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Antonio Sánchez Díaz

Antonio Sánchez Díaz
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NombreAntonio Sánchez Díaz
Nacimiento7 de diciembre de 1927
Pinar del Río, Bandera de Cuba Cuba
Fallecimiento2 de junio de 1967
Bandera de Bolivia Bolivia
Causa de la muerteMuerte en combate
NacionalidadCubana
CiudadaníaCubana
Conocido porMarcos o Pinares
Antonio Sánchez Díaz. Revolucionario cubano. Combatiente junto a Ernesto Che Guevara en la guerrilla boliviana. Conocido como Marcos o Pinares.

Síntesis biográfica

Nace el 7 de diciembre de 1927, día en que cae en combate el Titán de Bronce, tomando de él precisamente el nombre de Antonio. El nacimiento se produce en la finca “La Cantera”, barrio de San José, en Pinar del Río. Sería el sexto de los doce hijos en esa familia de campesinos arrendatarios de un pedazo de tierra que cultivaban para satisfacer sus necesidades más perentorias sin ser dueños sin embargo de la finca que ocupaban y por la cual debían pagar de por vida, sujetos a la explotación reinante en el país. De familia campesina, intentó varios oficios que fueron desde el de albañil, hasta carpintero de encofrado.

Infancia y adolescencia

Durante la infancia se vio privado de la atención que merecía y al igual que sus hermanos y demás niños del lugar. No tuvieron los juegos, ni la alimentación, ni los cuidados de salud que disfrutan los niños cubanos tras el triunfo de la Revolución cubana; a pesar de ello Antonio mostró un carácter vivo y alegre que contrarrestaba la realidad de su entorno y de su vida, y al mismo tiempo desarrolló un temperamento fuerte y enérgico. Era dado a las bromas pero, de igual forma, cuando era necesario no rehuía la pendencia y castigaba con sus puños a quienes lo ofendían. En la escuela se distinguía por sus facilidades en comprender las materias que se le enseñaban y por la mente despierta que le caracterizaría por el resto de su vida.

A los siete años aproximadamente, comienza a trabajar con su padre en el campo (la veguita), aprendiendo así el trabajo agrícola y especialmente el laboreo del tabaco.

No por ello, Tite, como todos le llamaron en su barrio, perdió lo vivaz de la niñez que disfrutó a pesar de haber enfrentado tempranamente la dolorosa explotación de la cual supo en unión de sus familiares.

Desde pequeño sintió predilección por la cacería y las armas de fuego, lo cual influyó en la puntería que luego caracterizaría al comandante Pinares. Al terminar el séptimo grado comenzó a estudiar Comercio por las noches, lo cual alternó con el diario y duro trabajo del campo.

A los 18 años aprendió el oficio de albañilería y carpintería de encofrados. Trabajó en la construcción para poder mantener a la familia que iba quedando, ya que los otros se habían establecido con sus esposas aparte.

De esto, el propio Antonio expresó en una de las entrevistas que le hicieron : “Me gustaba mucho el campo – decía -, pero no en aquella situación. Entonces concentré todas mis fuerzas por trabajar en la población y continuar estudiando y aprender algún oficio en la ciudad. Esto tenía muchos obstáculos: Mi estatura seguía siendo la de un muchacho, pero mi habilidad y rendimiento, las de un hombre y no querían pagarme por mi rendimiento, sino por mi estatura, lo que me obligó a hacerme muy pronto un niño-hombre”.

Labor revolucionaria

En los primeros días de abril de 1957, después de cobrar el salario de una semana y sin decir a dónde iba, salió para Oriente y se internó en la Sierra Maestra, tras las huellas del grupo revolucionario guiado por Fidel Castro Ruz, que luego del desembarco del Granma habían escalado las montañas y desarrollaban la lucha armada.

Su búsqueda resultó infructuosa, pero no cesó en su empeño. Regresó a Pinar del Río y vendió sus herramientas de trabajo; y una semana después emprendió de nuevo aquel viaje que pasaría a la Historia. Esta vez no regresaría hasta incorporarse a la guerrilla y luchar hasta victoria final, regresaría entonces lleno de gloria y esperanzas en el futuro prometedor de la patria liberada. Recordaría después aquellos primeros días angustiosos de búsqueda y rastreo en la Sierra Maestra sin encontrar a los barbudos. Y otras dificultades cuando los encontró.

Fueron muchos los trabajos y muchas las dificultades... Llegó a la Sierra Maestra por donde más grandes le parecieron las montañas. No fue enviado a la Sierra por el Movimiento 26 de Julio, se fue por su propia voluntad”.

Ni uno solo de los hombres que se encontraban en la comandancia rebelde lo conocía. Sólo presentó como credenciales, la firmeza de los que están dispuestos a entregar sus vidas por la causa de su pueblo.

Convertido en un soldado guerrillero, al joven Antonio se le confió la responsabilidad de cargar la única ametralladora de calibre 30 que existía, teniendo en cuenta su fuerte complexión y la buena puntería demostrada desde los primeros momentos; y ella se convertiría en su inseparable compañera durante todo un año.

Allí en la Sierra surgió el nombre con el cual sería conocido por casi todos los que lucharon con él o trabajaron con posterioridad a su lado en la construcción de la patria socialista: “Pinares”, nombre dado por el pinar de la provincia que lo viera nacer y que tanto le quiso y le quiere, como uno de sus héroes.

Combatiente rebelde, con su fusil al hombro, mantuvo siempre dos rasgos que definieron su personalidad revolucionaria: su carácter jovial y alegre; y su valor personal.

Dio siempre ejemplo elocuente de ello; por ejemplo, en el combate de Purialión, en la batalla del Jigüe, frente a los refuerzos del ejército de la tiranía batistiana. En este combate cae abatido su jefe, el capitán Andrés Cuevas al enfrentarse a 300 soldados que como refuerzos batistianos fueron enviados, bajo el constante bombardeo de la aviación y de la marina de guerra.

Por el valor demostrado en este combate, Cuevas es ascendido póstumamente a Comandante del Ejército Rebelde y Pinares, de soldado pasó a Capitán.

Cuando el 21 de agosto de 1958, partió de El Salto, en la Sierra Maestra, la Columna Invasora Antonio Maceo, bajo el mando del inolvidable Comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán, el entonces Capitan Pinares, marchaba en ella como Jefe de la Retaguardia.

Por su heroica participación en la lucha insurreccional durante toda la etapa, el 4 de enero de 1959, Pinares es ascendido al grado de Comandante del Ejército Rebelde. Los grados le fueron impuestos por el señor de la vanguardia, el Comandante Camilo Cienfuegos, en una sencilla ceremonia que se desarrolló en Ciudad Libertad.

Durante varios años Pinares ocupó diferentes cargos en las Fuerzas Armadas Revolucionarias en distintos lugares del país: Isla de Pinos, Camagüey, Oriente, Pinar del Río, lo conocieron en su constante batallar. Además, realizó estudios en diversos cursos de Escuelas Militares que elevaron sus conocimientos como oficial de las FAR.

Su hermana Cristina Sánchez Díaz nos dice:
“La ocasión que más feliz lo vimos fue la noche que llegó y nos informó que lo habían elegido como Miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba. Estaba alborozado, no podía estarse quieto. Eso fue algo grande, pero que muy grande para él”.

Guerrilla del Che

Únicamente abandonó todo esto cuando el heroico Comandante Ernesto Che Guevara lo llamó para que formara parte de la Guerrilla Internacionalista que combatiría en un país de “Nuestra América”.

A su llegada a Bolivia, el día 20 de noviembre de 1966, Pinares obtuvo un nuevo nombre, se convirtió en el intrépido Marcos.

En Bolivia, como en la Sierra Maestra, Marcos demostró sus excelentes condiciones y su experiencia de guerrillero. Es allí donde escribe el capítulo postrero de su acción revolucionaria, donde madura en él aquello que el Che calificara como el escalón más alto de la especie humana, esa es la cima que alcanzará en los bosques de Ñancahuazú , con la entrega hacia el futuro de su ejemplo internacionalista e inmortal.

En un primer momento es designado jefe de la vanguardia, después por problemas de disciplina pasa a formar parte de la retaguardia, comandada por Joaquín. Cae el 2 de junio de 1967 durante un choque con el Ejército.

Fuente