Saltar a: navegación, buscar

Pedro II de Brasil

Pedro II del Brasil
Información sobre la plantilla
Emperador de Brasil
Pedro II de Brasil.png
Emperador de Brasil
Reinado 17 de abril de 1831 - 15 de noviembre de 1889
Nombre real Pedro de Alcântara João Carlos Leopoldo Salvador Bibiano Francisco Xavier de Paula Leocádio Miguel Gabriel Rafael Gonzaga
Otros títulos Príncipe imperial (1825-1831)
Nacimiento 2 de diciembre de 1825
Río de Janeiro, Bandera de Brasil Brasil
Fallecimiento 5 de diciembre de 1891
Paris, Bandera de Francia Francia
Entierro Mausoleo Imperial, Petrópolis, Bandera de Brasil Brasil
Predecesor Pedro I de Brasil
Sucesor Monarquia abolida
Cónyuge/s Teresa Cristina de Borbón y Dos Sicilias
Dinastía Braganza
Padre Pedro I de Brasil
Madre María Leopoldina de Austria

Escudo de Pedro II de Brasil

Pedro II de Brasil. Emperador de Brasil. Primogénito de Pedro I y Leopoldina Carolina de Habsburgo, subió al trono a la edad de cinco años, tras la abdicación de su padre. Apodado El Magnánimo, fue el segundo y último emperador de Brasil. Su reinado duró 58 años.

Síntesis biográfica

Pedro nació el día 2 de diciembre de 1825 en Río de Janeiro. Fue el hijo menor del emperador Pedro I de Brasil y la emperatriz María Leopoldina y, por tanto, pertenece a la rama brasileña de la dinastía Braganza. La abrupta abdicación de su padre y su viaje a Europa dejaron a Pedro con solo 5 años como emperador, lo que provocó que tuviera una infancia y una adolescencia solitarias.

Fue el único hijo varón y legítimo de Pedro I que sobrevivió a la infancia y fue reconocido oficialmente como heredero al trono brasileño con el título de príncipe imperial. La emperatriz Leopoldina murió el 11 de diciembre de 1826, poco días después de dar a luz a un niño que nació muerto y cuando Pedro sólo tenía 1 año. Por lo tanto, Pedro no tenía recuerdos de su madre sino por lo que le contaban sobre ella. La influencia y los recuerdos de su padre se apagaron con el tiempo.

Dos años y medio después de la muerte de Leopoldina, el emperador volvió a casarse con Amelia de Beauharnais. El príncipe Pedro tampoco pasó mucho tiempo con su madrastra aunque tuvo con ella un vínculo afectuoso y estuvieron en contacto hasta la muerte de ella en 1873. El emperador Pedro I abdicó el 7 de abril de 1831. Él y Amelia salieron inmediatamente hacia Europa donde Pedro I iba a restaurar a su hija María II en el trono de Portugal ya que este había sido usurpado por el hermano de este, Miguel I. El príncipe imperial Pedro se convirtió entonces en Pedro II, emperador constitucional y defensor perpétuo de Brasil.

Educación

El emperador tuvo una infancia solitaria. La pérdida súbita de sus padres lo perseguiría toda su vida; tuvo muy pocos amigos de su edad y el contacto que tuvo con sus hermanas era limitado. El ambiente en el que fue criado lo convirtió en una persona tímida y carente de cariño que buscaba refugio en los libros y al mismo tiempo le proporcionaba una fuga de su mundo real.

Se relacionó con numerosos intelectuales europeos, pero las ideas aprendidas no se reflejaron en su actuación, y su escaso talento político ante los asuntos de Estado le hizo optar por el papel de moderador entre los dos partidos tradicionales.

Matrimonio y familia

El gobierno del Reino de las Dos Sicilias ofreció la mano de la princesa Teresa Cristina. El retrato que estos enviaron reveló que se trataba de una mujer joven y guapa, lo que llevó a Pedro II a aceptar la propuesta. Se casaron por poderes en Nápoles el 30 de mayo de 1843 y la nueva emperatriz de Brasil desembarcó en Río de Janeiro el 3 de septiembre. Al verla en persona el emperador sufrió una decepción ya que el retrato estaba claramente idealizado; Teresa Cristina era una mujer baja, con algo de sobrepeso, coja y aunque no era fea, tampoco era guapa. Aquella noche, Pedro II lloró y le dijo a Mariana de Verna:

«Me han engañado, Dadama.»

Horas y horas fueron necesarias para convencerlo de que el deber le exigía que siguiera adelante con el matrimonio. Una celebración nupcial, con la ratificación de los votos, se realizó el día siguiente, el 4 de septiembre.

El matrimonio entre Pedro II y Teresa Cristina empezó mal, pero a base de madurez, paciencia y, con el nacimiento del primer hijo Alfonso, la relación mejoró. Más tarde, Teresa Cristina tuvo tres hijos más: Isabel, en 1846; Leopoldina, en 1847; y por último, Pedro, en 1848. Sin embargo, los dos niños murieron durante la infancia, lo que devastó al emperador. Además de sufrir como padre, su visión de futuro sobre el imperio cambió completamente. A pesar del afecto que sentía por sus hijas, no creía que Isabel, a pesar de ser la heredera, tuviera una posibilidad real de prosperar en el trono. Él creía que su sucesor tenía que ser un hombre para que la monarquía fuese viable. Empezó a pensar que el sistema imperial estaba unido a su persona y que no sobreviviría a su muerte. Isabel y su hermana recibieron una educación excepcional, a pesar de que no fueron educación para gobernar el país. Pedro II excluía deliberadamente a Isabel en la participación de los asuntos y decisiones de gobierno.

Reinado

Su reinado fue eminentemente conservador, en alianza con los terratenientes propietarios de esclavos. Su tendencia a intervenir en los conflictos de la América hispana implicó a Brasil en varias guerras en la región del Río de la Plata.

Abolición de la esclavitud

En 1888 abolió la esclavitud, decisión que le granjeó la enemistad de los hacendados, en quienes se había apoyado durante mucho tiempo. Desde los inicios de la colonia portuguesa de Brasil en el siglo XVI y durante todo el período imperial, el trabajo de los esclavos había sido elemento determinante en las grandes propiedades agrícolas, lo cual explica que la introducción del trabajo libre erosionara de forma irreversible los cimientos políticos de la monarquía.

Relación con la Iglesia Católica

Las relaciones de Pedro II con la Iglesia Católica se vieron ensombrecidas por su condición de gran maestre de la masonería. Por todo esto, la Iglesia y el conservadurismo radical le retiraron su apoyo. El ejército, temeroso de la influencia de las monarquías europeas emparentadas con la familia imperial, también manifestó su recelo con respecto al emperador.

Aislamiento y exilio

Totalmente aislado, Pedro formó un gobierno de conservadurismo avanzado, pero la iniciativa no funcionó. Depuesto en 1889 por un pronunciamiento republicano, se vio obligado a exiliarse en París. Cuando el emperador se enteró de que había sido depuesto, simplemente dijo estas palabras:

«Si es así, me iré; he trabajado bastante y estoy cansado y me voy a descansar.»

Últimos años

Hubo una resistencia monárquica significante tras la caída del Imperio, que siempre fue reprimida.También se produjeron disturbios contra el golpe así como batallas entre las tropas monárquicas del ejército contra milicias republicanas. El «nuevo régimen suprimió con rápida brutalidad y con total desdén hacia todas las libertades civiles cualquier tentativa de crear un partido monárquico o de publicar periódicos monárquicos.» La emperatriz Teresa Cristina falleció pocos días después de llegar a Europa e Isabel y su familia se mudaron hacia otro lugar mientras su padre se estableció en París. Sus dos últimos años de vida fueron solitarios y melancólicos y vivió en hoteles modestos sin casi recursos y escribiendo en su diario sus sueños en los que le estaba permitido volver a Brasil.

Muerte

Un día dio un largo paseo por el río Sena en carruaje abierto a pesar de la temperatura extremadamente baja. Al volver al hotel Bedford por la noche, se sintió resfriado. La enfermedad evolucionó en los días siguientes hasta que se transformó en una neumonía. El estado de salud de Pedro II empeoró rápidamente hasta su muerte el 5 de diciembre de 1891. Sus últimas palabras fueron:

«Que Dios me conceda estos últimos deseos de paz y prosperidad para Brasil.»

Mientras preparaban su cuerpo, un paquete cerrado con un sello fue encontrado en la habitación con un mensaje escrito por el propio emperador:

«Es la tierra de mis padres; deseo que sea puesta en mi ataúd si muero fuera de mi patria.»

El paquete, que contenía tierras de todas las provincias brasileñas, se colocó dentro del féretro.

Los miembros del gobierno republicano brasileño, temerosos de la gran repercusión que podía tener la muerte del emperador, se negaron a realizar ninguna manifestación oficial. De todas formas, el pueblo brasileño no se mostró indiferente ante el fallecimiento de Pedro II pues la repercusión en Brasil fue también inmensa, a pesar de los esfuerzos del gobierno por minimizarla. Hubo manifestaciones de dolor en todo el país: comercios cerrados, banderas a media asta, campanas tocando a difunto, cintas negras en la ropa, oficios religiosos. Se realizaron «misas solemnes por todo el país, seguidas de panegíricos donde se enaltecía a Pedro II y el régimen monárquico.»

Legado

Sus restos mortales, así como los de su esposa, fueron finalmente llevados a Brasil en 1921, a tiempo para el centenario de la independencia brasileña en 1922, ya que el gobierno quería dar a Pedro II honores de jefe de Estado. Se declaró festivo nacional y el retorno del emperador como héroe nacional se celebró por todo el país. Millares de personas participaron en la ceremonia principal en Río de Janeiro. Este homenaje marcó la reconciliación del Brasil republicano con su pasado monárquico.

Los historiadores tienen a Pedro II y su reinado en gran estima. La literatura historiográfica que trata de él es vasta y, con excepción del periodo inmediatamente posterior a su caída, enormemente positiva y hasta laudatoria. El emperador brasileño Pedro II es comúnmente considerado por los historiadores como «el mayor hombre de Brasil».

Fuente