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Jorge Santayana

Jorge Santayana
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Filósofo, ensayista, poeta y novelista hispano-estadounidense
Nombre completoJorge Agustín Nicolás Ruiz de Santayana y Borrás
Nacimiento16 de diciembre de 1863
Ávila, Madrid, Bandera de España España
Defunción26 de septiembre de 1952
Roma, Bandera de Italia Italia
NacionalidadEspañola
Lengua de producción literariaInglés y Español

Jorge Santayana. Filósofo y ensayista español en lengua inglesa, influyente en las primeras décadas del siglo XX, en la estética y la crítica literaria, a través de sus ideas naturalistas y platónicas.

Síntesis biográfica

Jorge Santayana nació en Madrid, el día 16 de diciembre de 1863. En Ávila no poseía raíz familiar alguna y su llegada a esta ciudad debió ocurrir durante el verano de 1866, cuando aún no había cumplido los tres años. Llegó ahí por casualidad, pues no existían vínculos hereditarios con esa ciudad antigua y nobiliar.

La madre de Jorge, Josefina Borrás, antes de casarse con Don Agustín Ruiz de Santayana, padre de Jorge, había estado casada con un norteamericano de Boston, de cuyo matrimonio conservaba tres hijos: Susana, Josefina y Roberto. Seis fueron, por tanto, los miembros de la familia completa que se trasladó a Ávila y se instaló en un principio en una casa situada frente al Torreón de los Guzmanes, donde transcurre su infancia abulense hasta su traslado a Estados Unidos en 1872. Su madre se va a Boston y su padre se queda en Ávila, pero a Jorge le manda su padre a Boston para que tenga una mejor situación familiar.

Pasó once años de su juventud soñando con volver a Ávila, hasta que, al final de su primer curso en la Universidad de Harvard, su madre le concedió la oportunidad del viaje.

El lugar de residencia paterna había cambiado y Santayana, a su llegada en los primeros días de julio, debió encaminarse a esa nueva casa solitaria, sita en la plaza de Santa Ana, que a la larga se convertiría en la única propiedad inmobiliaria que el filósofo poseyó en su vida. Esta primera visita fue breve, pero realizaría una serie de visitas a esta ciudad abulense, casi siempre en veranos y a lo largo de casi toda su vida, pues sólo cesó con la muerte en ella de sus seres más próximos y queridos y a causa, también, de su avanzada edad. Otra casa abulense que se relaciona con Jorge Santayana es una que se ubica en la Plaza del Ejército, donde vivía su hermana Susana.

La última vez que Santayana está en Ávila es en el año 1930, cuando va a visitar a su hermana Josefina, la única viva que quedaba en Ávila, y que poco más tarde murió. A partir de esta fecha Santayana no volvió más. Acabó así su vinculación física con la ciudad. Su relación continuaría, sin embargo, a través de su correspondencia con la familia Sastre, descendiente del marido de Susana.

A pesar de la redacción de sus textos en la lengua adoptiva, de su perfecto dominio de la prosa inglesa y de la aversión a la residencia en su país natal, Santayana conservó hasta su muerte la ciudadanía española, y, ya desde joven, se consideró "una especie de huésped permanente" del mundo de idioma inglés, "familiar y susceptible de aprecio, pero, no obstante, siempre extranjero". Los mismos norteamericanos, con frecuencias perturbadas e incluso molestadas por el blando catolicismo y la mediterránea urbanidad del autor, han compartido tal criterio.

Una vez graduado en el Harvard College, prosiguió durante dos años los estudios de Filosofía en Berlín. Sin embargo, su entusiasmo juvenil por la ideología alemana, singularmente por la de Schopenhauer, se enfrió pronto, y, andando el tiempo, llegó a transformarse en la activa y exaltada hostilidad que, en 1916, le dictaría El egotismo en la filosofía alemana, la única obra de Santayana en la que el autor abandona su habitual y olímpica ecuanimidad. En adelante, los astros que orientaron su pensamiento fueron Lucrecio y Spinoza.

Cuando, en 1912, el legado de un tío le proporcionó la independencia económica, presentó su dimisión en Harvard y, con un sentimiento de liberación, abandonó América para siempre. Jamás le había gustado mucho la enseñanza, y todavía menos el ambiente académico norteamericano.

El clima de protestantismo local resultaba tan opuesto a su espíritu como lo fueran las producciones por aquel engendradas a una inteligencia cuya fidelidad básica estaba vinculada a la sabiduría moral de Grecia y de la Europa católica. En realidad, consideró siempre las distintas religiones como meras formas de mitología (representaciones figuradas de los diversos tipos de verdad moral derivados de la experiencia humana acumulada a través de la historia del mundo), susceptibles de un juicio inspirado en la misma comprensión indulgente y paciente que el hombre sabio aplica a cualesquiera otras actividades e instituciones humanas, incluso a las más monstruosas.
"Me gusta considerar la sociedad -escribió- como una parte de la naturaleza, y contemplarla como un incidente opuesto a su base no humana"
.

Para Santayana Europa fue, durante la Primera Guerra Mundial,Inglaterra. El filósofo permaneció varios años en Oxford, de nuevo como un huésped extranjero, aun cuando esta vez en un mundo cuya madurez y densidad culturales le resultaron afines. Tal estancia dio lugar en 1922 a las meditaciones en prosa tituladas Soliloquios en Inglaterra. Terminada la contienda, Santayana inició en el continente la existencia que habría de vivir hasta su muerte: de sabio cosmopolita, de evasivo y semi legendario erudito errante, "con disposiciones sacerdotales". Cómodamente en todas partes, pero asimismo por doquier extranjero, residió en París, en Londres y en Roma.

De la pluma del solitario vagabundo fluyeron una serie de obras cuyo rigor intelectual apareció alternativamente oscuro y luminoso a causa de las oscilaciones barrocas y del hipnótico y deslumbrante ritmo de su prosa. La más importante de estas producciones es el extraordinario ciclo en cuatro tomos en el que figuran las últimas evoluciones de su pensamiento, Los reinos del ser (Realms of Being, 1927-1940); la más sorprendente, la novela El último puritano, que publicó a los setenta y seis años y constituyó durante algún tiempo un gran éxito editorial.

Regreso a América

De regreso a América, se graduó y llegó, en 1889, a profesor de Filosofía de Harvard; allí permaneció hasta 1912. Situado entre colegas de un temperamento esencialmente distinto, como William James, el aislamiento personal e irónico se convirtieron para él en norma permanente de vida. Sin embargo, empezó a componer sus primeros textos no como filósofo académico, sino en calidad de poeta y enamorado de ciertas formas tradicionales de belleza y ciencia, y siempre de acuerdo con un criterio muy personal.

Muerte

Los años finales de su existencia, que pasó en un convento de Roma, donde falleció víctima del cáncer, estuvieron dedicados a un estudio de la religión, La idea de Cristo en los Evangelios (The Idea of Christ in the Gospels, 1946), a un trabajo sobre las instituciones políticas, Potencias y dominios (Powers and Dominations, 1951) y a una autobiografía, Personas y lugares (Persons and Places).

Obras

La medida de su alejamiento del superviviente mundo puritano que entonces le envolvía y de su irónica penetración en la composición moral de aquella sociedad aparece manifestada implícitamente en toda su obra, y de una manera explícita en tres voúmenes de análisis moral y cultural:

  • Carácter y opiniones en los Estados Unidos (Character and Opinion in the United States, 1920).
  • La tradición elegante en un brete (The Genteel Tradition at Bay, 1931).
  • El último puritano (1937).
  • Sonetos y otros versos (Sonnets and Other Verses, 1894).
  • El sentido de la belleza (1896).
  • Interpretaciones de poesía y religión (1900).
  • Una "suma" de su primera ideología filosófica integrada por cinco tomos y titulada La vida de la razón (1905-1906), y los estudios de Tres poetas filósofos (1910).


Aparte del público de su novela, los lectores de la obra de Santayana no han sido jamás numerosos, y suelen ser, con frecuencia, más bien hombres de mentalidad literaria (acostumbrados, como el autor, a dar a los textos filosóficos la consideración de "poemas" conceptuales con una visión única del universo) que filósofos sistemáticos, quienes la encuentran demasiado evasiva, poética, olímpica y ajena tanto a los problemas contemporáneos como a las tradiciones locales del pensamiento.

Frases

  • La vida no se ha hecho para comprenderla, sino para vivirla.
  • Los amigos son esa parte de la raza humana con la que uno puede ser humano.
  • Nuestra adhesión a un jefe natural no es una pérdida de libertad, es el reconocimiento de que nuestras ideas tiene un ejecutor y un intérprete.
  • Los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo.
  • Para una idea es de muy mal agüero estar de moda, pues esto implica que más adelante estará anticuada para siempre.
  • El fanatismo consiste en redoblar el esfuerzo cuando has olvidado el fin.

Fuentes


Categoría:Escritores de España