Saltar a: navegación, buscar

Pierre Corneille

Pierre Corneille
Información sobre la plantilla
Pierre corneille.JPG
Dramaturgo francés.
Nacimiento6 de junio de 1606
Ruán, Bandera de Francia Francia
Fallecimiento1 de octubre de 1684
París, Bandera de Francia
EducaciónUniversitaria
Alma materLicenciado en Derecho
Conocido por"Padre de la Tragedia Francesa"
CónyugeMarie de Lampériére
Obras destacadasLa verdad sospechosa
El mentiroso
El Cid

Pierre Corneille. Dramaturgo francés, considerado en su tiempo como el "Padre de la Tragedia Francesa". Autor de la tragedia clásica francesa; creó héroes admirables tanto por su grandeza moral, como por su afán de gloria, y representó pasiones extremadamente violentas gracias al vigor inigualable de su estilo oratorio.

Síntesis biográfica

Hijo de un abogado, en 1615 ingresó en el colegio de los jesuitas de Ruán, donde pronto llamaron la atención sus composiciones en versos latinos y algunos poemas dedicados a Catherine Hue. Se licenció en derecho en 1624, y hasta 1628, año en que su padre le consiguió dos cargos jurídicos, realizó prácticas como abogado en el Parlamento de Ruán. Mostró vocación por las letras desde temprano, y creó su primera obra teatral a los 23 años: "Mélite" (una comedia).

A los 29 años empezó a cultivar el drama, género en el cual compuso sus obras más famosas. Corneille sintió que el tema de la tragedia debía ser algo extraordinario y sus héroes dotados de voluntad superior, valor y elevada mentalidad. Voltaire se refirió a su creación como: "Una escuela de grandeza". Los héroes de Corneille están caracterizados bien sea de una virtud extrema o una criminalidad sin límites.

Su estilo se distinguió por una gran sonoridad, pureza y enfrentamiento entre deberes éticos. En su campo, tanto Racine como Moliére reconocieron su mérito y la enseñanza que les dio. El autor se casó con Marie de Lampériére y tuvo siete hijos.

Trayectoria

Su primera comedia, Melita, inspirada por una frustrada pasión juvenil, la estrenó en París, en 1629, la compañía de Mondory y Le Noir. Gracias al éxito de la obra, la compañía se estableció en el teatro del Marais, en el que se estrenarían todas las creaciones de Corneille hasta 1647.

Durante siete años, mientras empezaba a ejercer como abogado, sus comedias se sucedieron con rapidez (Clitandro Clitandro o la inocencia liberada, La galería del palacio); además, escribió su primera tragedia, Medea. En 1635, designado por Richelieu como uno de los Cinco Autores, participó en la elaboración de La comedia de las Tullerías (1635).

El arrollador éxito de la tragicomedia El Cid, en enero de 1637, hizo que sólo dos meses después de su presentación circularan ya las primeras copias. La obra suscitó también una enconada polémica, conocida como «la querella del Cid», en parte debida a la acusación de plagio (la obra está basada en Las mocedades del Cid, de Guillén de Castro), pero sobre todo porque rompía con las tres unidades teatrales clásicas (de tiempo, de lugar y de acción), verdadero dogma para el teatro de la época; su osadía le valió incluso la condena oficial de la Academia.

Entre 1640 y 1642, las tragedias Horacio y Cinna lo confirmaron como el mayor dramaturgo de su época; en ellas, el autor se mantuvo dentro de los límites de las unidades clásicas, tal como haría a partir de entonces, y demostró el absoluto dominio que tenía sobre ellas. En 1641 contrajo matrimonio con Marie de Lampérière. A la muerte de Richelieu, gozó de la protección de Mazarino y fue admitido en la Academia Francesa (1647).

Obra maestra

En 1650, la maquinaria necesaria para la puesta en escena de Andrómeda, presentada como su obra maestra, justificó la construcción del Théâtre du Petit-Bourbon. Durante la Fronda, renunció al ejercicio de la abogacía para sustituir al procurador general de Normandía, quien fue restablecido en sus funciones en 1651 sin que Corneille pudiera recuperar sus cargos anteriores. Nicomedes, la tragedia que siguió entonces, lo enemistó con Mazarino por su apoyo implícito a Condé, su adversario político.

Pérdida del apoyo económico

Perdido el apoyo económico oficial, y hundido en una profunda crisis moral, acentuada por el fracaso de Pertharite, en 1652 anunció que abandonaba el teatro. Hasta 1658 se dedicó a la traducción en verso de La imitación de Jesucristo y a la composición laboriosa del Teatro, obra en tres volúmenes que se editaron en 1660.

Fouquet le inspiró el tema de Edipo, la tragedia con la que volvió al escenario. Su carrera literaria se prolongó aún quince años más, pero ya no volvió a conocer los éxitos de etapas anteriores.

París

En 1662 se instaló en París con su familia, y a partir de 1663 recibió una pensión anual por figurar, junto con Molière y otros autores, en la lista de las gratificaciones reales.

Compuso en esa época unos poemas panegíricos de Luis XIV y tradujo obras piadosas. Por estos años, la opinión pública estaba divida entre sus admiradores y los de Racine, si bien su Tito y Berenice, en 1670, fue peor recibida por público y crítica que la obra de su rival sobre el mismo tema (Berenice).

Retiro

Corneille se retiró definitivamente en 1674. A partir de 1677 sus tragedias fueron recuperadas y llevadas de nuevo al escenario, y en 1682 se volvió a editar Teatro. Corneille es, por excelencia, el autor de la tragedia clásica francesa; creó héroes admirables tanto por su grandeza moral, como por su afán de gloria, y representó pasiones extremadamente violentas gracias al vigor inigualable de su estilo oratorio.

Muerte

Murió en París el 1 de octubre de 1684 en su casa, a los 78 años de edad.

Pensamientos

  • La ambición aspira a descender (Cinna)
  • La severidad es permisible cuando la dulzura es impotente (Héraclius)
  • Triunfamos sin gloria cuando conquistamos sin peligro (El Cid)
  • Los hombres valerosos lo son desde el comienzo (El Cid)
  • Quien no teme a la muerte no teme a las amenazas (El Cid)
  • Todas las maldades son iguales cuando son extremas (Horace)
  • Sólo a mi mismo debo mi fama
  • Y el combate cesó por falta de combatientes (El Cid)
  • El fuego que parece extinto a menudo duerme bajo las cenizas
  • Seamos amigos, Cinna, soy yo quien te invita (Cinna)
  • La felicidad parece hecha para ser compartida
  • Aquel que es odiado por todos, no puede esperar vivir por largo tiempo (Cinna)
  • Aquí el honor me obliga y debo darle gusto (Polyeucte)
  • El que permite ser insultado merece el serlo (Héraclius)
  • La clemencia es la marca más bella que da a conocer al Universo un verdadero monarca (Cinna)
  • Se requiere una buena memoria una vez uno ha mentido (El mentiroso)
  • Al compartir nuestras desgracias a menudo las suavizamos (Polyeucte)
  • Aquel que puede hacer lo que desea, ordena cuando sugiere (Sertorius)
  • Es en el crimen que radica la verguenza y no en el cadalso.
  • Quien habla mucho dice muchas boberías (El mentiroso)
  • Tirano, desciende del trono, y da el lugar a tu maestro (Héraclius)
  • La manera de dar vale más que lo dado (El mentiroso).

Obras

Fuente