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André Antoine

André Antoine
Información sobre la plantilla
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Director de escena, autodidacta y animador de teatro.
NombreAndré Léonard Antoine
Nacimiento31 de enero de 1858
Limoges, Bandera de Francia Francia
Fallecimiento19 de octubre de 1943
París, Bandera de Francia Francia
NacionalidadFrancesa
Otros nombresAndré Antoine
CiudadaníaFrancesa
OcupaciónActor

Andre Leonard Antoine. Director y actor teatral francés. En 1887 fundó en París el Theatre Libre, una institución dedicada al montaje de dramas naturalistas, entonces insólitos. Su actividad teatral vanguardista sería imitada en todo el mundo. Codirector en 1896 del Theatre Odeon de la capital, en 1906 se convirtió en su director. Cuando se retiró del teatro activo durante la I Guerra Mundial, se dedicó a la crítica escénica (1858-1943).

Síntesis biográfica

Niñez y juventud

En su niñez y juventud, tuvo que desempeñar múltiples oficios para poder subsistir hasta que finalmente se trasladó a París, donde trabajó en la casa Hachette y fue empleado de la Compañía del Gas entre 1877 y 1887; prestó su servicio militar en Túnez durante cuatro años. Acudió a clases de dicción en el "Gimnasio de la palabra" de Marius Laisné. Formó parte de la claque de la Comèdie-Française para poder ver las representaciones, y llegó a debutar como figurante, lo que le permitió observar de cerca a divos como Mounet-Sully o a Sarah Bernhardt. Intentó entrar en el Conservatorio, pero no lo consiguió.

Finalmente entró en la asociación el Círculo Gaulois, donde fue alimentando sus ideas de crear un grupo independiente. Alentado por figuras de la novela como Zola, los Goncourt y Daudet, y tras haber efectuado los ensayos con un grupo de aficionados en un pequeño café de la calle de Maistre, Aux Bosquets, el 30 de marzo de 1887 realizó lo que sería la primera salida escénica del Théâtre Libre.

Muerte

Falleció el 19 de octubre de 1943 en París.

Obra

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Representación de La Terre, de Émile Zola (1900)

En sus primeras representaciones, Antoine invirtió dos meses de su sueldo, montó la escena con sus propios muebles, creando una atmósfera sin efectismos y buscando la motivación emocional en los caracteres. El Théâtre Libre cambió pronto de local. Fue primero a una sala más grande, de ochocientas butacas, en el Barrio Latino, y después, al Teatro Menus-Plaisirs, más céntrico. A pesar de su éxito entre el público más adelantado, en 1894 Antoine tuvo que cerrar a causa de las deudas, que arrastró a lo largo de su vida.

No obstante, entre 1896 y 1906 abrió otra sala que llamó Teatro Antoine, y en ese año, el mundo teatral parisino reconoció su labor nombrándole administrador del Teatro Odeón, donde continuó hasta su retirada de escena en 1913. Tras la I Guerra Mundial se convirtió en crítico teatral. Escribió un libro de memorias: Mis recuerdos sobre el Odeón y el Teatro Antoine.

La estética realista de Antoine había partido del trabajo de la compañía del Duque de Meiningen, pero fue más lejos que él mostrando al público los tipos y los personajes tal cuales eran, con su vulgaridad y su sordidez. Antoine hacía que sus actores desapareciesen detrás del personaje, al contrario que los divos. Para ello, se valió siempre de actores aficionados y modestos. Intentaba dar la impresión al espectador de sorprender los secretos de los personajes como si mirase a través del ojo de una cerradura y contemplase un trozo de vida (une tranche de vie) palpitante y real.

Su juego escénico naturalista, antiespectacular y verista, no dudaba en trasladar al escenario todo tipo de enseres y objetos de la realidad cotidiana, que chocaban con la escena de cartón y los telones pintados habituales en la época. Colgaba trozos de carne fresca para ambientar una carnicería, los actores manipulaban comida verdadera, se oían los ruidos de la vida real. Sus puestas en escena significaron un antes y un después en el hecho teatral occidental.

Montó obras nuevas y difíciles para el público, como El poder de las tinieblas, del novelista y dramaturgo ruso Liev Tolstoi; Espectros, del autor noruego Henrik Ibsen; Los tejedores, del autor teatral alemán Gerhart Hauptmann. Divulgó tanto a autores franceses naturalistas (Zola, Eugène Brieux y François de Curel) como a otros tan dispares como Shakespeare. Dio a conocer a Turguéniev, Björson, o al sueco August Strindberg.

Su modo de trabajar basándose en la ley del conjunto, a la que subordinaba los divismos actorales, preludió el papel del director contemporáneo que busca la autenticidad y la honestidad profesional. El interés para acudir a sus representaciones debía basarse en algo más que en los nombres de los actores. Él cuidaba personalmente de la fidelidad histórica del vestuario, acordándolo con la categoría social del personaje. Terminó con el vicio de los parlamentos dichos ante las candilejas en busca del aplauso fácil, y repartió el movimiento de los actores por todo el escenario, aunque quedasen de espaldas al público si ello era adecuado a una mayor naturalidad con respecto a la posición de los otros personajes. Suprimió las candilejas, lo que le motivó no pocas críticas, y buscó la intensidad emocional mediante luces indirectas.

Trascendencia

La visión teatral de Antoine se proyectó en toda Europa: Rusia (Stanislavski y su Teatro de Arte), Alemania (Otto Brahm y su Freie Bühne), Gran Bretaña (Independent Theater de Londres), España (María Guerrero y Fernando Díaz de Mendoza incorporaron algunos de sus principios). Impulsor del realismo psicológico y de la dicción, y enemigo de la declamación, Antoine sirvió de transición hacia Copeau y los cuatro del Cartel (Cartel des Quatre), y fue el primer maestro de Gémier y Lugné-Poe. Su carácter dominante le llevó a enfrentarse a este último, pues llegó al exceso de creer que el trabajo colectivo implicaba la anulación de las diversas personalidades de los actores. Sin embargo, es indiscutible su puesto de primer regisseur contemporáneo.

Fuentes

  • Biografías y vidas. [1]
  • Las Edades de Oro del Teatro de K. Macgowan y W. Melnitz (1964). Mexico : Fondo de Cultura Económica.
  • Historia Básica del Arte Escénico de César Oliva y Francisco Torres Monreal (1997). Madrid : Ediciones Cátedra.