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Caupolicán

Caupolicán
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Caupolican.jpeg
Monumento a Caupolicán en Santiago
NombreCaupolicán
NacimientoPalmaiquen
Fallecimiento1558
Cañete
Causa de la muerteEmpalamiento
NacionalidadMapuche
TítuloToqui
PredecesorLautaro
SucesorCaupolicán II

Caupolicán. Caudillo mapuche. Por su gran fortaleza física y valentía, fue elegido toqui (jefe militar) de los mapuches, pueblo que resistió la conquista española del sur de Chile. Junto con Lautaro fue uno de los conductores de los araucanos en las guerras del siglo XVI. Aunque no tuvo el genio militar de Lautaro, las hazañas de ambos fueron cantadas en el poema épico La Araucana, de Alonso de Ercilla.

Síntesis biográfica

Caupolicán fue un famoso caudillo mapuche cuya figura aparece mezclada con la leyenda, ya que no hay acuerdo entre los historiadores sobre cuáles fueron efectivamente sus cualidades y sus triunfos.

Lo que se sabe de cierto es que fue cacique o señor principal de Pilmaiquén, lugar donde nació, y que fue un hombre de gran fortaleza física y gran valor.

Elección como Toqui

La elección como toqui de Caupolicán se mezcla con la leyenda. Mientras el gobernador organizaba la colonia, se reunían los caciques araucanos convocados por el viejo Colo-Colo para la elección de un toqui que debía dirigir la guerra contra los extranjeros invasores, pero como todos se disputaban el mando y no hubo manera de ponerlos de acuerdo, se trajo a la reunión un pesado tronco de árbol, conviniéndose en que aquel que lo sostuviera más tiempo sobre sus hombros sería elegido toqui.

Paicaví fue el primero en probar fuerzas; lo sostuvo seis horas. Elicura resistió nueve. Purén, medio día. Ongolmo, más de medio día. Tucapel, catorce horas. Lincoyán alcanzó veinte horas.

Cuando todos creían victorioso a Lincoyán, se presentó Caupolicán, quien anduvo un día y una noche con el pesado tronco a cuestas. Colo-Colo anunció entonces: ¡Con esfuerzo prodigioso, Caupolicán ha vencido!

Esta hazaña se encuentra registrada en el poema Caupolicán, escrito por el poeta modernista, Rubén Darío, y en La Araucana, escrita por Alonso de Ercilla y Zúñiga quien es testigo presencial de los hechos. Allí se le describe en los siguientes términos:

"Noble mozo de alto hecho,
varón de autoridad, grave y severo,
amigo de guardar todo derecho, áspero y riguroso, justiciero,
de cuerpo grande y relevado pecho,
hábil, diestro, fortísimo y ligero,
sabio, astuto, sagaz, determinado,
y en casos de repente reportado"

Jefe militar

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Caupolicán cargando el tronco

Organizó la resistencia ante las fundaciones españolas de los fuertes establecidos en el sur, como Arauco, Tucapel, Purén y los Confines o Angol. Luego, en 1553, convocó a los caciques en junta de guerra para preparar una gran campaña que acabara con dichos asentamientos, aprovechando la dispersión de los soldados ordenada por Valdivia para ocupar las claves del territorio araucano.

La junta aprobó el ataque contra Tucapel, en la que destacó el famoso Lautaro como guerrero. Ercilla le atribuyó en La Araucana dotes militares de guerrero griego. Una vez vencidos los españoles y capturado Valdivia, Caupolicán presidió el juicio que decidió su muerte, y en el que, según parece, Lautaro fue un acusador feroz, frente a la benevolencia del jefe confederal. Valdivia fue ejecutado el 25 de diciembre de 1553, y con él los cincuenta hombres que le habían acompañado hasta Tucapel.

Vino luego el sistemático ataque de los mapuches a todos los asentamientos españoles durante el mandato de Villagra, quien fue derrotado en Marigüeñu y obligado a abandonar Concepción y a dejar aislada a La Imperial. El cronista Alonso de Ovalle menciona algunas de tales acciones:

"Éste (Caupolicán), el que desmanteló a Purén, hizo el famoso saqueo en la ciudad de Penco, no dejándola piedra sobre piedra, habiendo antes, con sola la fama y nueva de su venida, obligado a los españoles que desamparasen la ciudad y se la dejasen libre."

El virrey del Perú nombró Gobernador y Capitán General de Chile a su hijo García Hurtado de Mendoza, que inició una verdadera reconquista española. El 30 de noviembre de 1554, Caupolicán decidió atacar a las huestes de García Hurtado de Mendoza en un terreno sembrado de accidentes geográficos, que favorece los ataques por sorpresa. Antes de iniciarse las escaramuzas, envía a un mensajero para comunicarle a García que él mismo ha dado muerte a Pedro Valdivia y que se propone acabar con él también. Se presenta al frente de sus huestes, montado en un caballo blanco y vestido con una capa roja que flamea al viento. Sin embargo los mapuches son derrotados. El combate termina con la muerte de Galvarino, ahorcado, luego que le han sido cortadas ambas manos.

Muerte

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Ejecución de Caupolicán

En su nuevo territorio, Caupolicán recibió diversas ofertas de paz y rendición que rechazó una tras otra, manteniéndose siempre partidario de la resistencia. Convocó a los caciques confederados para otra nueva campaña, pero esta vez se opusieron a participar en ella algunos caciques recelosos. Decidió entonces atacar con los guerreros de su propia tribu y se dirigió hacia Cañete. Pero los españoles supieron de sus intenciones por un espía y fraguaron una estratagema para defenderse, de modo que Caupolicán tuvo que retirarse; perseguido por los españoles, fue finalmente capturado.

El toqui ofrece pactar con los españoles ofreciéndoles, a cambio de la libertad, varias prendas de Pedro de Valdivia que dice tener en su poder. Después de varios intentos, Reinoso se convence del ardid del cacique. Al verse perdido decide convertirse a la fe católica, lo que causa gran impacto entre los conquistadores. Es bautizado con premura. Implora clemencia a Reinoso, ofreciéndole servir a los intereses de España y contribuir al sometimiento de los indios. Por lo mismo, el toqui es despreciado por Fresia, su mujer, quien le arroja al pequeño hijo de ambos diciendo:

"Que yo no quiero título de madre del hijo infame de infame padre"

Caupolicán fue ejecutado en la plaza de la ciudad de Cañete el año 1558. El capitán Alonso de Reinoso le condenó a morir en el suplicio de empalamiento, para escarmiento de los indios: mientras el palo iba destrozando sus entrañas, un grupo de indígenas leales a los españoles le lanzaban saetas con sus arcos. Cuenta la leyenda que Caupolicán no manifiestó durante el suplicio ningún gesto de dolor

No todos sus enemigos estuvieron conformes con este trato. Alonso de Ercilla, en su obra, se quejó amargamente por el tormento infligido a Caupolicán. Su muerte no sirvió sino para avivar más todavía el espíritu indómito de los araucanos. El cronista Ovalle, antes citado, escribió:

"La muerte de Caupolicán no sólo no enfrentó, ni puso terror a los araucanos, pero los irritó y encendió aún más en el deseo de la venganza y en el odio hacia los españoles."

Fuentes