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Joaquín Balaguer

Joaquín Amparo
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Presidente de República Dominicana en seis períodos
Datos Personales
NombreJoaquín Amparo Balaguer Ricardo
Nacimiento1 de septiembre de 1907
Navarrete Bandera de la República Dominicana
Fallecimiento14 de julio de 2002
Bandera de la República Dominicana
Causa de la muerteUna prolongada enfermedad
Alma materUniversidad Autónoma de Santo Domingo, Facultad de Derecho de la Universidad de París
OcupaciónAbogado
TítulosDoctor en Derecho
PadreJoaquín Balaguer Lespier
MadreCarmen Celia Ricardo

Joaquín Balaguer. Presidente de República Dominicana en seis períodos, más uno efímero, en momentos distintos entre 1960 y 1996. Exponente, en los tiempos recientes, del autoritarismo, mezclado con dosis de tolerancia democrática. Autor de escritos sobre temas históricos y literarios. Graduado de Doctor en Derecho en la Universidad de París.

Biografía

Joaquín Amparo Balaguer Ricardo nació según fuentes no confiables un 1 de septiembre en Navarrete. Originalmente se señalaba el año 1907, que luego se corrigió al año anterior, hoy considerado oficial. Hijo del puertorriqueño Joaquín Balaguer Lespier y de Carmen Celia Ricardo, esta última pariente de Ulises Heureaux. Recibió su educación inicial en Santiago de los Caballeros en condiciones de una vida modesta. Comenzó sus estudios primarios en su aldea natal y los concluyó en Santiago de los Caballeros. En uno de cuyos establecimientos de enseñanza recibió el título de bachiller en ciencias sociales en 1916. Los estudios superiores los hizo en la Universidad Autónoma de Santo Domingo y amplió después esos estudios en la facultad de derecho de la Universidad de París en 1934.

Vida política

Trayectoria hacia la presidencia

Participó en la fase final de la movilización nacionalista contra la ocupación militar de Estados Unidos, entre 1916 y 1924, al lado de Rafael Estrella Ureña. Muy pronto se distinguió como orador. Participó en la conjura que llevó al derrocamiento del Gobierno de Horacio Vásquez en febrero de 1930. Redactó, junto con Rafael F. Bonnelly, el manifiesto justificativo del Movimiento Cívico. Con rapidez dejó la fidelidad a Estrella Ureña y se alineó detrás de Trujillo, al establecer con este una relación personal facilitada por su parentesco con la entonces esposa del naciente tirano. Balaguer acompañó a Trujillo en los mítines de la "campaña electoral" de 1930 e incluso residió en su casa. Desde entonces se hizo señalar como un ferviente trujillista, posición que desarrolló en diversos textos. En los primeros años de la “Era de Trujillo” no desempeñó posiciones elevadas, tal vez a causa de su juventud. Ocupó casi de inmediato el cargo de diplomático ante los Gobiernos de Francia y España. En esos años publicó su primer libro dedicado a la política, Trujillo y su obra.

Retorno a República Dominicana

Al retornar al país, se le asignó, como sustituto del secretario de Estado de Relaciones Exteriores, el principal papel en la solución del diferendo diplomático que siguió al genocidio de nacionales haitianos en octubre de 1937. En esta ocasión, como sería habitual con posterioridad, dio muestras sobradas de habilidad en el manejo retorcido de argumentos sustentados en la mentira flagrante. Marchó de nuevo fuera del país, esta vez como embajador en Colombia, México y Honduras. De vuelta por segunda vez, desempeñó importantes funciones dentro del régimen. Ocupó primero la Secretaría de Educación y después la de Presidencia.

Presidencia

Dió muestras de una extrema eficacia en todos los órdenes políticos y administrativos, lo que le valió la confianza de Trujillo. Esto fue lo que motivó que en 1957, en ocasión de la designación de un vicepresidente –tras la negativa de Ramfis Trujillo a ocupar la posición–, resultara el escogido. Desde ese cenit en el aparato del despotismo, se distinguió como el máximo apologista intelectual del orden y hagiógrafo del tirano, sustituyendo así a Manuel Arturo Peña Batlle. Buena parte de los discursos que pronunciaba el tirano durante esos años fueron escritos por Balaguer. Los textos que firmaba con su nombre se caracterizaban, en sentido inverso, por el atrevimiento personal en sus tesis, como el reconocimiento de que en el país existía un régimen autoritario.

Tal claridad, aunque riesgosa, revestía la tiranía de mayor eficacia por cuanto era más ponderada en el exterior y concluía de todas maneras en la bondad insustituible de aquel ordenamiento político. No era esto óbice para que exacerbara las tesis irracionalistas acerca del genio de Trujillo, lo que expuso en Dios y Trujillo. Una visión realista de la historia dominicana, discurso de ingreso como miembro numerario de la Academia Dominicana de la Historia. Aunque de dudosa religiosidad, no vaciló en componer una trama teleológica que revela las claves de la historia dominicana. Pero fue en La realidad dominicana donde articuló un argumento integral justificativo del trujillato. Encontró las claves de esa filosofía de la historia dominicana en el racismo "científico" de contenido decimonónico, el hispanismo cultural y la contraposición demográfica y territorial con la nación haitiana, siempre en pos del argumento de que el Estado dominicano fue forjado por Trujillo. Cuando la tiranía entró en su fase crítica final, a partir de 1959, le correspondió ejercer la representación formal del Estado.

Terminó recibiendo la Presidencia nominal en agosto de 1960. De manera harto sutil, se preparó para ejercer el protagonismo tras el final previsible de Trujillo. Así, estando en su corazón operativo, tomó distancia del régimen, lo que en aquellos momentos no podía ser advertido. Pero Trujillo sí calibró desde cierto momento que este lugarteniente no merecía la ratificación de su confianza, por lo que decidió apartarlo de la Presidencia de la República.

Reacción

Forjó un acercamiento con los norteamericanos, que lo consideraron como una garantía contra un posible deslizamiento del país hacia un régimen de izquierda. El anticomunismo se agregó a su repertorio ideológico, a fin de esgrimir el peligro comunista en caso de que se produjera un cambio político. Dio muestras en aquellos meses por primera vez de un aferramiento feroz al poder. Tras huir Ramfis, a mediados de noviembre de 1961, Balaguer quedó investido del control completo sobre las ejecutorias estatales. Ponderado como continuador del trujillismo, pasó por su cinismo a ser más detestado que los mismos integrantes de la familia Trujillo.

Quedó identificado popularmente como el "muñequito de papel". Con el Ejército detrás, de todas maneras, no cedía, y resistió la embestida de la enemiga Unión Cívica Nacional, culminada en una huelga general de once días. Pero cuando los norteamericanos se plegaron a la beligerancia de los antitrujillistas, tuvo que aceptar la formación de un Consejo de Estado el 1 de enero de 1962, cuya presidencia ocupó de manera transitoria. Acudió en los días siguientes a sus procedimientos habituales, al grado de dejar montado un golpe de Estado por parte del general Pedro Rafael Rodríguez Echavarría, quien de común acuerdo con Balaguer designó una Junta Cívica Militar que apenas tuvo una duración de dos días. Al sucumbir su criatura cívico-militar, para escapar al furor de la multitud, no tuvo empacho en refugiarse en la Nunciatura Apostólica, colindante con su casa de la avenida Máximo Gómez.

Exilio

Desde el exilio, se dedicó a preparar las condiciones para el retorno al poder. Procedió a recomponer a trujillistas de segunda línea tanto fuera como dentro del país. Instruyó a sus seguidores a apoyar la candidatura de Juan Bosch en las elecciones de diciembre de 1962, por cuanto representaba la opción opuesta a la Unión Cívica. Pero, casi desde el principio del Gobierno de Bosch, lo hostigó por su tolerancia respecto a los comunistas. Los militares seguidores de Balaguer, agrupados en el denominado Clan de San Cristóbal, fueron activos protagonistas del golpe de Estado del 25 de septiembre. Así, el 25 de abril de 1965, instalado el Gobierno de Molina con amplio sostén popular, los militares balagueristas se aliaron a sus enemigos del Grupo de San Isidro. Mientras se desarrollaban los combates entre constitucionalistas y golpistas, Balaguer entraba en negociaciones con funcionarios del Departamento de Estado. Fue escogido por el presidente Lyndon B. Johnson como el que debía ser colocado en la Presidencia. Se cuidó de atacar a ambas partes en pugna, y no condenó la intervención norteamericana, como era de rigor. Presentó su baza primordialmente con el esbozo del peligro comunista. Por gestiones de la embajada de Estados Unidos, en efecto, el grueso de los burgueses acaudalados pasó a depositar sus expectativas en Balaguer.

De nuevo en el poder

En el primer periodo de los Doce Años, entre 1966 y 1970, se preocupó por consolidar su liderazgo sobre distintos sectores. A lo largo de esos años, permitió el asesinato de centenares de opositores por parte de las bandas paramilitares. En el segundo periodo de los Doce Años operó un giro hacia la izquierda, pero tuvo que dar marcha atrás en su programa reformista. La segunda reelección de 1974 se logró con la abierta intervención de la Banda Colorada, en parte compuesta de militares, para intimidar a la oposición, que optó por la abstención. En 1978, a causa de la presión internacional, tuvo que aceptar el triunfo del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Tras ocho años de democracia restringida, hegemonizada por el PRD, Balaguer supo adaptarse a las nuevas circunstancias. Había dado un paso hacia una mayor tolerancia política al legalizar al Partido Comunista Dominicano. Es cierto que entre 1986 y 1994 cesó la práctica criminal cotidiana, pero no así la corrupción. Tampoco disminuyeron los males sociales. Siempre bajo la divisa de seguir en el poder a cualquier precio, recurrió de nuevo al fraude electoral y otros procedimientos ilegales. Pudo desconocer así el triunfo moral de Bosch en 1990, pero no así el de José Francisco Peña Gómez en 1994. En esta última fecha, reiteró su postura de aferrarse al poder. Pero tuvo que aceptar la reducción del periodo gubernamental a dos años. No tenía interés en la persistencia del Partido Reformista, por lo cual favoreció al candidato del Partido de la Liberación Dominicana, Leonel Fernández, en desmedro de Jacinto Peynado, el de su propio partido.

Muerte

Ya fuera del poder, y convencido de que su tiempo había pasado, víctima de la ceguera desde mucho tiempo antes, Balaguer se dedicó a una oposición de relumbrón, a fin de tener en el Partido Reformista el instrumento que coadyuvase a mantener su imagen. Se aferraba a la vida, en sus años finales, tal como se había aferrado al poder. Murió el 14 de julio de 2002, tras una prolongada enfermedad.

Fuente