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Conspiración de la Escalera

Conspiración de la Escalera
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Conspiración de la Escalera.jpg
Castigo aplicado a los esclavos
Fecha:1844
Lugar:Cuba
Líderes:
Gabriel de la Concepción Valdés

Conspiración de la Escalera (1844). Denominación de lo que, en lugar de una vasta conspiración de esclavos, fue una confabulación de la oligarquía negrera criolla con las autoridades coloniales españolas, destinada a neutralizar a los criollos blancos abolicionistas, liquidar la influencia económica y social que comenzaban a alcanzar negros y mestizos libres y escarmentar a los esclavos, cuya rebeldía había alcanzado su clímax en 1843.

Organización

En la década de 1840, el sentimiento de rebeldía de los esclavos, azuzado por la gestión del cónsul británico, David Turnbull y su secretario Ross Cocking, estalló en una serie de sublevaciones —principalmente en La Habana y Matanzas—, que aunque inconexas entre sí, dieron pábulo a que el miedo de los amos viera en ellas la manifestación primaria de una gran insurrección que debía iniciarse en la Navidad de 1843, destinada a repetir en Cuba la Revolución haitiana. El 20 de noviembre de 1842, el acaudalado criollo Domingo del Monte confió por escrito sus temores y previsiones a su amigo Alejandro Everett, radicado en Boston. Everett pasó la información a Daniel Webster, secretario de Estado de los Estados Unidos, y este al embajador español en Washington, a los representantes norteamericanos en Madrid y Londres y al cónsul estadounidense en La Habana, junto con el ofrecimiento del apoyo de dos fragatas norteamericanas para ayudar a sofocar la pretendida rebelión, en caso de ser necesario.

El capitán general, Jerónimo Valdés, consideró el informe inverosímil y atribuyó su origen a negreros interesados en impedir la supresión de la trata y la manumisión de los esclavos introducidos después de 1820. Los hechos posteriores se encargaron de desmentir el infundió, aunque no de disipar los temores de los esclavistas, quienes repitieron la mendaz denuncia ante el nuevo capitán general, Leopoldo O’Donnell. Ello bastó para que el leopardo de Lucena desatara una feroz campaña de detenciones y torturas a través de las cuales logró inverosímiles confesiones que inculparon, entre otros, a José de la Luz y Caballero —a la sazón sometido a tratamiento médico en París—, Félix Tanco, los hermanos Guiteras, Manuel Castro Palomino, Benigno Gener, al propio Domingo del Monte y a decenas de criollos blancos, así como a negros y mestizos libres —casi todos económicamente solventes—, y a centenares de esclavos.

Descubrimiento

El nombre de la nunca probada conspiración se debió a las escaleras donde los esclavos, reos por convicción, eran atados para ser azotados hasta arrancarles la confesión o la vida. Entre las más conspicuas víctimas de este desenfrenado baño de sangre figuraron el poeta matancero Gabriel de la Concepción Valdés, (Plácido); el dentista Andrés José Dodge; Santiago Pimienta, propietario; José M. Román, músico; el pintor y teniente de milicias Jorge López, todos mestizos y, salvo el poeta, de reconocida solvencia económica.

El saldo de la represión fue terrible: la milicia de color fue desarmada, todo hombre de color libre nacido extranjero recibió 15 días para abandonar el país; la sección de la Comisión Militar Ejecutiva y Permanente de Matanzas encausó a 3 076 personas, el 97% de las cuales eran libres o esclavos de color, pero solo el 10% de ellas pertenecían a las plantaciones. Las bestiales torturas elevaron a más de 300 la cifra de negros y mulatos muertos durante la sustentación de los procesos.

Condenas

Fueron ejecutados 78 reos, 400 desterrados y unos 600 condenados a largas penas de prisión, entre ellos, 20 blancos, a pesar de lo cual jamás fue encontrado un plan, una proclama, una lista de complotados, un manifiesto o una bandera que probara la existencia de la conspiración.

Plácido, el poeta conspirador

Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) fue una de las víctimas de la Conspiración de la Escalera, uno de los más siniestros procesos implementados por las autoridades coloniales españolas para purgar mediante el crimen, el destierro y el amedrentamiento no solo las ideas abolicionistas sino el más mínimo disenso contra el poder. Pero antes y después padeció otros atentados. En vida sufrió marginación y desprecio. Tras su muerte, escarnio y subestimación.

Poema de Plácido: “A la Fatalidad”

Negra deidad que sin clemencia alguna De espinas al nacer me circuiste,
Cual fuente clara cuya margen viste
Maguey silvestre y punzadora tuna;
Entre el materno tálamo y la cuna
El férreo muro del honor pusiste;
Y acaso hasta las nubes me subiste,
Por verme descender desde la luna.
Sal de los antros del averno oscuros,
Sigue oprimiendo mi existir cuitado,
Que si sucumbo a tus decretos duros,
Diré como el ejército cruzado
Exclamó al divisar los rojos muros
De la santa Salem. . . “¡Dios lo ha mandado!”

Véase también

Fuentes

  • Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba