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Arístides Fernández

Arístides Fernández
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Retrato de Aristides Fernandez.jpeg
Retrato de Arístides Fernández (1933)
NombreArístides Fernández
Nacimiento1904
Güines, La Habana, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento1934
OcupaciónPintor
Obras destacadasLa familia se retrata
La taberna
Las lavanderas
Retrato de la madre del artista
Autorretrato
El enterramiento de Cristo

Arístides Fernández. Pintor cubano perteneciente a la generación del primer Modernismo cubano. La taberna, Las lavanderas, La familia se retrata, Retrato de la madre del artista, Autorretrato, El enterramiento de Cristo son algunas de sus obras.

Síntesis biográfica

Nace en el año 1904 en Güines, municipio de la antigua provincia La Habana, actualmente correspondiente a la provincia Mayabeque. Se traslada a La Habana con su familia hacia 1915. En los archivos de San Alejandro hay constancia de su temprana vocación por la pintura.

En 1917 matricula Dibujo Elemental; en 1923 Anatomía y Antiguo Griego; en 1924 Colorido y Anatomía; pero su paso por la escuela solo sirvió para definir en él una actitud de rechazo a sus prácticas envejecidas y para vincularlo a un grupo de jóvenes que combatiría el academicismo: Víctor Manuel, Ravenet, Romero Arciaga, Arche y otros. Con ellos trabaja en sesiones informales en su propia casa.

Este es su verdadero aprendizaje, anárquico e insuficiente pero realizado en una atmósfera de libertad creativa y desprejuiciada, y alimentado en la pasión por una expresión moderna en Cuba. En este ambiente, va creando al mismo tiempo su obra literaria y pictórica, de íntimas correspondencias expresivas, por la que es considerado un verdadero precursor.

Trayectoria artística

Por su formación y por sus preocupaciones generacionales, se inserta en el primer Modernismo cubano. Sus pinturas y dibujos, conocidos por sus íntimos, deben haber circulado de manera limitada y fueron exhibidos en público después de su muerte.

En el contexto en el que trabajó, Arístides fue adelantado. Negada al afrocubanismo; tan alejada del criollismo al uso cuando incursiona en temas cubanos; con un sincero aliento épico al abordar temas sociales, su pintura debe haber sido considerada como una especie de cuerpo extraño, y admitida con la misa reserva critica con la que el propio artista recibía ya la obra de Víctor Manuel, Gatorno o Abela, consagrados en el joven movimiento cubano.

Cuando comienza a divulgarse su pintura a partir de 1935, esta es acogida con entusiasmo por una nueva promoción de pintores, poetas y críticos, y saludada como una exploración diferente de lo cubano.

La obra que dejo Arístides Fernández es reducida. La escasez de los recursos disponibles y, sobre todo, el implacable sentido autocrítico del artista que lo impulsaba a destruir para recomenzar de nuevo, son las causas de esta parquedad. La obra que ha trascendido hasta la actualidad es, según José Lezama Lima, el fruto de los últimos seis meses de su vida. Una parte importante de este conjunto, dibujos y bocetos que quedaron como proyecto, muestra dos de sus obsesiones complementarias: el tema social y la urgencia en toda su dimensión a grandes superficies.

Muerte

Falleció en 1934 con solo 30 años de edad.

Significación de su obra

En sus apuntes de obreros y campesinos o de manifestaciones con abanderados, hay un sentido de captación inmediata, de participación, muy ajenos a la elaboración del taller. Muchos de ellos parecían reclamar, como lo deseaba Arístides, proporciones murales. El Entierro de Cristo es el mejor testimonio de sus potencialidades en esta dirección.

Su pintura de caballete es, no obstante, obra definitiva en la pintura cubana de todos los tiempos. El reducido conjunto es de tremenda coherencia. En cada uno de los temas que tocó fue original. Los tres retratos de la madre, de gran poder emotivo, guardan un difícil equilibrio entre fuerza y sensibilidad; los paisajes urbanos como La lluvia y Parque con niños, introducen un sobrio acento de intimidad en la representación de una ciudad que otros comenzaban a tratar como un lugar mítico; las escenas pueblerinas o campestres aportan, a su modo, una nota irónica y tierna a la vez.

La familia se retrata, de cuya comparación con algunas obras contemporáneas del mismo se derivan interesantes reflexiones, muestra al pintor en toda su intensidad.

Fuentes