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Güines y Changó

Güines y Changó
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Güines y Changó. Uno de los elementos definitorios de la identidad cultural güinera, es  la multipresencia de templos y cultos.

Historia de Santa Bárbara

Santa Bárbara vino al mundo allá por el año 225 de nuestra era, en la Nicomedia, Asia menor, siendo emperador de Roma Maximino o Maximiliano, los padres eran ricos y profesaban fervorosamente la religión pagana, al servicio de la joven se hallaba una doncella que ocultamente profesaba el cristianismo, Bárbara se hizo cristiana y tomó aversión a todos los símbolos y atributos del paganismo, era sumamente bella, de gentil postura y modales pocos comunes por su delicadeza y gracia. Su padre pretendía casarla con un joven rico , que sin duda alguna había de presentarse en su oportunidad, temeroso el padre de que se prendase de algún joven que no fuese de las condiciones deseadas, hizo construir una torre, con cómodas habitaciones en su interior y altas ventanas y en ellas encerró a su hija.

Bárbara tomó un día todos lo ídolos del paganismo que se hallaban en la torre y por una de las ventanas las arrojó afuera, cuando el padre se enteró de ese hecho, se le acercó y la increpó durísimo.

  •  ¡Soy cristiana!- respondió la hija.
  •  ¡Siento y amo la religión de cristo!

Esta confesión indignó sobremanera al padre, pero trató de reprimir el insulto y aquella falta rayana en el más grande de los delitos, y con voz menos airada le dijo.- Tienes que casarte con un joven rico y apuesto, con quien yo he convenido tu matrimonio.

  •  Padre mío,
  •  Respondió la joven,
  • ¡ya estoy desposada!
  • ¿Cómo? Repuso enfáticamente el padre,
  •  ¡Si, soy cristiana! Me he desposado para siempre con Cristo!


Enfureció el padre al verse ofendido en su potestad y en sus sentimientos religiosos. Las leyes del imperio castigaban severamente la profesión del cristianismo. Y Bárbara fue conducida a un encierro a manera de cárcel después de haber sido azotada y rasgada su piel por medios de garfios. Cuenta la tradición que Bárbara sanó de estas heridas y de estos azotes en breves horas, entonces como castigo moral, fue ordenada que cruzara las calles más céntricas de Nicomedia Capital de la Betancia, exhibiendo su cuerpo al público en completa desnudez.


Bárbara rogó a la virgen María que envolviera su cuerpo y la ocultara de la mirada indiscreta de la población dice la tradición que cuando en cumplimiento de la orden iba la joven lenta por la calles de Nicomedia, su cuerpo aparecía envuelto en una túnica formada por vapores brumosas que impedían ver el cuerpo de la joven sentenciada a tan ultrajante acto, luego entonces la autoridades paganas como el padre ordenaron un nuevo castigo corporal a fin de obligarla a que abjurase del cristianismo y volviese a la religión de sus mayores y su pueblo .
Llegado el momento de cumplir esta nueva sentencia, los encargados de llevar a cabo, el castigo, al ver la belleza esplendorosa de aquella mujer joven, que le parecía más bien una figura celestial, que un ser humano, no descargaban los golpes sobre la sentenciada con toda la fuerza que la justicia requería, sino que más bien fingían los azotes sustrayéndolas de la verdadera realidad.


El padre advirtió prontamente que su hija no era castigada conforme al espíritu de la sentencia, e increpando duramente a los ejecutores con la espada en alto, se abalanzó sobre su hija, que procuraba huir de la acción, pero al fin su padre blandiendo la espada acertó descargar tan fuerte golpe sobre ella que de un tajo le cercenó el cuello.


Después de consumado este hecho, tanto el padre como los ejecutores de la justicia, fueron fulminados por un potente rayo desprendido de las nubes que se arremolinaban en lo alto del cielo. Desde entonces se tuvo a Santa Bárbara entre las cristianas como abogada contra las descargas eléctricas y atmosféricas. Y siempre que el relámpago y el trueno rasgan el espacio y el silencio del cielo, se invoca a Santa Bárbara en Güines.


Tradición de Santa Bárbara en Güines

El culto a Santa Bárbara Changó en la localidad ha devenido fenómeno masivo, con independencia de los diferentes niveles de devoción y consetudineidad de sus manifestaciones. No existen estadísticas rigurosas que avalen tal afirmación, pero la misma se sostiene por derecho consensual.

Para entender la psicología social del güinero y sus proyecciones conductuales, es preciso historiar el proceso de entrecruzamiento de la fenomenología sacromágica en torno a estas deidades. Soslayar dicho examen mutilaría la biografía sociocultural colectiva; y lastraría cualquier ensayo de interpretación de las formas de ser y pensar del lugareño. El examen del "tertium quid" afrocristiano, en su adecuada historicidad, hay que iniciarlo en sus manantiales primigenios, o sea, a partir del momento en que la plantación esclavista cobra sus rasgos clásicos dentro del modelo cubano. En el microespacio geohistórico de referencia los perfiles más definidos se adquieren entre el ocaso del Siglo XVIII y el orto del XIX, en virtud del drástico desmantelamiento del veguerío territorial y su reemplazo por la producción azucarera.

Durante ese período, un collar de fábricas de azúcar bordeó las márgenes del Mayabeque y a través de sus diferentes etapas tec¬nológicas, (trapiche ingenio central), trasmutó la demografía regional. El índice de negros y mulatos en el conglomerado poblacional, se disparó en flecha ascendente, tanto en esclavos como en libertos, vulnerando el predominio numérico de los blancos, aunque dejando inamovible las avasalladoras relaciones sociales de producción. Los padrones de la época permiten comprobar la existencia de una superioridad negra en la calificación semántica territorial durante los primeros cuatro decenios decimonónicos, con tendencia decreciente a medida que se adentra en la segunda mitad de la centuria.

Particularidades de la religión en Güines

Las etnias introducidas en la Isla, trasladaron a los nuevos espacios geográficos las creencias y costumbres tribales comunitarias, aunque no por ello debe pensarse en una introyección mecánica, antes bien, fue mediante un proceso de forjas y claudicaciones, en dependencia de su poder de mutabilidad, condición "sine qua non" para garantizar su existencia y desarrollo en el ambiente cubano.

En las nuevas circunstancias espaciales, ha dicho Don Fernando Ortiz, "les era del todo imposible desenvolver su actividad y energías bajo las mismas normas que en sus países de procedencia, por lo que al factor antropológico se unieron otros sociales para determinar las características de la vida cubana".

Cada pueblo o "nación" africana importó su panteón y ritos, pero para sobrevivir y vencer en la lucha sorda y enconada contra el enemigo común, el catolicismo , debieron simular, falsearse, confundirse y bastardearse, justamente con la teología rival. De esta metamorfosis surgieron los cultos sincréticos, "un conjunto de religiones y magias africanas mezcladas entre sí y con los ritos, leyendas, hagiografías y supersticiones de los católicos y con las supervivencias del paganismo precristiano que entre estos se conservan".

En el flujo de intercambio racial, psicológico y cultural que registra la población güinera dentro del proceso de sincretización religiosa, importa destacar las huellas del etnos grupal yoruba, por ser el de mayor presencia en el componente africano de la zona, y en particular del subgrupo linguo cultural identificado con el etnonímico de lucumí.

Es prácticamente imposible seguir con escrupulosidad todos los senderos que recorrió la religiosidad africana en la faja mayabequina en esa puja de deformaciones y retorcimientos para adaptarse al nuevo ambiente social, sin perder por ello, en virtud de su fuerte misoneísmo, el espíritu prístino de la creencia. Confundidos los nuevos íncolas de todas las múltiples procedencias que confluyeron en los estrechos límites del barracón primero, y del batey y el cachimbo después, se fueron fundiendo, a ritmo de tambor, la mitología yoruba y la liturgia católica, para dar paso a un nuevo "corpus" mágico religioso, conjuntivo y armonioso, pintoresco y poético, que combinaba la ingenuidad selvática del africano y el candor de las cosmogonías europeas.

A pesar de no existir una dotación exacta y pormenorizada de esos caminos, los historiadores y publicistas locales apuntan hacia la medianía del Siglo XIX las expresiones más nítidas de esa amalgama religiosa. Por entonces, se había establecido en el añejo barrio de Legüita, en Güines, hacia el sureste de La Habana, un cabildo lucumí denominado "Taodún". (En algunos textos de Fernando Ortíz se referencia con otra forma lexigráfica: "Tedún" ó "Changó Tedún"). Era jefe o capataz principal de esta agrupación el manumiso Pascual Fernández Gavilán, africano de origen lucumí, antiguo esclavo de Don Mariano Fernández Gavilán, rico propietario urbano y rural de la comarca.

Diferencias en la religión

Es harto difícil, por no decir imposible, precisar hasta qué punto la epidérmica catequización de las negradas permitieron a los directivos lucumíes conocer las interioridades de la canonización de esta víctima del paganismo visceral de principios del milenio uno de nuestra era. Sin embargo, no es descaminado sospechar que por limitadas que fueran sus noticias, estas permitirían filtrar por los entresijos de la imaginería fantasiosa y primi¬tiva del africano un efecto de sinergia, paso previo para la extrapolación posterior.

Para lograr la integración de ambas divinidades era menester echar por tierra la barrera de la diferencia sexual. Pero el obstáculo no era suficiente para hacer desistir a aquellas voluntades: un patakki de Changó, donde el orisha viril vistió ropas de Oyá, (mujer de Oggún), con el propósito de embaucar a sus enemigos, es suficiente para derribar la valla.

La asunción de la imagen de Santa Bárbara para presidir la congregación lucumí produjo una marea sentimental disímil, algunas de ellas contradictorias. En la superficie parecía que la Iglesia Católica había alcanzado un triunfo rotundo sobre el paganismo africano.

Pero para justipreciar el proceso en su verdadera magnitud hay que bucear en sus aguas subterráneas. Bajo el revestimiento cortical encontramos un flujo de hibridación que revela la capacidad del afrocubano para mutar, o dicho con palabras de Ortíz, "para poder pasar y sobrevivir; el de esconder el alma en lo más recóndito de una caverna de conducta hecha de reforzadas hipocresías, de defensivos mimetismos, de dolorosas renunciaciones".

No puede subvalorarse la impostura de los nago lucumíes; tras ella subyace la rebeldía congénita de los seres nacidos en contacto directo con la Naturaleza. Controlar esa bioenergía libertaria, bullente y desorbitante, era ya una actitud conductual digna de encomio, en tanto medida cautelar. Se dejaba atrás el enfrentamiento frontal, de alzamientos y sublevaciones, de cimarronaje y apalencamientos, que únicamente habían propiciado un chasquido más foribundo del cuero de los mayorales, el refinamiento de los métodos de torturas y castigo corporal y el enquistamiento de odios entre individuos llamados a fundirse en el crisol de la nacionalidad cubana. Se transitaba, empero, hacia una etapa de transigencia, estrategia virgen en la antinomia hispano africana.

La decisión debe ser entendida como un acto premeditado y consciente, voluntad expresa del protagonismo de aquella masa sojuzgada, que pugnaba por su realización espiritual aún en las condiciones adversas que le imponía un régimen absolutista. El duelo de inteligencias superaría en lo adelante lo meramente factual y circunstancial, para adentrarse en el universo de estructuras mentales eurocéntristas y colonizadoras, ajustadas para negar la condición humana al conglomerado poblacional extraeuropeo.

El problema descrito en tales términos, desemboca en una versión sofisticada del conflicto "civilización barbarie", pero no en los términos sarmentianos de las primeras cinco décadas del ochocientos, sino en la acepción martiana de fin de centuria, es decir, la batalla entre "la falsa erudicción y la Naturaleza".

Importa insistir que con su mimetismo simulador, las fuerzas a la defensiva no iniciaban un repliegue claudicante, antes por el contrario, inauguraban una contrarrespuesta sutil, que infería la penetración del entramado ideológico dominador para socavarlo desde su interior, mediante un efecto de sismo o metástasis.

Por esas razones, no nos parece casual que en 1860 se licitara la primera procesión de la imagen por la Villa. A la sazón era Teniente Gobernador un oficial del arma de Artillería, ocasión que fue aprovechada por Pascual Fernández para solicitar el permiso, así como oficiaba en el púlpito católico el párroco Tomás Rodríguez Mora, de origen canario.

El párroco en la religión

La utilización del gentilicio para identificar al cura, no es una incidental, antes bien, obedece a dos razones específicas, a saber:

  • En el archipiélago norafricano, la abogada contra las descargas electroatmosféricas ocupaba un lugar prominente, e incluso, hay una localidad homónima.
  • Los hispanos insulares introdujeron en Cuba el culto a la Virgen de la Candelaria, y en general, eran más propensos a adorar divinidades femeninas, en contraposición con sus compatriotas continentales, proclives, al parecer, al patronato de los santos viriles, como demuestran los nombres con que fueron bautizadas las primigenias villas en la impronta nacional del Siglo XVI cubano.

Precisamente, fue este párroco de progenie canaria quien sugirió a Pascual Fernández la idea de adquirir una imagen escultórica de la Santa para dar mayor prestancia a las ceremonias. La propuesta fue bien acogida y mediante el óbolo público fue financiada la compra, realizada en la Ciudad Condal de España. La operación mercantil y el traslado de la efigie de Barcelona a Cuba se pragmatizó gracias a las gestiones personales de Rodríguez Mora. Según afirma la tradición folclórica regional, ésta fue la primera imagen escultórica introducida en la Isla con la reproducción de la Patrona de los Rayos. De ser así, los feligreses güineros serían la avanzadilla de la pasión iconográfica en torno a la virgen nicomediana en tierra cubana.

La conducta de este dignatario religioso amerita ser medido con un rasero adecuado para no sobreestimar ni reducir la relevancia de su gestión. Ya fuera movido por fe honesta o porque comprendiera la necesidad de capitalizar el fervor esotérico en provecho de la labor de proselitismo clerical o por una simple maniobra profiláctica ante la contingencia de enconos sacro somáticos, no cabe dudas que con su praxis aupó la entronización de la sincronía Santa Bárbara Changó en la mentalidad lugareña, y presumiblemente allende a los lindes del Mayabeque.

Por lo pronto, es indubitable que con esa voluntad de captación, propició el aumento de su feligresía potencial, al catalizar la conversión conclusiva o circunstancial de los hasta entonces reticentes lucumíes e iniciar un movimiento envolvente y neutralizador de cualquier repunte de insurgencia de contradicciones antagónicas.

Transculturación mística

La placidez que en lo adelante muestra la transculturación mística en la localidad, enmascara los subterfugios discriminatorios que vegetan en los resquicios de su ritualidad. Para comprender ese carácter soterrado se requiere un miraje ahondador en el asunto.

En primer término, amerita llamar la atención sobre el rol que desempeña la castellanización lexical de la liturgia en el proceso de blanqueamiento de la festividad. Por obligación, es preciso volver acudir a la máxima autoridad cubana en esta materia, al erudito Fernando Ortiz, quién reparó oportunamente en la poca fijación de la lengua yoruba entre los propios africanos. Desde sus primeras incursiones linguísticas tras las huellas de los afronegrismos, el bien llamado tercer descubridor de Cuba comprobó esa inestabilidad del dialecto esclavo, en contraposición con la mayor perdurabilidad del espíritu original de la liturgia.

Festividades a Santa Bárbara Changó

El comportamiento de la liturgia del 4 de diciembre, si bien no se había legalizado por pragmática alguna, había devenido norma convencional. En la ceremonia oficialista, patrocinada por la Iglesia Católica con el consenso institucional, participaban mayoritariamente los representantes de la seudoburguesía local y de las capas medias de la población. En su fuero endógeno y exógeno, estos grupos aquilataban el folklore afrocubano como "cosa de negros, un elemento extraño a la nacionalidad que nos retrotraía a una prehistoria bárbara".

Participantes

Acudían a los responsorios católicos figuras del movimiento cívico por los derechos del negro, en su mayor parte pequeños burgueses, (comerciantes del ramo minorista, profesionales, pro¬letariado artesano industrial, intelectuales, músicos, y otros), con aspiraciones de progreso material y espiritual por intermedio de conciliábulos con esa suerte de mesoburguesía blanca que regenteaba las llamadas "fuerzas vivas" de la población. Esta mimesis conductual se corresponde con lo que Ortiz llamó tercera etapa adaptativa del proceso de transculturación.

"Un depósito, objeto de una ceremonia que precede al almuerzo. De esta agua toman muchas personas de las que participan en el almuerzo. Es agua bendita mediante ciertas ceremonias especiales. Este líquido es algo así como el guardián de la salud y contra las acechanzas de los malos espíritus".

Actividades

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Por la noche se efectuaban bailes de salón con participación de orquestas nacionales y locales contratadas al efecto. Por supuesto, había sociedades exclusivas para blancos y otra para negros y mulatos, pues no confraternizaban en los mismos locales. En las llamadas "Sociedades de Instrucción y Recreo" para negros y mulatos participaban los elementos más "blanqueados" de la población etiópica que en el revestimiento de sus estados emocionales renegaban de la cosmogonía afroide, pero en el ínterin sentimental conservaban residuos del culto selvático, que afloraba en la intimidad de los hogares. Se expresaba así, una de las aristas envilecidas del drama existencial de este segmento socioclasista.

Mayor lealtad al sentimiento silvestre del etnos yoruba permeaba el ceremonial de la Capilla de Leguina, (en la calle Delicias, actual 103), mansión del "fundamento" lucumí en la época colonial. El inmueble, primero de madera y luego remodelado y reconstruido con mampostería y placa, era centro de reunión de los más fervorosos creyentes, que no por azar provenían de las capas más pobres de la población. Como en tiempos del cristianismo primitivo, era la gente humilde la más honesta en sus creencias y acudían a ella con la esperanza puesta en un futuro mejor.

El rito

En el Ilé Osha (casa templo), el rito comenzaba en el amanecer de la víspera, cuando cuatro devotas de la casa "preparaban" la imagen, la bajaban del trono en su santuario, y la vestían con el ropaje adecuado. En ese momento la imagen escultórica era resguardada de la visión de otras personas. Finalizadas las labores de engalanamiento la ubicaban en el centro de la capilla o andar de salida, donde permanecía nueve días.

Hacia la una de la tarde del propio día 3 comenzaba el desfile de los devotos, portando flores y velas, así como obsequios y amuletos que "les entregaban a la virgen en pago o a cambio de las bendiciones, gracias o beneficios recibidos."

A las siete de la noche se acostumbraba a trasladar el ícono al templo católico, de donde regresaba al día siguiente en peregrinación multitudinaria. Durante esas 48 horas se ofrecía en la capilla de Leguina "arroz, quimbombó, harina de maíz, chilindrón de carnero y tostones de plátanos". En el local anexo al Ilé Osha, se desarrollaba el bembé, caracterizado por los bailes e histrionismo, al compás de la rica combinación rítmica del Iyá, el Itótele y el Okánkolo, los tres bimembranófos de Changó.

En la festividad se rinde culto a todos los orishas. Cada uno de ellos tiene cierta cantidad de toques de gran riqueza rítmica a los cuales corresponden cantos, rezos y figuras danzarias que aluden a los pattakíes respectivos. Los cantos son antifonales, dirigidos por el awpón o solista, y secundados por el elbé (coro). El primer y último toque se le dedica a Eleggúa, el que abre y cierra los caminos. También se le canta a las deidades mayores y menores comenzando por los orishas guerreros Oggún y Ochosi, y continuando con quien se le dedica el bembé ú órum en su honor, en este caso Santa Bárbara Changó, seguida de Inle, Babalú Ayé, Ossain, Orisha Oko, Titilayé, Babá, Los Idbeyis, Algayú Solá, Obbatalá, Yeguá, Oyá, Yemayá, Ochún, Orula, Changó, Olokum, Ayyaguná, y Aggezá; es de tener en cuenta que al inicio y al final siempre se le toca a Eleggúa.

A partir de los años sesenta se introducen algunos cambios, a tenor con las transformaciones sociopolíticas y económicas que se operaron en el país, en virtud del triunfo revolucionario del 1 de enero de 1959. El sentido humanitario y emancipador del nuevo Estado, ensanchó la base social de la liturgia al dignificar los credos provenientes del folklore nacional.

A las seis de la tarde, la figura de Changó Santa Bárbara hace su presentación ante el abundante público concurrente bajo los acordes interpretados por la Banda Municipal de Música. Este es un momento de éxtasis, verdaderamente conmocionante, donde se realizan además otras filigranas animistas propias de la religiosidad o de esta aparición de la deidad, pero ahora, a los bata añá, jurados o consagrados con los debidos ritos, se suman otros, los aberikulá o profanos de prosapia conga, carabalí, o arará, e inclusos meztizos o creados en Cuba. No empequeñece el debilitamiento de la ortodoxia de algunos grupos de olú batá o tamboreros; el bembé conserva, en su aspecto general, la pureza rítmica y coreográfica de las culturas ancestrales.

Por supuesto, ya no existen elementos inescrupulosos que inten¬ten sacar partido de la fe fanática, y aprovechen los alrededores de la Capilla de Leguina para que no se transforme en una especie de feria comercial, para especular y lucrar explotando la idiosincracia del creyente, como sucedía en el pasado. Importa destacar además, que el proceso alcanzado por la sincretización religiosa, no empalma únicamente al catolicismo y la Regla de Osha, sino que se extiende también a la llamada de Palo Monte, que sincretiza a sus Siete Rayos con Santa Bárbara, de la misma manera que la regla arará o dahomey lo hace con su Ebioso; de esta forma se conforma un ídolo multifacético, en el cual convergen cuatro sistemas religiosos.

En Noviembre de 1938, Alonso Novo, ya citado en este contexto, emitía juicios que se retoman casi al cierre de este recorrido sucinto por los caminos de Changó en Güines. Refiriéndose al dimensionamiento de este culto, el citado publicista expresaba que: "en él no hay más que la exteriorización de sentimientos y alegrías cuyas raíces psicológicas tienen su asiento en lo más hondo del espíritu, y se trasmiten a través del tiempo. Estas costumbres, arraigadas de generación en generación, no deben, a nuestro juicio, ser consideradas como contrarias al progreso y a la civilización. Todos los caminos que arrancan de la antigüedad remota y vienen a nuestros días, están llenos de curvas, de cuestas y de pendientes, sin que por ello dejen de conducir al caminante hacia el fin evolutivo del progreso social".

A seis décadas de estos pronunciamientos se siente el deseo de actualizar los criterios emitidos por el investigador citado, pero momentáneamente, basta con agregar algo más: simplemente saludar todos estos caminos, sobre todo sí en lugar de a Roma conducen a Changó manteniendo nuestra cubanía.

Véase también

Fuente

  • Abilio González González, investigador de la Oficina de Monumentos y Sitios Históricos de la provincia Mayabeque.