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Martín Alonso Pinzón

Martín Alonso Pinzón
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navegante
NombreMartín Alonso Pinzón
Nacimiento1440
Palos de la Frontera,La Rábida, Bandera de España España
Fallecimiento31 de marzo de 1493
Monasterio de la Rábida, Bandera de España España
Causa de la muerteinfección de transmisión sexual (sífilis)
NacionalidadEspañola
OcupaciónMarino
FamiliaresFrancisco Martín Pinzón y Vicente Yáñez Pinzón(hermanos)

Martín Alonso Pinzón. Navegante español que, al mando de la carabela La Pinta, acompañó a Cristóbal Colón en el descubrimiento de América.

Síntesis biográfica

Nace en el año 1440, no se conoce día, ni mes. Fue el hijo mayor de una rica familia de navegantes.

Sus primeras experiencias como navegante

Empezó a navegar desde muy joven a la costa norteafricana, a Italia y a Guinea, dedicándose a actividades muy diversas, como la pesca, el corzo y la guerra (posiblemente intervino en el conflicto luso-castellano). Nativo de la Villa de Palos. Sus hermanos fueron Francisco Martín Pinzón y Vicente Yáñez Pinzón. Los testigos que declararon en los pleitos colombinos afirmaron que el marino era el armador más famoso de toda la comarca del Tinto-Odiel y un hombre sabio, rico, experto en el arte de navegar y emparentado con las familias más destacadas de Palos.

Martín Alonso era dueño de un barco con el que hacía frecuentes viajes por el Mediterráneo y el Atlántico conocido en esa época. En 1479, él y su hermano Vicente apresaron un bajel (navío) cargado de trigo, el cual llevaron a Palos, donde les fue embargado por las autoridades de la villa. Además de esa acción pirática, que tal vez se repitió en otras ocasiones, Martín realizaba con frecuencia viajes comerciales a Italia y también solía desplazarse a Portugal y a las Islas Canarias.

Preparativos para el Descubrimiento de las Américas

Después de que Colón obtuvo las famosas Capitulaciones de Santa Fe, se dirigió a Palos para adquirir los barcos, organizar la partida y contratar a los marineros que lo acompañarían, pero ninguno quiso embarcarse con él por ser una persona extraña a ellos y pretender navegar más allá de los límites conocidos del Atlántico. Ante ese desinterés, fray Antonio de Marchena, guardián del monasterio de la Rábida y astrólogo, le prometió que trataría de convencer a Martín Alonso Pinzón, que en esos días se hallaba en Roma. De vuelta en Palos, la gestión del religioso dio resultado y el marino andaluz se comprometió a ayudar a Colón.

El genovés ofreció a Martín la capitanía de una de las carabelas, La Pinta. Vicente, quien se unió a la expedición, tuvo el mando de La Niña. El tercero de los Pinzones, Francisco, irá como maestre con Martín. La mayor dificultad que se les presentó fue el reclutamiento de la marinería, por estar muy arraigada la idea de la inexistencia de tierras en las regiones occidentales del océano, que además se creía poblado de monstruos. A fin de lograr que se enrolase, Martín ponderó las fabulosas riquezas que hallarían en la Isla de Cipango y el reino de Cathay, y gracias a su intervención y su fama, numerosos marinos de Palos, Moguer y Huelva se decidieron a alistarse para el viaje.

Todo a punto, las dos carabelas y una tercera, la Santa María, zarparon del puerto y barra del Saltés, en la ría del Tinto, frente a Palos, el 3 de agosto de 1492 rumbo a las islas Canarias. En la mayor de ellas, adonde llegaron el día 8, Martín Alonso Pinzón se quedó para reparar La Pinta, mientras los otros navíos continuaron hasta La Gomera. El 9 de septiembre, reunidas las tres embarcaciones, prosiguieron su navegación. El 6 de octubre, cuando llevaban recorridas 800 leguas, los marineros de la Santa María, irritados porque Colón no quiso desviarse de la ruta que seguía, como le había aconsejado Martín Alonso, se amotinaron. Colón disparó una lombarda para contener a los sublevados y avisar a los Pinzones, quienes consiguieron aplacarlos.

Las naves de Colón

Salvado ese primer tropiezo, las carabelas continuaron su marcha sin alterar su rumbo occidental. El 9 de octubre, los marineros de las tres carabelas, incluidos Martín y Vicente, exigieron a Colón que se devolviese a España por creer que los vientos de levante les impedirían el retorno, pero el futuro Almirante consiguió que le diesen un plazo de tres o cuatro días. El día 12, anclaron en la isla de Guanahaní perteneciente al archipiélago de Los Lucayos. En la semana siguiente encontraron otras tres islas: Santa María de la Concepción, Fernandina e Isabela. Desde esta última, Colón quiso partir el 23 para Cuba por creer que era el Cipango. A ella llegó el 28. Martín Alonso dedujo que estaban en Tierra Firme y el genovés lo consideró cierto, disponiéndose a encontrar al Gran Khan o la ciudad de Cathay. Los emisarios que Colón mandó regresaron con las manos vacías y entonces optó por seguir hacia el sudoeste, pero antes se dirigió a la Isla de Babeque (actual isla de Santo Domingo), que, según le informaron los indios, tenía mucho oro.

El 19 de noviembre Colón avistó Babeque, pero no pudo desembarcar a causa del mal tiempo y se volvió a Cuba. Dos días después, Martín Alonso se separó de él. En su diario de navegación, el genovés escribió que el paleño lo había abandonado movido por la avidez de oro. Martín se había ido a Babeque. Después llegó a Haití. El 6 de enero de 1493 se reunió con la Niña en las proximidades de Montecristi. No hay duda de que el alejamiento de Martín fue deliberado. Si la Pinta, más ligera y veloz que la nao del Almirante, se adelantó a ella, debió haberla esperado o salido a su encuentro, lo que no hizo. Se trató, por tanto, de una deserción, un claro acto de desobediencia a su superior, quien, en esa fecha, ya estaba investido con el título de Almirante. El motivo de ese comportamiento se ignora, aunque bien pudo ser debido al disgusto del marino de Palos por haber prohibido Colón que se apropiasen de oro, especias o cualquier otro producto, so pena de severos castigos. Tras recorrer la Española en procura de oro, Colón y los Pinzones iniciaron el día 10 el tornaviaje a España en la Pinta y la Niña. El 12 de febrero, cuando se hallaban a la altura de las Azores, se desató una gran tormenta y el barco de Martín Alonso desapareció de la vista. La Niña, luego de sortear el temporal, pudo arribar a la península. La Pinta había tocado antes el puerto de la población gallega de Bayona. Desde ese lugar, Martín Alonso comunicó a los Reyes Católicos el descubrimiento de Las Indias.

Su muerte

Tras unos días de descanso, Martín Alonso emprendió el regreso a Palos. Llegó el 15 de agosto, unas horas después que Colón. Iba muy enfermo de sífilis y se recluyó en el Monasterio de la Rábida, donde murió a los pocos días, quizá el 31 de marzo de 1493. Es significativo que Colón no se molestara siquiera en visitarle en su lecho de muerte. El gran marino español se llevó a la tumba su versión del descubrimiento.

Fuentes