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Batalla de Tsushima

Batalla de Tsushima
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Representación de la Batalla
Fecha: 27 - 28 de mayo de 1905
Lugar:Estrecho de Tsushima
Resultado:
Los japoneses habían acabado con la poderosa armada rusa e inmediatamente tras la victoria el Almirante Togo ordenó el cese del fuego y despachó un detallado informe sobre cómo capturar y trasladar a los buques y prisioneros. El único buque ruso que pudo escapar de aquello fue el Izumrud, aquel que precisamente solicitara ser dispensado del servicio. Aprovechando el momento de incertidumbre entre el XGH y la reacción japonesa, puso rumbo a toda máquina hacia Vladivostok. La densa niebla que apareció de repente, le permitió escapar al cordón de seguridad japonés.
País(es) involucrado(s)
Imperio del Bandera de Japón Japón , Imperio de Bandera de Rusia Rusia
Líderes:
Comandantes
  • Heichachiro Togo Bandera de Japón
  • Zinovy Rozhestvensky Bandera de Rusia
  • Nikolái Nebogatov Bandera de Rusia

Batalla de Tsushima. A finales del siglo XIX, los intereses de dos grandes potencias chocaron en Asia. Rusia y Japón, países que habían extendido sus zonas de influencia en territorio chino, se encontraron en Corea, la estratégica península que Japón no deseaba ver en manos rusas. Las negociaciones entre ambos gobiernos terminaron en un fracaso que condujo en 1904 a la guerra entre ambas potencias. Una guerra cuyo resultado asombró al mundo.

Rusia era en 1904 un gigante enfermo. Un vastísimo imperio continental aquejado de gravísimos problemas estructurales que tomaban forma en estallidos sociales. Japón era una nación que en 1869 había salido de la edad media para dejar de lado su secular aislamiento y entrar de lleno en la era industrial. El peso de la tradición ahogaba a Rusia. El entusiasmo por la modernidad impulsaba a Japón.

Resumen de los Hechos

Aspectos que incidieron en el conflicto

El 3 de febrero de 1867 asciende al trono de Japón Mutsuhito, quien inicia una nueva época denominada Meiji (Culto a la regla). Tan solo un año después desarrolla lo que se denominó Restauración Meiji, un proceso por el cual se dan fin a los 256 años de shogunato y que describe una serie de eventos que condujeron a un cambio en la estructura política y social de Japón: el feudalismo desaparecía y se abría al país a una nueva era de cambios.

La ascensión japonesa a potencia de carácter mundial, se forjó durante este período, en diferentes fases y hasta el fallecimiento del emperador Mutsuhito en 1912. Este largo proceso, recién iniciado, implicó que, por una parte, los dirigentes japoneses tuvieran que adquirir los conocimientos necesarios de la moderna diplomacia y negociaciones internacionales. Por otro lado, era necesario aprender cómo se debía establecer un sistema de defensa nacional.

Una de sus primeras acciones renovadoras en este sentido, consistió en la creación en Kyoto, el año 1868, del Colegio de Entrenamiento Naval (a partir de 1874 se pasó a denominar Escuela Naval Imperial de Japón).

En 1871, un total de doce cadetes de dicha Escuela, entre ellos Heihachiro Togo, el almirante que posteriormente lideraría a su escuadra en Tsushima, fueron enviados al Colegio Naval Inglés, donde durante siete años se les formaría en aspectos militares navales en esa época, Gran Bretaña era la potencia naval más poderosa del Mundo. Además, como parte del proyecto de modernización de las fuerzas armadas niponas, se demandó a expertos asesores navales británicos la creación de una armada moderna, adquiriéndose, con ese fin, varios acorazados y cruceros británicos.

La clase dirigente japonesa tenía claros los dos objetivos principales que debía afianzar para lograr el aperturismo deseado en condiciones de igualdad con las grandes potencias mundiales: por un lado la clara definición de su posición en el concierto internacional y por otro la revisión de lo que se denominó Tratados Desiguales, un término que hacía referencia a las condiciones en que fueron firmados, hacia mediados del Siglo XIX, ciertos tratados entre varios países asiáticos (entre ellos Japón) y diversas potencias extranjeras, como Gran Bretaña o Estados Unidos.

En el período en que se firmaron dichos acuerdos, los países asiáticos no eran capaces de resistir las presiones militares y económicas de las potencias occidentales, con lo que, ciertamente, eran claramente poco ventajosos para los asiáticos. Japón tenía impuestos el Tratado de Kanagawa con EE.UU. de 1854, el Tratado de Amistad Anglo-Japonés Reino Unido de 1854, el Tratado de Amistad y Comercio - Tratado de Harris, EE.UU. de 1858 y el Tratado de Amistad y Comercio Anglo-Japonés, Gran Bretaña también de 1858.

Respecto a los objetivos planteados por las autoridades japonesas para afianzar el aperturismo deseado, el primero de ellos se logró de forma óptima mediante la intervención del Ministerio de Negocios Extranjeros: por ejemplo se firmó un tratado comercial con China o se reconoció la soberanía japonesa sobre las islas Riu-Kiu. A Rusia se le arrebató las Islas Kuriles, mediante un tratado que fijaba además la frontera entre ambos países en Siberia.

Pero respecto al segundo de los objetivos, Japón aprovechó su supremacía sobre Corea para imponer el que se denominó Tratado Kanghwa, en febrero de 1876, a los coreanos. Dicho tratado obligaba al aperturismo comercial coreano para con Japón, de forma similar a como los estadounidenses impusieron a los japoneses, con sus famosos Barcos Negros del comodoro Matthew Perry en 1853, el aperturismo comercial entre Japón y EE.UU.

Así, los japoneses se garantizaron la apertura de tres puertos coreanos para el comercio, los mismos derechos en Corea que los occidentales tenían en Japón y quizás lo más importante: la independencia de Corea respecto del poder chino, como estado tributario de la dinastía Qing.

De este modo, los japoneses desplazaron y acuartelaron a un poderoso ejército en Seúl: era un claro desafío a las dos potencias en la zona, China y Rusia, avisando de que ellos también querían ser influyentes en el continente.

Todos estos progresos diplomáticos e imperialistas en la década de los años setenta y ochenta del Siglo XIX. tuvieron su contrapunto en la decepción japonesa de revisión de los Tratados Desiguales, que continuaron siendo un verdadero problema político de primer orden, ya que fue del todo imposible negociar su revisión con las potencias occidentales. Pero todas estas desavenencias tuvieron un inesperado cambio al reaccionar las potencias extranjeras y tomar conciencia de que estaba surgiendo un nuevo Japón. Y así, la resistencia que tenían ante la demanda japonesa respecto a la abolición de la extraterritorialidad, finalizó en 1.894 al llegar a un acuerdo el ministro japonés de Asuntos Exteriores con el secretario del Foreign Office británico: la extraterritorialidad desaparecería en 1899. Ante el paso dado por los británicos, el resto de potencias poco tardaron en secundarlos.

En este momento, Japón entró en una nueva fase en sus relaciones internacionales, que se inició con la guerra contra China (1894-1895), y terminó en 1905 con su victoria militar sobre Rusia. Desde luego, parece incuestionable que la guerra contra China marcó el punto de inflexión de Japón ante los ojos del mundo: este conflicto puso de manifiesto que Japón era una verdadera potencia en el Extremo Oriente y una posible amenaza para las potencias occidentales en la zona.

En todo caso, los japoneses habían vencido a los chinos y firmaron la denominada Paz de Shimonoseki (17 de abril de 1895). Por una parte, este tratado ponía fin a la guerra entre chinos y japoneses, declarándose vencedores a estos últimos. Las principales consecuencias del tratado fueron el reconocimiento de China a la independencia de Corea y renunciaba a cualquier reivindicación territorial sobre ese país que, en la práctica, quedaba bajo influencia japonesa.

China cedía a Japón también la península de Liaotung y con ella Port Arthur, estratégico puerto ruso situado en China, Jinzhou, extremo sur de la provincia de Liaoning, así como la isla de Taiwán y el archipiélago de las Islas Pescadores. Además de las pérdidas territoriales, China se comprometía a pagar a Japón 200 millones de taeles (150 millones de dólares de esa época) y aceptaba abrir diversos puertos y ríos al comercio internacional.

Ante el alarmismo provocado por tan espectacular avance, Rusia, Alemania y Francia tratan de evitar la expansión japonesa en la zona y llevan a cabo la Triple Intervención el 23 de abril de 1895 para poner freno al expansionismo japonés. Bloquean la península de Liaotung y obligan a Japón a devolver Port Arthur y Manchuria a China, algo que no sentó bien a las altas instancias políticas y militares niponas.

Se estableció una tensa paz en la zona. Pero los rusos, aprovechando la denominada Revuelta de los Bóxers 1898 e incumpliendo la promesa hecha a Japón, negocian con China el arrendamiento durante 25 años de la base naval de Port Arthur para el uso de su flota de Extremo Oriente. Además, soldados rusos iniciaban la ocupación de Manchuria y el norte de Corea, amenazando la influencia japonesa en Corea, cuyo gobierno seguía siendo controlado en la sombra por China, pese a la independencia que le otorgara Japón.

El gobierno coreano concedió a Rusia una base naval próxima a las costas japonesas, intentando una jugada que podría salirle mal: la doble amenaza a Japón de Rusia y China. Rusia aprovechó la desestabilización de la zona y firmó un acuerdo con China para el libre acceso ruso a todos los puertos chinos. El desafío a Japón estaba servido y provocó, además, la airada desaprobación de Gran Bretaña, que veía al gigante ruso como una amenaza para sus posesiones británicas y su provechoso comercio asiático. La clara consolidación militar de Rusia en la región provocó la alianza de Gran Bretaña con Japón en 1902, entre cuyas cláusulas figuraba la construcción de unidades navales que se entregarían a Japón, así como la aceleración en la entrega de las unidades que se hubieran encargado con anterioridad.

Inmediatamente se aprobó un plan de rearme naval de 200.000 toneladas denominado "Esperanza y determinación" y se encargaron a Gran Bretaña seis acorazados, cuatro cruceros armados, dos cruceros ligeros, dieciséis destructores y diez torpederos. Otras unidades fueron encargadas a Francia, Italia e incluso Alemania y EE.UU.

Por su parte, Japón comenzó la construcción acelerada de diez torpederos y ocho destructores e inició un programa de adiestramiento del personal de la marina de 15.100 hombres hasta incrementarse a 40.800 marineros y oficiales. Considerando la penetración rusa en Corea y Manchuria un riesgo a su seguridad nacional, Japón exige a Rusia que abandone Manchuria, en cumplimiento de los acuerdos de 1900. Pero Rusia dilata las conversaciones diplomáticas durante más de dos años y Japón, con la paciencia totalmente colmada, rompe relaciones diplomáticas el 6 de febrero de 1904. Las semillas de la guerra ruso-japonesa estaban a punto de germinar.

Desarrollo de la batalla

El 27 de mayo de 1905, la escuadra rusa penetró en el estrecho de Corea seguida por los contratorpederos que Togo había dispuesto como descubierta avanzada. Rozdestsvenskii tenía casi el doble de acorazados que Togo y mayor volumen de fuego que los japoneses, pero en la guerra naval de nada sirve la superioridad en los números si no va acompañada de fe, disciplina, valor, entusiasmo.

Valor y disciplina no les faltó a los rusos, pero la fe y el entusiasmo estaban de parte de los japoneses. A las 14.08 el acorazado Suvorov, buque insignia ruso, abrió fuego a la increíble distancia de 6.500 metros mientras Togo aumentaba la velocidad y trataba de contrarrestar las maniobras rusas para situarse en la mejor situación táctica y sus naves acribillaban a las enemigas disparando con los nuevos proyectiles de alto explosivo que tanto terror causaron a los marinos rusos.

A las 14.45 el OSLIABIA ruso comenzó a hundirse acribillado y en llamas mientras la nave insignia SUVOROV abandonaba la formación con el timón trabado a estribor y Rozdestsvenskii gravemente herido en su puente de mando acorazado. El ALEXANDR III trató de asumir el mando de la desbaratada formación rusa y lo logró para encabezar una brillante maniobra en la que toda la escuadra rusa viró 90º a babor para emprender la contramarcha.

Aquello hubiera permitido a los rusos escapar, pero Togo, habilísimo marino, intuyó de inmediato la maniobra y contramaniobró para cerrar distancias en dos maniobras a toda máquina. Por dos veces más los rusos trataron de escapar del infierno en el que se había convertido el mar, pero Togo, con enorme inteligencia, supo desbaratar los planes rusos mientras la artillería japonesa disparaba sin tregua sus proyectiles que, o bien impactaban sobre el acero ruso reventándolo, o bien caían en el agua, explotando instantáneamente y sembrando las naves de cascotes de metralla que convertían a las naves enemigas en escombros humeantes.

A las 18.00, los cruceros de ambos bandos estaban enzarzados en un fiero combate en el que los rusos no llevaban mejor parte que sus hermanos mayores los acorazados. Rozdestsvenskii, inconsciente por el dolor de la metralla incrustada en su cuerpo, era trasladado a un contratorpedero y Togo ordenaba a sus propios contratorpederos que rematasen con sus torpedos a los acorazados rusos que ardían en el agua.

Los SUVOROV, BORODINO y ALEXANDR III fueron así hundidos mientras los SISSOI VELIKII y NAVARIN ardían por los cuatro costados con las cubiertas llenas de hombres mutilados por la metralla y los OREL, APRAKSIN y SENJAVIN continuaban navegando bajo el fuego enemigo y las llamas propias.

Los rusos se habían batido con gran valor. habían logrado alcanzar a las naves japonesas 138 veces, aunque ninguna de importancia. Los cruceros del almirante Enquist, al comprender que ya nada cabía hacer, se retiraron a Manila donde se hicieron internar por los estadounidenses.

Caía la noche y los maltrechos marinos rusos la saludaron con la esperanza de poder servirse de sus tinieblas para escapar de aquel infierno. Pero con igual júbilo la saludaron los marinos de los contratorpederos japoneses porque el crepúsculo señalaba su hora de pasar a la acción. Durante la noche, los contratorpederos japoneses torpedearon al NAVARIN, al que hundieron, y al SISSOI VELIKII, NAJIMOV y MONOMACH que tuvieron que ser hundidos al alba por sus propias dotaciones. 1 Contratorpedero japonés fue hundido y 8 averiados. A las 9.30, lo que quedaba de la escuadra rusa, los acorazados NIKOLAI I, OREL, APRAKSIN y SENJAVIN, naves destrozadas por la metralla y hombres heridos, agotados y sin fuerzas ya, bajo el mando del almirante Niebogatov, se rindió.

Resultados de la contienda

Las restantes naves fueron destruidas, embarrancadas por sus capitanes o internadas en puertos neutrales por los chinos y alemanes. De todas ellas, sólo 3 naves consiguieron llegar a Vladivostok: el crucero protegido ALMAZ y tres contratorpederos.

Rozdestsvenskii fue capturado gravemente herido y trasladado inmediatamente a Japón donde logró recuperarse de sus heridas. Allí recibió la visita de Togo que felicitó al almirante ruso por el valor demostrado por sus marinos.

El mundo contemplaba asombrado como una nación salida apenas 30 años antes de la edad media aplastaba a toda una potencia histórica como Rusia. Estados Unidos se alarmó ante ello y propició unas conversaciones de paz en las que EEUU y Gran Bretaña trataron de paliar la derrota rusa ante el temor a que Japón no se detuviera en Corea.

Había nacido una nueva potencia a la que 35 años después se obligaría a ir a la guerra porque así interesaba a EEUU, pero entonces, como en Tsushima, la armada japonesa demostraría un valor y un entusiasmo que aún en la derrota serviría para paliar en lo posible sus tristes consecuencias.

Véase también

Bibliografía

  • Jukes, Geoffry, The Russo-Japanese War 1904–1905, Osprey Essential Histories, 2002.
  • Nish, Ian, The Origins of the Russo-Japanese War, Ed. Longman, 1985.
  • Semenov, Vladimir, Capt, The Battle of Tsushima, Ed. Dutton & Co, 1912.
  • Corbett, Sir Julian, Maritime Operations In The Russo-Japanese War 1904-1905, George Allen & Unwin Ltd, London, 1994.
  • Walder, David, The short victorious war: The Russo-Japanese conflict, Biblioteca Virtual de la Russo Japanese War Research Society.
  • Okamoto, Shumpei, The Japanese Oligarchy and the Russo-Japanese War, Columbia University Press, 1993.