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Herman Hollerith

Herman Hollerith
Información sobre la plantilla
HollerithPhoto.jpg
NombreHerman Hollerith
Nacimiento29 de febrero de 1860
Búffalo, Nueva York, Bandera de los Estados Unidos de América Estados Unidos
Fallecimiento17 de noviembre de 1929
OcupaciónEstadístico

Herman Hollerith. Fue un estadístico que inventó la máquina tabuladora. El primero que logra el tratamiento automático de la información.

Biografía

Infancia y juventud

Nació en Búffalo, New York, el 29 de febrero de 1860, hijo de padres alemanes inmigrantes debido al turbio estado de Alemania en esa época. En 1970 se trasladan a Nueva York, donde entraría en la escuela pública. Donde aún siendo un niño brillante, tuvo muchos problemas en el colegio debido a su mala pronunciación, lo que llevo a apartarse de la escuela y contratar un profesor privado que le tutorase.

En poco tiempo consigue ingresar en la Universidad de Columbia, a la edad de 15 años (1875) donde se graduó con altos honores 4 años más tarde como Ingeniero de Minas. Pasaba los veranos trabajando en las minas de Búffalo, su pueblo natal donde vivió la mayoría de su vida, pero pronto sería llamado por su ex-profesor William Trowbridge para trabajar en Washington, para la oficina del censo de Estados Unidos donde se encargaría de la elaboración de un informe sobre el uso del vapor y el agua. Allí conoció al Dr. Shaw Billings, a cuya hija Kate Sherman invitó a salir en 1881. Kate se quedó tan impresionada con el joven Herman que le invitó a cenar con su familia. Allí fue donde ocurrió la conversación entre Billings y Herman, donde Billings sugirió que debía de haber una forma para hacer mas sencillo o automatizar el proceso de tabular la población (el censo de 1880 acabaría tardando 8 años entre la recogida de información y el análisis). Herman, entusiasmado ante la idea empezó a diseñarla, nunca dejando de dar crédito de la idea a Billings.

Otra etapa de su vida

En 1882, dejó la oficina del censo cuando Francis Walker, quién conoció en la oficina, fue nombrado presidente del MIT, y éste invitó a Herman a trabajar de instructor en Ingeniería Mecánica. A pesar de haber sido considerado muy buen profesor, solo estuvo un año, tras el cual entro a trabajar en la Oficina de Patentes. El período que estuvo en la Oficina de patentes le ayudo a aprender todo lo que necesitaba para patentar, e incluso lo suficiente como para establecerse como Experto y Asesor Legal de Patentes de forma independiente. Mientras estuvo en el MIT, fue trabajando en la máquina.

Empezó intentando que la entrada de datos fueran unas tiras de papel perforadas, sin mucho éxito debido al material. Pero en un viaje en ferrocarril se fijó que, para evitar pasajes falsos y robos, la compañía de ferrocarriles codificaba los datos del individuo en un lado del pasaje, si tenía el pelo corto, largo, color del pelo, nariz grande pequeña. Maravillado ante la idea empezó a trabajar en la codificación en Tarjetas perforadas y un procesador de clasificación basado en el telar de Joseph Marie Jacquard. Con los fondos que obtuvo como asesor legal consiguió crear sus primeras partes de la máquina, y con las palabras de aliento que recibió de la oficina del censo tras presentarlas y la ayuda financiera de parte de sus cuñados con $2.500 Hollerith registró su primera patente. Luego vino una época de mala racha, perdió la financiación de sus cuñados y por mucho que pedía a su familia nadie le dio dinero para poder continuar en su máquina, hecho que le distanció de su familia casi permanentemente.

Entró a trabajar para su primo, Henry Fled, que presidía una empresa de ferrocarriles encargada de promocionar los frenos de presión de vapor inventados por John F. Mallinckrodt. Hollerith inventó y patentó unos frenos electromecánicos, probados mejores que los otros, pero debido a que los otros eran mas comunes y a la necesidad de estandarización de los ferrocarriles fue apartado del mercado con facilidad. Mallinckrodt se ofreció a comprarle sus patentes, pero el orgullo de Hollerith no le dejó vendérselos pensando que pronto se arrastrarían a él con una mayor suma, cosa que nunca ocurrió. A pesar de todo, el mismo año que patentó los frenos electromecánicos se casó con Flora Ferguson, con quien encontró felicidad aunque no muy durarera. Flora murió de tifoidea al año siguiente, cosa que marcó a Hollerith convirtiéndole un fanático de la comida al pensar que estando sano y bien alimentado sería la mejor manera de combatir enfermedades, por lo que se volvió bastante robusto hacia el final de su vida.

Primera máquina tabular

Tabuladora Hollerith

En 1887 acaba su primera máquina y comienza a probarla en el Departamento de Salud de Baltimore con gran éxito, tras lo cual patentó la perforadora de tarjetas y la ordenadora, que clasificaba la información en base a cierto criterio dado. Con esto comenzó una racha de buena suerte, que continuaría en New Jersey, La Oficina del Cirujano General del Departamento de Guerra en 1888, la exhibición en Berlín y París y el contrato para la Oficina de Salud de New York. También presentó su máquina en la Universidad de Columbia, donde le sirvió de tesis doctoral y convertirla en patente. Continuando la racha de buena suerte, su amigo Robert P. Porter fue nombrado como superintendente para el nuevo censo de 1890, y éste lo primero que hizo fue nombrar un consejo de tres grandes estadístas para ver como mejorar el proceso del censo.

Éste consejo estaba presidido por el Dr. Billings, el mismo que infundió la idea a Hollerith. Se creo un concurso cuyos tres finalistas fueron la máquina de Hollerith y otras dos más. Tras el exámen la de Hollerith fue la clara ganadora. Se le encargaron 56 máquinas por valor de $1000 de renta anuales cada una. El censo de 1890 se terminó en el mismo año que empezó, se dice que en apenas tres meses consiguieron tabular la información de 56 millones de personas. Esto extendió la fama de Hollerith y sus máquinas por todo el mundo, le compraron máquinas para los censos de 1891 de Canadá, Noruega y Austria, y las empresas de ferrocarriles empezaron a usarla en cuando añadió la posibilidad de una operación de suma para calcular tasas.

El sistema

Hollerith ingresó como ayudante en la Oficina Federal del Censo cuando aún no había cumplido los veinte años. Esto ocurría en 1879.

Por aquel entonces se hacían los preparativos para elaborar el censo de 1880. El cómputo de la población estadounidense resultaba una tarea extremadamente laboriosa. Era preciso manejar de forma manual una ingente cantidad de información. Además del recuento de habitantes, había que clasificarlos en grupos y subgrupos según criterios de edad, sexo, estado civil, etc.

El aprieto en que se vieron los responsables de la Oficina Federal del Censo de Estados Unidos era grande. El censo de población que se realizó en 1880 requirió siete años de trabajo, con lo cual sus datos resultaban obsoletos. Y lo que era más preocupante, el tiempo tendía a aumentar cada década, a tenor del fuerte incremento demográfico y, por consiguiente de datos, ¡Se corría el riesgo de entrar en un nuevo período de censo sin haber completados el anterior!

La organización del censo era extremadamente manual. Para disminuir la duración del proceso se podía contratar más personal. Pero con ello, sólo se limitarían los efectos del aumento de población y a penas se rebajaría el plazo, ya que también se debía considerar la complicación organizativa de una burocracia mayor.

La llegada de la mecanización

La superación del problema llegó con la introducción de un nuevo sistema tecnológico. Hollerith desarrolló su máquina tabuladota, que se componía de un lector de tarjetas, un contador, un clasificador y un aparato tabular. Y realizó el censo de 1890 en sólo dos años y medio. La eficacia de su opción tecnológica mejoró en los siguientes decenios. De ellos se ocuparon el propio Hollerith y la empresa IBM.

La irrupción del procesamiento mecánico de la información en nuestra sociedad es un buen modelo de sustitución de un sistema agotado por otro tecnológicamente superior. El ejemplo de la máquina tabuladota de Hollerith es elocuente. Otro tanto ocurre dentro del ámbito de la computación.

Su brillante historia nos presenta situaciones similares en la que una etapa es superada merced a invenciones revolucionarias.

Desarrollo comercial de su creación

En 1896 decidió que ya era hora de establecer la compañía que se dedicaría a esta máquina, así fundó la Tabulating Machine Company, con la que tuvo el monopolio durante algunos años, pero viendo sus capacidades de mercado la competencia no se hizo derogar. Para el censo de 1900 cobró mucho más de lo que habría costado hacerlo a mano, y el gobierno, un poco mosqueado, decidió intentar crear su propia máquina sorteando las patentes de Hollerith para el siguiente censo. En 1906 Hollerith añadió a su máquina un panel de control, lo que la convirtió en una máquina capaz de hacer varios trabajos sin necesidad de reconstruirla, hasta entonces todas las máquinas estaban hechas a propósito, y no de propósito general. Este paso se dice que fue uno de los primeros hacia la programación.

Muerte

Cansado, Hollerith vende su empresa a Charles R.Flint en 1910 (aunque siguió ejerciendo de asesor en esta hasta 1921). En 1911 se fusionó con otras 2 empresas en la CTR que, tras pasar a manos de Thomas Watson en 1914, cambió su nombre en 1924 por el de International Business Machines Corporation(IBM). Pasó el resto de sus días en una granja dedicando su vida la cría de ganado Guernsey. El 17 de noviembre de 1929 muere de un infarto al corazón.

Fuentes