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Gran Chaco

Gran Chaco
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Mapa-gran-chaco.jpg
Superficie +1.100.000 km²
Países Bandera de Argentina Argentina
Bandera de Paraguay Paraguay
Bandera de Bolivia Bolivia
Bandera de Brasil Brasil

El Gran Chaco es una vasta región con una clara unidad ecológica, que abarca más de 1.100.000 de km2 en el centro de Sudamérica y de la Cuenca del Plata, incluyendo la mayor superficie de bosque seco del mundo. Siendo el segundo ecosistema en superficie de América del Sur después del Amazonas, el Gran Chaco es un complejo mosaico de ambientes que ocupa territorios de cuatro países: Argentina (62.19%), Paraguay (25.43%), Bolivia (11.61%) y Brasil (0.77%). La Argentina, Bolivia y Paraguay poseen el 95% de la superficie del Chaco, correspondiéndole a la primera casi el 50% del total.

Geografía

La región del Gran Chaco puede definirse también como una llanura boscosa y de parque que se extiende desde latitudes tropicales (18°S) hasta ambientes subtropicales (31°S). La ecorregión incluye una multiplicidad de climas y relieves que dan origen a un excepcional entrelazamiento de paisajes: desde esteros y bañados, pastizales y sabanas –secas e inundables– hasta salitrales, serranías, ríos de llanura y de montaña, y una gran extensión y variedad de bosques nativos.

Esta variedad de ambientes se traduce en una alta diversidad biológica y cultural, que hace del Chaco un área clave para la conservación. En esta ecorregión, se han relevado más de 3.400 especies de plantas, unas 500 especies de aves, 150 de mamíferos, 120 de reptiles y más de 100 de anfibios.

El Gran Chaco constituye un área aluvional localizada al este de la cordillera de los Andes que tiene su origen en la deposición de sedimentos, en su zona central principalmente de los ríos Bermejo y Pilcomayo. El Bermejo es el único río que logra llegar con sus aguas desde los Andes al río Paraguay, lo que lo convierte en un corredor ecológico natural entre los ecosistemas de Puna en la montaña, el piedemonte de la selva de Yungas y las zonas secas y húmedas de las planicies del Chaco.

De norte a sur el Gran Chaco se extiende desde el departamento de Santa Cruz en Bolivia, pasando por las cuencas de los ríos Otuquis y Parapetí hasta el río Salado en el norte de la Argentina; y de oeste a este desde el Altiplano hasta los ríos Paraguay y Paraná. Por el noreste la influencia del Gran Chaco se extiende hacia el Pantanal y el Cerrado, y en el este sobre el Ñeembucú, los bordes del Iberá y los humedales fluviales del Paraná medio. El vértice sudeste se ubica en la confluencia del río Salado con el Paraná.

El área de influencia de la región chaqueña en la Argentina abarca territorios de las provincias de Formosa, Chaco, Santa Fe, Santiago del Estero, Tucumán, Salta, Jujuy, Catamarca, La Rioja y Córdoba. En Paraguay abarca territorios de los departamentos de Presidente Hayes, Boquerón y Alto Paraguay. Y en Bolivia los departamentos de Tarija, Chuquisaca y Santa Cruz.

El agua: factor crucial

El Gran Chaco presenta grandes amplitudes térmicas, un potencial hídrico heterogéneo y, en general, suelos con buenos niveles de fertilidad –dejando constancia de una importante presencia de salitrales y suelos salinos. Para la región, el agua es un factor crucial. La biodiversidad depende en gran medida de las aguas del sistema fluvial que atraviesa su territorio, el cual, después de fluir desde las serranías andinas, se desplaza por la llanura chaqueña con tramos de cauces visibles y da lugar temporaria o permanentemente a bañados, pantanales y otros humedales.

La horizontalidad del relieve hace que en esta región los ríos suelan ser divagantes, cambiando de cauce en algunos períodos o en forma definitiva, dejando paleocauces, bañados, madrejones, y albardones –lomadas que son restos de antiguas orillas.

Las áreas húmedas y bosques constituyen refugios de una extraordinaria diversidad de especies, siendo además el marco de una increíble belleza escénica y fuente de recursos vitales para comunidades indígenas y tradicionales también muy diversas.

Los humedales chaqueños son además esenciales para la provisión de agua dulce para uso humano, para riego y para el uso industrial. También son criaderos naturales de una gran diversidad de especies de peces, otra de las claves de la seguridad alimentaria en la región. Basta citar la importancia del sábalo para las comunidades wichi y weenhayek del Pilcomayo, que lo tienen ancestralmente como una base de su dieta.

Riqueza y degradación

Chaco es un término generalmente aceptado como proveniente del quechua chaku, territorio de cacería. Hasta fines del siglo XIX fue conocido como Gran Chaco Gualamba o Gualambá, aunque esta denominación se haya aplicado más al Chaco vinculado a la cuenca del Pilcomayo.

Los bosques son fuente de materias primas para los habitantes del Chaco. Madera, leña, carbón, frutos comestibles, paja, fibras y productos medicinales, son algunos de los recursos utilizados. El ganado encuentra abrigo y alimento en el monte, mientras las zonas húmedas proveen forrajes naturales sobre todo en las épocas de intensas sequías. Los bosques y humedades chaqueños amortiguan el impacto de las inundaciones y retienen una humedad vital en los años secos.

Sin embargo hace más de un siglo, el Gran Chaco se ha sometido a la degradación y pérdida sostenida de su patrimonio natural. El uso extractivo y no planificado de sus recursos naturales es la principal causa. A las actividades tradicionales de ganadería extensiva y extracción forestal, se suman en los últimos años el avance no planificado de la agricultura a gran escala, la explotación de hidrocarburos y las grandes obras de infraestructura, entre otros.

Los bienes naturales y servicios ambientales del Gran Chaco son frágiles. Los bosques –con muchas especies de madera dura y semi-dura como el quebracho, el itín o el ñandubay–, por ejemplo, son muy difíciles de restaurar. En muchas áreas los desmontes y el mal uso del suelo y del agua han provocado una intensa salinización, con impactos mayormente irreversibles.

Resulta entonces perentorio compatibilizar las necesidades de desarrollo regional e integración real de pueblos y comunidades dispersas con la conservación de los ambientes naturales y la identidad cultural. Esto requiere de la construcción de consensos y de una visión de largo plazo, capaz de superar las consecuencias ambientales, los impactos económicos negativos y los altos costos sociales del uso de tecnologías cortoplacistas.

Diversidad cultural

El Gran Chaco se destaca en el contexto sudamericano y mundial por su excepcional diversidad biológica y cultural. Desde hace unos 3.000 a 4.000 años, los antecesores de los pueblos originarios fueron ocupando paulatinamente los diferentes ambientes mientras desarrollaban culturas estrechamente asociadas a las riquezas naturales y a la dinámica ecológica, construyendo una relación ambiental equilibrada.

Comunidades nómadas de cazadores-recolectores, pescadores y algunos grupos de agricultores sedentarios fueron adaptándose a las condiciones ambientales y adoptando al Gran Chaco como su hogar. Estos antiguos pobladores, hoy están representados por diferentes pueblos que reflejan una diversidad lingüística admirable. Grupos lingüísticos como el Zamuco (que incluye a los pueblos Ayoreo y Chamacoco), el Guaycurú (pueblos Toba, Pilagá, Mocoví, Mbayá o Caduveo, Payaguá y Abipón, estos últimos dos en la memoria de sus descendientes), el Maskoi (Kaskihá, Sanapaná, Angaité, Enxet y Enlhet Norte), el Matako-Maka (Chorote, Nivaclé, Maka, Wichí-Weenhayek), el Lule-Vilela (Vilela, hoy apenas reflejado en algunas familias en Barranqueras, que recuerdan su origen lejano en las costas del Bermejo), el Arawak (Chané, Chaná, Matará, siendo los primeros posiblemente los únicos antiguos agricultores sedentarios que aún perviven junto con los guaraní del Chaco).

Tardíamente el Gran Chaco fue ocupado también por los pueblos de origen Tupí-Guaraní (guaraní occidentales o chiriguanos, hoy representados por los Izoceño, Ava-Guaraní, Guarayo, etc.)

Con la conquista española y criolla, la instalación de los grandes ingenios azucareros y las migraciones europeas, muchos de estos grupos se refugiaron en sectores inaccesibles del Chaco, manteniendo el corazón de la región libre de la influencia europea hasta fines del siglo XIX. Otros fueron desapareciendo o mestizándose con los más poderosos, o con los criollos españoles que ocuparon el espacio chaqueño.

Aún perviven grupos aislados o alejados de la sociedad colonizadora, manteniendo vivas sus costumbres y su relación armónica con el Chaco, a pesar del avance de los desmontes, las fincas agroindustriales y la ganadería intensiva. Actualmente, los pueblos originarios son los más afectados por la degradación de la naturaleza y la omisión de sus derechos –incluido el de acceso a los bienes ambientales–, explícita o encubierta en la maraña de leyes.

También los criollos han hecho y hacen aportes a esta magnífica diversidad cultural en el marco de una armonía con la naturaleza. Por su parte, los llamados gringos y los menonitas, han enriquecido el mosaico étnico y posiblemente han sido uno de los grupos humanos que mayores transformaciones ha producido en la región hasta fines del siglo XX. Hoy, la ganadería intensiva y la agroindustria moderna van dejando marcas que borran poco a poco las huellas de los primeros habitantes, desfigurando la rica diversidad del Gran Chaco.

Quienes conocen la región coinciden en la urgencia de conservar la biodiversidad del Gran Chaco y el potencial de sus riquezas para la humanidad, lo cual requiere mantener los orígenes de su identidad cultural y facilitar la coexistencia, el equilibrio y el respeto entre los diferentes estilos productivos y de vida, siempre apuntando a un horizonte de sustentabilidad y equidad.

Fuente