde, durante la guerra contra la intervención francesa dirigió uno de los primeros combates frente a los invasores en La Rinconada, en Veracruz (1862); organizó el cuerpo de caballería Lanceros de Quesada; se distinguió en la defensa de Puebla y participó en numerosas acciones combativas hasta alcanzar el grado de general de división y el cargo de gobernador del estado de Durango.

Quesada, designado General en Jefe de las tropas de Camagüey por el Comité Revolucionario del Centro y, más tarde, del Ejército Libertador, por la Asamblea de Guáimaro, demostró capacidad, tanto para organizar y entrenar a las tropas, como para preparar y dirigir acciones combativas, así como también para garantizar el aseguramiento logístico de las unidades y, a pesar de su corta ejecutoria en el cargo (abril-diciembre de 1869) debido a sus enfrentamientos con la Cámara de Representantes en torno al mando único, ejerció una notable influencia en el Ejército Libertador y en la formación de muchos de los que posteriormente serían notables jefes, entre ellos Ignacio Agramonte.

Intento español de reanexar a Santo Domingo

Por otra parte, el intento español de reanexar a Santo Domingo provocó una amplia insurrección popular, de tal envergadura, que de nada le valió a España el poderoso refuerzo enviado desde Cuba bajo el mando de su estelar Primo de Rivera. Fueron tan rotundos sus descalabros, que se vieron obligados a pedir la mediación del presidente haitiano Nicholas Fabre Geffraud para poder evacuar a sus diezmadas tropas.

Allí tuvieron lugar feroces cargas al machete de la infantería y la caballería, emboscadas y acciones nocturnas. Esa guerra fue la escuela de Máximo Gómez, Modesto Díaz Álvarez y los hermanos Luis Jerónimo Marcano Álvarez, Félix Marcano Álvarez y Francisco Marcano Álvarez, que allá pelearon al lado de España, pero que, en Cuba, se incorporarían al Ejército Libertador desde los primeros momentos, y también fue escuela del general de brigada Francisco Javier Heredia, quien sirvió sucesivamente a cubanos y españoles; del mariscal de campo Eusebio Puello y muchos otros generales y oficiales fieles a España como, nada menos, que Valeriano Weyler.

Máximo Gómez

De todos ellos, no hay dudas de que el que más aportes hizo a la conformación del arte militar cubano, a la construcción militar del Ejército Libertador y a la preparación del personal, fue Máximo Gómez. Desde la aleccionadora carga al machete de Pinos de Baire, en 1868, hasta la Campaña de La Reforma, en 1897, la presencia de Gómez en las filas independentistas, tanto en la Guerra de los Diez Años, como durante la Tregua Fecunda y especialmente en la Guerra de 1895, permitieron a Gómez sentar cátedra de estratega y de táctico. Condujo al combate desde pequeñas unidades de infantería hasta el cuerpo invasor y dirigió la lucha armada como General en Jefe del Ejército Libertador.

Fue maestro de Antonio Maceo, Calixto García y muchas otras de las principales figuras del generalato criollo, y combatió desde Oriente hasta La Habana. Puede afirmarse, sin temor a equivocaciones, que fue el artífice de la lucha armada revolucionaria en la Isla, mérito que le reconocían hasta sus detractores y enemigos.

Estudios sobre la táctica de infantería (Obra)

Pero si los independentistas se nutrieron de esas fuentes, los españoles no aprovecharon convenientemente las experiencias de todas estas guerras americanas. Ejemplo de ello es la enjundiosa obra Estudios sobre la táctica de infantería, del brigadier Mariano Moreno, publicado en Madrid en 1878, en la cual no se mencionan siquiera los conflictos en el hemisferio occidental. Quizás lo amargo del sabor de la derrota le hizo pasar por alto esa página sin tener en cuenta que se aprende tanto de las derrotas como de las victorias.

Veteranos de la Guerra de Secesión de Estados Unidos

Los veteranos de la Guerra de Secesión de los Estados Unidos hicieron, asimismo, su aporte a la formación del Arte Militar cubano en las figuras de Henry Reeve y Thomas Jordan, norteamericano; William Ryan, canadiense; Carlos Roloff, polaco y los hermanos Federico Eduardo Isidro Fernández-Cavada Howard y Carlos Adolfo Fernández Cavada Howard, cienfuegueros, todos combatientes de esa contienda, considerada la primera guerra moderna en la cual se emplearon novedades técnicas, tales como los buques de vapor y hélice, la transportación masiva de tropas por ferrocarril, los fusiles de ánima estriada y retrocarga, el revólver, la ametralladora, el telégrafo y los aerostatos.

Henry Reeve

Combatió muy joven en las filas antiesclavistas durante la Guerra de Secesión. En 1868, al conocer del alzamiento de la Demajagua, fue a la Junta de Nueva York donde le preguntaron porque su interés en Cuba; y contestó “Porque ustedes son patriotas” y cuando alguien indagó de donde era; dijo, “De allí donde se muere”. Llegó a Cuba por una zona de Holguín el 4 de mayo de 1869. Días después, cae prisionero, por lo que es “fusilado” por las tropas españolas. Las dos balas que debieron despedazarle el cráneo y dos atravesarle el pecho, no hicieron sino herirlo levemente en la cabeza, dejándolo sin conocimiento.

Perdido en la manigua estuvo sangrando dos días, hasta que otros mambises lo encontraron y al no entender su idioma, lo llevaron al estado mayor del Brigadier Luis Figueredo donde sabían que había hombres bilingües, de ahí decide sumarse a la naciente caballería del Camagüey. Ya en 1870 era capitán y fue uno de los 35 jinetes escogidos por Agramante para el histórico rescate del General Sanguily. En julio 1873 es ascendido a Coronel y era el jefe de la caballería camagüeyana.

Bajo las órdenes de Máximo Gómez, quien llega al Camagüey tras la caída de Agramonte, combate en Santa Cruz del Sur al frente de la tropa de asalto. Inutilizada su pierna derecha para siempre, es enviado al hospital desde fines de 1873 hasta 1874, aún convaleciente es ascendido a Brigadier. Al restablecerse (amarrado para siempre a la silla de su caballo) asumió el mando de Camagüey y cruza a Las Villas en noviembre de 1875 al frente de la vanguardia mambisa para la Invasión. Antes se había dirigido al Gómez: “A mí no me importa la posición. Yo dejaría lo que tengo por cualquier fuerza que vaya a la vanguardia”.

Llevó la Revolución hasta Matanzas donde revitalizó las tácticas de la guerra de guerrillas y tomó como centro de operaciones la Ciénaga de Zapata, donde obtuvo muchisimas victorias. Por los problemas internos en las fuerzas mambisas no se produce la esperada invasión y Gómez no puede acudir en su auxilio; entonces, las fuerzas españolas concentran en Reeve gran cantidad de tropas, cayendo en combate el 4 de agosto de 1876. Es cnsiderado un gran organziador militar y estratega de la guerra de guerrillas, rpincipalmnte por su campaña en la Cienaga de Zapata

Thomas Jordan

Thomas Jordan, incorporado al Ejército Libertador, fundó en El Cobre una Escuela de Aplicación, donde enseñaba a los oficiales cubanos la táctica regular y los principios de organización que conocía, con los que logró algunas victorias, pero que no eran los más convenientes para nuestras condiciones.

William Ryan

William Ryan, veterano de la caballería norteña, llegó a Cuba en la expedición del Anna, alcanzó el grado de coronel y contribuyó sustancialmente a formar la famosa caballería camagüeyana. Era partidario de la estratagema, la maniobra y las impetuosas cargas al arma blanca.

Carlos Roloff

Carlos Roloff, polaco, combatió al lado de los norteños. Hizo grandes aportes en lo tocante a las Ordenanzas, la organización del Ejército Libertador, así como en el empleo de los explosivos y el aseguramiento ingeniero de las acciones.

Federico Fernández Cavada

Federico Fernández Cavada, el general Candela, alcanzó el grado de teniente coronel en los ejércitos del norte, desde cuyas filas participó en la devastadora marcha de Philip Henry Sheridan y George Brinton McClellan. No es difícil ver el vínculo entre esa experiencia y la estrategia de tierra arrasada que intentó aplicar desde su cargo de general en jefe del Ejército Mambí.

Manual de táctica de guerrillas (Obra)

La obra teórica del general Manuel Gutiérrez de Concha, marqués del Duero, Proyecto de táctica de las tres armas, inspirado en las hazañas de Baldomero Fernández Espartero durante la primera guerra carlista (1833-1840), sirvió de modelo al sargento español José Payán, llegado a Cuba en el Galvanic y coronel mambí, para redactar un Manual de táctica de guerrillas que ilustrara a los luchadores cubanos. Payán gozó de una magnífica reputación como táctico y tomó parte en el adiestramiento de las tropas en Oriente y Camagüey.

Memorias de la guerra (Obra)

Hasta en Raimondo Montecuccoli, general austríaco de a mediados del siglo XVII, vencedor de Vizconde de Turena, se remontan las raíces teóricas de nuestro arte militar, pues Agramonte había conseguido un ejemplar de su obra Memorias de la guerra e instrucciones de un general en inglés, idioma que aprendió para estudiar el texto hasta saberlo de memoria.

Otros

Internacionalistas mexicanos, puertorriqueños, colombianos, dominicanos, peruanos, venezolanos, españoles y hasta franceses, como Eloy Beauvilliers, el artillero, de los cuales veintisiete alcanzaron el generalato durante la Guerra de los Diez Años, aportaron sus conocimientos para dar cuerpo al naciente arte militar cubano.

Sobre esa base nacería un arte militar autóctono, que se desarrolló y maduró durante treinta años de lucha por la independencia. Aquel arte militar, para el cual se tomó de muchos, , se estancó durante la neocolonia, para renacer pujante y victorioso en las serranías orientales medio siglo después.

Véase también

Fuente