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Cine Brasileño

Cine Brasileño
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Institución con sede en Brasil
Carlota.jpg
Pelícua Brasileña Carlota Joaquina, Princesa de Brasil
País:Brasil

Cine brasileño, evolución histórica del cine en Brasil desde sus orígenes hasta la actualidad.

Periodo Mudo

En 1896 la industria cinematográfica brasileña dio sus primeros pasos, enfrentándose a las dificultades financieras y técnicas de la época. En aquel momento existía una forma primitiva de cine, denominada pantógrafo, que permitía reproducir una imagen a una escala mayor de la real. En 1835 se proyectó, con la ayuda de un cosmorama, las guerras de la familia real en Portugal. En 1866, Frederico Figne instaló un cinescopio, y más tarde añadió al aparato sonido e imagen en movimiento.

La primera película, rodada en 1898, fue un documental sobre la familia del presidente Prudente de Morais, en el palacio del Catete. La iniciativa de filmar documentales y noticias partió del empresario italiano Pascoal Segreto. Las ventajas del cine fueron rápidamente percibidas, ya que, a través de los noticiarios, permitía conocer lo que ocurría en cualquier parte del mundo. En 1900 se rodó la primera película brasileña para documentar el viaje del presidente Campos Sales a Argentina.

Siendo presidente Pereira Pasos, el cineasta portugués Antonio Leal registró en periódicos cinematográficos la remodelación de la ciudad; esta cinta fue exhibida en París por la distribuidora Pathé Frères. En 1909, Antonio Leal se asoció con Labanca para crear la compañía Leal & Labanca, que comenzó a producir películas de ficción como El estrangulador, inspirada en un crimen real. La película se exhibió con éxito y la crítica favorable animó a los productores. Fue el primer gran éxito del cine brasileño, con más de 800 pases. Se sucedieron, en el mismo estilo, otras películas, como Na Avenida Central,O Assalto,Nas Matas de Jacarepaguá y Prisão do Segundo Bandido.

Periodo Sonoro

Con la llegada del sonoro comenzó la fase de las películas musicales. Leal y Labanca fueron los pioneros con la presentación de la primera versión de la Viúva Alegre, que llegó a ser exhibida en París por la Pathé Frères. Surgieron otras compañías cinematográficas, como Carioca y Guanabara, y el cine brasileño fue adquiriendo mayor prestigio. Con la I Guerra Mundial, las películas se volvieron más caras y la producción brasileña entró en decadencia, ya que no podía competir con las distribuidoras extranjeras. En la década de 1920, el cine brasileño se recuperó con el apoyo de Canuto Mendes de Almeida, José Medina y Gilberto Rossi. La película Ubirajara, de Luis de Barros, marcó esa fase conocida como el ciclo Cataguases. La participación del director Humberto Mauro aumentó la credibilidad del arte cinematográfico brasileño.

Entre 1927 y 1929 se realizaron las primeras experiencias sonoras con cortometrajes. La película O Tesouro Perdido obtuvo la medalla a la mejor película del año ofrecida por la revista Cinearte. Durante este periodo, Humberto Mauro se unió al director Ademar Gonzaga, y ambos inauguraron el estudio Cinédia, en 1931. El género carnavalesco, con la participación de cantantes populares, como Carmen Miranda con Alô, alô, Brasil (1934), significó el mayor éxito popular hasta entonces, que continuó hasta la década de 1950.

La década de 1940 estuvo marcada por las chanchadas (películas de baja calidad para consumo de masas), protagonizadas por figuras de la época, como Oscarito, Gran Otelo y otros artistas. Aunque considerada de mal gusto, la chanchada consiguió reflejar el lenguaje y las maneras del pueblo en sus personajes, representando la cultura popular brasileña. Entre 1944 y 1954, la productora Atlântida se ganó la simpatía popular con sus chanchadas, pero, tras la carísima producción de Terra Violenta, de Luis Severino Ribeiro, entró en decadencia.

El auge industrial de Sao Paulo, en la década de 1950, propició la creación de la productora Vera Cruz, que desplazó el centro cinematográfico desde Río de Janeiro hasta esa ciudad. En esa época surgieron grandes cineastas, como Lima Barreto, que realizó O Cangaceiro (1953), película que recibió el gran Premio del Festival de Cannes.

El CinemaNôvo

A mediados de la década de 1950 surgió el cinema nôvo, que pretendía dar un nuevo perfil a las películas nacionales en un intento de renovación que tenía la intención de acabar con el exceso de populismo de las chanchadas. De esta fase cabe destacar una serie de grandes cineastas, una generación de cinéfilos con orientación política izquierdista y contrarios a los modos de producción de Hollywood, aún vigentes en la actualidad, como Nelson Pereira dos Santos y Rui Guerra, además de Glauber Rocha, fallecido a principios de la década de 1980. Entusiastas de la nouvelle vague francesa y del neorrealismo italiano, abordaron los auténticos problemas nacionales, buscando, al igual que estos dos movimientos, una cinematografía viable en situaciones de subdesarrollo, que se traduce en un cine directo, desmitificado, crudo y austero.

Tradicionalmente se distinguen tres fases dentro del cinema nôvo: una primera (1960-1964) en la que la mayoría de las producciones están ambientadas en los sectores más desfavorecidos de la sociedad; una segunda fase (1964-1968) caracterizada por el activismo político; y por último, la tercera fase (1968-1972), donde las producciones atienden a un carácter simbólico, causado por la censura que deben burlar, con temas alegóricos ambientados en el pasado brasileño.

Además de Nelson Pereira dos Santos, Rui Guerra y Glauber Rocha, destacaron dentro de este movimiento Joaquim Pedro de Andrade, con la película Macunaima (1969), y Leon Hirszman, con Xica da Silva, que recibió tres premios en el Festival de Brasilia, en 1976. En esa época también surgieron películas relacionadas con las crisis existencialistas del ser humano, como las producciones de Walter Hugo Koury. Las películas desconectadas de escuelas concretas o que no se adhirieron al cinema nôvo tendieron al fracaso. De los que se vincularon a él destacan Luis Sérgio Person, Paulo Cesar Sarraceni, Walter Lima Jr., Roberto Farias, Domingos de Oliveira y Arnaldo Jabor.

Gustavo Dahl realizó una película que obtuvo gran éxito, a medio camino entre el documental y la ficción, titulada Uirá, o índio em busca de Deus (1973). Los cineastas independientes también han realizado películas sobre diversos temas de la historia, la vida cotidiana y el folclore de Brasil. En las décadas de 1970 y 1980, numerosas producciones recibieron la etiqueta de cinema nôvo a pesar de su escasa relación con esta tendencia: entre ellas, Mar de rosas (1977, de Ana Carolina) o Quilombo (1984, de Carlos Diegues).

El Nuevo Cine De La Retomada

Durante los primeros años de la década de 1990 se inició un periodo de crisis para la cinematografía brasileña, que comenzó en 1990 con el cierre de la agencia estatal de distribución y producción (Embrafilme) y finalizó en 1994 con la promulgación de la Lei do Audiovisual (que fijaba un sistema de financiación basado en la contribución fiscal). A partir de entonces se han producido numerosas películas (desde 1995, más de 500 largometrajes), y el número de espectadores ha aumentado notablemente, llegando a los 22 millones en 2001, gracias sobre todo a un decreto aprobado por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva en 2004, por el que se duplica el número de salas donde deberán exhibirse películas de producción nacional. Se calcula que entre los años 1994 y 2004, al menos 70 nuevos directores han realizado su primer largometraje.

De este modo se creó la retomada, un nuevo cine independiente capaz de presentar un cuadro multicultural donde no hay perfiles temáticos o estilísticos. Se adquiere un nuevo realismo, donde el director se reconoce como parte integrante de la nueva mass media. Otros muchos de los directores representantes de esta nueva tendencia proceden del mundo de la crítica de cine; otros tantos son exponentes de una generación intermedia entre el cinema nôvo y la retomada, como es el caso de Walter Salles, además de directores veteranos ya activos durante la década de 1960, como Nelson Pereira dos Santos, Walter Lima Jr. o Domingos de Oliveira.

El primer gran éxito de la retomada se puede fijar en el largometraje Carlota Joaquina (1995, de Carla Camurati). A partir de esta se han sucedido numerosas películas, algunas de las cuales han supuesto un éxito de taquilla internacional, además de recibir numerosos premios en festivales internacionales de cine. Estación Central de Brasil (1998, de Walter Salles) obtuvo dos nominaciones a los premios Oscar. Asimismo, Ciudad de Dios (2002, de Fernando Meirelles), con otras cuatro nominaciones, y Viva São João! (2002, de Andrucha Waddington), han sido dos de los éxitos más recientes (en cuanto a público y crítica) del nuevo cine brasileño.

El nuevo cine de la retomada puede ser clasificado en cuanto a los temas tratados, que, por otra parte, son numerosos: las películas relacionadas con la violencia y la vida en las favelas, con ejemplos en O invasor (2002, de Beto Brant) y Ônibus 174 (2002, de José Padilha); las películas ambientadas en el sertão, como Baile perfumado (1997, de Paulo Caldas y Lírio Ferreira) o Narradores de Javé (2003, de Eliane Caffé); las que abordan temas relacionados con los problemas políticos, como Cuatro días de septiembre (1997, de Bruno Barreto); las relacionadas con los problemas de la clase media, como Separaciones (2002, de Domingos de Oliveira); las comedias, como el éxito de taquilla Deus é brasileiro (Dios es brasileño, 2003, de Carlos Diegues); y por último, los documentales, como Edifício Master (2002, de Eduardo Coutinho) o Justiça (2004, de Maria Ramos).

Vea también

Fuentes