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Protocolo de Kioto

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Protocolo de Kyoto
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Concepto:El Protocolo de Kyoto es un acuerdo firmado por las principales economías mundiales, 163 países con el objetivo de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero que afectan al calentamiento del planeta.

Protocolo de Kyoto. Para responder a la amenaza del cambio climático, la ONU lo aprobó en 1997 y fue ratificado por 163 países; finalmente, rechazado por los mayores contaminantes del mundo: Estados Unidos y Australia.

Primeros pasos

La historia del Protocolo de Kyoto, comienza antes de 1979, con las primeras advertencias de los científicos sobre el peligro del cambio climático.

Cronología

  • 1983. Creación de la Comisión sobre Medio Ambiente y Desarrollo de las Naciones Unidas (CNUMAD).
  • Junio de 1988. Conferencia Mundial sobre la Atmósfera cambiante: implicaciones para la seguridad mundial. Toronto (Canadá). Creación del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC). Inicialmente compuesto por 300 científicos de todo el mundo de probada excelencia. Encargados de revisar las causas del cambio climático y sugerir posibles soluciones.
  • Agosto de 1990. Primer Informe de Evaluación del Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático (IPCC). Sundsvall (Suecia). Sienta las bases del proyecto de Convención que constituirá el denominado Convenio Marco de las Naciones Unidades sobre Cambio Climático de la ONU. Refleja la necesidad de reducir las emisiones de CO2 en un 60-30% sobre los niveles de 1990, para conseguir estabilizar la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Se convierte en el impulso necesario a nivel político para hacer frente de manera global y sin dilación al grave problema del cambio climático a través del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC), y reafirma el deseo de que existan compromisos reales de reducción por parte de la comunidad internacional.
  • 1990. Segunda Conferencia Mundial sobre el Clima Ginebra (Suiza): Se reafirma la existencia de “amenazas de daños serios o irreversibles, y la falta de completa certidumbre científica no debe ser razón para posponer medidas para prevenir tal degradación medioambiental”. Acordaron que “el objetivo final debería ser estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero a un nivel que prevenga las interferencias antropogénicas con el clima”.
  • 1990. Resolución 45/212 de la ONU: Establecía el Comité Negociador del Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC), bajo los auspicios de la Asamblea General. El objeto es llegar a tiempo a la Cumbre de la Tierra de Río de 1992. La primera sesión de trabajo de este grupo estuvo ensombrecida por la Primera Guerra del Golfo.
  • 1991. ONU. Nueva York (EE UU): Los países industrializados se comprometían a reducir sus emisiones de CO2 a los niveles de 1990 para el año 2000. Los compromisos que se adoptaron no eran legalmente vinculantes.
  • Mayo de 1992. Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático: Se adopta el Convenio Marco sobre Cambio Climático con sede en Nueva York.
  • Junio de 1992. Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro (Earth Summit) 180 países firman el Tratado sobre Cambio Climático, comprometiéndose a tomar medidas para mitigar los efectos del cambio climático debido a las crecientes emisiones de los gases de efecto invernadero. Arranca el Convenio Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático (UNFCCC), formado actualmente por 188 países. Se fija el objetivo de reducir las emisiones de CO2 a los niveles de 1990 para el año 2000.
  • 21 de marzo de 1994. Entrada en vigor de las resoluciones adaptadas en la Cumbre de Río. Entrada en vigor de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre Cambio Climático.
  • 1994. La Asociación de Pequeños Países Insulares (AOSIS) intenta introducir un protocolo pidiendo a los países industrializados que reduzcan sus emisiones de CO2 en un 20% sobre los niveles de 1990 para el año 2005.
  • Marzo de 1995. Cumbre de Berlín: I Conferencia de las Partes del UNFCCC (COP1 ). Berlín (Alemania) Se pone de manifiesto la necesidad de emprender más acciones para luchar contra el cambio climático y continúa el debate. Las Partes acordaron negociar un Protocolo o un acuerdo legal a tiempo para la COP3 que contuviese limitaciones y reducciones de emisiones específicas. El protocolo propuesto por la AOSIS se introdujo como elemento de negociación.
  • Diciembre de 1995. Segundo Informe de Evaluación del IPCC. Italia. En este Informe colaboran más de 2000 científicos y expertos, que concluyen que “el balance de las evidencias sugiere la influencia humana discernible sobre el clima global”, cuyos primeros impactos estamos ya viendo.
  • Julio de 1996. Cumbre de Ginebra: II Conferencia de las Partes del UNFCCC (COP2) Ginebra (Suiza) Comienza a hablarse de “comercio de emisiones”. EE UU solicita que tanto el Protocolo como los compromisos que se adquieran sean legalmente vinculantes. Se asienta el trabajo del IPCC sobre la necesidad de “fortalecer urgentemente las acciones a tomar”.
  • 1997 Bélgica. Los ministros de Medio Ambiente de la UE, de cara a las negociaciones de Kyoto, acuerdan un objetivo de reducción de un 15% para el año 2010.
  • 1997 Asamblea General de la ONU. Nueva York (EE UU). Revisión del progreso de los compromisos hechos en la Cumbre de la Tierra de Río (1992). Solo se progresó en delimitar los temas a tratar en la próxima reunión, en Kyoto (Japón).
  • 1997 Alemania. EE UU anunció su posición de lograr una estabilización de sus emisiones sobre los niveles de 1990 para el 2010 y una reducción de 5% para el 2015. Japón apuesta por una reducción del 5% para 2010 de 3 gases de efecto invernadero pero sin que sean legalmente vinculantes.
  • Diciembre de 1997. Cumbre de Kyoto: III Conferencia de las Partes del UNFCCC (COP3). Kyoto (Japón) Se adopta el texto del Protocolo de Kyoto. Su objetivo: reducir las emisiones en un 5,2 % para el año 2010 respecto a los niveles de 1990. Incluía la posibilidad de establecer un comercio de emisiones entre países industrializados. Este Protocolo fue firmado inicialmente por 163 países.
  • Diciembre de 2009. Se realiza la XV Conferencia de las Partes del UNFCCC en la ciudad de Copenhague, capital de Dinamarca, la cual tiene como misión la aprobación de un cronograma de acciones con vistas a renovar el Protocolo. La cumbre se convierte en todo un fracaso.

Disposiciones del Protocolo de Kyoto y sus normas

El Protocolo de Kyoto de 1997 tiene los mismos objetivos, principios e instituciones de la Convención, pero refuerza ésta de manera significativa ya que a través de él las Partes incluidas en el anexo I se comprometen a lograr objetivos individuales y jurídicamente vinculantes para limitar o reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero. Sólo las partes en la Convención que sean también partes en el Protocolo (es decir, que lo ratifiquen, acepten, aprueben o se adhieran a él) estarán obligadas por los compromisos del Protocolo, cuando entre en vigor. Los objetivos individuales para las Partes incluidas en el anexo I se enumeran en el anexo B del Protocolo de Kyoto. Entre todos suman un total de recorte de las emisiones de gases de efecto invernadero de al menos el 5% con respecto a los niveles de 1990 en el periodo de compromiso de 2008-2012.

La principal característica del Protocolo es que tiene objetivos obligatorios relativos a las emisiones de gases de efecto invernadero para las principales economías mundiales que lo hayan aceptado. Estos objetivos van desde -8% hasta +10% del nivel de emisión de los diferentes países en 1999 “con miras a reducir el total de sus emisiones de esos gases a un nivel inferior en no menos de 5% al de 1990 en el período de compromiso comprendido entre el año 2008 y el 2012″. En casi todos los casos, incluso en los que se ha fijado un objetivo de +10% de los niveles de 1990, los límites exigen importantes reducciones de las emisiones actualmente proyectadas. Se prevé el establecimiento de objetivos obligatorios futuros para los “períodos de compromiso” posteriores a 2012. Éstos se negociarán con suficiente antelación con respecto a los períodos afectados.

Los compromisos contraídos en virtud del Protocolo varían de un país a otro. El objetivo global del 5% para los países desarrollados debe conseguirse mediante recortes (con respecto a los niveles de 1990) del 8% en la Unión Europea (UE [15]), Suiza y la mayor parte de los países de Europa central y oriental; 6% en el Canadá; 7% en los Estados Unidos (aunque posteriormente los Estados Unidos han retirado su apoyo al Protocolo), y el 6% en Hungría, Japón y Polonia. Nueva Zelanda, Rusia y Ucrania deben estabilizar sus emisiones, mientras que Noruega puede aumentarlas hasta un 1%, Australia un 8% (posteriormente retiró su apoyo al Protocolo) e Islandia un 10%. La UE ha establecido su propio acuerdo interno para alcanzar su objetivo del 8% distribuyendo diferentes porcentajes entre sus Estados Miembros. Estos objetivos oscilan entre recortes del 28% en Luxemburgo y del 21% en Dinamarca y Alemania a un aumento del 25% en Grecia y del 27% en Portugal.

Para compensar las duras consecuencias de los “objetivos vinculantes”, el acuerdo ofrece flexibilidad en la manera en que los países pueden cumplir sus objetivos. Por ejemplo, pueden compensar parcialmente sus emisiones aumentando los “sumideros” –bosques, que eliminan el dióxido de carbono de la atmósfera. Ello puede conseguirse bien en el territorio nacional o en otros países. Pueden pagar también proyectos en el extranjero cuyo resultado sea una reducción de los gases de efecto invernadero. Se han establecido varios mecanismos con este fin (véanse los apartados sobre “comercio de derechos de emisión”, el “Mecanismo para un desarrollo limpio” y la “aplicación conjunta”.

El Protocolo de Kyoto ha avanzado lentamente: se encuentra todavía en lo que se conoce con el nombre de “fase de ratificación”, y es un acuerdo complicado. Razones no faltan. El Protocolo no sólo debe ser eficaz frente a un problema mundial también complicado; debe ser también políticamente aceptable. En consecuencia, se ha multiplicado el número de grupos y comités creados para supervisar y arbitrar sus diferentes programas, e incluso después de la aprobación del acuerdo en 1997, se consideró necesario entablar nuevas negociaciones para especificar las instrucciones sobre la manera de instrumentalizarlo. Estas normas, adoptadas en 2001, se conocen con el nombre de “Acuerdos de Marrakech”.

Los tratados internacionales deben tratar de conseguir un delicado equilibrio. Los que se proponen conseguir un apoyo general muchas veces no son lo bastante enérgicos como para resolver los problemas que tratan de solucionar (como se consideraba que la Convención Marco presentaba esa deficiencia, a pesar de sus numerosas y valiosas disposiciones, se creó el Protocolo con la finalidad de complementarla). En cambio, los tratados con disposiciones firmes pueden tener problemas a la hora de conseguir el apoyo necesario para que resulten eficaces. Lo que ahora se necesita realmente es que el Protocolo consiga ratificaciones suficientes para entrar en vigor. Lo mismo que el Protocolo en general, esta materia es complicada. El Protocolo será jurídicamente vinculante cuando lo hayan ratificado no menos de 55 países, entre los que se cuenten países desarrollados cuyas emisiones totales representen por lo menos el 55% del total de las emisiones de dióxido de carbono en 1990. Ello no ha ocurrido todavía. El principal problema es que deben decidir adherirse más naciones industrializadas que se verán afectadas por los límites de emisión del Protocolo. Una segunda preocupación es que los Estados Unidos y Australia han manifestado que no apoyarán ya el tratado.

Al mismo tiempo, una novedad positiva es que algunos mecanismos del Protocolo cuentan con apoyo suficiente y se están estableciendo antes incluso de la entrada en vigor del Protocolo. Por ejemplo, el Mecanismo para un desarrollo limpio –a través del cual los países industrializados pueden cumplir en parte sus objetivos vinculantes de emisión mediante “créditos” obtenidos patrocinando proyectos que reducen las emisiones de gases de efecto invernadero en los países en desarrollo– cuentan ya con una junta ejecutiva que está preparando algunas propuestas.

La ciencia del cambio climático

La actividad humana –en particular, el consumo de combustibles fósiles– ha hecho que la capa de gases de efecto invernadero que rodea a la Tierra sea más “gruesa”. El aumento resultante de las temperaturas mundiales está alterando la compleja red de sistemas que hacen posible la vida sobre la tierra, como la cubierta de nubes, las precipitaciones, las pautas de los vientos, las corrientes oceánicas y la distribución de las especies vegetales y animales.

El efecto invernadero y el ciclo del carbono

Cada vez es más la energía solar que se ve atrapada en la atmósfera, y una parte mucho mayor del carbono mundial (en forma de dióxido de carbono) se deposita en el aire, en vez de en los árboles, el suelo y los depósitos subterráneos.

Pruebas actuales del cambio climático

Algunas consecuencias del calentamiento atmosférico son ya visibles.

Efectos futuros

La complejidad del sistema climático hace que las predicciones varíen enormemente, pero incluso los cambios mínimos previstos podrían significar frecuentes inundaciones de las zonas costeras, perturbaciones en los suministros de alimentos y de agua y la extinción de muchas especies. En 1988, se creó un Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) por iniciativa de la Organización Meteorológica Mundial y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Este Grupo presentó en 1991 un primer informe de evaluación en el que se reflejaban las opiniones de 400 científicos. En él se afirmaba que el calentamiento atmosférico era real y se pedía a la comunidad internacional que hiciera algo para evitarlo.

El IPCC tiene ahora una función claramente establecida. En vez de realizar sus propias investigaciones científicas, examina las investigaciones realizadas en todo el mundo, publica informes periódicos de evaluación (hasta ahora han sido tres) y compila informes especiales y documentos técnicos. Las observaciones del IPCC, por el hecho de reflejar un consenso científico mundial y ser de carácter apolítico, representan un contrapeso útil en el debate, con frecuencia muy politizado, sobre qué se debe hacer con respecto al cambio climático.

¿Qué se puede hacer?

Algunas medidas, que dependen en gran parte de la existencia de espíritu de equipo y voluntad política, pueden frenar el ritmo del calentamiento atmosférico y ayudar al mundo a hacer frente a los cambios climáticos que se produzcan.

Reducción de las emisiones

Una manera de combatir el problema en el origen es el consumo más eficiente del petróleo y el del carbón, la adopción de formas renovables de energía, como la energía solar y eólica, y la introducción de nuevas tecnologías para la industria y el transporte.

Ampliación de la superficie forestal

Los árboles eliminan el dióxido de carbono, principal gas de efecto invernadero, de la atmósfera. Cuantos más tengamos, mejor. En cambio, la deforestación -que es la tendencia actual- libera todavía más carbono y agrava el calentamiento del planeta.

Cambio de los estilos de vida y de las normas

Las culturas y hábitos de millones de personas -en particular, si derrochan energía o la utilizan con eficiencia- tienen importantes repercusiones en el cambio climático. Lo mismo cabe decir de las políticas y reglamentos gubernamentales.

Medidas de respuesta. Deben adoptarse medidas -pronto mejor que tarde- para limitar los daños debidos a consecuencias del calentamiento mundial que son ya inevitables. Logros hasta la fecha… y problemas. Un efecto secundario de la difícil transición económica de Europa oriental fue un ligero descenso de las emisiones de gases de efecto invernadero en las grandes economías del mundo entre 1990 y 2000. Pero para conseguir progresos más sostenidos habrá que superar una serie de obstáculos.

Mecanismos

Para cumplir con los compromisos establecidos se implantaron tres mecanismos

  • Implementación conjunta:Los países desarrollados que forman parte del acuerdo pueden adquirir o transferir Unidades de Reducción de Emisiones (URE) para cumplir con sus metas, en el caso de haber hecho inversiones en el otro país para proyectos relacionados a la disminución de emisiones.
  • Mecanismo de desarrollo limpio:Es similar al primero, solo que los países industrializados adquieren URE de países en desarrollo. En este caso hay un control más estricto por parte de un Consejo Ejecutivo para proteger a los países que no tienen la tecnología adecuada para monitorear sus emisiones. Un caso sería el de una empresa de un país industrial que necesite más cuota de emisiones y la consiga financiando un parque eólico en un país en desarrollo.
  • Comercio de emisiones:Consiste en la compra y venta de Certificados de emisión de gases. Por ejemplo, se intercambian por la reforestación de una determinada porción de tierra. Este sistema también ofrece incentivos a empresas privadas para que contribuyan a la mejora de la calidad ambiental y se consiga regular la emisión generada por sus procesos productivos, considerando el derecho a emitir gases como un bien canjeable y con un precio establecido en el mercado. Las transacciones se miden en bonos de carbono, cada uno representa el derecho de emitir una tonelada de dióxido de carbono.

Ley

El Protocolo de Kioto se convirtió en Ley Internacional y entró en vigor en 2005, cuando 55 países -que solo representan poco más de la mitad de emisores de gases- lo confirmaron. Estados Unidos es el único país que se unió simbólicamente hasta 2001 y se apartó por completo del compromiso al no creerlo justo (a pesar de estar de acuerdo con la reducción de emisiones). Los países del centro y sur de América no están obligados a reducir las emisiones, a pesar de que en conjunto emiten el 9% de los GEI. Los más contaminantes son Brasil, México, Venezuela y Argentina, responsables del 70% de las emisiones en la región.

¿Qué son los permisos de contaminación y cómo se comercia con ellos?

De acuerdo con el Protocolo de Kyoto, los contaminantes son países que han aceptado unos objetivos para reducir sus emisiones de gases de efecto invernadero durante un período de tiempo predeterminado. Estos países son los que más contaminan, es decir, los que se suelen conocer como “desarrollados”. Estos países reciben entonces una serie de 'permisos de derechos de emisión', que serían equivalentes a sus niveles de emisión en 1990 más/menos su compromiso de reducción de emisiones. Estos permisos se calculan en unidades de dióxido de carbono, uno de los principales gases de efecto invernadero. Una tonelada de dióxido de carbono equivaldría a un permiso. Los permisos, en realidad, no son otra cosa que licencias para poder contaminar hasta los límites fijados por los acuerdos de Kyoto. Los países, posteriormente, asignan los permisos a las industrias más contaminantes de su territorio nacional, normalmente de forma gratuita. Con este sistema, el que contamina es recompensado.

Una vez disponen de los permisos, las industrias pueden utilizarlos de varias formas:

  • Si la industria contaminante no utiliza toda su asignación, puede guardarse los permisos para el próximo período o vendérselos a otra industria contaminante en el mercado.
  • Si la industria contaminante utiliza toda su asignación durante el período de tiempo fijado, pero contamina más, debe comprar permisos a otra industria que no haya utilizado toda su asignación.
  • La industria contaminante puede invertir en programas para reducir la contaminación en otros países o regiones y, de este modo, 'generar' créditos que después puede vender, depositar o utilizar para compensar el déficit de la asignación original.

Los proyectos de generación de créditos que se despliegan en un país que no tiene un objetivo para reducir emisiones, que suelen ser países del llamado mundo en vías de desarrollo, están cubiertos por el polémico Mecanismo para un desarrollo limpio (MDL). Los proyectos que se ejecutan en países que sí cuentan con objetivos de reducción se realizan según lo dispuesto por lo que se conoce como Aplicación conjunta (AC).

Los proyectos MDL y AC pueden ser de muy diversos tipos:Plantaciones con monocultivo de árboles para absorber dióxido de carbono; proyectos con energías renovables, con fuentes solares o eólicas, por ejemplo; mejoras tecnológicas en la generación de energía; captura de metano de vertederos; mejoras básicas en fábricas contaminantes, etcétera. La cantidad de créditos generados por cada proyecto se obtiene calculando la diferencia entre el nivel de emisiones con el proyecto y el nivel de emisiones que se produciría en un hipotético futuro alternativo sin el proyecto. Partiendo de este futuro imaginario, la industria contaminante puede elaborar un cuadro catastrófico de las emisiones que supuestamente se habrían producido sin el proyecto MDL o AC de la empresa. Este sistema fomenta que se hagan suposiciones sobre lo que habría sucedido en el futuro sin el proyecto y en el peor de los escenarios posibles.

Cuantos mayores sean las emisiones hipotéticas, mayores serán las supuestas reducciones y mayor será también el número de créditos que se podrá vender. Sin embargo, es imposible saber cuántas emisiones se habrían generado sin el proyecto.

Los árboles y el dióxido de carbono

Los árboles absorben dióxido de carbono, pero también lo liberan. Calcular con exactitud cuánto se absorbe y cuánto se libera durante la vida de un solo árbol ya es bastante complicado, pero intentar realizar estos cálculos con todo un bosque o una plantación de árboles es imposible. Se ha demostrado que los bosques vírgenes tienen una capacidad mucho mayor que las plantaciones de monocultivos para absorber mayor dióxido de carbono del emitido. Las plantaciones, además, tienen otros graves impactos sobre la biodiversidad, el clima y las comunidades cercanas que no quedan reflejados en los cálculos sobre reducción de emisiones.

¿Está Plantar en el mercado?

En 2001, Plantar adquirió y puso en marcha plantaciones de eucalipto en grandes extensiones de terreno de Felixlândia, Brasil, donde se filmó este documental, con el objetivo de demostrar la adicionalidad de las plantaciones (es decir, que las plantaciones son algo añadido a sus operaciones habituales). Plantar intentó, sin éxito, registrar tres veces sus plantaciones y procesos industriales en el MDL para empezar a generar unos créditos de derechos de emisión muy lucrativos. Anteriormente, su propuesta consistía en cultivar plantaciones de eucalipto que se podrían utilizar para producir carbón y así evitar actividades mineras.

Finalmente, la junta ejecutiva del MDL aprobó en agosto de 2007 otra versión del proyecto de Plantar; esta vez, para reducir emisiones mediante la captura del metano generado con la quema en hornos del eucalipto para crear carbón para las fundiciones de hierro de Plantar. Este hierro se utiliza después para fabricar acero −el 60 por ciento destinado a la exportación− que se usa principalmente en la construcción de maquinaria y automóviles. Éste es sólo un ejemplo de los muchos que demuestran que muchas grandes industrias contaminantes están obteniendo beneficios y creándose una legitimidad medioambiental en el mercado internacional de emisiones a expensas de las comunidades locales. La resistencia local e internacional ante estos proyectos es de vital importancia para denunciar las injusticias perpetuadas con este comercio y su incapacidad para abordar la amenaza del cambio climático. La resistencia en Brasil y en el plano internacional ha servido para presionar a la ONU con el fin de que siga rechazando este tipo de solicitudes. Pero es necesario mantener esa presión para asegurarse de que no se acepte a empresas como Plantar y para poner en tela de juicio la eficacia del comercio de emisiones en la lucha contra el cambio climático.

¿Qué tiene que ver en todo esto el Banco Mundial?

El Fondo Prototipo del Carbono (PCF) del Banco Mundial, inaugurado en 2000, invierte el dinero de empresas y gobiernos en proyectos concebidos para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y generar créditos que después se puedan vender en el mercado. El Banco se ha convertido en el mayor intermediario público en la adquisición de derechos de emisión, y está obteniendo sustanciosas comisiones con la venta de los créditos generados por los proyectos. En 2002, el Banco Mundial cerró un acuerdo para adquirir reducciones de emisiones del proyecto de Plantar.

En aquel momento, como el proyecto no había sido aceptado por el MDL, los créditos que se generaban eran 'reducciones de emisiones voluntarias' (VER), que son emisiones que sólo pueden utilizar empresas y personas físicas en el mercado voluntario. Cuando un proyecto funciona plenamente de acuerdo con las disposiciones del MDL, genera ‘reducciones de emisiones certificadas’ (CER), que son aquellas que las empresas y los países pueden utilizar para medir el cumplimiento de los objetivos de Kyoto. Las reducciones certificadas tienen mucha mayor demanda que las voluntarias, y también alcanzan un precio muy superior en el mercado. Se ejerció una importante presión para que el proyecto de Plantar fuera aceptado por el MDL, de modo que generara más beneficios para Plantar y el Banco Mundial.

El comercio de emisiones no es la solución al cambio climático

El comercio de emisiones es un sutil método para aplazar los cambios que se deben realizar para que la economía mundial reduzca sus emisiones. Estos cambios son, en teoría, muy sencillos: reducir el consumo de energía, ir abandonando los combustibles fósiles, y adoptar modelos equitativos y justos para la producción y el consumo de energía. Pero en la práctica, estos cambios plantean un desafío global que comporta un cambio social y político, y que atañe a cuestiones como derechos territoriales, explotación neocolonial, comercio y relaciones entre Norte y Sur. El Sur no es un vertedero para la contaminación del Norte.

Es fundamental reconstruir estas relaciones entre el Norte y el Sur y abordar la histórica deuda ecológica. La incapacidad del Protocolo de Kyoto para abordar el cambio climático es también un ejemplo de los problemas que padecen los procesos de decisión democrática y un síntoma muy claro de las injusticias que inundan las relaciones internacionales entre los pueblos. De este modo, el cambio climático se puede contemplar como un marco a través del que afrontar un verdadero cambio social.

Véase También

Fuentes