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José González Hernández

José González Hernández
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Tingotalango.JPG
Músico aficionado
NombreJosé González Hernández
Nacimiento12 de enero de 1890
Los Maestres, Camajuaní
NacionalidadCubana
José González Hernández. Desde pequeño le gustaba mucho el tingotalango, hasta se aprendió una décima que decía como se hacía un tingotalango, dominaba una gran cantidad de bailes.

Infancia

Nació el 12 de enero de 1890 en la finca Los Maestres. Eran cuatro de familia. Estaban muy bien económicamente. Cuando tenía ocho o nueve años, el padre lo llevó a una fiesta a La Quinta: era en casa de los Cabrera. Llegaron y la fiesta ya había comenzado. En el patio se bailaba caringa y el grupo musical era de Armando Acosta. Cierra los ojos y le parece verlo aún: Armando tocaba la bandurria; Juan García, el tres, José Fragoso, las maracas; Pedro Robate, el güiro, y Raimundo Méndez, el tingotalango. Aprendió cuando niño una décima que habla de cómo se hacía un tingotalango:

Con una estaca en el suelo,
una cabuya y un gajo
formaban rústico bajo
en los tiempos de mi abuelo.

En su típico modelo,
un palo, una yagua, un mango,
y a veces cambiando el rango
el gajo de güira era;
lo llamaban tumbaders
y también tingotalango.

El Tingotalango

En los patios de las casas de campo, por esos años, había siempre una mata de mango o de güira. Eran las ideales para el tingotalango, por la flexibilidad de sus gajos. Lo vio construir muchas veces, era más o menos así: debajo de la mata se hacía un hueco y se clavaba en el centro una estaca atada a la punta de un cordel; se cogía un pedazo de yagua y en el lomo, que es la parte más resistente, se le abría un agujero, y se le pasaba el cordel a través de él. La yagua tapaba el hueco y la otra punta del cordel, muy tensado, se ataba a uno de los gajos de la mata. La cavidad en la tierra tenía que estar bien tapada: esa era la caja de resonancia. Había variaciones en su construcción, pero muy ligeras: un cordel más grueso, menos grueso; el hueco a veces era más profundo, menos profundo... Pero sí vio construir uno que le llamó mucho la atención, porque la estaca no se clavaba en el centro del hueco, sino al lado, y se hacía en la tierra una canalita que los comunicaba. Tanto la canalita como el hueco quedaban bien tapados; el sonido que producía era menos grave. El individuo que tocaba el tingotalango golpeaba el cordel con una de sus manos, mientras que con la otra bajaba o subía el gajo; así modificaba la tensión de la cuerda y obtenía los sonidos que quería: más graves, más agudos...

Bailes que Dominaba

El tingotalango era un instrumento silvestre, un bajo natural. Se prestaba mucho para acompañar musicalmente bailes como la caringa, el papalote, el buey suelto, la vaca brava, el gavilán, el zumba-Antonio, y otros. Llegó a bailar todo eso, le era divertido, le gustaba.

Mejores tocadores de Tingotalango

En sus recorridos fiesteros por zonas campesinas vio muchos tingotalangos, vio buenos tocadores, y malos también. Se decía que Alberto Pérez, Raimundo Méndez y Rodolfo Triana eran los mejores.

Usos del Tingotalango

Ahora, quiere aclarar que cuando había un baile de campo que perseguía fines comerciales (baile de salón, como se le decía) no se utilizaba el tingotalango; ello se debía a que era un instrumento construido al aire libre, en los patios de las casas; para fiestas familiares solamente: bautizos, cumpleaños, bodas...

A nadie se le hubiera ocurrido hacerlo dentro de una casa. Para los bailes de salón se tocaba danzón: la única música que se bailaba en este país por ese tiempo. Se está hablando de los años 1905, 1906, 1907, por ahí. El son, el danzonete, la guajira... llegaron después.

Consideraciones públicas sobre el Tingotalango

Para unos el tingotalango es una pieza musical muy antigua, que tiene la misma estructura de la caringa, el papalote, el gavilán... Un estribillo que repiten los músicos o un coro de bailadores, y que se alterna con las improvisaciones de un bailador solista, ya en cuartetas, ya en décimas... Para otros es una simple composición musical. La experiencia que tiene es que a todas las fiestas que fue nunca oyó cantar ni bailar el tingotalango, ni siquiera tararear el estribillo. Para él no es más que el nombre de un instrumento.

Creación del Tingotalango

El tingotalango como música fue creación del trinitario Julio Cueva, quien en la década de los 40 alcanzó mucha popularidad con El marañón, El golpe de bibijagua y Tingotalango. Él se motivó en el instrumento, en su construcción rústica, para componer la letra:

Hay en Cuba un instrumento
que se usa mucho en el campo,

no es de cuerda ni de viento,
y se llama tingo talango.
Zumbantorio, tingo talango,
zumbantorio.
Zumbantorio, dale que dale,
zumbantorio.

Si quieres que te describa
cómo es el tingo talango,
búscate un gajo de güira
o si no uno de mango.
Zumbantorio, tingo talango,
zumbantorio.
Zumbantorio, dale que dale,
zumbantorio.
Se abre un hueco en la tierra,
encima una hoja de lata,
en el centro un agujero
donde un alambre se ata.
Zumbantorio, tingo talango,
zumbantorio.
Zumbantorio, dale que dale,
zumbantorio.
Con estos tres elementos
que yo les estoy nombrando
ya tiene el instrumento,

cubano, tingo talango.

El estribillo de esta pieza musical es una combinación donde entran como componentes la palabra tingotalango y algunas palabras del estribillo del zumbantorio que, por cierto, se bailaba poco porque se necesitaba para ello un bailador-improvisador de mucha calidad, y no abundaba.

El Zumbantorio

El zumbantorio era un baile de argumento: un hombre de barba muy exagerada llegaba al baile y se acercaba a una de las jóvenes, la hija del dueño de la casa, y conversaban. El viejo llegaba hasta la pareja y le arrancaba la barba postiza al recién llegado, descubría que se trataba de Antonio, el novio de la hija, cuyas relaciones él rechazaba y pedía a los concurrentes que lo sacaran de allí. Y a partir de ese momento comenzaba la música y el baile. El coro lanzaba el estribillo:

Antonio está aquí,
aquí no lo quiero.
Zúmbalo, zúmbalo,
aquí no lo quiero.
Dale, dale,
aquí no lo quiero.

Y el bailador respondía con la improvisación, casi siempre en cuartetas. Todos querían golpear a Antonio, pero este trataba de evitarlo. Muchas veces era acosado, la novia se interponía y evitaba que lo golpearan. Hasta que Antonio convencía a los asistentes de sus buenas intenciones con la muchacha y trataba de deslumbrarlos con su baile. Un grupito de ellos hacía un aparte con el dueño de la casa y decidían si Antonio debía de quedarse o no. Si no era aceptado se detenía la música y él debía retirarse, abandonar el local, y esto resultaba muy bochornoso para un bailador. El zumbantorio requería mucha destreza por parte de la pareja solista; era un baile donde todos los presentes podían participar.

De los bailes cantados les han llegado algunos estribillos, muy deformados a veces. Es zumbantonio y no zumbantorio —como escribe Cueva—, ni zumbatorio. Y el cuerpo, la letra, eso se lo llevó el viento. Son improvisaciones, aunque hay quien tiene buena memoria y aún recuerda algunos fragmentos aprendidos en el momento mismo de su improvisación. En cuanto a la música, esta es muy diferente de la del Tingotalango de Cueva, entre una y otra no hay semejanza alguna. El último tingotalango que vio fue en casa de Marcelo Hernández, en Blanquizal, en 1911.

La marímbula

La marímbula, un instrumento rechazado porque lo utilizaban los negros en sus fiestas, desplazó al tingotalango; fue penetrando la barrera racial y los campesinos blancos la acogieron, la hicieron suya. Era un bajo pequeño, de más posibilidades sonoras, transportable... Ya no había necesidad de cavar un hoyo, ni de buscar un pedazo de yagua, ni de cordel, ni una mata, para armar un tingotalango.

Fuente

Batista, René (2002). “Ese palo tiene jutía”. Editorial Capiro, Santa Clara, Villa clara, Cuba.