Casa de la Ciudad de Santa Clara
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La Casa de la Ciudad de Santa Clara es una institución sociocultural de la ciudad de Santa Clara, Cuba, ubicada en la otrora casona de Santa Elena No. 67, esquina a Sancti Spíritus, hoy esquina de Independencia y Juan Bruno Zaya. Inaugurada el 28 de enero de 1990 y reabierta el 13 de agosto de 2016, tiene como misión promover el talento artístico y cultural, así como la historia y las tradiciones de la ciudad. Su sede es uno de los exponentes arquitectónicos más bellos de Santa Clara y conserva historias y leyendas asociadas a sus antiguos moradores.
Sumario
Historia
Primeros propietarios
El primer propietario de esta casa fue Don Pablo Luis Ribalta llegó a Santa Clara a mediados del siglo XIX, proveniente de Barcelona, España, donde se cree que había nacido entre 1805 y 1810. Fue uno de los tantos insulares que venían a América a tratar de elevar su estatus económico. Es el primer dueño conocido del inmueble, una casa de tabla y teja adquirida el 13 de agosto de 1857, que aparece con el nombre de la Finca 449.
Según la escritura del Registro de la Propiedad, el inmueble fue descrito así:
Esto demuestra que la construyó de mampostería, como existe actualmente, y, como afirman los arquitectos, data de la década de los años 60 del siglo XIX, por lo que rebasa más de siglo y medio, debido a lo que ha tenido que ser sometida a varias restauraciones.
Don Pablo se casó en primeras nupcias con Doña Rosa María de la Candelaria Mora y Mora, procedente de una de las familias ricas de la villa. Al fallecer esta, contrajo matrimonio con Natalia Grosa Alemán. Como no tuvieron descendientes, decidieron adoptar un hijo, pero la vida les premió con una niña: Eulalia Valdés, que, según cuenta la leyenda, había sido abandonada por sus padres en el zaguán de su casa y que sería atendida por esclavas domésticas de la servidumbre de Don Pablo.
La vida hogareña de Don Pablo era compartida con su trabajo como Alférez y Regidor del Ayuntamiento, formando parte del cabildo de la villa. Era alcalde en el año 1848 cuando se restauró la Plaza Mayor, motivo por el cual tuvieron una importante reunión en su casa —ahora Casa de la Ciudad— varios funcionarios del gobierno colonial local el 18 de mayo de 1848. En 1855, cuando se decretó el alistamiento de voluntarios, fue capitán de una compañía de caballería.
El 2 de junio de 1871 falleció Pablo Ribalta, dejando como único heredero universal a su hermano Tomás Ribalta, lo que queda evidenciado en la cláusula trigésima tercera del testamento, donde:
Sobre la hija adoptada, solo refiere el documento testamentario que Pablo Ribalta queda como tutor de Eulalia Valdés, por lo que, a pesar de la leyenda generada, se puede afirmar que sí existió realmente. Aunque no dice nada sobre la herencia, se infiere que también podía convivir en la vivienda, igual que Natalia Groso. También en su testamento menciona dos esclavos domésticos que quedarían en la vivienda, llamados Desiderio y Leopoldina.
La riqueza acumulada por este hombre la dejó a sus herederos. Entre sus bienes se encontraban el ingenio La Rosa, de 80 caballerías de tierra; el potrero San Joaquín en Hatillo; el potrero El Cocal en Antón Díaz; el ingenio Santa Marta; casas de viviendas en Santa Clara y Cienfuegos; animales (vacunos, cerdos, caballos) por valor de 25 876.6; colonos asiáticos de la dotación por valor de 900 pesos; derechos y acciones en el Banco Español de Cienfuegos por 6 000; en la Sociedad de Vapores de Cienfuegos, 10 000; en la Sociedad Mercantil, 10 000; entre otros. También contaba con una dotación compuesta por 158 negros y pardos, de ellos 25 prófugos y 6 libertos.
Transmisión de la propiedad
A la muerte de Tomás Ribalta, este testó a favor de su sobrina, hija de su hermano José, Carmen Ribalta, casada con Juan de Oña, en Sagua la Grande, en 1888. Al fallecer Carmen en 1900, la vivienda se adjudicó a su hija María Gabriela Oña Ribalta. [3]
El 18 de enero de 1932 se constituyó la Cía. Inmobiliaria Oña-Abreu, S. A., de la que María Gabriela era socia y aportó la casa como capital. La compañía se disolvió el 0 de junio de 1953.
Los últimos dueños de la casona fueron Ofelia y Eduardo González Abreu Oña, nietos de Carmen Ribalta y parientes de la benefactora Marta Abreu, quienes se adjudicaron la propiedad el 6 de junio de 1955.
Ofelia González Abreu Oña estaba casada con Miguel Morales Calvo, Marqués de Valle Siciliano y de la Real Proclamación. Mujer de fuerte fe religiosa, a pesar de residir en La Habana realizaba obras de caridad en la ciudad. Perteneció al Patronato de la Colonia Infantil y también al Comité Todo por Santa Clara, que se encargaba, entre otras cosas, de las gestiones para el traslado de los restos de Marta Abreu a la ciudad, lo que nunca se logró, y donó un vitral para los ventanales de la iglesia, actual catedral Santa Clara de Asís.
Etapa republicana y revolucionaria
La casa no fue vivida por sus dueños y a partir de entonces la alquilaron a la Superintendencia de Escuelas de la provincia de Las Villas, que ocupaba el ala correspondiente a la calle Juan Bruno Zayas, y el resto a la Junta de Educación de Santa Clara, hasta el triunfo de la Revolución.
En 1961, el Gobierno Revolucionario dictó una ley para la intervención de las escuelas privadas y religiosas. Se intervino la Escuela de Artes y Oficios San Pedro Nolasco, donada a la ciudad por la familia Abreu-Arencibia, donde ubicaron la Junta Municipal de Educación hasta los años en que fue reparada y usada como restaurante conocido como el Colonial 1800. Por tanto, la casa pasó a convertirse en una escuela: por el día, Secundaria Básica, y por la noche, Educación de Adultos con la Facultad Obrera; ambas enseñanzas tenían el nombre de José Antonio Echeverría. [4]
En 1988 se clausuró y se sometió a una intervención constructiva para su recuperación. En la otrora casona de Santa Elena No. 67, esquina a Sancti Spíritus —hoy esquina de Independencia y Zayas—, se inauguró una nueva institución denominada Casa de la Ciudad, el 28 de enero de 1990.
Pasados los años de uso, hubo necesidad de intervenirla por el peligro de derrumbe que implicaba. Por mucho tiempo estuvo clausurada y era un reclamo del pueblo al gobierno local el restablecimiento de esta institución, por lo que nuevamente fue abierta a los servicios socioculturales el 13 de agosto de 2016, en homenaje al natalicio del Comandante Fidel Castro.
Arquitectura
El inmueble se conserva como uno de los exponentes arquitectónicos más bellos de la ciudad. Posee pilastras trabajadas en madera, rejerías, mediopunto, cenefas, mamparas, losas de Málaga, etc., en un terreno de 1148 varas planas, una habitación en alto, paredes de ladrillos, techo de tejas, pisos de mármol y otras losas finas.
Esta vivienda de estilo español posee un patio central rodeado por doce columnas toscanas que denotan el ambiente neoclásico, alrededor de galerías que facilitaban el trasiego de la familia y los esclavos, y ahora de los trabajadores de la Casa de la Ciudad y los visitantes a la misma. En el patio se encuentra un elemento característico de la casa colonial cubana del siglo XIX: el aljibe, especie de cisterna donde recogían el agua de lluvia, que facilitaba este servicio en las casas al no poseer la ciudad alcantarillado.
En la última reparación se tuvo en cuenta rescatar las cenefas que asomaban en las habitaciones o dormitorios y se logró un trabajo excelente por los especialistas en esa materia; hoy la Sala de los Símbolos Patrios muestra ese resultado. Al fondo, desde el actual baño, estuvo una cocina; a continuación, un amplio comedor. Se encuentra en este espacio una escalera de madera que conduce a la torre o habitación en la segunda planta.
Amueblada con la mejor madera de la época, también contaba con vajillas con piezas de plata de la marca Cristoff y otros efectos de lujo, que las esclavas mantenían relucientes para el disfrute de la familia y sus visitantes.
Leyendas
Acompañan a esta historia dos leyendas, una asociada a sus orígenes y otra surgida del imaginario popular más reciente.
La primera se refiere a una niña recién nacida que dejaron en una cesta con una inscripción que decía «es blanca» en el zaguán de la casa. La esclava doméstica que servía a la señora la recogió y se la llevó. Ella, muy sorprendida y feliz, dio gracias a Dios por el milagro de darle un hijo; puesta de acuerdo con su esposo, la adoptaron y le llamaron Eulalia. La niña creció muy querida por todos, bien educada y con una singular belleza femenina. Cuando fallecieron Don Pablo, primero, y su esposa después, ella quedó muy compungida. Un día llegó su padre biológico, se declaró como tal y le explicó que la causa de haberla abandonado allí se debía a los amores ilícitos de él con la madre de ella y que de aquel romance surgió su nacimiento, pero no podían declararlo ante la sociedad. Es decir, los prejuicios de una época obligaron a esta pareja a abandonar a su hija; lo hicieron en la puerta de una familia rica y sin hijos para que pudiera tener todo lo que sus verdaderos padres no podían darle. También le pidió perdón y le prometió buscar a la madre para que la conociera. Eulalia se negó a aceptarlos y le hizo saber que ella solamente había conocido a Pablo y su esposa, a los que reconocía como sus verdaderos padres, y lo echó de la casa. Al salir, este señor, muy perturbado por la reacción de quien era su hija, y se supone que dolido por la culpa del error cometido, chocó con la cesta que le habían puesto en el zaguán, en el mismo lugar donde él un día la dejó con el bebé dentro. Preguntó qué era aquello y la criada le explicó que la señora ordenó situarla allí para que él se la llevara como evidencia del crimen cometido un día.
La otra leyenda se generó a partir de que el inmueble se deterioró tanto que infundía pavor entrar en la noche, después que los alumnos y profesores de la Facultad Obrera se marchaban. Como las empleadas de la limpieza debían entrar a las 5 de la mañana para dejar limpio todo antes del matutino de los niños de Secundaria, que era a las 7, sentían temor y llegaron a decir que veían una mujer vestida de blanco bajando la escalera que conduce a la planta alta. Lo aseguraban, y así otras personas de la ciudad, como es natural en este asunto del imaginario popular, afirmaron que se trataba del espíritu de la señora que había fallecido en esa casa. Así ocurrió en los años de la década de los 80 del siglo XX, pero ya en el siglo XXI, al contar estas leyendas a las veladoras de sala de la actual Casa de la Ciudad, una aseguró que a una colega, que en ese momento no estaba presente, le había ocurrido algo similar: que ella veía esa imagen vestida de blanco vagando allí. No se puede discutir algo que no se fundamenta científicamente, pero que está arraigado en las personas; es así como trascienden las leyendas. De ahí que se pueda afirmar que la Casa de la Ciudad es un lugar mágico, de historias y leyendas, donde todos los santaclareños encuentran su espacio. [5]
Función actual
La Casa de la Ciudad no es un museo, ni una galería, tampoco una casa de cultura. Es una institución muy particular de la ciudad de Santa Clara, cuya misión está en función de promover el talento artístico y cultural, así como la historia y las tradiciones de la ciudad. También sirve de espacio para celebrar reuniones de trabajo a organismos y organizaciones, asambleas, peñas, tertulias, conciertos, encuentros, exposiciones de artes plásticas y otras manifestaciones de las artes visuales. Acude público de todas las edades, creencias y niveles culturales, y todos satisfacen sus gustos y preferencias al encontrar siempre un momento de expansión espiritual.
Referencias
- ↑ Registro de la Propiedad. Documento de inscripción del inmueble (actual Casa de la Ciudad).
- ↑ Berenguer y Sed, Antonio. Tradiciones villaclareñas. Imprenta y Papelería de Rambla, Bouza y Cía. La Habana, 1929..
- ↑ El 15 de Julio. Edición especial dedicada al 229 Aniversario de la Fundación de la Ciudad, 1918.
- ↑ El Villareño, 2 de mayo de 1961, No. 386, Año XII, p. 3.
- ↑ Águila Zamora, Hedy. Casa de la Ciudad: historia y leyenda. Revista Amanecer No. 141, Año XXIV, septiembre-octubre, 2018, p. 25.
Fuentes bibliográficas
- Águila Zamora, Hedy. Casa de la Ciudad: historia y leyenda. Revista Amanecer No. 141, Año XXIV, septiembre-octubre, 2018, p. 25.
- Berenguer y Sed, Antonio. Tradiciones villaclareñas. Imprenta y Papelería de Rambla, Bouza y Cía. La Habana, 1929.
- El 15 de Julio. Edición especial dedicada al 229 Aniversario de la Fundación de la Ciudad, 1918.
- El Villareño, 2 de mayo de 1961, No. 386, Año XII, p. 3.
- Registro de la Propiedad. Documento de inscripción del inmueble (actual Casa de la Ciudad).
- Rodríguez Esperanza, Rolando. Santa Elena 67. Boletín Cartacuba No. 41, febrero 2003, p. 9.
- Testimonios.

