El príncipe que quiso cambiar de nombre (cuento)
| ||||||
El príncipe que quiso cambiar de nombre. El príncipe no estaba conforme con su nombre y decidió cambiarlo, sin importar lo que tuviese que hacer para lograrlo.
Sumario
Datos del autor
Eva María Rodríguez cursó estudios de Psicología por la UNED, que compaginó con formación en escuelas especializadas en secretariado internacional.
Poetisa por vocación, se interesó en las corrientes de la poesía modernista En los años 2010 fue directora del sitio web www.madridiario.es (un periódico digital de la ciudad de Madrid).
Dirigió el espacio CulturArt-e en el sitio web www.mdctv.com (televisión digital). Ha publicado poemas y relatos en diversas revistas y publicaciones, entre otras, La Esfera Cultural, Cuaderno de Legados Ediciones, El Importuno y Poética Digital
Valores
Autoestima, aceptación
Cuento
Al príncipe Ludovico no le gustaba su nombre. Lo encontraba anticuado y señorial, y no le pegaba nada con su aspecto. Aunque Ludovico era todavía un niño, era un muchacho apuesto y atlético, y con mucho don de gentes. Era simpático, trabajador, perseverante clemente y además de un gran guerrero destinado a ser el mejor capitán que los ejércitos de su padre, el rey, habían tenido más.
Pero su nombre…. ¡qué poco le gustaba a Ludovico su nombre!
Por eso un día decidió que quería cambiarlo, y partió con su séquito a las Montañas Borrosas, el inhóspito lugar en el que vivían los Dadores de Nombres, unos duendes que tenían la misión de dar a cada bebé su nombre al nacer.
El camino hasta las Montañas Borrosas fue duro. Ludovico y su séquito tuvieron que luchar contra todo tipo de maleantes y bandidos, contra animales salvajes y contra seres mágicos.
En una de sus trifulcas, Ludovico tuvo que enfrentarse personalmente a un ogro con cinco ojos para salvar a una joven muchacha que estaba a punto de ser encerrada en una jaula como si fuera un canario.
- Gracias, genial hombre -dijo la muchacha-. ¿Qué hacéis por estos parajes? - Voy camino de las Montañas Borrosas para cambiar mi nombre -respondió-. Acompáñame y te llevaré de vuelta a casa cuando regrese.
La muchacha aceptó encantada, aunque no le preguntó su nombre por miedo a parecer desagradable. Durante los días que duró el viaje, Ludovico y la joven charlaron como si se conocieran de toda la vida.
Cuando por fin llegaron a las Montañas Borrosas, Ludovico se presentó antes los Dadores de Nombres.
- Señores, vengo a cambiar mi nombre -dijo con voz firme el príncipe. - ¿Cómo te llamas? -preguntaron los duendes. - Ludovico -respondió el príncipe. - ¿Ludovico? -preguntó la joven-. ¿De verdad te llamas Ludovico? ¡Qué nombre tan bonito!
En aquel instante al príncipe le pareció que su nombre, por primera vez, había sonado hermoso, en labios de aquella preciosa muchacha. - ¿Por qué dices eso? -preguntó el príncipe, inseguro por primera vez en su vida. - Ludovico significa guerrero famoso. Ese nombre lo han llevado grandes líderes en la historia -dijo ella.
Ludovico no supo qué decir. Así que la muchacha continuó hablando.
- Dicen que quien lleva ese nombre es una persona simpática, amable, segura de sí misma, culta y distinguida. - Pero es un nombre feo -acertó a decir el príncipe. - Es tu nombre, y es perfecto para ti. -dijo ella, un poco sonrojada-. ¿Qué sería de ti sin tu nombre? ¿Quién serías?
Ludovico entendió entonces que una persona es mucho más que su nombre, y si aquella muchacha había conseguido mirar más allá, todos los demás podrían.
- Vaya, parece que hecho el viaje en balde... -dijo el príncipe.
Los duendes decidieron intervenir: - Tu largo viaje te ha servido para descubrir que te otorgamos un gran nombre.
Ludovico, la joven muchacha y todo el séquito que les acompañaba regresaron a casa.
- Por cierto, ¿cómo te llamas? -preguntó el príncipe a la joven. - Ludovica -dijo ella.
Si todavía le quedaba al príncipe alguna duda sobre si su nombre era bonito o no, se esfumó en ese instante. - Ludovica -repitió, embobado.
Ludovico y Ludovica ya no se separaron jamás. Tuvieron un hijo y una hija, a los que también llamaron Ludovico y Ludovica. Estos, a su vez, hicieron lo mismo con sus hijos, y estos lo mismo con los suyos, y así fue por siempre jamás.
Fuentes
http://www.cuentoscortos.com/cuentos-originales/el-principe-que-quiso-cambiar-de-nombre


