Franceska Mann

Franceska Mann
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NombreFranciszka Mannówna
Nacimiento4 de febrero de 1917
Varsovia, Polonia
Fallecimiento23 de octubre de 1943
Auschwitz-Birkenau, Oświęcim, Polonia
Causa de la muerteVíctima del Holocausto
NacionalidadPolaca
Otros nombresFranciszka Rosenberg-Manheimer, Lola Horowitz
OcupaciónBailarina
Conocido porActo de resistencia en Auschwitz
CónyugeMark Rosenberg
Premios4.º lugar en la Competición Internacional de Danza de 1939

Franceska Mann. (Varsovia, 4 de febrero de 1917 - Auschwitz-Birkenau, 23 de octubre de 1943) fue una bailarina judía polaca. Está considerada una de las artistas más prometedoras de la danza polaca de finales de los años treinta. Su nombre ha pasado a la historia por el acto de resistencia que, según diversos testimonios, protagonizó en el vestuario de la cámara de gas de Auschwitz-Birkenau, donde desarmó y mató a un oficial de las SS.[1][2]

Trayectoria artística

Franceska Mann nació en Varsovia el 4 de febrero de 1917. Se formó en danza en la escuela de Irena Prusicka, donde coincidió con otras futuras artistas como Wiera Gran y Stefania Grodzieńska. Allí estudió danza libre, ballet clásico y claqué.[2]

Durante los años previos a la guerra, desarrolló una carrera notable. Actuó en el Gran Teatro de Varsovia y en diversos escenarios de ópera, cabaret y revista. En mayo de 1939 participó en la Competición Internacional de Danza de Bruselas, donde obtuvo el cuarto puesto entre más de 120 bailarinas, interpretando una pieza inspirada en los bocetos de ballet de Degas.[2] Antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial, era una de las figuras habituales del club nocturno Melody Palace de Varsovia.[1]

El gueto de Varsovia

Tras la invasión alemana de Polonia, Mann fue confinada en el Gueto de Varsovia. Allí continuó actuando en espacios como el teatro Femina, el Melody Palace y el café Bagatela, que funcionaban como refugios culturales dentro del gueto.[2]

En la primavera de 1943, su nombre quedó vinculado al llamado «asunto del Hotel Polski». En ese contexto, judíos que poseían pasaportes extranjeros —o creían poseerlos— fueron reunidos en ese hotel con la promesa de ser intercambiados por ciudadanos alemanes y enviados a Sudamérica. En realidad, la mayoría fueron deportados a campos de concentración.[1] Mann fue enviada primero a Bergen-Belsen y desde allí, el 23 de octubre de 1943, fue transportada a Auschwitz-Birkenau junto a un grupo de aproximadamente 1.750 judíos polacos.[2]

El acto de resistencia en Auschwitz

El transporte llegó a Birkenau bajo el pretexto de que los pasajeros serían desinfectados antes de cruzar la frontera hacia Suiza. Los recién llegados fueron conducidos al vestuario contiguo a la cámara de gas y se les ordenó desvestirse.[1]

Según varias versiones recogidas por historiadores y supervivientes, Mann atrajo la atención de dos oficiales de las SS, Josef Schillinger y Wilhelm Emmerich. En un momento de distracción, se quitó un zapato y golpeó con él a Schillinger. A continuación, le arrebató la pistola y disparó dos veces contra su estómago, causándole la muerte. Un tercer disparo hirió a Emmerich en una pierna.[1]

Su acción desencadenó una revuelta entre las demás mujeres del vestuario, que atacaron a los guardias. Sin embargo, la rebelión fue sofocada rápidamente. El comandante del campo, Rudolf Höss, llegó con refuerzos armados con ametralladoras y granadas, y todas las mujeres fueron asesinadas.[2]

La cuestión de la identidad

Aunque el acto de resistencia está documentado, la identidad exacta de la mujer que disparó no ha podido establecerse con certeza absoluta. El experto en Auschwitz Robert Jan van Pelt ha señalado que «la cadena de evidencias es frágil» y que, si bien existen informes que mencionan a una mujer que arrebató el arma a un guardia y disparó a Schillinger, ninguno la identifica por su nombre.[1]

El primer testimonio que vincula a una bailarina con el incidente data de 1946 y proviene de Eugen Kogon, superviviente de Buchenwald. La asociación con Franceska Mann se consolidó posteriormente, a partir de la coincidencia de que era bailarina y de que su transporte llegó a Auschwitz en la fecha del suceso.[1]

El superviviente Wieslaw Kielar recogió en su memoir *Anus Mundi* el impacto que el gesto tuvo entre los prisioneros:

> «El incidente pasó de boca en boca y se fue adornando hasta convertirse en una leyenda. Sin duda, este acto heroico realizado por una mujer débil frente a una muerte segura dio apoyo moral a todos los prisioneros. Nos dimos cuenta de que si nos atrevíamos a alzar la mano contra ellos, esa mano podía matar; también eran mortales.»[1]

Legado

La figura de Franceska Mann se ha convertido en un símbolo de la resistencia femenina frente al horror nazi. Su historia ha inspirado obras de teatro, óperas y novelas. La bailarina y coreógrafa Cassandra Rosebeetle creó la ópera *The Final Veil* basada en su vida.[3]

Referencias

Fuentes