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Convento de Santa Clara de Asís

Convento de Santa Clara de Asís
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Santa Clara de Asis frente.jpg
Nombre del Autor:Juan Manuel Lagomasinos
Ubicación Geográfica:Barriada de Lawton, Diez de Octubre, La Habana, Bandera de Cuba Cuba

Convento de Santa Clara de Asís. Primer convento femenino de La Habana. Erigido en el siglo XVII, ocupaba el edificio comprendido entre las calles Sol, Cuba, Luz y Habana, actual sede del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología. En 1921 el convento fue trasladado a un nuevo inmueble en el barrio habanero de Lawton, que después de 1960 fue convertido en la escuela Camilo Cienfuegos.

Historia

La fundación de este convento, en el año 1644, viene a prestar un servicio a los vecinos de la villa de San Cristóbal de La Habana que, temerosos por la suerte que podían correr sus hijas solteras en una ciudad en la que constantemente se atentaba contra la moral y la ley, habían reclamado a la corona la construcción de un lugar que sirviera como custodia de las jóvenes.

Nueve años demoraron los trabajos. Cinco monjas, encabezadas por Sor Catalina de Mendoza, llegaron de Cartagena de Indias para inaugurar el convento al que las muchachas ingresaban por voluntad propia o paterna. El inmueble contaba con dormitorio, refectorio, cocina, enfermería, huerto, iglesia y, en general, las instalaciones necesarias para la vida de una comunidad femenina de unas cien religiosas y otras tantas esclavas o servidoras.

Entre las jóvenes que aquí vivieron se encontraba María Mercedes Santa Cruz y Montalvo, hija de los Condes de Jaruco, conocida como la Condesa de Merlín, autora de dos noveletas Mis doce primeros años e Historia de Sor Inés, en cuyas páginas pueden leerse memorias de su vida en el convento.

Durante la toma de La Habana por los ingleses, en 1762, el Capitán General ordenó a las clarisas marcharse de la ciudad y el convento se convirtió en hospital de campaña. Una vez finalizado el conflicto armado, regresaron a su vida de clausura y mantuvieron la sede de su congregación en este edificio hasta 1921, año en que lo venden a una entidad inmobiliaria para trasladarse al barrio habanero de Lawton, en el municipio capitalino de Diez de Octubre.

La Habana había comenzado a modernizarse, tranvías eléctricos se desplazaban por toda la ciudad y las monjas clarisas sienten las molestias del ruido exterior y frecuentemente se les interrumpe en sus oraciones y demás oficios religiosos.

Las nuevas obras de construcción duraron dos años y la construcción de la iglesia se llevó siete años y medio. El 11 de agosto de 1927 a las 5:00 p.m. tuvo lugar la bendición del nuevo templo erigido por las religiosas de Santa Clara. Fue bendecido por Monseñor Pedro González Estrada, obispo de Italia, que había presentado su renuncia, y el que lo sucedió en el cargo Manuel Ruiz Rodríguez .

Enrique Martínez, ingeniero del Arzobispado es la persona encargada de ver y aprobar las condiciones del terreno limitado por las calles B, C, 10 y 11 en la manzana 11 del reparto Batista. Fueron directores y administradores de la obra los jóvenes arquitectos Juan Manuel Lagomasinos, natural de Remedios e hijo de un ilustre médico, y Enrique Fernández, joven pinareño, que con la construcción del convento alcanza su primer éxito profesional.

El 26 de marzo de 1922 el periódico El Mundo publicó un artículo sobre el monumental y magnífico edificio de dos plantas que estuvo abierto al público, para que fuera admirada la obra, hasta que las monjas lo ocuparon definitivamente.

Al triunfo de la Revolución Cubana, el monasterio pasó a ser una escuela. En 1961 ocurre la nacionalización de las escuelas privadas, las cuales se fundieron con las públicas y los alumnos y maestros de estas instituciones nutrieron la nueva escuela. El primer nombre que tuvo la escuela fue Héroes de Yaguajay, pero ya en el municipio existía una escuela con ese nombre, razón por la cual se le cambió por el de Camilo Cienfuegos, inolvidable comandante de la Revolución, nacido en Lawton.

Destino final del primer Convento de Santa Clara de Asís

Un año después de que la orden religiosa abandonara la que, durante siglos, había sido su sede primera, se abrieron los viejos claustros para usarlos como escenario de eventos públicos: la celebración del VI Congreso Médico Latinoamericano y la Exposición Nacional de Industria y Comercio.

El 18 de marzo de 1923 Rubén Martínez Villena y un grupo de jóvenes intelectuales protagonizan la Protesta de los Trece, nombre con el que trasciende su enfrentamiento al fraudulento negocio que el gobierno del entonces presidente de la República Alfredo Zayas realizara con el conjunto conventual.

En 1940 se dispuso que el Convento se convirtiera en sede definitiva del Museo Nacional de Bellas Artes. Sin embargo, lo que terminó alojándose en él fueron las dependencias de la Secretaría de Obras Públicas. En 1960, y tras un breve período de ocupación por los ministerios de Recuperación de Valores del Estado y de Bienestar Social, se destinaría a varias funciones como las de almacén de utilería de teatro y talleres.

En 1982 se convierte definitivamente en la sede del Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM).

Arquitectura del primer Convento de Santa Clara de Asís

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Vista del convento de Santa Clara de Asís
Convento de dos plantas y gruesas paredes de tapias y rafas. Cuenta con tres claustros y el espacio a cielo abierto de lo que fuera una huerta.

En el primero y mayor de los tres claustros se presenta el patio central con arcadas sobre columnas de piedra en la planta baja y pies derechos de madera, en el nivel superior. Al este se extiende la iglesia de una sola nave y enorme puntal, con su torre erigida en el siglo XVIII. Varias criptas aparecen en su interior. La más grande, en el coro bajo, se considera funeraria. Otras dos, en la nave de la iglesia constituyen objeto de especulaciones sobre su origen. Se piensa que pueden haber sido oratorios privados de las monjas o bodegas de vinos sagrados.

En el jardín crecen variados ejemplares de la flora cubana y no faltan las hierbas de olor de los patios coloniales. Una vieja sabina de rugoso tronco es el árbol más antiguo que se ha conservado. Invaluables testimonios de la vida pasada han permanecido en este patio. Aparece así el amplio aljibe con sus dos brocales, las cajas que recogen las aguas de lluvias, las pocetas y lavaderos de las monjas. Dos minúsculas casitas de techos de tejas criollas, apareadas en medio del jardín, se supone que fueran baños de las esclavas. Casi oculta dentro de la profusa vegetación aparece la Fuente de La Samaritana, la más antigua de la ciudad.

Casa del Marino

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Casa del Marino
Alrededor del origen del segundo claustro, conocido como Claustro del Marino, existen explicaciones diversas. La casa de dos plantas que aquí se encuentra, según cuenta la leyenda, la dio un marino como dote para que su hija ingresara en el convento. Otra historia relata que habiendo muerto el marino, su viuda y su hija profesaron y se quedaron viviendo en la casa que finalmente fue circundada por los muros del convento. Otras fuentes afirman que dicha construcción parece corresponder a las celdas alta y baja que, de acuerdo al contrato conservado en el Archivo Nacional, el escribano Nicolás de Guilizastli hizo construir en el patio para sus dos hijas.

La complicada estructura compositiva de este claustro, muy distante de la concepción de los otros dos, se caracteriza por su gracia vernácula. Aquí las galerías son todas de columnas o pies derechos de madera en ambas plantas. El descubrimiento arqueológico de las huellas de los drenajes y pavimentos auténticos muestra los vestigios de una vieja calle de losas españolas y ladrillos, el Callejón de las Angustias. El tercer claustro fue muy similar al primero o mayor de los claustros.

Si bien la simplicidad constructiva domina la expresión general del Convento de Santa Clara debido al momento histórico en que se construyó, pareciera que buena parte del presupuesto de las religiosas se gastó en las techumbres de rica apariencia. Exteriormente cubiertas por tejas criollas de barro, conforman un imponente juego de niveles, pendientes y texturas cuando se les puede observar desde lo alto. Interiormente los techos son de maderas preciosas, planos en las plantas bajas y de aguas en las altas. Responden claramente a las influencias mudéjares descritas por los maestros Francisco Prat Puig y Joaquín Weiss en sus obras. Algunos como el de la nave de la iglesia, alcanzan proporciones considerables.

Los claustros se comunican entre sí mediante sus largas galerías. La imagen exterior del complejo es sumamente sencilla y carente de ornamentos, en un ascetismo o austeridad comunes a los conventos de su época en Cuba.

Fuentes